Proveniente de la autoedición, Juarma es un autor que no deja de sorprendernos por las múltiples facetas de su trabajo. Lejos de adecuarse a las exigencias del mercado del cómic o el sector editorial, su obra supone un aire fresco de realidad ajeno a los artificios de ambos mundos. En estos momentos coinciden en las librerías un recopilatorio de humor gráfico, pequeño de tamaño pero grande de contenido, “Abrázame hasta que esta vida deje de dar puto asco”, y una novela al que podemos augurar el mejor d ellos futuros: “Al final siempre ganan los monstruos”.

 ¿Qué es “Abrázame hasta que esta vida deje de dar puto asco”?

Es una recopilación de cosas que he dibujado los últimos cuatro o cinco años. Siempre dibujo para mí y cuando junto el material suficiente me gusta sacar un librito. Muchas las subo a las redes sociales, con otras hago láminas, pegatinas o camisetas, otras las dibujo y no las enseño… Podría ser un mapa de emociones que he sentido durante todo ese tiempo.

¿Cómo nace la obra?

Nace de la necesidad de soltar la rabia dibujando, de compartir lo que haces con otras personas, como todas las cosas que he hecho. Las viñetas me sirven para controlar la ira, son mi catarsis, un antidepresivo que me sienta bien. Este librito de Autsaider surgió al principio de la pandemia. Iba a ser un tebeo autoeditado por mí, que se titulaba “Poemas de la casa cuartel”. Estaba ya montado y tenía su propia portada. Pero cuando eché números, no me salían las cuentas, sobre todo porque había que autoeditar 500 copias y venderlas yo mismo por internet o en la Librería Subterránea. Luego llegó la Covid. Hablé con Ata, le conté mi idea y nos pusimos una fecha. Al final, el contenido, título, portada… ha cambiado bastante y para mejor. 

Canalizas esa rabia acumulada con mensajes lapidarios.

Sí, son frases tontas o emociones que siento. La mayoría son cosas que he escrito en twitter, que lo uso como una especie de cuaderno de bocetos, para ver qué puede funcionar dibujado. Hay rabia, ira… pero siempre cuando acabo dibujando una viñeta, me hace sonreír. Es como un parachoques de todas las emociones malas que siento y una necesidad de hacer algo constructivo con ellas, para que no me hagan estallar. 

En el libro repasas impresiones, pensamientos… y descargas tu mala leche contra las grandes corporaciones, por ejemplo Inditex. Es curioso porque muchas de las imágenes del libro darían para hacer unas preciosas camisetas.

Es que muchas han acabado impresas en camisetas. Y muchas más en láminas o serigrafías. Me busco la vida como puedo. Luego es difícil llevarlas todas a camiseta, por ejemplo, por el tema de las tintas de la serigrafía. Pero siempre se intenta que cada viñeta pueda tener su propio recorrido.

La frase “Libertad para lo mío” se ha convertido casi en un himno.

Sí, es la que todo el mundo me asocia. Apareció en las páginas de “Lo Pitbull” (2009) y luego la he seguido utilizando en muchas páginas, viñetas, camisetas, chapas… También fue el título de un tebeo que publiqué en 2013. Cuando empecé a usarla sonaba como algo más exagerado, ahora con la ola de imbéciles ultraliberales muchas veces hasta se queda corta.

Los “cromos” del libro se convierten en sentencias, gritos que podrían estar en las paredes de cualquier ciudad.

Sí, esa es la idea. Frases que puedan ser una pintada, ideas que reflejan una forma de entender el mundo en situaciones malas.

El humor está muy presente en un libro. Un humor bastante negro, eso sí.

Sí. Depende del lector, aunque para mí no entraría en una definición de “humor negro”. Es, como ya te he dicho, algo de la rabia, que sale de las tripas. A veces me sorprende que alguien pueda reírse con ellas.

La edición es una preciosidad. Llama la atención el tamaño, literalmente de bolsillo.

Ya antes había sacado “Amor y Policía” (2014), que era un formato parecido, aunque bastante más simple que la preciosidad de edición que ha hecho Autsaider. Es como un misal que condensa todo muy bien.

En Internet podemos ver algunos de los dibujos y nos llegan con una eficacia brutal. Recopilados en el libro parece que cogen otro significado y otro peso.

Tienen más sentido cuando funcionan por acumulación. Hay personas que ven una viñeta suelta por internet y me la explican, o me dicen “Pues a mí”…, o te rebaten y te comen la oreja como si fuese las tablillas de Moisés o el BOE. No, amigo. Desde el cariño te lo digo: que te jodan. Dibujo para mí. Y luego me gusta compartir ese trabajo con mis amigos. No hay otra pretensión que desahogarme y desconectar un rato cuando dibujo. No hago cosas para gustarle a todo el mundo.

La contundencia de las frases y los dibujos contrasta con la cuidada edición, que parece servir de contrapunto a lo que estamos leyendo.

Ese ya es un trabajo de Autsaider, que se han ocupado de pulir detalles, de darle empaque y un mayor sentido a lo que hay dentro. Lo han hecho muy bonito y estoy muy contento con el resultado.

Da la sensación de que hay ciertos paralelismos entre tu trayectoria y la del propio Ata. Los dos partís de la autoedición llevado a cabo con un cuidado exquisito.

Bueno, Ata sí se podía meter ahí, porque controla mucho de esos temas. Yo no tengo mucha idea de cómo editar, siempre me ha resultado más fácil hacer fotocopias cuanto más guarras mejor. Y ha habido tebeos que no me gustaron como se hicieron, pero yo no sabía hacerlo en ese momento y había que recurrir a otras personas. Intentas aprender, pero es mucho trabajo: dibujar, editar, maquetar, tratar con imprentas, venderlos… Es la parte más fea de hacer cosas y ya tengo una edad en la que me apetece que me echen un cable para sacar mis movidas, porque me agota hacerlo solo y lo he hecho así durante más de 20 años.

Participaste en “Cretino” y Ultrarradio, dos proyectos de autoedición que han marcado una época para muchos lectores (entre los que me incluyo).

Sí, fue una época muy bonita. Y sin Davín tal vez yo ni siquiera hubiese seguido haciendo cosas, me habría rendido hace mucho tiempo. Fue la primera persona que apostó por mí y me dio confianza. De esa época solo echo de menos el entusiasmo, la ilusión, el ir a nuestro rollo con el colmillo fuera…. Y a Davín, claro.

Cada uno de los números tenía una idea detrás y en los cómics de Ultrarradio siempre se podía ver un planteamiento con el que jugar (y unas ediciones que siempre estaban muy cuidadas)

Los números de Cretino eran temáticos y los tebeos colectivos que se editaron con Ultrarradio siempre respondían a un juego, a un planteamiento distinto. Quedaron muy bonitos esos libros, aunque en alguno no estuve porque muchas veces no tenía ganas de hacer nada.

Allí coincides con autores como Davín o Puño.

Sí. Todos veníamos de la autoedición y fue una forma de enriquecernos, aprender unos de otros o descubrir a personas con tanto talento como Ana Galvañ. De Davín solo puedo decir cosas buenas. Es una de las personas a las que más he querido en esta vida. Y luego conocí a personas estupendas como Jose Tomás, Oskitar, Javierre, Koko… En el blog de Cretinolandia lo pasábamos muy bien.

¿Cómo recuerdas la época de los fanzines?

El año pasado volví a sacar un fanzine, Me gustas pero dentro de un nicho (2020). Nunca se han ido del todo las ganas de hacerlos. La época donde más fanzines hacía la recuerdo muy complicada, convulsa, difícil, sin mucha esperanza, con trabajos muy esclavos que apenas me daban tiempo para nada, con una sensación de estar muy perdido y muy atrapado, donde vivía al día todavía de un modo más exagerado al que lo hago hoy… Lo que más recuerdo es las ganas de sacar tiempo de donde no lo había para dibujar y hacer mis fanzines, porque me gustaba la sensación de juntar todo ese material, maquetarlo con tijeras y pegamento, ir a una copistería y luego venderlo por internet o en Subterránea. Echo de menos esa ilusión que tenía entonces al editar cosas.

No sé si hoy en día tendría sentido una apuesta como la de Cretino o Ultrarradio.

Siempre tendrá sentido juntarte con gente con inquietudes parecidas y canalizar ese trabajo personal en algo colectivo.

Las personas que estaban en Cretino y Ultrarradio ya tenían muchas experiencias en la autoedición, venían muy curtidos y sabían solventar todas esas partes feas que son las que echan por alto siempre la mayoría de los proyectos.

Coincide la aparición del libro de cómics de Autsaider con la edición del libro “Al final siempre ganan los monstruos” (del que ha salido ya la segunda edición).

Sí, cosas de la Covid. Cuando se cerró lo de Autsaider se hizo pensando que el libro ya se habría editado. Me agobia a veces lo de tener dos cosas a la vez fuera y tener que vender la moto, que es muy agotador. Pero bueno, luego siempre llegará un periodo de esos de desaparecer varios meses, y que nadie te eche cuentas. Así que intento disfrutar y hacer las cosas lo mejor que pueda.

Como escribes en el libro, en él cuentas la historia de cinco amigos, un puño, que van llegando en sus vidas a un punto de no retorno.

Bueno, una cosa es lo que escribes y otra la que se publica. Y luego tú cuentas una historia y la gente la lee de una forma u otra. Los personajes están ahí para contar una historia sobre la desesperanza, sobre el no tener futuro, sobre la violencia paterna y del entorno, sobre la educación recibida… Hay cinco amigos, pero para mí son más importantes los personajes que les rodean, que son los que sufren las consecuencias.

La cocaína se convierte en un componente más del grupo.

La cocaína es lo que todos tienen en común y lo que les une, aunque no fue algo buscado lo de escribir sobre la cocaína. Fue saliendo conforme se fue construyendo la historia. Muchos amigos que la leen me dicen que está bien, pero que si hubiese contado algo real, la gente no se lo creería, porque sería como 100 veces más bestia, más duro, inexplicable y salvaje. Si alguien la lee como una historia sobre la coca o después de leerla se queda con eso, no se ha enterado de nada. 

Cada capítulo lo narra su protagonista, cada uno con una voz diferente, de un modo que nos hace entender perfectamente sus motivaciones.

No están hechos con la intención de que empatices con ellos. La novela explora la mentira, la forma en la que te engañas a ti mismo y a los demás, y me divertía jugar con eso. Empatizas con ellos porque son humanos, con sus contradicciones, pero eso fue saliendo solo. 

El propio libro tiene una vida singular. Lo comienzas como relatos independientes en un club de lectura en Facebook, lo recopilas con Camping Motel, editorial creada para la ocasión, se agota y se reedita, años después por Blackie Books.

Sí. Me raya un poco tener que exponerme tanto con las entrevistas o hablar de mí, pero el libro tiene su historia, el proceso no ha sido el habitual y que ahora esté en librerías tienes que explicarlo. No hay impostura, ni artificios, todo tiene un por qué y creo que mucha gente no entiende qué hostias estás contando, de dónde vienes y mucho menos el por qué lo cuentas. Me gusta resumir el proceso con un: “oye, esto empezó en un post de Facebook. Para llegar a una librería ha pasado por muchas manos, los lectores son los que le han dado valor y no está ahí por arte de magia, si no por mucha suerte y muchas casualidades”. Es un milagro que lo puedas encontrar en una librería.

En el libro hay constantes cambios de registro. Los testimonios de quienes les acompañan y los saltos en el tiempo nos hacen conocer nuevas facetas de Lolo, Juanillo, Jony, Dani y el Liendres.

Quería explicar muchas cosas y para eso tenía que recurrir a saltos en el tiempo, por ejemplo. El presente no se entiende sin el pasado y si sumas ambos te da como resultado esa sensación de falta de futuro. El libro salió con una estructura coral por azar, en principio eran relatos sueltos. Cuando decidí que podía ser una historia con un principio y un final mantuve los distintos registros, porque me parecía más divertido y no quería suprimir muchas de las distintas voces que iban saliendo.

La historia transcurre en un pequeño pueblo del Sur creado para la ocasión, Villa de la Fuente. ¿Pueblo pequeño, infierno grande, como dice el refrán?

El pueblo donde transcurre la historia es otro personaje, que atrapa al resto. La historia son las circunstancias particulares de un grupo de personas y los que tienen cerca, no pretender ser algo universal ni reflejar la vida de los pueblos como una generalidad. Es algo muy localista y muy concreto. Ellos cuentan su historia de esa manera. 

En algunas entrevistas comentas que tienes en mente otro nuevo libro, “Punki”. ¿En qué punto está actualmente?

“Punki” está terminado desde finales del año pasado. No quería que las opiniones de la gente al leer la edición de “Al final siempre ganan los monstruos” en Blackie Books me condicionasen lo que quería contar. La trama, lo que pasa, sí está cerrada. Luego falta trabajar la novela cuando sepa qué hacer con ella. Si alguien la edita, será una cosa. Si tengo que vender boletos para financiarla y autoeditarla, será otra cosa. El tono y muchos personajes secundarios están un poco a medias, le falta darle algunas vueltas en un sentido u otro. El narrador es Álex, el que tatúa el puño de Lolo, uno de los personajes de “Al final siempre ganan los monstruos”. 

Has dibujado cómics, escrito libros de poesía y de prosa. ¿En qué te encuentras más cómodo?

Poesía no escribo desde 2003, aunque en 2017 publiqué “Poemas escritos a navajazos” con las cosas que conservaba. Hago dibujos, pero no considero que sean tebeos ni nunca me he definido como dibujante. Y he publicado un libro, solo se ha visto eso de todo lo que llevo escribiendo desde los 14 años. Cómodo me siento haciendo lo que me da la gana, a mi aire. Si no, no haría nada. 

¿Proyectos?

Sobrevivir, encontrar alguna vez algo parecido a la estabilidad y si mientras puedo dibujar o escribir sería la hostia.

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