No aprendieron la lección

La actitud tímida y casi avergonzada de la administración Vizcarra para admitir que por un acto “administrativo” le había dado “luz verde” pero “condicionado a una etapa de diálogo por parte de la empresa minera para generar consensos” al proyecto Tía María, es una muestra clara de que el Estado no ha aprendido la lección.

Que, ante la ola creciente de cuestionamientos y lógicas dudas del impacto ambiental del proyecto Tía María, salga como vocero principal de la compañía el encargado de Finanzas (¡?!) para repetir pasmosamente que, en efecto, no harán nada si antes pasar por un necesario proceso de diálogo para “aclarar” dudas y dejar entrever temerariamente que sólo –metafóricamente– eran cuatro gatos los que se oponen al proyecto, significa a todas luces que la empresa minera tampoco aprendió la lección.

Quienes estamos convencidos de que la actividad minera es la principal fuente de financiamiento para impulsar un desarrollo descentralizado y sostenible, caemos en la desesperanza al ver cómo el Estado y algunas empresas hacen todo lo posible para alimentar los argumentos falaces de sectores antimineros, que intentan preservar la pobreza como parte de su estrategia de sobrevivencia.

Tía María es un proyecto cuyo tiempo de maduración pudo haber servido para demostrar lo que venimos exigiendo hace años desde este espacio: una articulación Estado-Empresa-Comunidad que permita realizar un planeamiento estratégico de desarrollo que se irradie desde la zona de influencia del proyecto hasta el ámbito nacional.

Este planeamiento estratégico consensuado entre las partes debería ser exhibido al país como una muestra de lo que se puede hacer trabajando desde las bases sociales, pues se visibilizaría un sólido plan de desarrollo comunal y regional, los proyectos más emblemáticos que permitirían en un plazo determinado el cierre de brechas tanto en infraestructura como en capacidades formativas y productivas sostenibles, y, especialmente, la seguridad de que el proyecto cuente con todas las garantías para evitar convertirse en un agente de destrucción de los ecosistemas sino más bien en un protector y contribuyente al mejoramiento de los mismos.

Así, hecho este gran trabajo tripartito, el jefe de Estado –junto a la empresa minera y las comunidades del entorno– debería haber hecho el gran anuncio al país: “Vamos a desarrollar Tía María porque estamos convencidos de ser un gran proyecto minero que le cambiará la vida a la población en el ámbito de su influencia, contribuirá a mejorar el ecosistema y permitirá financiar las principales necesidades no solo de la región Arequipa sino también de todo el Perú”.

Sin embargo, hoy, Tía María se expone a ser condenada al fracaso. Y todo porque ni el Estado ni la empresa minera hicieron lo que todos hoy le vuelven a reclamar: consenso, convicción y liderazgo.

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Author: Editor FM