Olimpia Valencia, la ginecóloga que quería ser neumóloga

Olimpia Valencia. Ksado (Luis Casado),

Hija única de una familia acomodada, Olimpia Valencia López nació en Baltar (Orense) el 14 de diciembre de 1898.

Su familia se trasladó a vivir a Vigo en 1910. Allí, en la Academia Minerva, Olimpia se preparó para realizar por libre los exámenes de bachillerato y magisterio. Pero no tenía inclinación docente y, en 1919, decidió trasladarse a Santiago de Compostela para estudiar la carrera de medicina. Su familia la apoyó, pero otras personas cercanas intentaron desanimarla, convencidas de que la medicina no era una profesión adecuada para una mujer.

El mismo año que Olimpia ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela las gemelas asturianas Jimena y Elisa Fernández de la Vega Lombán terminaban la carrera en ese mismo centro. Ellas habían comenzado sus estudios universitarios en el curso 1913-1914 y, a pesar de las dificultades que tuvieron que sortear, acabaron su licenciatura con notable éxito.

Como las hermanas Jimena y Elisa, Olimpia también se dedicó con entrega a sus estudios. Se licenció en 1925 con un brillante expediente académico; obtuvo diecinueve matrículas de honor y el premio extraordinario de licenciatura. Olimpia deseaba especializarse en neumología, pero no estaba bien visto que las médicas trataran a hombres. Esta vez su familia, además de sus profesores, la disuadieron y la convencieron para que se dedicase a un área de la medicina relacionada con las mujeres. Así que la ginecología fue la única opción que le quedó a Olimpia.

Tras finalizar la carrera, se trasladó a Madrid para preparar su tesis doctoral bajo la supervisión del prestigioso Dr. Sebastián Recaséns que ocupaba la Cátedra de Obstetricia de Madrid. Olimpia defendió su memoria en 1930 bajo el título de La colesterinemia en la sangre en relación con la anestesia quirúrgica.

Durante esa época se alojó en la Residencia de Señoritas –-dirigida desde su creación, en 1915, por María de Maeztu–- donde complementó su formación y entabló amistad con una generación de investigadores e intelectuales que, años más tarde, se convertirían en figuras de referencia de la ciencia y el pensamiento. Realizó algunas tareas para obtener una beca y así poder financiar su estancia en la institución.

Inaugurando su consulta médica

Anuncio del consultorio de Olimpia Valencia en el periódico

En 1928 Olimpia inauguró un consultorio de medicina general y de ginecología en Vigo, dándose a conocer mediante una placa en la puerta Olimpia Valencia. Especialista en enfermedades de la mujer, y algunos anuncios en la prensa. Sus comienzos no fueron sencillos. Sus colegas varones la miraban con recelo y sus potenciales pacientes veían con desconfianza a un “médico” que fuera mujer. Pero, poco a poco fue ganándose el reconocimiento profesional que se correspondía con los brillantes resultados obtenidos durante su formación.

Con algún esfuerzo fui consiguiéndola (la clientela). Compartí la medicina general con la ginecología, mi especialidad. Y lo curioso es que a través de ésta descubrí reiteradamente en mis pacientes otras enfermedades. Procesos tuberculosos, las más frecuentes”.

(Entrevista a Olimpia Valencia publicada en ‘El Faro de Vigo’ el 20 de noviembre de 1971).

Olimpia Valencia en su primera consulta.

Interesada por los avances médicos y las mejoras en técnicas ginecológicas que se estaban llevando a cabo en el extranjero, Olimpia solicitó en 1929 una beca a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) para profundizar sus conocimientos en clínicas ginecológicas de Alemania y Suiza.

Como investigadora, presentó una ponencia en las Primeras Jornadas Médicas Gallegas realizadas en La Coruña en 1929: Variaciones que experimenta la colesterina en la sangre, en relación con la anestesia quirúrgica.

Fue una de las fundadoras de la Academia Médico Quirúrgica de Vigo (1930), institución de la que llegó a ser vicepresidenta en 1935.

Dificultades al ser acusada de ‘roja’

Olimpia tuvo relación con varios reconocidos intelectuales y galleguistas, como el político y periodista Valentín Paz Andrade (1898-1987), el escritor Álvaro de las Casas (1901-1950) y el periodista y político Ramón Fernández Mato (1889-1980).

En febrero de 1937, ya iniciada la Guerra Civil, fue detenida y pasó cuatro días en el cuartelillo de la Guardia Civil, acusada de pertenecer al Partido Galeguista y de tener trato con izquierdistas. Tras pagar por su libertad, este acontecimiento le ocasionó numerosas dificultades en el desarrollo de su trabajo: tachada de “roja y separatista”, muchas pacientes dejaron de acudir a su consulta.

A pesar de ello, no dejó de tener relación con el grupo galeguista, entre los que figuraban otros médicos como Darío Álvarez Blázquez (1910-1979), Antón Beiras García (1915-1968) y Ramón Obella Vidal (1888-1951).

En la década de 1940, Olimpia Valencia consiguió entrar como facultativa en la Seguridad Social. Se jubiló en los años 60, aunque continuó trabajando en su consultorio particular hasta algo más de los ochenta años.

Olimpia fue también miembro fundadora de la Academia Médico-Quirúrgica de Vigo y de la Alianza Francesa de esta ciudad.

Falleció en julio de 1987.

Portada del libro

Entre algunos otros reconocimientos, en 2017, Olimpia fue nombrada hija predilecta de Baltar. El 5 de diciembre de ese mismo año la Universidad de Vigo inauguró un nuevo edificio en el Centro de Investigaciones Biomédicas y lo bautizó con el nombre de Olimpia Valencia.

Olimpia, como tantas otras mujeres, merece conquistar ese espacio público que le fue negado. Ella fue una pionera en el campo de la medicina y merece ser conocida y reconocida. Una manera de hacerlo es a través de la monografía “Olimpia Valencia. Ocho décadas de historia desde los ojos de una pionera” escrita por Ana Fuentes y publicada este mismo año por el Instituto de Estudios Vigueses.


Este artículo es una versión ampliada de Olimpia Valencia, la primera médica gallega que se publicó en el blog Mujeres con ciencia de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU el 18 de abril de 2017.


The Conversation

Marta Macho-Stadler does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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Author: Marta Macho-Stadler, Profesora de matemáticas, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea