Con las normas impuestas por la “nueva normalidad” provocada por el COVID-19 visitamos esta Exposición del pintor cántabro Luis Quintanilla en CASYC de la calle Tantin 25 de Santander, previa cita concertada.

Una exposición del MAS – Museo de Arte Moderno y Contemporáneo y la Fundación Caja Cantabria como un nuevo homenaje al pintor cántabro Luis Quintanilla Isasi (Santander 1893 – Madrid 1978), con la colaboración de la Universidad de Cantabria y de la Fundación Bruno Alonso. Sirve a la vez de agradecimiento a la familia del pintor, y en especial a su único hijo, Paul Quintanilla por la generosa donación de los cuadros a la pinacoteca cántabra.

La exposición la componen 80 óleos, 3 dibujos y 3 grabados, propiedad del MAS, más una treintena de dibujos propiedad de la Fundación Bruno Alonso, en depósito en la Universidad de Cantabria. Estructurada en cuatro grandes capítulos: En primer lugar “La cárcel desde adentro”, con los dibujos realizados en 1934 durante su estancia en la cárcel Modelo de Barcelona. En segundo lugar a “Tipos humanos”, sobre todo protagonizados por “la condición femenina”, en tercer lugar sus “Naturalezas muertas una obsesión del pintor “por reflejar la hambruna, la escasez, que él vivió y padeció durante toda su vida”, y por ultimo “Llegada a la libertad”, que reflejan y protagonizan en sus obras: “el paisaje, el aire libre, el oxígeno”.

Un acertado catálogo con textos de la Dra. Esther López Sobrado, nos auxiliaron en el recorrido por los cuatro capítulos de la muestra y las valiosas y acertadas precisiones de la guía de la exposición Dª Isabel Cotero. Componentes ideales para este disfrute cultural de una tarde de un junio, casi otoñal.

Empezamos el recorrido por una sala especialmente acondicionada y decorada para mostrar los 30 dibujos del cuaderno “La cárcel por dentro” (1934) de la Fundación Bruno Alonso, en depósito en la Universidad de Cantabria (UC). Un emotivo contraste en fondo oscuro de los diferentes dibujos en lápiz sobre papel del artista realizados en su periodo de prisión en la Cárcel Modelo de Barcelona[1] en 1934.

Una muestra de los que me resultaron más significativos, son:

Durante su estancia en la cárcel bocetó a sus compañeros de celda y cuando recuperó la libertad publicó el resultado en un libro, La cárcel por dentro. Todas con un dramático mensaje, humano y desgarrador de un periodo oscuro de la historia de España, que Quintanilla refleja con simpleza profunda, como testigo excepcional de un momento y unas crueles circunstancias, hoy históricas, pero no olvidadas. Cruzó la frontera para avisar al mundo de la tensa situación española. En Nueva York Hemingway y Dos Passos consiguieron exponer parte de los grabados en la galería Pierre Matisse. Llegó el año 1936. Llegó julio, llegó el verano y llegó la guerra.

En “Tipos humanos” se muestran sobre todo protagonizados por “la condición femenina”. La plasmación de la figura femenina es uno de los grandes temas de la Historia del Arte, dice en sus primeras líneas el catálogo, que puntualiza, en el caso de Luis Quintanilla es uno de sus referentes iconográficos de mayor protagonismo.

La mujer, siempre o al menos desde tiempos remotos con diferentes simbolismos religiosos, a los que Quintanilla recurrió en sus frescos tanto los de la Universidad de Kansas o las actualmente existentes en la UC. Símbolos femeninos del sufrimientos, están presenten en sus dibujos de la guerra como un cierto paralelismo a las fotos de bombardeos.

Con este cuadro comienza la muestra de tipos humanos, “la mujer-bodegón” que sitúa al espectador ante “la mujer como parte de la naturaleza muerta” nos dice el catálogo. Un concepto de mujer-bodegón, que utilizaba la profesora Amparo Serrano de Haro en su “Imágenes de lo femenino en el Arte”[2] decía: “En cuanto a la tipología mujer-bodegón o mujer comestible, es una mujer que encontramos siempre cerca de una mesa, bandejas con frutas, objetos comestibles, que a veces se presentan a su lado como asociación inmediata o que ella misma ofrece al espectador, a un niño, Cupido o a un viejo. Esta es la única actividad que se le permite realmente a la mujer, la de “ofrecerse”, tanto en un sentido metafórico como real. La asociación de la mujer como objeto de consumo, de la mujer como objeto de “apetitos” varios, eróticos o nutricios, es inmediata”.

En la obra de Quintanilla expuesta en esta sala existen múltiples ejemplos, pero este retrato de una joven portorriqueña de Nueva York en la que el pintor captó en unos de sus recorridos por las calles neoyorkinas. La joven forma parte de ese bodegón en primer plano, subraya el catálogo, referenciándolo con los primeros trabajos de Velásquez del mismo corte.


El retrato está presente en la exposición, porque Quintanilla hizo del retrato uno de sus temas favoritos, a veces usando a sus familiares y amigos como modelos, otras representando casi caricaturescamente modelos desconocidos. No hay diferencias estilísticas entre hombres y mujeres en estos retratos. En la foto la guía del MAS, Isabel Cotero, nos presenta dos de los cuadros de Quintanilla de su serie grotesco, a la izquierda “Grotesco 5” (1970) un óleo sobre lienzo de 65 x 53,8 cm de una mujer con perro. A la derecha, otra de la misma serie: “Grotesco. Café, copa y puro” (1970) que en cierta forma ironiza esta postura clásica del hombre en su expresión machista de la época.

En una de las salas se muestran una serie de cuadros del artista vinculado con sus “paisajes campestres y urbanos” que en mi modesta opinión reflejan con mayor fuerza su calidad en la perspectiva y el juego cromático de sus tonalidades de ocres, verdes y grises. Que en “La casa del poeta” (1950), una de mis obras preferidas, tiene su máxima expresión. “Todos los paisajes que pintó a lo largo de su vida poseen en común una personal humanización del espacio. Un halo de misterio parece envolver esas casas, típicamente americanas”, dice la Dra. López Sobrado, sobre esta colección del artista.

Dos cuadros muestran la maestría del pintor en el manejo de la luz y los contrastes cromáticos para reflejar dos momentos del día durante su estancia en Turena (Touraine) la antigua región gala de los turones. Touraine le petit matin (1967), un óleo sobre lienzo de 65 x 54 cm. del MAS que deja entrever las formas de los juegos de luz en las primeras horas de la mañana aunque si seguimos el diccionario de obligado uso para los no franco-parlante, seria: la madrugada. En Crepuscule touraine (c 1967-1970) el pintor buscó reflejar el juego de luces y tonos que en las últimas horas del día llenaban los espacio de esta pequeña población de Tours.

Naturaleza muerta”, fue la última sección visitada de la exposición, que recorre los principales cuadros del pintor a finales de los años 50 y la década del 60, en los que bodegones, diferentes combinaciones de frutas y escenas similares llenan el catálogo de su obra de las que aparecen en la imagen: “Un rincón de la mesa” (c.1965-1970); “Frutas y jarrón negro” (c.1960-1962); “Brevas y flores” (c. 1965-1970) y “Entonación dorada” (c. 1965-1970) nos enriquecen la maestría del pintor en estas expresiones de color y realismo.

Aunque no están en el mismo edificio, y si vecino, la exposición no culmina hasta que se visita la correspondiente a “Los frescos de Luis Quintanilla”:AMA LA PAZ y ODIA LA GUERRA, en el Paraninfo de la Universidad de Cantabria (UC), para admira r estas tuvimos que esperar a que coincidieran nuestras posibilidades con las horas de apertura del Paraninfo.

Cinco murales de Quintanilla que fueron creados con el objeto de exhibirse en el pabellón español de la Exposición Internacional de 1939 en Nueva York. El pintor se desplazó a la ciudad norteamericana para realizarlos, pero nunca llegaron a exponerse ya que la Guerra Civil concluyó antes de ser inaugurada la muestra. Su realización la hizo Quintanilla, in situ, tras conocer los detalles de la contienda española, denunciando con ellos el horror y la destrucción, componiendo toda una elegía, dice el pequeño folleto de la exposición, sobre el conflicto.

Con un carácter alegórico, metáforas de la destrucción y el horror a partir de cinco escenas figurativas cuya temática se puede aplicar a la descripción genérica de un conflicto bélico intemporal.
Estos frescos durante medio siglo se dieron por desaparecidos, redescubriéndose en 1990, en la misma ciudad. En febrero del año 2007, dice el folleto de la exposición, los murales fueron rescatados con la compra, traslado y restauración gracias al mecenazgo del Banco Santander. En el 2014 el Gobierno de Cantabria los declaró Bien de Interés Cultural.

¡Mi vida ha sido una pura cabriola! (…).

No he sido más que un pintor y, sin embargo, de mi obra ya no

queda nada.

Todo se ha destruido.

Han muerto, incluso, los que la conocieron.

Quizás el único recuerdo que quede de mí sea el de un inquieto

agitador. (…)

Pero siempre me he considerado sustancialmente un pintor.

¡Y ya ves en que queda un pintor, al final de la cabriola…!”[3]

 

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 10 de Agosto de 2021

[1] El Centro Penitenciario de Hombres de Barcelona, conocido popularmente como Cárcel Modelo, es un antiguo centro penitenciario ubica entre las calles Rosellón, Provenza, Nicaragua y Entenza, ocupando la extensión de dos manzanas del Ensanche. Dejó de existir en 2017, tras 113 años de existencia.

[2] Amparo Serrano de Haro es escritora y profesora de Historia del Arte. Articulo de la revista POLIS “Revista Latinoamericana” 17/2007 – “Imágenes de lo femenino en el arte: atisbos y atavismos”

[3] De “AL FINAL DE LA CABRIOLA. Conversaciones con el pintor Luis Quintanilla” de Joaquín F. Quintanilla – Publicaciones de la Universidad de Cantabria (2007)