La muestra exhibe en la segunda planta del edificio CASYC de la calle Tantín, 25, la trayectoria completa de María Blanchard[1] (Santander, 1881 – París, 1932): una primera etapa formativa en Madrid, la segunda etapa “tardo formativa” en París, la tercera etapa cubista, incuestionable y la cuarta etapa postrera final, la del “retorno al orden” figurativo, adhiriéndose al movimiento moderno europeo.

La exposición consta de 19 obras, pinturas y dibujos:

  • 17 obras de María Blanchard pertenecientes al MAS y a la Fundación Caja Cantabria (2), con la incorporación de 7 obras inéditas en depósito en el MAS en estudio e investigación. En la exposición se exhiben varias de sus más importantes obras.
  • Del MAS, Gitana (1908), La comulgante (1923, en depósito), Mujer de rojo (1915), Naturaleza muerta (1926) o Comida en familia (1929).
  • De la Fundación Caja Cantabria, Niños leyendo (1932), Tête de jeune fille (1928).
  • 2 obras de César Abín, único discípulo de María; por primera vez el retrato de Fernando Gutiérrez Cueto, tío de Blanchard, obra donada al MAS por María Elena del Ribero.

Es una exposición intensa que exhibe una Blanchard completa, poniendo en valor nuevamente a una artista de la tierra y a las colecciones del MAS y de la Fundación Caja Cantabria. Comisariada por Salvador Carretero, Juan Muñiz, Fernando Zamanillo y Ruth Méndez.

La crítica de arte, comisaria independiente y colaboradora del MAS, Wendy Navarro[2], explicó, las obras más significativas de la artista santanderina Maria Blanchard expuestas en estas salas.

Es ya un tópico el aludir a la deformación física, a la que se vio condenada por un accidente sufrido por la madre durante el período de gestación. Pero, ciertamente, dicha deformación contribuyó a determinar muchas de las circunstancias de su vida y tal vez, por reflejo, de su creación. Sin ir más lejos, ello debió pesar en la decisión paterna de alentar sin reservas la vocación pictórica de la joven María como vía de escape frente a aquellos otros caminos que su condición le vedaba. Asimismo en el modo compulsivo con que la artista abordaría el trabajo creativo, olvidando – como narran tantas anécdotas, hasta el final de su vida – todo cuidado personal, debió de jugar el sentimiento de que la posibilidad de generar belleza la redimía, en parte, de la prisión a la que su cuerpo la había condenado, mas no fue el aspecto físico la única fuente de sus sinsabores.[3]

El escritor Ramón Gómez de la Serna comentó que era “[…] una muchacha brujesca y genial”. El pintor Diego Rivera afirmó una verdad en sus duras palabras y que puede demostrarse gracias al retrato fotográfico de Blanchard (1909): “[…] encima de su cuerpo deforme había una hermosa cabeza”. Por otra parte, el poeta Federico García Lorca escribió su Pequeña elegía a María Blanchard” (1932) con motivo de un acto para conmemorar su fallecimiento. Sobre la artista dijo “[…] hablo de tu cabellera y la elogio… Porque eras jorobada, ¿y qué?”. La elegía fue recitada a la par que los discursos de otras personalidades que admiraron a Blanchard como la política Clara Campoamor.[4]

María Blanchard comenzó a vislumbrar pronto el éxito, que habría de traducirse oficialmente en una tercera medalla de la exposición de Bellas Artes en 1908, y otra segunda medalla en 1910. A ello hay que sumar la cátedra de dibujo de la Escuela Normal de Salamanca ganada en 1916.

Una serigrafia muestra el desarrollo cronológico de la vida y obra de esta gran artista santanderina 

“La Gitana” (1908), perteneciente al Museo Municipal de Santander y que fue prueba de aprovechamiento de curso de su primera beca parisiense. La muestra tiene como pórtico de honor “La Comulgante” (1914-1920), una de las obras más famosas de la pintora. Esta pieza posee, por sus características y por su historia, un status un tanto especial. Pintada justo antes del período cubista, la obra posee rasgos que anuncian cierta semejanza con lo que fue el último y más característico, período de María Blanchard.

Se llevó con ella La comulgante que expuso en el Salón de los Independientes de 1921. Su éxito fue grande y André Salmon halló en la obra las huellas de José de Ribera y de Chagall, una alianza de eslavismo e hispanismo.

Se trata de una niña con traje y velo blancos ante un reclinatorio y con un altar al fondo, así como ángeles en lo alto a modo de rompimiento de gloria. La cortina y el reclinatorio introducen de nuevo el rojo oscurecido por el negro. Por su rotundidad e ingravidez, parece una estampa devocional o un icono y su estatismo la aleja de las comulgantes de Picasso, Llimona o Carrière.

“Mujer con vestido rojo” (1912-1914) supone un cambio evidente en su pintura. Aplica el óleo de forma plana y opaca, perfilando con rotundidad rostro, cabellos y adornos. Grandes cejas arqueadas, ojos almendrados sin pestañas ni párpados y un óvalo facial estrecho crean una máscara similar a las africanas que pudo ver en los museos o en las colecciones de sus amigos artistas.

En esa figura hierática incorporó concesiones ornamentales en el collar y los pendientes, suavizando su rotundidad. Quizá conociera el retrato de Gertrude Stein de Picasso y, con toda probabilidad, las figuras de ojos enormes y perfiles marcados de Van Dongen. El negro define formas, acentúa sombreados y se superpone al rojo intenso del vestido.[5]

Mujer con vestido rojo” es un óleo sobre tabla que, resulta “clave” en la trayectoria de la artista pues pertenece “a un breve momento pictórico precubista de sumo interés e importancia”.

Niñas leyendo” (1932) es una de las obras de Maria Blanchard de la Fundación Caja Cantabria expuesta. Este óleo sobre lienzo (55 x 75 cm) realizado hacia 1929 es de una riqueza expresiva y conmovedora imagen.  Ya la artista había incursionado en esta temática años antes con resultados destacables con “Niña Leyendo” de 1928, no incluida en la muestra.

O éste “Téte de jeune fille” de 1928 (La cabeza de la chica) de igual procedencia y de la pintora, que proyecta una especial sensibilidad con sencillez cromática y de trazos.

Otras obras expuestas

El verano de 1908, la pintora María Blanchard se convirtió en la profesora particular de César Abín[6]. Ocho años después pintó el soberbio retrato de D. Fernando Gutiérrez Cueto, tío paterno de María Blanchard.

Un cántabro de Cabezón de la Sal, de grandes valores cívicos y patrióticos que hizo patente en sus acciones en los combates navales contra los buques norteamericanos en la guerra de Cuba de 1898.

Una exposición que me permitió romper el periodo de parón pandémico e intentar reactivar resortes que se enmohecen por la falta de uso de la crítica y apreciación artística.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 5 de mayo de 2022

[1] María Gutiérrez-Cueto Blanchard (Santander, 6 de marzo de 1881-París, 5 de abril de 1932) fue pintora española considerada la gran dama del cubismo.

[2] Wendy Navarro Fernández (La Habana, 1969) es crítica y comisaria independiente. Licenciada en Historia del Arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana

[3] El País “La obra de María Blanchard llena las salas del Museo Español de Arte Contemporáneo” de Fernando Huici – 15 enero de 1982 – https://elpais.com/diario/1982/01/15/cultura/379897210_850215.html

[4] Tomado del artículo de Andrea Garcia en VEIN 22.09.2019 – https://vein.es/maria-blanchard-la-gran-maestra-del-cubismo/

[5] https://masdearte.com/especiales/maria-blanchard-la-obra-figurativa-de-un-pajaro-salvaje/

[6] Jenaro Abín, César. Cabezón de la Sal (Cantabria), 12.IX.1892 – Santander (Cantabria), 22.IV.1974. Caricaturista y Pintor