Nacimiento prematuro: ¿qué consecuencias tiene en la edad adulta?

Sharon McCutcheon / Unsplash, FAL

Elsa Lorthe, Université de Paris

Mi abuelo tuvo un destino excepcional desde el comienzo de su vida. Michel nació en julio de 1932 en su casa, como la mayoría de los niños por aquel entonces. Sin embargo, hay algo que lo diferenció del resto: no fue el único en nacer. En dos ocasiones, el médico rural tuvo que anunciar que había otro bebé en camino. Así pues, y para sorpresa de todos, se encontraron con tres bebés prematuros de un kilo cada uno.

France murió al día siguiente de su nacimiento. Michel y André pasaron varios días entre la vida y la muerte. Los pusieron en unas cajas de zapatos llenas de algodones que situaron junto a la chimenea, que permaneció encendida las 24 horas del día durante todo el verano. Les dieron friegas de mostaza para ayudarles a respirar y les alimentaron con una pipeta, dejando caer unas gotitas de leche entre sus labios con frecuencia. Contra todo pronóstico, consiguieron regular su temperatura, comer y ganar peso de forma progresiva. Después aprendieron a caminar y a hablar. Fueron al colegio, aprendieron a leer, a escribir y a contar. Encontraron trabajo, cortejaron a unas muchachas y se casaron el mismo día.

Esta es la historia de un milagro de la naturaleza que, a fin de cuentas, poco le debe a la medicina. La aplicación de técnicas eficaces de reanimación neonatal y de asistencia respiratoria no se extendió hasta la década de los 60.

Este progreso se ha visto rápidamente acompañado de un aumento espectacular de la probabilidad de supervivencia de los niños prematuros; es decir, los que nacen antes de que se cumplan las 37 semanas de gestación (u ocho meses y medio de embarazo), de acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud. Tanto es así que, según el estudio francés EPIPAGE-2, el 52% de los bebés prematuros extremos (nacidos entre la semana 22 y la 26), el 94% de los muy prematuros (nacidos entre la 27 y la 31) y el 99% de los prematuros moderados (nacidos entre la 32 y la 34) salen vivos del hospital y, por lo general, no presentan secuelas.

¿Cómo afecta a la salud?

Mientras que hace 60 años los bebés muy prematuros apenas tenían posibilidades de sobrevivir, ahora se puede afirmar que viven y crecen con normalidad. Sin embargo, la prematuridad sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en los menores de cinco años a nivel mundial. Y aquellos que sobreviven tienen problemas de salud importantes.

No es de extrañar. El nacimiento prematuro interrumpe el desarrollo intrauterino de forma abrupta. El organismo presenta todos los órganos, pero son inmaduros. Por tanto, los procesos de crecimiento y maduración de los órganos —especialmente el cerebro, los pulmones y el aparato digestivo— deben continuar en peores condiciones que si hubieran tenido lugar dentro del útero materno. Como resultado, durante las primeras semanas de vida, la inmadurez asociada al nacimiento prematuro puede causar dificultades respiratorias y digestivas, hemorragias cerebrales e infecciones.

Dichas complicaciones pueden ser transitorias o hacerse crónicas, especialmente en los casos de displasia broncopulmonar.

Las secuelas neurológicas son frecuentes, sobre todo en los bebés muy prematuros, y pueden manifestarse como trastornos de la motricidad, con retraso o dificultad al caminar; como trastornos cognitivos, con dificultades en el lenguaje oral o escrito; o incluso como trastornos de la atención y problemas sensoriales, visuales o auditivos. Algunos estudios también han observado que, en general, su coeficiente intelectual es más bajo, que presentan más dificultades en matemáticas y ortografía, y que suelen ser menos extrovertidos.

¿Qué consecuencias tiene en la edad adulta?

Los primeros niños que se beneficiaron de los avances médicos ya han alcanzado la edad adulta. Estos adultos que nacieron antes de lo esperado representan una proporción creciente de la población, debido al aumento concomitante de la frecuencia de los nacimientos prematuros (1 de cada 10 nacimientos; es decir, 15 millones de bebés al año a nivel mundial) y de las tasas de supervivencia.

Por consiguiente, resulta fundamental conocer mejor las consecuencias de la prematuridad en la edad adulta, identificar los problemas que se atenúan o persisten en el transcurso de la vida, investigar los factores asociados a los buenos resultados y las intervenciones que se pueden ofrecer.

Aunque la inmensa mayoría de los adultos que nacen prematuramente gozan de buena salud, algunos corren un mayor riesgo de padecer ansiedad y depresión, trastornos neurológicos y conductuales, disminución de la función cardiopulmonar, hipertensión sistémica y síndrome metabólico que sus homólogos nacidos a término. Es decir, estos problemas de salud suelen manifestarse a una edad más temprana en comparación con los bebés no prematuros.

Algunos investigadores consideran que la prematuridad es una enfermedad crónica. Sin embargo, los afectados no siempre estiman que algunas de estas limitaciones funcionales sean un problema, lo que refleja una enorme capacidad de resiliencia y adaptación.

De hecho, la prematuridad también puede tener otras consecuencias sorprendentes. Por ejemplo, los adultos que nacen prematuramente suelen tener una personalidad diferente. Diferente, que no anormal. Son más concienzudos, cautelosos, agradables, tímidos y menos propensos a adoptar conductas arriesgadas o desarrollar adicciones, lo que podría explicar en parte por qué sufren acoso con mayor frecuencia o por qué presentan más dificultades sociales, especialmente con sus parejas o amigos.

Muchas cuestiones pendientes

Hay que confirmar muchos de estos resultados, pues aún quedan varias preguntas sin responder. Por ejemplo, ¿cómo afecta la prematuridad al envejecimiento? ¿Los cuidados de asistencia al parto repercuten a largo plazo? ¿Qué sucede con los adultos nacidos prematuramente en los países con recursos limitados? ¿Cómo contribuyen a nuestra sociedad? ¿Qué factores promueven su resiliencia? ¿Cómo es la calidad de vida de estos adultos? ¿En qué medida les afecta el entorno familiar, genético, socioeconómico y de estilo de vida?

Como podemos observar, aún queda mucho por aprender a fin de entender mejor cómo se puede mejorar la salud a largo plazo y la calidad de vida de estas personas, y proponer políticas de salud pública y acciones educativas adecuadas. Sin embargo, no podrá lograrse a menos que los investigadores de todo el mundo aúnen fuerzas y analicen los datos ya disponibles. Por otra parte, también es necesario desarrollar estudios innovadores.

Estudios innovadores que dan respuesta a estas preguntas

Para aclarar los efectos de la prematuridad en el transcurso de la vida, actualmente se están llevando a cabo varios proyectos de investigación. El proyecto HAPP-e (acrónimo de «Health of Adult People born Preterm – an e-cohort study») fue puesto en marcha a finales de 2019 por investigadores del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Oporto (Portugal), en asociación con el Inserm y otras instituciones y universidades europeas que colaboran en otro proyecto, RECAP preterm.

Tiene como objetivo estudiar la salud de los adultos nacidos prematuramente de forma novedosa y a gran escala. Para ello, se reclutará y monitorizará una cohorte electrónica de adultos nacidos de forma prematura. Tanto la selección como el seguimiento de los participantes se hará enteramente con la ayuda de instrumentos digitales, sobre todo gracias a una plataforma de internet. Al aprovechar la tecnología y los métodos de comunicación actuales, se podrá acceder a distintas poblaciones repartidas por todo el globo, las cuales no suelen tener la oportunidad de hacerse escuchar.

Afrontémoslo: ser miembro activo en un grupo de investigación nunca ha sido tan fácil. ¡Puede compartir su experiencia desde el sofá! Así pues, que se corra la voz: todos los adultos (18 años o más) nacidos prematuramente están invitados a participar en este estudio, sin importar en qué parte del mundo se encuentren, ¡y a ser HAPP-e, que la vida son dos días! A mi abuelo le hubiera encantado darle un empujón tan grande a la investigación…


Artículo traducido gracias a la colaboración de Fundación Lilly.The Conversation


Elsa Lorthe, Chercheure en Epidémiologie, Inserm U1153, Epidemiology and Statistics Research Center, Université de Paris

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.