«Me da pena que hoy no puedas reírte de cualquier cosa». El mundo del cómic está lleno de francotiradores que hacen que el medio crezca en numerosas direcciones. Culos de mal asiento que, lo mismo crean revistas como organizan eventos, rotulan publicaciones o realizan exposiciones. Nono Kadaver es uno de esos autores que han creado numerosas iniciativas a su alrededor y que conocen bien las bambalinas de nuestro pequeño mercado editorial. Rotulista, dibujante, agitador… con Nono Kadaver repasamos su historia.

¿Cuáles fueron las lecturas que hicieron que quisieras hacer cómic?

En realidad ya no hago cómic pero básicamente el cómic underground americano. Fue un poco por casualidad. Yo tenía una novia que estuvo en Estados Unidos y me trajo unos tebeos que había encontrado en una gasolinera y me quedé flipado. Los pagó, además, al precio que costaban en el año 69 y estoy hablando de finales de los 80. Eran piezas de coleccionista.

Lo que más me flipó fue el underground y, sobre todo, Robert Crumb.

Se ve su influencia en tu mítico personaje Toni Bolinga, sobre todo en el obsesivo gusto por el detalle. ¿Cómo nace el personaje?.

Fue una chorrada. Al principio tenía un guionista pero los guiones no me gustaban nada y allí comienza el Toni Bolinga que todos conocemos. Era un humor muy inglés, que no me hace ninguna gracia, y yo quería algo más salvaje y creo que dí en el clavo.

Vas publicándolo en diferentes publicaciones.

Sí, empezó a publicarse en “Makoki”, en su segunda época. Cuando “Makoki” se fue a la mierda hicimos la mudanza al “TMEO” y allí estuve publicando hasta que lo maté.

Se publicó en el extranjero en alguna revista musical francesa y en un especial pornográfico de la editorial Fantagraphics también. Como curiosidad, lo que publicó Fantagraphics lo fusiló el “Penthouse” holandés. Allí hubo pleito gracias a la editorial y conseguimos que pagasen las páginas. Es algo que solían hacer. Todo lo que les gustaba, lo fusilaban.

En Toni Bolinga hay un contraste entre el dibujo tan estético y elaborado y el contenido, que se recrea en lo escatológico.

Es que no sé dibujar de otra idea. Me gustaba esa idea de contradicción. Al principio era más línea clara pero vas fijándote en lo que hacen los demás y al final desarrollas tu propio estilo.

Durante más de veinte años has estado vinculado al cómic, pero no solo como autor, sino participando de sus procesos. En el “Makoki” estuviste, en la época preinternet, desarrollando una labor de artes gráficas.

En “Makoki” tenía el cargo de “Director de Arte”, que consistía básicamente en la maquetación de la revista. Cuando se fue al traste estuve diez años en “El Víbora”. Allí era Oficial de segunda pero las funciones eran las mismas: limpiar fotolitos, repasar ferros, contacto con grabadores… un montón de cosas que ya no existen.

¿Era la época en la que Hernán Migoya y Felix Sabaté hicieron el relevo a Onliyú?

Sí, y en mi opinión para bien. Soy muy amigo de Migoya y es un gran profesional.

En esa época se ponen las bases para el cómic venidero. En Brut ya se anticipaba el cómic independiente que hoy está muy arraigado pero en la época no fue tan entendido, quizás por nostalgia de los años 80.

Sí, pero pero yo no era partícipe de la línea editorial. Eso lo llevaban Hernán Migoya, después Feliz Sabaté y en la última etapa Sergi Puertas. Yo sí que vi que en la colecciones de Crumb había un desorden absoluto y sí les planteé dar una coherencia a los álbumes y allí es donde empecé a meter mano en la rotulación de los títulos.

No solo de Crumb. Trabajas los títulos también de Gilbert Shelton y de las nuevas generaciones, de entonces, como Peter Bagge.

Efectivamente. Fue una época muy placentera porque hice lo que me gustaba y con autores a los que admiraba. A algunos tuve la suerte de conocerlos como a Shelton. Cuando se montó la serie de Superserdo, que fue un fracaso absoluto. Una putada porque no se pudo ni acabar la colección. Shelton había vivido en Barcelona pero viene un par de años al año. Tuve la suerte de poder coordinarla con él y fue un lujazo.

¿Era una colección tipo Brut, como un cuadernillo con tapa de cartón y grapa?.

Fue una cosa fuera de colección. Al principio iban a hacer 15 tomos pero tuvieron que cancelarla porque no pegó.

¿Cómo te enfrentas a los rótulos de Crumb, por ejemplo?. Antes se hacía de un modo manual casi.

Hay que intentar ponerse en el pellejo del dibujante, algo que es muy jodido. Tienes que intentar mimetizarte todo lo posible. La obra de estos tipos me la leí de pe a pa y te vas fijando en su forma de hacer las cosas.

Todo este material se reúne en un librito de Blur. Es muy complicado que se muestre el trabajo de los rotulistas en nuestro país. 

Es cierto. De hecho tenía ese material tirado en casa y cuando se lo ofrecí a Blur no sabía a quién le podía interesar. Curiosamente ha tenido cierto éxito.

Las fuentes en internet cubren el espacio que antes hacían los rotulistas y hablabas antes de todos esos trabajos que antes se hacían en artes gráficas. ¿Cómo vives ese cambio tecnológico?

Mi padre era arquitecto y rotulaba los planos. Lo que hacía de delinear se hace hoy con autocad. Ha cambiado el mundo pero para bien. Yo tengo una formación de mesa pero no hay tanta diferencia entre trabajar los fotolitos y con photoshop. Me parece fantástico el cambio. Lo que antes hacía todo un equipo ahora lo puede hacer una persona pero hay que saber. Lo digital está muy bien pero aún se requiere de unos manitas para rotular algunas cosas. La última época de Toni Bolinga estaba rotulada por ordenador pero me creé mi propia fuente.

Tu que eres un barroco. ¿Hay que priorizar en una fuente la legibilidad o la estética?

La legibilidad ante todo. Es comunicación. Es importante transmitir el mensaje siempre. Si además puedes hacer alguna virguería mejor.

¿Cuánto tiempo estuviste en “El Víbora”?

Diez años. Luego se fue todo al carajo. El cierre de la revista fue el síntoma inicial y la gente de artes gráficas fuimos los primero golpeados por la supercrisis que hubo. Luego fueron cayendo todos los currantes y ahora solo queda el encargado.

Hablabas antes del “TMEO”, incluso llegas a estar en la junta de la revista. ¿Cómo nace la relación de la revista?

Sobre todo por amistad. Una época me gustaba ir a Vitoria con los amiguetes. Participé en la junta en un momento de trifulca entre la gente de Pamplona y la de Vitoria. Me lo ofrecieron por tener experiencia en el campo editorial. Estuve un tiempo e hice lo que pude.

Esa experiencia editorial se concreta en la revista El Pregonero

Eso es. Cuando cerró “Makoki” nos encontramos una serie de dibujantes huérfanos. Me había hecho muy amigo del fotograbador, Jaume Vendrell y en una noche de borrachera decidimos hacer algo. Él se ocupaba de los fotolitos y yo de los materiales. La idea era sacar cuatro tebeos pero siguió creciendo.

Los íbamos publicando de dos en dos por un ahorro de papel. Los primeros fueron el “Buitre Buitaker” y “Estamos muertos” de Tamayo.

La serie terminó por cansancio. Era una colección bonita pero los números no cuadraban y lo dejamos por puro cansancio.

En lugar del formato revista optáis por la recopilación de obras de autor de un modo unitario.

Sí. Después de “Makoki”, que estaba gestionado como el culo, no tenía mucho sentido porque ya estaba el “TMEO”. Por eso optamos por los minitebeos que eran un homenaje claro a lo que se hacía en el underground clásico, los fascículos de autor.

En El Pregonero vemos una recopilación de los “Cuentos de la estrella legumbre” de Olivares o del “Buitre Buitaker” de Gallardo, de Mauro Entrialgo o “Supermaño” de Calvo…

Sí, creo que fuimos los primeros en publicar a Pedro Vera. En el caso de “Buitre Buitaker”, fue un favor de Gallardo para empezar la colección. Recopilaba las tiras verticales que se publicaban en ABC. Era alucinante como publicaban eso en el periódico riéndose del facherio pero está bien.

Publicasteis el “Proyecto X” de Calpurnio, una especie de diálogo marciano.

Sí, era una locura muy chula que hizo en collage. Iba a ser un catálogo de una exposición que hizo pero estaba fuera de colección.

¿Cómo fueron aquellos años 90 en Barcelona?

Fue una época muy intensa. Barcelona no era el pueblo de provincias que es hoy. Entonces tenía tirón. Nosotros sla vivimos de un modo bastante loco y eso que llegamos a la resaca. Por lo que me han contado, la época más divertida de Barcelona sucede entre que muere franco y llega Pujol, que allí se acaba la guasa. Los 90 había mucho rollo punki. Me parece que el único día que no se podía salir era el lunes. Era una fiesta continua.

Los 90 llegaron las Olimpiadas y fueron terribles. Si te lo cuentan te dirán que enseñaron la ciudad al mundo y que la pusieron preciosa paro fue una época de especulación tremenda. El alcalde más nefasto fue Maragall, solo le supera Ada Colau. Eso generaba un movimiento de resistencia. Había mucho bullicio.

¿Cómo vivís la resaca?

Fue un poco duro. Murió gente. Uno se estabiliza. Yo ahora soy padre y no me apetece moverme pero ves la ciudad como está y cómo era y te da pena.

El cómic estaba en la época muy relacionado con la calle y con la política. Hacéis el “Cancionero Protestón”.

Esa era la vertiente de música y de política. En esa época estaba muy vinculado a la CNT y al final consigo meterme en el equipo de redacción del periódico Solidaridad Obrera. Allí estaba un director que nos empezó a dar cuerda a los dibujantes. Se llamaba “El Solidarín” y fue una experiencia muy bonita.

Allí participas de todas las partes del proceso de edición.

Fue muy bonita experiencia. Además de tener un gran director había mucho bullicio. Recuerdo una portada en la que dibuje a Pujol disfrazado de sado masoquista. Los nacionalistas vinieron a pintarnos la persiana y todo. Fue muy divertido. Teniendo mala leche y si la enfocas de un modo político, no hay nada más divertido. El problema es que a los anarcos no les hacía mucha gracia. Los anarcos tienen fama de nihilistas pero en el fondo son como los curas.

Pegamos un salto para hablar de incorrección política. Participas también en “Mongolia”. Los tiempos ha ido cambiando por el camino.

Sí. Lo comentaba con Ata un día. Lo que hacíamos en los 90 hoy día es impublicable. Piensa en Subterfuge. Con ese material hoy te meten en la trena y eso da mucho miedo. No puedes decir nada. Imagínate a Toni Bolinga hoy. Me da pena que hoy no puedas reírte de cualquier cosa.

¿Cómo fue la experiencia con “Mongolia”?

La historia se repite. Entré en la revista gracias a un gran amigo pero nos habían engañado a ambos. La misma historia que en Makoki: Pregonar unos valores muy enrollados de cara a la galería y de puertas para adentro hacer todo lo contrario, espero que ésa sea la última vez que me engañan.

Hablabas de Ata y también has colaborado con su editorial, Autsaider. Incluso tuviste que ver con las cajas que hicieron.

Sí. fue una pajarraca mia. Llevaba tiempo con la idea de los minicómic. Eso está basado en las “Tijuana Bibles” de EE UU. Es un formato que siempre me ha hecho tilín. En las incursiones a Francia veía cosas así pero en finolis. Con la tapa serigrafiada y demás. Demasiado arty. Buscábamos un punto intermedio entre una mierda fotocopiada y una obra de arte. Se lo comenté a Ata sin saber que rumbo tomar. A Ata se le ocurrió lo de la caja y a partir de allí hicimos cuatro cajas con la idea clara de no reeditar.

Yo me ceñí a diseñarle el título de cada caja pero el contenido es de Ata. Sí que hice una historia para la caja roja.

La Odisea del batallón Abraham Lincoln que tuvo también continuidad en Francia. 

Bueno. No existía casi ningún material gráfico sobre este batallón y un historiador de la Universidad de Castilla La Mancha estuvo preparando un material sobre la Guerra Civil y resulta que soy el único material gráfico que hay sobre el batallón. Me mencionó en su libro de fin de tesina. Montaron, de paso un congreso de cómic y Guerra Civil que se llevó a Angulema pero poco más. No me ha reportado más que honores.

Continúas colaborando con Autsaider dando una imagen corporativa muy reconocible. ¿Cómo es el trabajo?.

Un lujo. Trabajar con Ata es maravilloso. Comunica muy bien lo que quiere. Hay una compenetración absoluta.

¿En qué momento decides que no te interesa el cómic?

Es como todo. Ahora tengo cientos de vinilos. Eso significa que durante años compré muchos. Un día dejó de interesarme. Dibujar se me había convertido en una pesadez. Aún leo algún tebeo pero no me interesa especialmente. Me pasa lo mismo con el cine. Soy un tío muy aburrido.

Hace poco “La Cruda” hizo una exposición de tu obra. AL PINCHAR EN EXPOSICIÓN LINK A http://ethall-bcn.blogspot.com/2011/03/

Estuvo muy bien. Yo no la entendí muy bien. Pensaba que era sobre tebeos pero lo enfocaban sobre el dibujo. A la inauguración vino un montón de gente. De repente te ves en el mundo del arte. Hasta vendí originales. Yo nunca he dado importancia a los originales. El trabajo del dibujante es que se publique el trabajo y que esté bien publicado. Puedes tener los originales hechos una cerdada pero tiene que quedar bien reproducido al final.

No entiendo el fetichismo de los originales. Tengo carpetas llenas y veo que entre dibujantes se suelen hacer intercambios pero no le veo mucho sentido.

 Hablábamos antes de rotulación. Actualmente está muy de moda el lettering.

Me gusta mucha. Hay gente que hace un trabajo extraordinario. Yo no tengo formación, de hecho soy autodidacta. Estuve, de joven, en un taller de un diseñador gráfico muy conservador. Entonces se dibujaban las letras con tiralíneas. Era un tortura pero te aprendí los rudimentos del oficio.

Ahora hay muchas tipos de fantasía que para los tipógrafos clásicos serán un horror.

Hay maravillas. Yo soy especialmente fan de la letra de estilo victoriano. Ese lettering tipo caja de cigarros antiguos, tipo country, me sigue interesando.

Y se ve mucho en tus trabajos, con esa estética casi circense.

Eso es. La gente de Autsaider por ejemplo me deja explayarme con lo que realmente se hacer. En publicidad a veces te preguntas para qué te llaman. Una vez me pidieron que hiciese algo con el estilo de Daniel Torres. Les dije que llamasen a Torres. Ni lo sé hacer ni tengo interés. Si has visto mi book ya ves lo que hago.

Es cierto que te tienes que amoldar a lo que te piden pero por lo general la gente tiene que conocer tus habilidades y carencias y no me avergüenzo de ellas.

¿Sigues ilustrando?

No, porque no tengo encargos. He ilustrado algún álbum infantil y lo último fue un ensayo, “El discurso de la servidumbre voluntaria” de Étienne de La Boétie. Es un panfleto del siglo XVI, el primero republicano. Como no puede atacar directamente a la monarquía de la época, lo traslada todo a la Grecia clásica. El ensayo fue muy divertido. El panfleto era una cosa muy corta en realidad, solo 16 páginas. En torno al panfleto se publicaron varios ensayos aplicados a nuestra época moderna: las nuevas tecnologías y lo que suponen en cuanto a perdida de privacidad…

Allí ilustré los peligros de las nuevas tecnologías y demás.

Sí que ilustras retratos de gente que te cae mal.

Sí. tengo una colección de stickers para Telegram. Tenemos una panda de impresentables que me da la oportunidad de disfrutar de verdad. Con todo este tema de El Process tengo material para rato.

¿Proyectos?

No tengo nada. Puede surgir alguna pajarraca porque soy culo de mal asiento pero por ahora no hay nada que contar.

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