Cuando en 2008 Marion Cotillard (París, 45 años) ganó el Oscar a mejor actriz por La vida en rosa, lo hizo con una espina clavada en el corazón: ella no había cantado los temas de su personaje, Edith Piaf. En la sala de prensa, estatuilla en la mano y delante de periodistas de todo el mundo, cantó Non, je ne regrette rien en un baño de lágrimas. Cotillard ya era popular, había ganado el César por Un largo domingo de noviazgo, y aun así, los productores le negaron esa parte del personaje. La actriz decidió que nunca más le pasaría, como se puede ver ahora en Annette. Pero además, el premio de Hollywood la empoderó, como recordaba en San Sebastián en la rueda de prensa por su premio Donostia, un galardón que festeja su carrera. “El Oscar me abrió las puertas a un cine internacional. Yo crecí viendo muchas películas americanas cuando era joven sin ni siquiera soñar que podría trabajar allí. El premio me brindó acceso directo a esas cineastas”, recordaba. Y de paso le proporcionó un colchón creativo: podría combinar trabajos más populares, como Assassin’s Creed o Aliados, con cine de autor como De óxido y hueso, de Jacques Audiard, o Dos días, una noche, de los hermanos Dardenne con la que, por cierto, obtuvo otra candidatura al Oscar.

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Author: Gregorio Belinchón Yagüe

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