Oportunidades e incógnitas del nuevo gobierno italiano

Millenius / Shutterstock

El Parlamento italiano acaba de otorgar la confianza al segundo gobierno del profesor Giuseppe Conte. El contexto político que ha hecho posible un entendimiento entre el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) y el Partito Democrático (PD) es la crisis de gobierno abierta por el líder de la Lega, Matteo Salvini, el verano pasado.

Tentado por unos sondeos muy favorables, Salvini decidió en agosto dinamitar la experiencia como socio de minoría del gobierno “giallo-verde”, creado en 2018 junto al mayoritario M5S. Después de haber obtenido un excelente resultado en las elecciones europeas de mayo de 2019, Salvini creía poder aprovechar los desacuerdos con el socio de gobierno para dar la vuelta a la aritmética parlamentaria y, a través de unas nuevas elecciones generales, convertirse en el líder en solitario de la política italiana.

Esta maniobra tuvo el efecto inesperado de unir a las demás fuerzas del Parlamento en contra de su proyecto. La probable victoria de Salvini hubiera significado la posibilidad de que se formara un gobierno de mayoría absoluta de derecha radical, favorable a la salida del euro y decidida a poner fin a la solidaridad europea en materia de migraciones.

Además, esta nueva mayoría hubiera podido elegir el futuro Presidente de la República (el actual termina su mandato en 2022), poniendo al mando del cargo más alto de la República un perfil soberanista que muy probablemente hubiera cuestionado el posicionamiento tradicional de Italia en la OTAN y en la UE.

Un acercamiento inesperado

Este es el contexto que ha impulsado el inesperado acercamiento entre el PD, partido de centro-izquierda, europeísta y miembro del grupo socialista europeo, y el M5S, extraño animal, que sigue declarándose más allá de la derecha y de la izquierda.

Este perfil anti-político define al M5S como un movimiento populista clásico, casi de manual, capaz de ejercer una crítica en la sociedad que no tiene un color político definido (por esto, se suele definir “amarillo” en el lenguaje político italiano). Esta crítica le permitió conseguir en las elecciones generales de 2018 el apoyo de más del 30% del electorado, convirtiéndose en el movimiento mayoritario de la política italiana.

¿Cómo? Gracias a su capacidad de unir a todos los descontentos de la globalización, tanto a los de derecha, preocupados por los movimientos migratorios y la pérdida de control sobre las fronteras nacionales, como a los de izquierda, enfadados con una globalización a la que consideran culpable de haber creado nuevas desigualdades sociales.

Resultados europeos

En las elecciones europeas de 2019, la correlación de fuerzas entre los dos socios de gobierno, Lega y M5S, se modificó radicalmente. La Lega pasó del 17% conseguido en las generales de 2018 a obtener más del 30%, mientras que el M5S cayó al 17%. Durante la experiencia de gobierno, Salvini echó la culpa al aliado “grillino” por la falta de resultados del gobierno.

Además, monopolizó el discurso anti-migrantes utilizando sin muchos escrúpulos una retórica de cierre de los puertos que puso de manifiesto al M5S como el aliado débil, falto de determinación. Al mismo tiempo, la experiencia de gobierno parece haber enseñado a varios líderes del M5S que el camino de alejamiento de Europa emprendido por Salvini contiene más riesgos que oportunidades.

Temiendo que la Lega se adelantara rompiendo la alianza, el M5S decidió buscar una salida. Y la encontró, de una manera que dejó sorprendidos a muchos observadores, en el voto favorable de sus representantes en el Parlamento Europeo a la candidata europeísta a la Presidencia de la Comisión Europea, Úrsula Van der Leyen, miembro del Partido Popular Europeo y gran aliada de Angela Merkel.

De esta manera, el M5S se ha alejado de los movimientos anti-europeos (Salvini, Nigel Farage, Viktor Orbán, Marine Le Pen) votando junto a Populares, Socialistas y Verdes y resultando decisivo para el nombramiento de la política alemana. Por su parte, el PD ha aprovechado de esta fundamental señal política para emprender un acercamiento al M5S y convencerlo de la necesidad de volver a una dimensión europeísta, alejándolo del aliado de gobierno Salvini.

La crisis de agosto

Cuando Salvini abrió la crisis en agosto, los negociadores de PD y M5S ya estaban preparados para una maniobra que cogió al líder de la Lega por sorpresa, convencido de que la enemistad entre M5S y PD no hubiera podido convertirse jamás en un pacto que le echase del gobierno.

Como conclusión, la cuarta economía de la UE se salva, por el momento, del riesgo del populismo antieuropeo. El objetivo declarado por el Primer Ministro Conte es un gobierno que lleve a cabo unas políticas expansivas, impulsando unas inversiones públicas y privadas, por ejemplo, en los sectores emergentes de la economía verde y de las nuevas tecnologías, que puedan reactivar el crecimiento económico.

Para cumplir con este objetivo, el nuevo gobierno, en la persona del Ministro de Economía Roberto Gualtieri, representante del europeísmo progresista, pedirá una mayor flexibilidad presupuestaria. En particular, se intentará aprovechar de un contexto político europeo en el que tanto la nueva Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, como la Presidenta de la Comisión, Van Der Leyen, se han mostrado favorables a conceder nuevas dosis de flexibilidad a los países del sur de Europa, con tal de limitar el ascenso de los movimientos populistas.

Las incógnitas

Sin embargo, hay también varias incógnitas:

  • En primer lugar, la Lega sigue encabezando los sondeos, demostrando ser el movimiento que en la actualidad mejor capitaliza los miedos a la globalización. Si el futuro gobierno no fuese capaz de obtener resultados económicos tangibles, la Lega seguiría aumentando su consenso, convirtiéndose en el favorito en la próxima cita electoral.

  • En segundo lugar, es difícil predecir qué es lo que le ha pasado realmente al M5S. Por el momento, en la lucha interna gana la parte moderada y dispuesta a colaborar con las fuerzas europeístas. Pero la componente euro-crítica que echa de menos la alianza con Salvini sigue viva.

Por eso cabe preguntarse si este cambio de postura no ha sido puramente táctico y motivado por el miedo a perder las elecciones. ¿Está el M5S llevando a cabo una verdadera transformación desde un movimiento populista hacia un partido progresista más tradicional? ¿Puede convertirse de verdad en un movimiento europeísta capaz de romper con sus componentes euroescépticas?

De momento, no hay ninguna garantía de que, en caso de falta de resultados o de nuevas discrepancias con la UE, el M5S no vuelva a hablar el lenguaje tosco del populismo anti-Europa que tanta suerte le dio en 2018. En caso de que esto ocurra, la alianza con el PD quedaría inevitablemente rota, porque el partido de Nicola Zingaretti no podría aceptar semejante postura. El miedo a Salvini es lo que más une al PD y al M5S.

Sin embargo, si no quieren ver a Salvini ganar las futuras elecciones, en los próximos meses tendrán que hacer algo más que dejarle fuera del gobierno. Por el contrario, la victoria del populismo en Italia simplemente será aplazada.

The Conversation

Andrea Betti no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Ir a la fuente
Author: Andrea Betti, Profesor Teoría de las Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia Comillas, ICAI-ICADE, Universidad Pontificia Comillas