Los miserables: Malos cultivadores

«Les miserables» es el primer largometraje realizado en solitario por el director de cine y guionista Ladj Ly, nacido originalmente en Malí, pero posteriormente nacionalizado francés. Esta película gano varios premios importantes como el Cesar a mejor filme, superando a la nueva cinta de Roman Polanski y el Premio del Jurado en la última edición del Festival de Cannes.
https://youtu.be/PtB5GIjOU9c

Ambientada en la Francia actual, la historia de «Les miserables» inicia cuando Stephane Ruiz (Damien Bonnard) decide unirse a la Brigada de Lucha contra la Delincuencia de Montfermeil, una pequeña ciudad francesa donde actualmente reside su ex esposa y su hijo.

En su primer día de trabajo conocerá a Chris (Alexis Manenti) y Gwada (Dijbril Zonga), dos agentes que serán sus compañeros, y que no tardarán en demostrar su peculiar forma de tratar a los integrantes de las diferentes etnias y grupos sociales, así como los mecanismos mediante los cuales intentar solucionar todos los problemas que van surgiendo en aquel barrio.

Principalmente el estilo de Chris será el que moleste a Stephane, quien no tardará de intervenir en algunas acciones, generando el choque con sus compañeros de trabajo. Las cosas se complicarán cuando Issa, un joven de uno de los grupos, robe un cachorro de león de un circo de gitanos, generando un altercado entre distintos bandos, y el cual, si no es solucionado en las próximas horas, podría dar como resultado una verdadera situación insostenible. Pese al intento, a medida que pasan las horas las cosas empeoran.

Esta película denuncia muchas cosas y el caldo de cultivo no puede ser más idoneo: bandas, armas, droga, racismo, gitanos como armarios de ocho puertas, abusos, sustancias, corrupción, reyertas y casi si apuramos hasta el mayor opio diseñado para las grandes masas como lo es el puto fútbol. La tensión de la película desde su inico te atrapa hasta el final, te guia por todas esas calles y edificios mientras el ambiente va caldeandose de violencia y contemplas expectante cómo se va acortando la mecha del petardo. Personajes realistas muy conseguidos, trío protagonista excelente, cámara nerviosa y montaje colérico son los ingredientes principales para este plato fuerte del día. Drama social vestido de thriller policíaco.

Como toda película que trata de denunciar una realidad social, que no solo pertenece a la misma idiosincrasia de un país, sino que puede darse en diversas partes del mundo (al margen de que tiene particularidades propias de una ciudad o barrio), «Les miserables» se convierte en una película necesaria. Con actuaciones convincentes, tanto de sus tres protagonistas como de todos los que completan el elenco, una fotografía más que acertada, un manejo de sonido perfectamente delineado, y un guión elaborado de principio a fin, no hay duda de que estamos ante una de las mejores producciones del 2019.

La historia conmueve, llega, y por momentos duele, choca, claro ejemplo de que el trabajo de Ladj Ly y sus colabores en el guión (uno es justamente el actor Alexis Manenti) carece de fisuras, logrando en poco más de media hora generar tensión en todo momento, y reflejando una serie de conflictos entre etnias a los que la Francia del último tiempo parece estar acostumbrada, algo que realizadores como Laurent Cantet ya ha demostrado bajo su estilo.

Además de las cintas de él, puede venir a la memoria la angustiante aunque necesaria «Ciudad de Dios» de Fernando Meirelles y Katia Lund, sin pasar por alto varias citas de la obra de Victor Hugo que da el nombre a la película en cuestión. Obligatoria.

“Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores”.

Estoy totalmente de acuerdo con la frase de Victor Hugo que cierra la película pero quizás no lo esté tanto con el sentido moral que se le quiere dar para tratar de, si no es el de justificar, el de empatizar en cierto sentido con lo que acabamos de ver. Pero no nosotros como espectadores ante la obra, sino desde una posición de búsqueda de complaciencia ante los actos y comportameinto de los jóvenes frente al de los policías.

Ante esta situación presentada en la película y culminada por la “sentencia” lanzada por Victor Hugo, ninguno de nosotros somos culpables originales de nada pues todos en algún momento hemos podido tener un mal cultivador: los adolescentes pero también los policías adultos aunque les pille más lejano en el tiempo. Ellos no tienen la obligación de recorrer las calles como hermanitas de la caridad por mucho que se puedan y deban cuestionar algunas de sus actitudes, pero no debería olvidarse que tratan con delicuentes aunque estén en edad escolar. Serán todo lo menores que queramos pero su vida es la delincuencia, las armas, la droga, las peleas, etc. Todo esto es un problema mucho más profundo de ardua solución. Lo que vemos no es más que las últimas e inevitables consecuencias de un sistema podrido a veces tan estricto y otras tan permisivo.

Patxi Álvarez