Uno de los recuerdos más nítidos de mi infancia es la de los veranos míticos de los 90. No de finales de la década, sino de 1994 más o menos. Los días que todavía estábamos en la ciudad, antes de que llegasen las vacaciones serias (en las que te vas a la playa o al pueblo) pasábamos algunas tardes en unos recreativos que había en mi barrio (eran los únicos de la zona y no sabíamos que les quedaban dos veranos más como mucho). Entre mis juegos favoritos estaban Street Fighter, que apareció en 1987, pero que nos volvía locos a todos igualmente y Mortal Kombat que surgió como la gran novedad. Se notaba la mejora en los gráficos, en los movimientos y en lo sangriento. En realidad nos daba igual jugar a uno que a otro. Además era una especie de cultura que ya no existe.

Nos juntábamos muchos chicos, de varias edades, pero que terminábamos hablando, compitiendo, comprando golosinas o peleándonos porque nos quitaban el sitio los mayores (cosas así). Pensad que todavía el tema móvil no iba con nosotros. Seguíamos quedando en plan «pasotas», con un —mañana a las 18:00 estaremos por aquí—, podía ocurrir que no aparecieses por otras razones. La obsesión y las prisas de ahora no existían. Un par de años después, las salas recreativas, como les ocurriría a los videoclubs, terminaron por cerrar. No importó, teníamos consolas y esos juegos de maquinas Arcade no nos hacían falta. Así que dábamos el coñazo en casa. Nos peleábamos allí: «yo me pido la chica; no te toca a ti, me toca a mí; te has colado; eso no se hace; vas a perder, pásame el mando». Hace un tiempo tuve la oportunidad de jugar de nuevo a Mortal Kombat, creo que en la Nintendo y me lo pasé bomba, pero no eran las mismas personas ni la misma despreocupación, así que no resultó la experiencia catártica que me esperaba. Aun así Mortal Kombat es un verdadero clásico.

Con respecto a la película, ¡la he disfrutado! Dirigida por McQuoid y producida por el gran James Wan me ha resultado dinámica, emocionante, muy sangrienta, rozando el gore en muchas escenas, con peleas interesantes (aunque en este punto las he visto mejores). Buenos efectos especiales y buena adaptación a la nueva era con algunos ‘guiños’ al presente en sus chistes fáciles. Los actores me han convencido, especialmente la aparición de Hiroyuki Sanada (es una debilidad mía) y no me imaginaba algo de estas características sin él. Jessica McNamee es Sonya, mi rubia –siempre jugaba con ella- me ha encantado, y Ludi Lin (aquí Liu Kang) me parece monísimo (y su papel también), por supuesto Josh Lawson como el insufrible «chiste fácil», Kano, hace un papel insoportable y divertido a partes iguales (te ríes con sus bobadas pero se merece todas las palizas que le dan).

En general la historia, dentro de sus limitaciones, está bien construida, con una duración adecuada que no llega a las dos horas. Hay que tener en cuenta que son videojuegos. No es la adaptación de una novela. No se puede pedir mucho más (bueno, podemos pedir el infinito, claro), pero creo que es bastante correcta y que distrae. La banda sonora de Benjamin Wallfisch está fenomenal, además el compositor ha confesado que antes de ser contratado oficialmente ya estaba haciendo una nueva versión de las cintas de 1995 y 1997.

En conjunto es muy recomendable. Me he comido mucha historia del videojuego, pero qué leches, ¡a esto hay que jugar!

Patxi Alvarez