Mis impresiones sobre el libro“MUERTES ILUSTRADAS DE LA HUMANIDAD

POLVO ERES II de Nieves Concostrina

Las Esfera de los Libros – ISBN: 978-84-9970-292-6

SINOPSIS

En este divertido libro, aparecido en su edición original bajo el título Polvo eres II, Nieves Concostrina vuelve a desplegar todo su ingenio para contarnos las mil y una aventuras de los cadáveres, huesos y sepulturas más famosos. Los infernales huesos de Torquemada. El pisoteado César Borgia. La coqueta calavera de Francisco de Quevedo. Cristóbal Colón, cien gramos de descubridor. Responsable del espacio radiofónico diario “Polvo Eres” en Radio 5 Todo Noticias y colaboradora los fines de semana en el programa No es un día cualquiera de RNE (Radio Nacional), dirigido por Pepa Fernández, y de lunes a viernes en el espacio dirigido por Juan Ramón Lucas, “En días como hoy”, la autora nos regala su mejor humor, esta vez además con ilustraciones de Forges, para provocar carcajadas en todos los lectores.

MIS IMPRESIONES

Me era una ventaja el conocer el espíritu de la escritora manifiesto en sus presentaciones sobre el tema en el programa “No es un día cualquiera” de Pepa Fernández en RNE, en donde sus anécdotas y comentarios de lápidas, tumbas y sucesos de entierros de famosos de la historia despertaron mi interés… Luego leí con suma facilidad y cierto deleite las páginas de este MUERTES ILUSTRADAS DE LA HUMANIDAD – POLVO ERES II de Nieves Concostrina.  Si una ventaja tiene el libro, además de la prosa desenfadada y actual de su autora, es que puedes leerle sin tener que ser de continuo, porque cada relato es independiente del anterior y del siguiente, son compartimentos estancos que comparten solamente el estilo y agradable forma de redacción de la Concostrina, que organizó en 5 Capítulos las reseñas y crónicas de sucesos de las Muertes Ilustradas…

Desde el Capítulo 1 “Dando la nota”, con alusión a los ilustres maestros de la música, Mozart, Richard Wagner, Paganini, Beethoven o Chopin, sin dejar de relatar los detalles más singulares de Elvis Presley, “muerto forrado” (1935-1977) o del que ella cataloga como beatle zen, George Harrison (1943-2001).  Yo disfrute los relatos, pero en especial el que hace del maestro D. Manuel de Falla, “un cadáver disputado” (1876-1946) que murió en Argentina, exiliado del franquismo, y sus disputados tránsito de sus huesos, primero exhumados en la ciudad argentina de Córdoba, en el Panteón de los Padres Carmelitas del cementerio de San Jerónimo[1] hasta su reposo definitivo en la cripta de la catedral de Cádiz, la tierra donde nació.

Es especialmente significativo, el destacado realce que hace la autora en “Richard Wagner, no era triscadecafóbico” para resaltar los avatares del maestro con el número 13, que remarcó: “Wagner nació en 1813, y si se suman los números (dígitos) del año se comprueba que resulta 13. Murió Wagner un 13 de febrero, martes, el mismo día que conmemoraba el aniversario decimotercero de la unificación alemana. Wagner, además murió cuando su hijo Sigfrid tenía 13 años. Si se suman las letras de Richard Wagner – sigue diciendo la autora -, la cuenta resultante es 13. Compuso 13 operas, sufrió un destierro de 13 años, termino su ópera Tanhausser un 13 de abril y la estrenó un 13 de marzo en Paris – si bien es cierto (puntualiza) que fue un estruendoso fracaso- e igualmente remató Parsifal un 13 de enero. Actuó por primera vez en un teatro que fue inaugurado un 13 de septiembre, y entro a vivir a su casa alemana de Bayreuth (centro de Alemania) un 13 de agosto, y tiempo después la abandono un 13 de septiembre” …

En el Capítulo II “Prosistas, Prosaicos y Poetas”, recorre a los grandes de las letras… desde Dorothy Parker, Jorge Luis Borges, Lord Byron, Voltaire, Francisco de Quevedo, Schiller y Goethe, Eugenio D’Ors, Gerald Brenan, Miguel de Cervantes, Mariano J. de Larra, Blasco Ibáñez, Alejandro Dumas, Antonio Machado, Valle-Inclán, Ortega y Gasset, Pío Baroja, Pablo Neruda y Hunter S. Thompson, llenan en detalles mezclas jocosas de anécdotas y deambular a veces injustos, a veces de manipulados intereses espurios, que jalonaron los tumbos que dieron los huesos de estos ilustres personajes.

Me resultó de especial interés el de “Voltaire (1694-1778), castigado por anticlerical” en que la autora relata los tumbos sin rumbo que dieron los huesos del famoso filosofo e historiador francés. Dice la autora que “los huesos de este hombre han pasado por tantos avatares que lo que queda de él es lo más parecido a casi nada. Porque Voltaire le dio tanta caña a la Iglesia, que la Iglesia le hizo pagar caros sus gritos. […] Su postura anticlerical le valió que el clero le negara una sepultura en sagrado, aunque lo que ocurrió es que no supieron entenderle. Demasiado intelectual para ellos. Porque Voltaire creía en Dios; en lo que no creía era en el oscurantismo eclesiástico, en la manipulación de la gente con la religión y en la intolerancia para quienes pensaban de otra manera”.

En el Capítulo III “Pinceles para la Eternidad”, la autora concentra a grandes de la pintura desde El Greco, Dalí, Goya, Velázquez, hasta Andy Warhol, Francis Bacon y Leonardo. Una ensaladilla rusa, como diría la propia Concostrina, difícil de evaluar.  En cada uno de ellos relata los avatares y tumbos que dieron sus huesos, y sus principales estaciones de parada post mortem de esas celebridades. Algunas como “ese par de excéntricos” de Dalí y Gala, que llenaron mas paginas que ninguno de los otros celebres relatados. Da Vinci, que murió el 2 de mayo de 1519, tiene una reseña mas sencilla aunque su genialidad fuese extraordinaria, sus huesos siguieron primero el ritual que el propio artista había marcado. Con entierro provisional en la Iglesia de Saint Florentín, en los terrenos del castillo de Amboise, donde vivía, y después trasladado el 12 de agosto de 1519 al claustro de la iglesia. Al final, se supone que sus restos o lo que quisieron decir que eran sus restos o parte en la capilla de Saint Hubert en el castillo de Amboise, por donde pasan miles de turistas confiados en que allí está el gran Leonardo, dice la autora.

En el Capitulo IV “En el nombre del Padre”, la autora concentra en los grandes de la Iglesia, desde el fraile, teólogo y filósofo católico y una de las mayores figuras de la teología sistemática como “Santo Tomas de Aquino (1225-1274)” uno de los treinta y tres Doctores de la Iglesia,  hasta “Los cráneos usurpados de Santa Brígida (1303-1373) y Santa Catalina (1331-1381)” pasando por “Los infernales huesos de Torquemada (1420-1498)” o “Las cabezas de San Juan Bautista (siglo I)”.  En muchos casos la realidad evidencia que “la mayoría de los huesos venerados ni tienen base histórica, ni antropológica, ni documental”, dice la autora. En el epígrafe dedicado a “La rentable tumba del Apóstol Santiago” nos relata las peripecia de una historia-leyenda que algunas veces clama al cielo… como dijo Miguel de Unamuno, precisa “todo hombre moderno, dotado de espíritu crítico, no puede admitir, por católico que sea, que el cuerpo de Santiago el Mayor reposa en Compostela”. Todos los relatos llenos de citas y referencias históricas o anecdóticas interesantes y a la vez con la fresca escritura de la autora.

En el ultimo Capitulo, el V “Huesoteca Política”, la autora desgrana un amplio recorrido por personalidades desde el siglo XV hasta el siglo XX, de los más destacado y seleccionado de las personalidades históricas. Desde los mas lejanos como “El zarandero de Pedro I de Cruel (1334-1369)”, cuyos hueso hicieron más kilómetros que un ciclista del tour de Francia, hasta “La no muerte de Francisco Paesa”, ese personaje de la trastienda de la política española de difícil definición, según la autora: espía, diplomático, confidente de la Policía, oscuro empresario, mediador en secuestros…” que supuestamente fue incinerado en Tailandia en 1998, hasta “El excesivo mausoleo de Kim Il-Sung (1912-1994)”o “Los Anatasios Somoza (1896-1956)” de tan ingratos recuerdos en Nicaragua con aquella filosofía de las tres “pes”: “Plata para los amigos, palo para los indiferentes y plomo para los enemigos”.  No quedan ajenos en esta parte los vaivenes de los restos de Colón, en un capítulo que la autora denominó: “Cristóbal Colón, cien gramos de descubridor (1451-1506)”, en las que describe, con las dosis de humor acostumbradas las peripecias de los supuestos restos de Colón “llegados a Cádiz en 1899, que remontaron el Guadalquivir a bordo del yate Giralda de Alfonso XIII, y el 12 de enero fueron recibidos con pompa por las autoridades sevillanas y depositados en la catedral” de forma temporal… y transitoria.

Un libro fácil de leer, por la prosa de su autora, la forma en que se estructuró y las anécdotas de que están cargadas sus casi 500 páginas, ilustradas magistralmente por Forges con especial gracia. No es que le recomiendo, es que permanecerá a mi alcance, cuando quiera disipar algo de tensión en mi mecedora al resguardo de los vientos o lluvia otoñal, o el seguro frio que este invierno pandémico, nos deparará.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 30 de septiembre de 2020 [2]

[1] Falla era un católico ferviente.

[2] Cuando mi hija mas pequeña, cumple 52 añitos…