La CIA tuteló la Transición, intervino en el golpe de Estado del 23-F, se aseguró de que la respuesta al referéndum sobre la OTAN fuera el más favorable a sus intereses… La CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, ha tenido un papel fundamental en innumerables acontecimientos políticos de la historia reciente de España. Mediante la instalación de bases militares y la estricta supervisión del proceso de cambio democrático, ha construido una sólida plataforma de operaciones desde donde condicionar a su favor la política nacional. Desde la Segunda Guerra Mundial y hasta hoy.

En este libro ya clásico, ahora actualizado y ampliado, Alfredo Grimaldos arroja luz sobre las actuaciones de la CIA en España y desvela las conexiones de la agencia con altos cargos del poder político y militar del Estado. Basándose en una extensa documentación, que reúne las confesiones de oficiales de los servicios de información españoles y de antiguos miembros de la CIA, teje un relato escalofriante que sigue estando de actualidad.

Y es que pese al altísimo riesgo y la cesión de soberanía que supone, los servicios de inteligencia norteamericanos continúan utilizando el territorio español como base de operaciones para transportar desde prisioneros hasta armamento nuclear. Todo ello sin que los gobiernos de Aznar, Zapatero o Rajoy hayan mostrado la más mínima voluntad de impedirlo.

MIS IMPRESIONES

Con el titular de “La CIA nació en España”, el periodista Alfonso López García redactaba un artículo el pasado 28 de noviembre de 2020 en El Independiente, en el que afirmaba:

“La CIA nacía oficialmente en 1947, como continuación de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), el primer servicio secreto real de EEUU surgido durante la II Guerra Mundial por la necesidad de realizar labores de espionaje, incursiones en zona enemiga en busca de información, sabotajes, reparto de propaganda, labores de desmoralización… un tipo de acciones inéditas hasta ese instante para los americanos, y que fueron encomendadas a los estadounidenses que lucharon en la Guerra Civil como guerrilleros realizando, exactamente, esas mismas tareas en España”.

Es indudable que, como dice el periodista en su artículo, la CIA en “sus primeros pasos tiene, curiosamente, una vinculación con España bastante relevante”, que el libro de Alfredo Grimaldos “La CIA en España…”, de mi reciente lectura, reafirma y ratifica en sus más de 300 páginas, la presencia conminatoria de los servicios de información norteamericanos en la vida española, tutelando la “modélica” transición e influyendo en todas las áreas de la política y la sociedad.

El libro, se editó por primera vez en 2006, pero yo adquirí la edición de 2017, actualizado y ampliado, que según el autor, con “testimonios de relevantes oficiales de los servicios de información españoles” y precisa en el Prefacio el autor: “la CIA y otros servicios norteamericanos siguen campando aquí a sus anchas y el ejercito yanqui tiene cada vez más presencia en nuestro suelo y genera mayor peligro que nunca”.

Es un libro abarcador para el lector, porque recorre los hitos principales de una historia desconocida para el gran público, y para mí. Recorrí con interés sus 15 capítulos, alguno de los cuales me salte el orden de su redacción por el vínculo o recuerdos de aquellos tensos años posteriores a la muerte de Franco.

Cuba aparece más de 12 veces en el texto, en algunos casos con detalles de interés en las páginas 170-176 en el apartado “La CIA recluta en España”, donde relata destacados casos del trabajo de la Agencia en España “encaminado a desestabilizar regímenes centroamericanos” […] A partir de 1979, de modo especial contra la débil Nicaragua sandinista y, como siempre desde principios de los sesenta, contra Cuba”. […] El 5 de febrero de 1985, en Santiago de Cuba, Fidel Castro ya le había dicho al jefe de la Oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado norteamericano, Kenneth Skoug[1]: “Sabemos que la CIA tiene gente en España tratando de promover deserciones entre los nuestros”.

En el Capítulo 3 “España, portaaviones de los yanquis”, el autor comienza con la coplilla de la película de Luis Berlanga “Bienvenido, Mr. Marshall”: “Os recibimos, americanos, con alegría. ¡Olé, mi madre!, ¡olé, mi suegra! y ¡olé, mi tía!… hace una referencia a los tres acuerdos bilaterales de cooperación firmados el

26.09.1953 entre España y Estados Unidos, que constituyó en su momento el mayor espaldarazo internacional al franquismo tras el aislamiento de la II Guerra Mundial. Unos acuerdos, que a cambio de convertirse prácticamente en un país satélite, España recibirá una importante ayuda militar y económica. Cerraba así un lazo comenzado con el Concordato con el Vaticano. El autor, subraya: “La Iglesia y el Imperio, de la mano, respaldan a Franco”, Y termina con la visita de Eisenhower en diciembre de 1959, como “la definitiva homologación del Régimen”.

El autor señala, tomado de la declaración de la URSS en la reunión de julio 1947 en París: “Los créditos norteamericanos (Plan Marshall) no servirán para el restablecimiento económico de Europa, sino que serán utilizados por unos países europeos contra otros países europeos, de la manera que les parezca más conveniente a algunas potencias industriales que se esfuerzan por alcanzar el predominio”.

Y sigue el subrayado: “Las servidumbres políticas o económicas exigidas por el Plan Marshall a los países que van a beneficiarse de él indican que el centro de decisiones de la Europa Occidental de posguerra continuará en Estados Unidos”.

En España, a pesar del aislamiento inicial a Franco, “los intereses norteamericanos se verían favorecidos por la aparición, tan pronto como sea posible, por un gobierno de tendencias moderadas capaz de pilotar al país entre los dos extremos”. Franco les ofrece más garantías. Paul Culbertson, afirmaba que “son unos insensatos los monárquicos que se me acercan a pedirme que Norteamérica asfixie económicamente a España. Si esto ocurriera, caería Franco, pero la monarquía no recogería la herencia. Lo que tiene que hacer el Rey es ponerse de acuerdo con Franco”. Por otro lado, la Iglesia católica no está dispuesta a apoyar ningún cambio.

Ya el 8 de mayo de 1950, en una comunicación secreta, el almirante Connelly decía: “[…] que el Departamento de Estado lleve a cabo acciones sin demora para asegurar a EE.UU. y a sus aliados accesibilidad militar y cooperación con España…” Para asegurar ese alcance se hace ineludible la estructuración de una red de bases sobre la que organizar el Strategic Air Command, elemento esencial del poderío nuclear estadounidense. El centro neurálgico en Europa de esa estructura militar se va a situar a muy pocos kilómetros de la capital de España.

En enero de 1951, el embajador en España, Stanton Griffis, recibe la instrucción de proponer a Franco un nuevo Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, para lo que los 62,5 millones de dólares recibidos a través de la ECA (Economic Cooperation Administration) sin haberlos pedido oficialmente y sin mediar aun acuerdo bilateral alguno, era un bálsamo divino. Franco, con su habitual dubitativa léxica, manifiesta su desinterés por la recién creada OTAN, pero asegura que estaría satisfecho de suscribir el acuerdo bilateral. El 16 de junio de 1951, se inician los primeros contactos oficiales entre el Almirante Sherman, Jefe de Operaciones Navales de EE.UU., Franco, y están presentes el embajador Griffis y el marqués Prats. Las contrapartidas reclamadas por Franco[2] son: un préstamo o subvención para ayuda militar y económica que se añadiría a los 400 millones de dólares pedidos inicialmente; una garantía de que no habrá “interferencias” de Estados Unidos en los asuntos internos españoles, y un acuerdo por el cual no se requerirá que las tropas españolas sirvan fuera de España. Además en caso de guerra, cualquier ejercito occidental que se retire a España quedara de inmediato bajo mando estadounidense o español.

Las negociaciones específicas sobre las bases se iniciarán con la llegada del nuevo embajador estadounidense, MacVeagh, el 21 de marzo de 1952, acompañado por un equipo de asesores militares bajo la dirección del General de División Kissner, de las Fuerzas Aéreas, y de asesores económicos encabezados por George Train, de la Mutual Security Agency.

El 26 de septiembre de 1953 se firman en Madrid los tres acuerdos entre España y Estados Unidos. “Los norteamericanos imponen unas condiciones leoninas porque saben que la firma de los acuerdos otorga carta de naturaleza internacional a la dictadura de Franco, muy aislada hasta ese momento. Franco dice en las Cortes: “Al fin he ganado la guerra”.[3]

Las unidades empiezan a recibir ayuda norteamericana en material: casi siempre se trata de material de desecho, o casi, procedente de la II Guerra Mundial y de la de Corea, señala Fernando Reinlein[4]. “Además habrá que pasar por la humillación de presentar periódicamente ese material a la inspección de técnicos estadounidenses”.

Las instalaciones de uso militar norteamericanas en España, son:

De acuerdo con el diseño estratégico norteamericano que se hace entre 1953 y 1959, las principales instalaciones son tres bases aéreas: Sanjurjo-Valenzuela (en las inmediaciones de Zaragoza), Torrejón de Ardoz (en las cercanías de Madrid) y Morón de la Frontera (próxima a Sevilla), y una base aeronaval localizada en Rota (Cádiz), que funciona como complejo portuario, aeronaval y submarino y es cabeza del oleoducto de 485 millas que sirve de combustible a las otras bases. El oleoducto recorre el complejo militar a través de El Arahal, Écija, Ciudad Real y Alcalá de Henares (este oleoducto fue transferido al Gobierno español en virtud de la renovación del acuerdo en 1970). A estas cuatro bases hay que añadir dos bases aéreas secundarias: San Pablo, que en la actualidad es el aeropuerto de Sevilla y ha funcionado como centro de comunicaciones y de suministros de servicios, y el aeródromo de Reus, base de aviones de combate y aeropuerto civil.

Además, dos bases navales secundarias: El Ferrol, centro de almacenamiento de combustibles y suministros, y Cartagena, que tiene un depósito de municiones. Como complemento, una red de instalaciones de comunicación: en Puig Major, Mallorca, se instaló la estación que sirve de enlace entre los servicios de la OTAN en Italia y Gibraltar.

Otras estaciones en Menorca, Guardamar de Segura, Inogés, San Pablo, Humosa y Elizondo. Y las estaciones de navegación de Estaca de Bares y Estartit.

La discriminación norteamericana ante la débil posición internacional de Franco, dice el autor, queda clara al retener hasta el 60% de la ayuda para los gastos norteamericanos en España, cuando similares acuerdos con otros países fijan la cantidad en un 10%. En otro párrafo subraya: España debe “aceptar todo el personal estadounidense como miembro de la embajada”.[5]

El cuarto Capítulo del libro el autor lo dedica a “Colonizados por la CIA” y lo comienza con una entradilla con un párrafo del libro “Mis conversaciones privadas con Franco[6] en las que precisa en boca del entrevistado: “[…] todas las actividades que en el mundo occidental se han llevado a cabo contra nosotros han sido llevadas a cabo por organismos que recibían fondos de la CIA…

Sorprenden las múltiples señales de condicionamiento y casi sometimiento de las actuaciones de “los espías norteamericanos” en las diferencias del país, pero en especial los adeptos que captan en el propio ejército español. La CIA financia, dice el autor, sin ningún recato, a los propios servicios de información de Franco… “y se apropian de un organismo clave, Contrainteligencia, cuya sede en la madrileña calle Menéndez Pelayo, aprovechan la novedosa tecnología que poseen para imponer su presencia en todas las operaciones que llevan a cabo sus subordinados colegas españoles”. Y precisa más adelante: “Solo quieren utilizar España como base de sus tropas y de sus servicios de información”.

Con la visita de Eisenhower en 1959, “los norteamericanos usan a su antojo las bases de Torrejón, Rota, Morón y Zaragoza”. Párrafo más adelante subraya: “El Ejército español se convierte en una plácida piscina donde los agentes de los servicios de información norteamericanos pescan a su antojo piezas perfectamente seleccionadas”. El coronel de Estado Mayor en la reserva, Arturo Vinuesa, en entrevista con el autor, le dice: “A los oficiales españoles nos hicieron creer que éramos los centinelas de Occidente. Siendo nuestro ejército lo que era. […] Los cursos en Estados Unidos servían para pulsar la opinión personal y la orientación política de los alumnos. Te nombraban un tutor militar, que era un mando, además, otro tutor que era un alumno norteamericano, un compañero tuyo que te ayudaba y con quien normalmente tomabas confianza, y, por fin, un tutor civil, que solía ser una mujer. Los tres te hacían siempre las mismas preguntas, sobre el Ejército español y nuestra situación política. […] La mayoría de los militares españoles eran muy proamericanos, en primer lugar, por cuestiones profesionales y tecnológicas”.

Otro de los relatos que introduce el autor, es el de entonces capitán ahora general Fernández-Monzón[7], que dice: “Y un día que salí a pasear por el interior de las instalaciones, con un compañero, vi cuatro gigantescos B-52, cercado con vallas de restricted area. Le dijimos al jefe de la base, un coronel español, que nos gustaría mucho observar los aparatos de cerca, y él nos contestó: toma, y a mí, pero no permiten que nadie se acerque. Aquí los norteamericanos han hecho siempre lo que han querido, solo se ha sabido lo de la bomba de Palomares”.[8]

En el apartado “La contrainteligencia del Tío Sam”, el autor afirma: “Durante los años sesenta, la influencia de la CIA en los servicios de información del Ejército español es absoluta.” Llegaron a pagar la renta de los pisos destinados a la Contrainteligencia en el número 49 de la madrileña calle Menéndez Pelayo, bajo el paraguas de una supuesta “Comisión de estudios”. “Allí trabajábamos hasta las tres de la tarde, recuerda Fdez.-Monzón, la tarea extra de las tardes nos la pagaba la CIA”.

El coronel Perote que formo parte de ese servicio durante la segunda mitad de los sesenta, afirma: “Durante años, el area de Contrainteligencia del Ejército español continúa siendo un reducto controlado y financiado por la CIA” y agrega: “Oficialmente dependíamos del CESID, pero en realidad, nuestros patrones eran los jefes de estación de la CIA. Ellos eran quienes pagaban la sede de Menéndez Pelayo y también nuestras gratificaciones, en calidad de fondos reservados, Ese dinero no salía de los presupuestos…” Y agrega, con respecto a las visitas al edificio: “Los delegados de la CIA, y también del Mossad israelí, entraban por allí cuando querían, como si estuvieran en su casa… y precisa: Éramos un apéndice de ellos”.

Las actividades estaban encauzadas y dirigidas, fundamentalmente contra el Pacto de Varsovia, pero Cuba, por ejemplo, no entra en los planes de los servicios de información españoles en ese momento. Es otro mundo. Sin embargo, se acaba convirtiendo en un objetivo prioritario para la Contrainteligencia, porque les interesa a los agentes de la CIA, que actúan en Madrid, explica Perote.

Por otro lado remarca el autor en base a las declaraciones del coronel Arturo Vinuesa: “La relación de dependencia del CESID, la agencia de inteligencia de un Estado que se supone soberano, con relación a la CIA estadounidense, era casi tan vergonzosa como indescifrable” y prosigue párrafo más adelante: “Los agentes de la CIA, además de otras coberturas oficiales, disfrutaban de la tutela nominal de la multinacional norteamericana Interpublic S.A., […] El entreguismo a los servicios yanquis era total y vergonzoso”. La prepotencia de los norteamericanos y el hábito de trabajar en España sin ningún tipo de cortapisas genera una inercia en las actividades de los hombres de la estación de la CIA en Madrid que va a tener imprevistas consecuencias para ellos, apunta el autor.

Relata con detalles la Operación Gino, basada en la captura del agente CIA, Gino Rossi, cuando opera con un maletín de escuchas telefónicas en la habitación 805 del hotel Eurobuilding de Madrid. La intermediación del jefe de la estación CIA, Richard Kinsman, oficialmente primer secretario de le embajada norteamericana, “borró” todo tipo de instrucción y diligencia. El historial profesional de este jefe de estación ofrece un retrato robot de los métodos de descarada injerencia del espionaje de Estados Unidos en asuntos de los países satélites de la superpotencia norteamericana. La Operación Gino, culmina con la expulsión de los hombres de la estación CIA en Madrid, se debe a la AOME (Agrupación Operativa de Medios Especiales) del CESID dirigida desde 1981 por Juan Alberto Perote.

La Red Gladio, fue una red creada por la CIA para impedir que, en los países de la Europa Occidental, la izquierda pudiese llegar al poder. Esta organización clandestina, íntimamente conectada con la OTAN, tiene en España, a través del SECED, y más tarde del CESID, una significativa actividad. De forma especial durante los años de la Transición. Los crímenes del Batallón Vasco Español y después de los GAL, la matanza de Atocha y el golpe de Estado del 23-F, entre otros acontecimientos, tienen algún tipo de relación con “Gladio”[9], dice el autor.

Sobre la Red Gladio, el autor desgrana en el apartado “La Espada, la OTAN y el Vaticano” los nexos y vínculos entre la Alianza y la cobertura directa que ofrece a la Red en los diferentes países, con evidencias en Italia de las conexiones directas de la red con el Vaticano y la mafia. Puntualiza el autor: “Durante veinte años, Italia padece un terrorismo en gran escala dirigido por la CIA y los mandos de la OTAN”.

Gladio durante los últimos años de la dictadura y a lo largo de toda la Transición, fortalece a los ultraderechistas de varios países que encuentran refugio en España. “Los servicios secretos españoles utilizaron a exponentes radicales y violentos de los grupos italianos en las provocaciones ultras de los primeros años de la Transición. Policías de la entonces Brigada Político-Social de Madrid frecuentaban la pizzería El Appuntamento, donde se reunían los italianos, buscando mercenarios para llevar a cabo provocaciones y atentados ultras”. En la matanza de los Abogados de Atocha, el 24 de enero de 1977, participó un neofascista italiano, que uso una metralleta Ingram M-10, conocida como marietta.

De los muchos perfiles de hombres de los servicios de inteligencia españoles más vinculados a la CIA, destaca el del teniente general Antonio Cassinello Pérez, el cerebro de los GAL.  Un ejemplo diáfano de oficial español de inteligencia formado en Estados Unidos. Que en octubre de 1986 publica en ABC un artículo titulado “A la señoría que corresponda”, en el que, relata el autor, tras críticas a políticos, jueces, empresas periodísticas y profesionales de la información, concluye: “De verdad, señoría, le he llamado gilipolla y les he mandado a tomar todos los vientos. Le juro que me he quedado corto”. Dos semanas después es nombrado comandante general de Ceuta.

En el Capítulo 6 “La Operación Delgado y el Tarzán de Palomares”, el autor recorre los vínculos de los servicios de inteligencia españoles y la CIA o viceversa, en acontecimientos vinculados al termino municipal de Olivenza en la frontera portuguesa, en la época de Salazar, y el general Humberto Delgado. Y sus actividades antisalazaristas y los vínculos con las grandes empresas norteamericanas instaladas en las colonias portuguesas y la CIA.  Desde Roma, Vernon Walters envía un informe a Langley en el que señala que Humberto Delgado no es controlable, a la vez que se prepara una acción encubierta para eliminar a Delgado, que ejecutan el 13 de febrero de 1965 en la linde entre Olivenza y Villanueva del Fresno.

Otro hecho que relata en este capítulo es el fatídico accidente del B-52 el 16 de enero de 1966, en Palomares. El B-52, que provenía de la base aérea de Seymour Johnson (Carolina del Norte) colisiona con un avión nodriza KC-135 que ha despegado de la base norteamericana de Morón de la Frontera, al tratar de repostar combustible en vuelo. En la bodega del B-52 viajan cuatro bombas termonucleares de 70 kilotones y siete metros de longitud cada una. Los acuerdos bilaterales de cooperación España-Estados Unidos prohíben a los aviones norteamericanos sobrevolar territorio español con material nuclear, pero nadie en el Gobierno levanta la voz frente a tan poderoso aliado. Dos de las bombas chocan directamente contra el suelo, y su carga convencional explosiona liberando su contenido radioactivo, compuesto principalmente de plutonio y americio.

El Capítulo 7 “No hay mal que por bien no venga”, nos lleva de la mano desde el atentado a Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973 y sus entresijos…[10] “Los analistas norteamericanos consideraban a Carrero un reaccionario amargado, más franquista que Franco”. En un informe enviado a principios de 1971, en “telegrama confidencial” desde la embajada norteamericana en Madrid al secretario de Estado, William Pierce Rogers, se señala que “el mejor resultado que puede surgir de esa situación sería que Carrero Blanco desaparezca de escena (con posible sustitución por el general Díez-Alegría o Castañón)”. El vicepresidente Gerald Ford fue el representante del Gobierno de Estados Unidos en el entierro del almirante Carrero Blanco.

En el Capítulo 8 “Una península sin dictaduras”, el autor analiza, desde la Revolución de los Claveles en Portugal en abril de 1974, hasta los últimos momentos de la salud de Franco, el derrumbamiento de la dictadura militar de Grecia y sus efectos colaterales.  Philip Agee en su libro “Acoso y Fuga: con la CIA en los talones[11] dice: “Yo no podía imaginarme a Ford, Kissinger y sus aliados europeos observando tranquilamente como se desarrollaba la revolución en Portugal”.

Mientras en España continúa la incertidumbre política, la salud de Franco se deteriora rápidamente y su desaparición física parece inminente, Hassan II con la ayuda de su viejo amigo Vernon Walters actuando como su representante en la CIA, pretende anexarse el Sahara Occidental y con ello, las grandes minas de fosfato, fuente de uranio, apetecida por los EE.UU., y de ahí su fuerte alianza estratégica en detrimento de TODOS los demás intereses geopolíticos. Según Le Monde Diplomatique, “la apropiación del Sahara por parte de Marruecos en 1975, tiene éxito gracias a la intervención de Estados Unidos a favor de la monarquía alauita”. Según documentos desclasificados, Colby director de la CIA entonces, indica: “hay que intentar controlar a toda costa la reacción contraria a Marruecos que van a provocar en La Haya sus reivindicaciones sobre el Sahara Occidental” y añade “Es posible que Hassan II haya llegado a la conclusión de que una intervención armada española contra su invasión del Sahara provoque una mediación favorable a sus intereses” Todo el mundo consideró a los integrantes de la “Marcha Verde[12] exclusivamente carne de cañón. Kissinger, según documento desclasificado, después de reunirse con Ford y con Arthur Hartman, dijo: “Hay que llevar el tema a la ONU, pero con la garantía de que el Sahara pase a Marruecos”.

Según el libro de Tomás Bárbulo, “La historia prohibida del Sahara español” (Destino, Barcelona, 2002), Kissinger en su telegrama en clave desde Beirut remitido a Rabat: “Laissa podrá andar perfectamente dentro de dos meses. Él la ayudara en todo”, marca la posición de apoyo del Gobierno norteamericano a esa acción.

Vernon Walters reconoce en su libro “Misiones discretas[13] que ayudó al príncipe Juan Carlos y a Hassan II a negociar la retirada de las tropas españolas del Sahara y la posterior anexión de la ex “provincia” española. Para no aparecer como claros impulsores de una guerra de anexión, para la que habían incrementado el suministro de armas y municiones a Marruecos, apoyan la transferencia de armas a través de países amigos, como Jordania, que envía a Marruecos 26 aviones F-54 en mayo 1976 y 16 morteros de 155 mm en octubre. Mas tarde en la administración de Reagan, esa ayuda se incrementa notablemente. Se autoriza el envío “sin límite” de armamento para acabar con la “rebelión” en el Sahara y 30 instructores norteamericanos comienzan a entrenar a los pilotos marroquíes en tácticas antimisil. En octubre de 1981, Vernon Walters visita a Rabat para reafirmar a Hassan II el apoyo de Estados Unidos a su política de anexión.

El 17 de octubre de 1975, durante el Gobierno de Arias Navarro se decide por el Consejo de Ministros de España abandonar el Sahara.

Antonio Díaz Fernández, en su libro “Los servicios de inteligencia españoles. Desde la guerra civil hasta el 11-M” (Alianza, 2005), dice: “A la incapacidad del dictador habría que unir las informaciones que indican que el príncipe Juan Carlos habría negociado con la CIA la retirada española”. La mayoría de los militares españoles que sirvieron en el Sahara consideraron su definitivo abandono en manos de Marruecos una traición al pueblo saharaui, que, cuarenta años después, todavía no es dueño de su propio territorio.

El 19 de julio de 1974 el príncipe Juan Carlos de Borbón es nombrado jefe de Estado y los norteamericanos aprovechan la ocasión para dar el visto bueno al heredero y al día siguiente, 20 de julio, se firma la prórroga del Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Estados Unidos. Cuando Juan Carlos alcanza por fin la jefatura del Estado, el primer viaje oficial que realiza le lleva hasta Estados Unidos y el 1º de junio de 1976, pronuncia un discurso en el Congreso, en una sesión que reúne al Senado y la Cámara de Representantes conjuntamente, convirtiéndose en el primer jefe de Estado español que visita oficialmente Estados Unidos y el garante de las privilegiadas relaciones que Estados Unidos mantiene con España desde 1953.

La Revolución de los Claveles en Portugal creó una situación en la península Ibérica muy preocupante para los norteamericanos; se les ha ido de las manos el asunto portugués y van a impedir, a toda costa, que la historia se repita en España. En ese contexto se celebra el Octubre de 1974 el XIII Congreso del PSOE en la ciudad de Suresnes cercana a Paris. A estos acontecimientos y sus consecuencias le dedica el autor el Capítulo 9 “Isidoro y Míster PESC”, refiriéndose al nombre “de guerra” de Felipe González (Isidoro) y al posterior alto responsable de la Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana (Míster PESC).

Miguel Paredes del SECED[14] dice que en su agenda privada apuntó: “Felipe González, el sevillano, parece apasionado pero es frio, Hay en él algo falso, engañador. No me ha parecido un hombre de ideales, sino de ambiciones”.

Nadie puede negar que durante los últimos años del franquismo, el PSOE es poco más que una sigla, dice el autor. El mayor peso de la resistencia contra el Régimen lo han llevado los comunistas.

Los servicios secretos norteamericanos y la socialdemocracia alemana, dice el autor párrafos más adelante, se turnan celosamente en la dirección de la Transición española, con dos objetivos: 1) impedir una revolución tras la muerte de Franco y 2) aniquilar ala izquierda española. Este fino trabajo de construir un partido “de izquierdas” para impedir que la izquierda se haga con el poder en España es obra de la CIA en colaboración con la Internacional Socialista.

El autor en el apartado “Confidentes Espontáneos” dice que algunos socialistas no esperan a que la CIA llame a sus puertas y son ellos mismos los que ofrecen espontáneamente sus servicios a los norteamericanos. El autor muestra el caso de Carlos Zayas Mariátegui, que fue diputado por Huesca en 1977 y el de otros.

Conocía los esfuerzos que hizo en los años sesenta la CIA, con la colaboración del antiguo dirigente del POUM[15], Julián Gorkin, al frente de Cuadernos[16] e impulsor por mandato de la agencia, junto a Michael Josselson[17] del llamado “Congreso por la Libertad Cultural”, que destaqué en MIS IMPRESIONES del libro de Frances Stonor Saunders “La CIA y la Guerra Fría cultural”. Formaba parte de un elaborado esquema propagandístico de matiz netamente anticomunista diseñado desde Langley, dice el autor. Gorkin aparece, además, al frente del llamado “Centro de Documentación y Estudios” que tiene su sede en Paris, en el que Salvador Madariaga ostenta, a título honorario, la presidencia. Las líneas generales del Boletín Informativo del Centro están redactadas en base a las directrices de acción política clandestina de la CIA. Gorkin entra pomposamente en el PSOE en 1973.

En varios artículos del Boletín Informativo de Gorkin ya pueden verse los argumentos esenciales que serán utilizados por Felipe González y Alfonso Guerra en Suresnes, subraya el autor y precisa: “En el primer número de ese Boletín explica la necesidad de una izquierda radical que compita, en el campo de la clase obrera, con el Partido Comunista de España, para restarle base y movilidad social[18].

Muchos son los entresijos e hilos que forman la madeja de vínculos a través de los cuales organizaciones en el exterior o desde el exterior sirven de canales para el dinero de la CIA[19]. ¿Cómo se utiliza el dinero de la CIA en estos programas? Cada uno de los destinatarios – dice el autor – ha descrito previamente sus necesidades y tiene que actuar con las líneas centrales diseñadas en el programa correspondiente, que se resume en una consigna: “contribuir al desarrollo de acciones políticas en el extranjero para enfrentar el desafío ideológico global soviético”.

El 17 de mayo de 1979, durante la celebración del XXVIII Congreso del PSOE, Felipe González impone que desaparezca el término “marxismo” de los estatutos del partido. Y el autor precisa: “El PSOE va donde diga la CIA a través de Willy Brandt”. Y remarca: “El papel que el PSOE tiene que interpretar en la Transición está escrito bastante antes de la muerte de Franco, pero se termina de pulir en 1974.”

Un amplio análisis sobre la entrada de España en la Alianza Atlántica, la realiza el autor en el apartado “OTAN, de cabeza, si”, con detalles de interés y subrayados de las contradicciones entre las diversas tendencias de entonces y dice: “La radicalidad inicial del discurso de Felipe González resulta delirante si se observa el desarrollo posterior de su política internacional” y puntualiza más adelante: En 1986, González convoca un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, después de innumerables manifestaciones populares contra la Alianza. Reclama el voto a favor. “Ha mentido en la campaña electoral que le llevó al Gobierno, incumple el programa del PSOE trampea las resoluciones del congreso de su partido y engaña a los electores”.

Y termina este capítulo, con Míster PESC, el que después de ser uno de los dirigentes del PSOE que participa en mayor número de actos públicos en contra de la integración de España en la OTAN, Javier Solana[20], se convierte en 1995, en secretario general de la Alianza. Un buen ejemplo individual, dice el autor, que sintetiza la trayectoria de su partido.

En el Capítulo 10, “Cómo detectar a un espía” el autor recorre de la mano de testimonios de Philip Agee, exmiembro de la CIA y de otros expertos, la forma de detectar al numeroso equipo de diplomáticos, ayudantes, empleados y otros funcionarios del Departamento de Estado, que ocupan la Embajada de Estados Unidos en Madrid, situada en la calle Serrano, 75, que en las publicaciones oficiales, tanto del Gobierno de Estados Unidos como del español, los catalogan como empleados del Departamento de Estado con sus correspondientes cargos diplomáticos o con categoría de agregados militares. Son, sin embargo, miembros de la CIA y de la NSA, encargados del trabajo sucio en España, coordinados desde la oficina 705 de la embajada norteamericana.

La revista CovertAction fundada en 1978 por el exoficial CIA que se volvió crítico de ella Philip Agee y otros, dice: “Debe saberse que el objetivo principal de estos individuos es reclutar agentes, convencer a españoles o personas de otras nacionalidades que viven o trabajan en España – mediante dinero, amenazas, sexo, alcohol y drogas – de que espíen para ellos, que traicionen a sus propios países y, cuando sea necesario, que acepten participar en los “trabajos sucios” (provocación, desordenes, desinformación, sabotaje…), en cualquier cosa que los amos de la CIA consideren necesario para proteger los “intereses norteamericanos”.

En la película “Estado de Sitio” de Costa Gavras, se ve claramente las practicas del funcionario de la AID, Dan Mitrione[21], según diversos testimonios jurados, hechos públicos tras el fin de la dictadura, a finales de los setenta, que Mitrione no sólo enseña técnicas de tortura a los policías uruguayos, sino que hace demostraciones, con detenidos vivos, de algunos novedosos instrumentos de tortura proporcionados por la “ayuda” norteamericana al desarrollo económico. En la década de los ochenta llegara a España otro especialista de la CIA en programas de tortura, también compañero de Mitrione en Montevideo, el jefe de estación Leonard D. Therry.

Cover Action, da una relación de los “especialistas” [22] que aterrizan en Madrid, con un largo historial profesional a sus espaldas, desarrollado, sobre todo, en distintos países latinoamericanos. España es considerada coto privado por la CIA, precisa el autor, es permanente escenario de enfrentamientos operativos entre los hombres de la Agencia y los agentes de otros servicios de inteligencia extranjeros. En un apartado de este capítulo analiza: “La CIA recluta en España”, destacando los centenares de elementos que la Agencia ha reclutado para que actúen a su servicio en otras partes del mundo. Militares, periodistas, hombres de negocios, diplomáticos… El 5 de febrero de 1985, en Santiago de Cuba, Fidel Castro ya le había dicho al jefe de la Oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado norteamericano, Kenneth Skoug: “Sabemos que la CIA tiene gente en España tratando de promover deserciones entre los nuestros”[23]. Relata el autor en sus páginas varios ejemplos de reclutamientos con la colaboración de los servicios de información españoles y casos de dobles agentes que el servicio cubano consigue infiltrar en la CIA.

En el Capítulo 11 relata detalles interesantes e importantes del golpe: “23-F, Una cuestión interna”. Relata como José Luis Cortina, destacado miembro de los servicios de información españoles, que es quien coordina y dirige los movimientos de los militares que intervienen en el golpe del 23-F, pocos días antes, visita a dos importantes ciudadanos extranjeros acreditados en Madrid como diplomáticos: el embajador norteamericano, Terence Todman[24], y el nuncio del Vaticano, monseñor Antonio Innocenti.

El golpe de Estado cuenta con el visto bueno del Imperio y con la bendición papal, subraya.

Cortina adelantó al embajador lo que iba a suceder en la tarde del 23-F, pero muchos de los documentos internos del CESID sobre estas investigaciones desaparecieron o fueron destruidos dice el autor.

En la Legación norteamericana el jefe de la estación de Madrid de la CIA, es el experto en golpes de Estado, Ronald E. Estes. Y subraya el autor “Muchos de los miembros de la División de Inteligencia del Cuartel General del Ejercito son hombres cercanos a los servicios de información norteamericanos”. La CIA tiene, por tanto, información de primera mano y Ronald Edward Estes, hombre de gran experiencia, se mueve por Madrid con absoluta libertad de maniobra. Además, el departamento de Contrainteligencia del Ejercito es como su casa. Y paga el alquiler. Y añade el autor: “La embajada norteamericana en España tiene un conocimiento muy preciso de la ideología y de los anhelos golpistas de un importante sector de los militares españoles”.

En varias páginas se desvela la trayectoria de Ronald E. Estes en la CIA antes de ser acreditado en Madrid como primer secretario de la embajada norteamericana desde el 24.07.79. Desde su ingreso en la Agencia en 1957, ha prestado servicios en Chipre (1962); Checoslovaquia (1965); Líbano[25] (1976), desde donde financia y adiestra la Falange que protagonizó años después las matanzas de Sabrá y Chatila. Aterriza en Grecia (1974) donde participa activamente en el derrumbamiento de la dictadura de los coroneles, instaurada tras el golpe de Estado de 1967. La eficacia acreditada por Estes durante sus destinos de Praga, Beirut y Atenas, le catapulta hacia una nueva zona de operaciones, España. Sustituye en la séptima planta de la embajada de la calle Serrano, a Néstor Sanchez, otro experto en complots, que ha hecho su rodaje en America Latina.

En 1980, dice el autor, “Estados Unidos aprieta a España para que ingrese en la Alianza Atlántica”. Adolfo Suárez no lo tiene claro y las presiones se van endureciendo paulatinamente. Un viaje – al parecer forzado – del presidente del Gobierno español a Washington ese año tiene relación con esas presiones estadounidenses. Lo cierto es, subraya, que “siete días después de la toma de posesión de Reagan, Adolfo Suarez dimite sin dar una explicación clara de las razones de su renuncia. […] Su sucesor en el cargo, Leopoldo Calvo Sotelo, escribe: “En cuanto a la Alianza, apuntaba Suarez un cierto americanismo. Corregir y precisar ese rumbo fue uno de mis primeros propósitos como presidente de Gobierno”[26].

La operación golpista de Turquía, se convierte “en un nítido modelo para Milans, Tejero y los demás militares ultras. Saben que los norteamericanos han estado detrás del general Kenan Evren y que no aguantan a Adolfo Suarez”. “Los norteamericanos consideran que Suarez ha perdido el rumbo y está patrocinando una ambigua política exterior que no les beneficia. Han visto con desagrado sus viajes a Cuba y Argelia. Los consideran veleidades tercermundista.”

En sus “Confesiones de Perote”,[27] Juan Alberto Perote relata así la dimisión de Suárez:

Joaquín Garrigues Walker, estrechamente relacionado con el Gobierno de UCD, sostenía que el presidente Suárez había tomado su decisión de dimitir tras acudir al Palacio de la Zarzuela, donde él Rey le recibió en compañía de dos generales. En un momento determinado, don Juan Carlos se ausentó y los dos militares pusieron sus pistolas sobre la mesa exigiéndole su dimisión.

Durante todo 1980, dice el autor, han sido constantes los rumores sobre reuniones subversivas, conspiraciones y proyectos de golpes de Estado[28]. La situación se le escapa de manos a Adolfo Suárez. Y subraya: “El manifiesto enfrentamiento entre éste y los mandos del Ejército no ha escapado a la vigilancia de la CIA”. Fernando Jauregui y Pilar Cernuda relatan cómo se realizan los preparativos para utilizar la sala de conferencias de la embajada norteamericana, especialmente protegida contra escuchas, durante la tarde del 23 de febrero.

Advertida por la estación de Madrid de la CIA de la inminencia del golpe de Estado, la 16ª Fuerza Aérea de Estados Unidos pone en acción todos sus dispositivos cuatro días antes del 23 de febrero.  El Strategic Air Command, sistema de control aéreo norteamericano, a través de la estación central de Torrejón, anula al Control de Emisiones Radioeléctricas español (CONEMRAD) y se mantiene a la espera de los acontecimientos. Sus pilotos permanecen en alerta y las tropas norteamericanas de Torrejón, Rota, Morón y Zaragoza, preparadas para cualquier emergencia.

Cambio 16, una revista de la época, en su edición del 16 de marzo de 1981, saca un amplio reportaje en el que entre otras cosas menciona “[…] la oposición rotunda de Adolfo Suárez a mantener ningún contacto con Haig (Alexander – secretario de Estado norteamericano)” “La desarbolada situación que vive Suárez, tras su propia dimisión y el intento de golpe, queda resumida en esta frase, pronunciada durante su viaje a Estados Unidos: “A mí no me presiona nadie, y menos los norteamericanos”. Poco después el Parlamento español aprueba el ingreso de España en la OTAN.

En el Capítulo 12, el autor analiza con detalles “El lado oscuro de la Colza” en una serie de precisiones que sus investigaciones sobre tan dolorosa y traumática enfermedad, nueva y desconocida. Treinta y cinco años después del origen de aquella pandemia, que provocó alrededor de 1,200 muertos y más de 30,000 enfermos, sigue habiendo polémicas sobre cuál fue la causa del desastre. Eso sí, ha quedado claro que no fue el aceite de colza el que lo provocó.

El general Andrés Cassinello, en ese momento responsable de los servicios de información de la Guardia Civil, prohíbe expresamente realizar pesquisas sobre el asunto. Pero el CESID elaboró un informe de 7 folios que puso en manos de su director, el Gral. Emilio Alonso Manglano, que decía: las tesis del aceite no tienen ningún fundamento. Al contrario, existen datos que apuntan hacia un ensayo de guerra química como detonante de la epidemia. Una vez más, la razón de Estado, prohíbe su difusión.

Durante el año 1981 se producen en España cuatro acontecimientos de primera magnitud, dice el autor: El 29 de enero, Adolfo Suárez, presidente de Gobierno, presenta su dimisión. Justifica enigmáticamente esta decisión, ante las cámaras de TVE, afirmando que actúa de esa forma para evitar que una vez más, “la democracia en España sea un breve capítulo de su historia Un mes, más tarde, el 23 de febrero, tiene lugar la intentona golpista encabezada por Milans del Bosh y Tejero con el visto bueno de la embajada norteamericana. Después, el 1 de mayo, se registra el primer fallecimiento provocado por el síndrome toxico y, en cuarto lugar, durante el mes de agosto siguiente, el Consejo de Ministros, presidido por Leopoldo Calvo Sotelo, que ha sucedido a Suárez al frente del Gobierno, acuerda el ingreso de España en la OTAN.

La campaña gubernamental de intoxicación informativa, que culmina con la atribución de todas las responsabilidades al aceite de colza, arranca con una explicación delirante. El origen de la enfermedad se le atribuye a un Mycoplasma pneumoniae – ver Diario 16 del 21 de mayo de 1981 – a una bacteria, el “bichito” que viaja por el aire y se trasmite por vía respiratoria, cuando ya era insostenible esa tesis, teniendo en cuenta que el contagio se ha producido en grupos casi familiares, no en lugares masificados, y que se ha extendido por distintas áreas geográficas distantes entre sí. Hay que ocultar a toda costa el origen de la enfermedad. El Dr. Javier Martínez Ruiz, vocal de la Comisión de Investigación Epidemiológica, comienza a mantener una posición crítica con respecto a las tesis oficiales, como otros valiosos profesionales. Tenían la convicción de que la epidemia estaba desvinculada de la ingesta de aceite de colza. Dijeron: “Ahora, podemos dar fe de que, con toda seguridad, no ha podido ser el aceite”.

El abogado Jesus Castrillo, dijo: “A mí me encargaron la defensa de los aceiteros catalanes procesados, y lo primero que mis clientes dijeron es que el mismo aceite al que acusaban de provocar la enfermedad lo habían vendido también en Cataluña, y por allí no había ni un solo caso de síndrome tóxico”. En la sentencia del juicio contra los aceiteros se reconoce que no ha podido acreditarse la existencia de una “relación de causalidad” … y precisa: “Lo cierto es que jamás se llega a demostrar que el aceite de colza es el causante de la enfermedad, aunque se sospecha que con toda probabilidad, de un organofosforado. Atacaba los pulmones y la piel. Después va apareciendo una neuropatía retardada. Casi era cantado el asunto, pero había que evitar que la investigación se acercase a la realidad”, añade Castrillo.

“Toda la mentira generada en torno a la investigación era precisamente para ocultar el origen de esa segunda onda epidémica generada intencionadamente, envenenando unas partidas de tomates en Roquetas de Mar”. La OMS veinticinco años después, sigue vigente la llamada de atención que hizo el WG: “Mientras siga sin descubrirse la causa precisa que la provocó, no puede tenerse la seguridad de que este tipo de enfermedad no vuelva a repetirse”.

El Capítulo 13 “Comisionistas y Trilaterales” el autor lo dedica a desentrañar los entresijos de los centros y áreas de decisión mundial creados a partir de la entrada de España en la Comisión Trilateral[29] celebrada en Tokio el 19 de abril de 1979, que transcurrirán por las líneas trazadas desde Estados Unidos para los países dependientes del Imperio. Con tres puntos de apoyo: Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. Aunque a la hora de la verdad, la idea de una Europa fuerte en lo económico y en lo político no resulta nada atrayente para los norteamericanos.

Los antecedentes de la Comisión Trilateral hay que buscarlos en el llamado Club Bilderberg, centro de reunión de grandes financieros mundiales, políticos conservadores y socialdemócratas, ejecutivos de grandes empresas multinacionales y altos cargos de los servicios de inteligencia occidentales.

Para comprender el origen de la estrategia de la Trilateral, dice el autor, hay que recordar que la actitud proteccionista y prepotente de Estados Unidos suscita resentimientos en Europa y que por consiguiente, hay que cambiar de táctica: sustituir la presencia directa por otro tipo de implantación más discreta, pero también dominante. De esta presencia se encargan los servicios secretos, las compañías transnacionales y sus aliados europeos, militares, políticos y financieros.

En 1975, cuando ya aparece inminente la muerte de Franco, se celebra una reunión del Club Bilderberg muy importante para el futuro político de España, dice el autor. Tiene lugar en el Hotel Son Viola, de Palma de Mallorca, y están presentes 128 personas, presididas por Alexander Haig, comandante de las fuerzas aliadas en Europa, por Joseph Luns, secretario general de la OTAN y Nelson Rockefeller, vicepresidente de Estados Unidos. Los temas sometidos a debate, fueron: “Uniformidad del armamento”, “Ampliación del mercado de armas uniformadas” y “La situación de la península Ibérica”.[30] A la reunión asisten representantes de poderosas compañías multinacionales británicas y norteamericanas (entre ellas Standard Telephones, del grupo ITT, la azucarera Tate and Lyle y el National Westminster Bank) junto con prominentes militares retirados, hombres de negocios y publicistas influyentes de Europa, America y países asiáticos como Tailandia, Corea del Sur o Filipinas.

Sobre España se produce un acuerdo sustancial: “Es indispensable contar en este país con un tipo de hombres nuevos, capaces de garantizar la sustitución del franquismo sin traumas”.

Luis Solana, otro futuro trilateral ligado a las multinacionales y al Banco Urquijo, que llegará a ser presidente de ITT en España, es además, el “experto” en asuntos militares del PSOE, aparece en un documento de la Brigada Antigolpe de la policía en 1982, donde se le relaciona con algunos golpistas y con la CIA.[31]

En la lista de trilaterales se incorporan y relevan importantes políticos y personalidades de la empresa, como: Jesus de Polanco, PRISA y EL PAIS; Abel Matutes, futuro ministro de Asuntos Exteriores de Aznar; el socialista Manuel Marín, miembro de la Comisión de las Comunidades Europeas y futuro presidente del Parlamento español; Julio Feo, consejero personal de Felipe González y amigo de varios jefes de estación de la CIA. El experto en cuestiones militares Luis Solana; y Trinidad Jiménez, la obsesiva anticubana, que además ocupó el cargo de secretaria de Política Internacional del PSOE. Eso explica su agresividad, en primera línea, contra los jefes de Estado latinoamericanos que se salen de la órbita del Imperio.

Un apartado especial lo dedica el autor a “La información libre del INCI”, una entidad en cuya cuenta bancaria figura, según consta en el acta de su asamblea del 20.12.1982, una partida concedida por la USIA (United States Information Agency). Según uno de sus documentos divulgativos, el INCI pretende ser “una asociación privada e independiente que se consagra al estudio de los problemas de la paz, guerra, desarme, cambio social y económico en el sistema internacional, y relaciones políticas internacionales”. El director del INCI, es el periodista Antonio Sanchez-Gijón, uno de los mas decididos defensores de la integración de España en la Alianza Atlántica.

El INCI forma parte del laberinto de organismos creados por el Departamento de Estado norteamericano, la CIA y el Pentágono en todo el mundo para crear estados de opinión favorables o desfavorables a cualquier tema que afecte a los intereses vitales de Estados Unidos. “No queremos que la prensa se llene de progresistas y de radicales que estén en contra de la política exterior norteamericana. Todo lo contrario, queremos tener periodistas amigos en todos los medios españoles, y hemos de decir que los tenemos”[32].

Durante la etapa anterior a la convocatoria del referéndum de la OTAN, el INCI organiza numerosos seminarios para sus asociados y para personas de “relevancia política”, en la que colaboran desde el general Vernon Walters hasta militares españoles Ángel Lobo y Miguel Cuartero, además de Sanchez-Gijón, Terence Todman – el embajador norteamericano que interviene en el 23-F, el general israelí Moshé Dayán, Leopoldo Calvo Sotelo o el general Cano Hevia.

En este capítulo, el autor destaca la cercanía de Eduardo Serra al Rey y a los norteamericanos, que ilustra la trayectoria política de Serra que goza de cargos de relevancia dentro del Ministerio de Defensa, con UCD, el PSOE y el PP. Y subraya en palabras de Pablo Castellano: “El Rey no nombra ministros, pero algunos son mas llamados por el Rey que otros”.[33]

El Capitulo 14 “Jefes de Estación” el autor lo dedica a la Operación Gino, y a la faceta oculta de la presencia norteamericana en España: las acciones encubiertas. Desenmascarando los agentes y jefes de Estación CIA de la calle Serrano con diferentes coberturas: diplomáticas, consulares o empresariales, ya que las empresas multinacionales son un refugio cómodo para los espías norteamericanos.

La Estación de la CIA en Madrid cuenta con una media de quince agentes que operan de modo permanente con cobertura diplomática, subraya. El permanente sondeo y la vigilancia de los perfiles políticos y privados de los responsables de la política y la economía españolas, son los objetivos de la operaciones rutinarias a las que dedican sus esfuerzos los espías norteamericanos. Las fuerzas de la CIA en España están centralizadas en la séptima planta de la embajada de Estados Unidos en Madrid. Estos mantienen contacto con la base del consulado norteamericano en Barcelona y las bases encubiertas en las instalaciones militares estadounidenses en nuestro país.

Un especial apartado lo dedica el autor a “Los valijeros de la CIA” y al caso de Kenneth Moskow, tercer secretario de la embajada de Estados Unidos en Madrid y destacado oficial de la CIA, que logra la colaboración de tres inspectores de policía, dos capitanes y un comandante, todos ellos españoles, “que seguían instrucciones del Sr. Moskow”. Los pases de valijeros, que autorizan la entrada por la rampa hasta el pie del avión recién aterrizado y permiten retirar toda la correspondencia oficial. Pero los valijeros estadounidenses recogen además, mercancías e incluso pasajeros, que no pasan, como es obligatorio, los preceptivos controles aduaneros. Una profusa relación de nombres y sucesos completan este apartado.

En el Capitulo 15 “Barra libre para el Imperio”, el autor relaciona como antes de los atentados contra las Torres Gemelas de NY, os norteamericanos afianzan y refuerzan su presencia en España. En enero de 2001 Madeleine Albright y Josep Piqué suscriben en Madrid un acuerdo lacayuno, dice el autor, que será ratificado el 10 de abril de 2002 , “dentro de la línea habitual de subordinación histórica de los gobiernos españoles al Imperio, por el que se permite la ampliación de las bases de Morón y Rota y se conceden al poderoso socio del otro lado del Atlántico aún más facilidades de uso de estas instalaciones militares, que revalidan su importancia estratégica para Estados Unidos tras la primera guerra del Golfo y la de los Balcanes”.

El ministro Joseph Piqué y el secretario de Estado, Colin Powell firman definitivamente los preacuerdos de enero de 2001 y Rota se convierte en la principal base de Estados Unidos para operaciones en el Mediterráneo y África. Además, se amplía la cobertura legal para que actúen en España los servicios de inteligencia norteamericanos. Una de las principales novedades de los textos suscritos queda recogida en el artículo 12 del Protocolo de Enmienda del Convenio de Cooperación para la Defensa entre España y Estados Unidos, que autoriza a los servicios de investigación criminal de la Marina y la Fuerza Aérea a mantener personal en España para realizar, “en cooperación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”, investigaciones “sobre asuntos de interés mutuo que afecten a personal o bienes de Estados Unidos” en España.[34]

A partir de 2014, puntualiza, “los marines de Morón evacúan a los estadounidenses de Libia. El Pentágono ha incrementado un 70% los efectivos de su fuerza en la base sevillana”.

Muchos son los hechos y datos que aporta el autor en este capítulo, algunos de perfecto conocimiento público, y algunos menos, pero todos traumatizantes. Uno de ellos es lo que Amnistía Internacional denunció en Abril de 2006 en su Informe “Por debajo del radar, vuelos secretos hacia la tortura y la desaparición” y que Dick Marty, senador suizo del Consejo de Europa, considera probados, en su intervención del 24.01.2006 ante la Asamblea de esa institución: “los secuestros de sospechosos de terrorismo en Europa por parte de los servicios secretos de Estados Unidos y la “subcontratación de la tortura”, mediante el traslado de detenidos a países donde los supervivientes denuncian haber sido interrogados brutalmente”. Señaló “mas de un centenar de vuelos de este tipo han efectuado escalas en Europa, en su rumbo hacia Guantánamo, Irak y Afganistán”. La sombra de la red Gladio no desaparece.

La CIA continúa trabajando a su antojo en España, después de sesenta años de permanente actividad en nuestro suelo. Y termina diciendo el autor: “El general Michael Hayden, nuevo director de la CIA, declaró recientemente que un importante contingente de hombres de la Agencia va a reforzar la actuación de sus efectivos ya desplegados en Europa”.

Ha sido una lectura de muchas horas y páginas, con constantes búsquedas de referencias e informaciones complementarias, para entender o comprender en toda su magnitud las que el autor nos daba en las páginas del libro. Muchos han sido los párrafos subrayados y las notas al margen que he escrito, pero ha merecido la pena.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 15 de septiembre de 2021

[1] Skoug, Kenneth N., Jr.- Nació el 2 de diciembre de 1931 en Fargo, Dakota del Norte. Departamento del Estado de EE. UU., Washington, DC, oficial del servicio exterior, 1957-1990, incluidas asignaciones en seguridad para el Caribe, 1957-1959, en Alemania, 1959-1961, y México, 1961-1963, en asuntos políticos de las Naciones Unidas, 1963–65, en Checoslovaquia, 1967–69, subdirector de la Oficina de Asuntos Alemanes, 1969–73, inspector del servicio exterior, 1974–76, consejero económico y comercial en la URSS (ahora Rusia), 1976–79 y Caracas , Venezuela, 1979-1982, coordinador para Cuba, 1982-1988, subjefe de misión en Caracas, 1988-1989, encargado de negocios en Caracas, 1989-1990; escritor y conferencista sobre temas de política exterior, 1990–. Servicio militar: Ejército de los Estados Unidos, Cuerpo de Contrainteligencia, 1954–56.

 [2] Publicadas en el New York Times del 31 de agosto de 1951.

[3] La posición del Gobierno de Franco ha sido reforzada con apoyo internacional, en especial con las firmas del Concordato con el Vaticano, el 17 de agosto de 1953; y con la firma de los acuerdos económicos y militares con Estados Unidos.

[4] Fernando Reinlein, “Capitanes rebeldes”, La Esfera de los Libros, Madrid, 2002.

[5] Página 65 del libro…

[6] Mis conversaciones privadas con Franco, de Francisco Franco Salgado-Araujo, Planeta, Barcelona (1976)

[7] Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre nació en Madrid el 11 de mayo de 1934, hijo del comandante de Infantería Manuel Fernández Monzón, laureado de San Fernando y asesinado en Paracuellos en 1936.

[8] El accidente nuclear de Palomares fue un accidente nuclear ocurrido en la localidad española de Palomares, perteneciente al municipio de Cuevas del Almanzora (Almería), el 17 de enero de 1966. En el contexto histórico de la Guerra Fría, dos aeronaves de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), un avión cisterna KC-135 y un bombardero estratégico B-52, colisionaron en vuelo en una maniobra de reabastecimiento de combustible. Esto provocó el desprendimiento y la caída de las cuatro bombas termonucleares que transportaba el B-52, así como la muerte de siete del total de los once tripulantes que sumaban ambas aeronaves.

[9] En el CESID está la sección española de la red “Gladio”, dice Motivos de Actualidad en abril de 1996.

[10]La CIA sabía que iban a matar a Carrero”, dice el titular de un artículo de Enrique Barrueco en Interviú del 28 de marzo de 1984.

[11] Philip Agee, Acoso y fuga: con la CIA en los talones, Plaza & Janes, Barcelona, 1988.

[12] La Marcha Verde la diseñan agentes de los servicios de inteligencia norteamericanos en un gabinete de estudios estratégicos situado en Londres y financiado por Kuwait.

[13] Vermon Walters, “Misiones discretas” Planeta, Barcelona, 1981.

[14] En 1972, se promulga un decreto que formaliza la creación del Servicio Central de Documentación, el SECED, que se constituye como Dirección General de Presidencia del Gobierno y que dependía directamente del Almirante Luís Carrero

[15] El Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) fue un partido marxista español fundado en 1935.

[16] Cuadernos, editada en Paris, es una revista dirigida a los intelectuales latinoamericanos lanzada a través de una de sus plataformas por la CIA en 1953.

[17] Michael Josselson, nacido el 2 de marzo de 1908 en Tartu y fallecido el 7 de enero de 1978 en Ginebra, es un connotado agente de la CIA

[18]Dossier PSOE”, Area Crítica, nº 6, febrero de 1996.

[19] Por ejemplo, en 1979, se desvelará que la UGT ha recibido 200 millones de pesetas de los “sindicatos amarillos de EE.UU. para intentar ganar las elecciones sindicales”. Hacia 1980 fundaciones alemanas gastan 150 millones de dólares en programas que tienen en funcionamiento en unos sesenta países, y la SPD hacía llegan cuantiosas sumas a los socialdemócratas de Grecia, España y Portugal, poco antes de que cayeran las dictaduras en esos países (Philip Agee en Revista Zona Cero).

[20] Javier Solana, es un político, diplomático, profesor y físico de formación español. Ha sido ministro de Cultura (1982-1988), Portavoz del Gobierno (1985-1988), de Educación y Ciencia (1988-1992), de Asuntos Exteriores (1992-1995), Secretario General de la OTAN (1995-1999), Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea – Mr. PESC -(1999-2009) y Comandante en Jefe de la EUFOR.

[21] Daniel Anthony Mitrione (Italia, 4 de agosto de 1920 – Montevideo, 10 de agosto de 1970), fue un agente de CIA, que actuó como asesor de seguridad de los Estados Unidos en América Latina. Actuó en Montevideo bajo la cobertura de técnico agrícola.

[22] Jay K. Gruner, John Frederick Webb, Robert K. Simpson, Jenaro García, J. Perry Smith, Richard G. Raham y Richard Morendo.

[23] En el Informe del Gobierno cubano al Secretario General de la ONU en 1988, se dan toda clase de pruebas documentales sobre “preparación de condiciones para atentar contra la vida del comandante en jefe Fidel Castro, agresiones a embajadas y consulados, y campañas diseñadas y financiadas por la Administración norteamericana”.

[24] Diego Carcedo, le dibuja así: El embajador Terence Todman es un hombre con vocación de virrey, defensor indisimulado de los regímenes políticos autoritarios, anticomunista e incluso antisocialista feroz y diplomático con escasa capacidad de discreción.

Con frecuencia se permitía hacer críticas y juicios de valor en público que no encajaban con el comportamiento al que, por su cargo de embajador, estaba obligado. Continuará con sus intrigas incluso después del 23-F, hasta tal punto que el ministro de Defensa, Alberto Oliart, tendrá que llamarle la atención por sus reuniones con altos mandos militares españoles sin conocimiento del Ministerio.

[25] Con cobertura de segundo secretario de la embajada norteamericana y experto en asuntos comerciales.

[26] Tomado del libro “Memoria viva de la Transición”, Plaza y Janés/Cambio 16, Barcelona, 1990.

[27] “Confesiones de Perote. Revelaciones de un espía”- RBA editores, Barcelona, 1999

[28] El 14 de febrero 1980, el embajador Todman se reúne, en una finca situada en las cercanías de Logroño, con el general Armada, con quien estudiara el desarrollo de los posibles acontecimientos futuros. Ver “Ambición de poder. Operación GODSA” del coronel Arturo Vinuesa, Foca, Madrid, 2006

[29] Desde su fundación, en 1973, como departamento adjunto del Chase Manhattan Bank, la Comisión Trilateral actúa con la intención de convertirse en el principal centro de investigaciones y decisiones del capitalismo mundial. Tuvo como primer presidente a Zbigniew Brzezinski. Está considerada una especie de Gobierno mundial en la sombra.

[30] Ver el libro de Aquilino González Neira “La Trilateral manda en España”, España Critica, Madrid, 1983.

[31]Los papeles secretos del golpe. La trama civil”, Federico Pérez-Galdós, España Critica, Madrid, Madrid 1982.

[32] Declaraciones en 1983 del agregado de prensa de la embajada norteamericana en Madrid, Guy Farmer.

[33] Pablo Castellanos, “Por Dios, por la Patria y el Rey”, Temas de Hoy, Madrid, 1995.

[34] El País, 8 de abril de 2002.