Los medios de comunicación también tienen un papel clave en la educación en salud mental

Cada vez es más habitual hablar de salud mental a través de las redes sociales. Lo hacen los medios de comunicación, pero también influencers y celebridades. Y lo terminamos haciendo todos nosotros.

Durante la pandemia hubo dos fases diferenciadas. En los primeros meses se habló de vacunas: era lo que más interesaba. Después, la salud mental pasó al primer plano, especialmente en 2022. Nos interesaba saber cómo nos había afectado la emergencia sanitaria. Cómo nos encontrábamos psicológicamente después del confinamiento.

Por ejemplo, durante 2020, un 67,1 % de las personas de entre 16 y 74 años usaron la red para búsquedas relacionadas con estas cuestiones, siete puntos más que un año antes.

El papel de los medios

Ni las redes sociales ni los medios de comunicación fueron ajenos a esta tendencia. El número de mensajes sobre salud mental que se publicaron en Twitter (ahora X) aumentó más del 150 % entre 2015 y 2022. Son los primeros datos del proyecto MindhealthMedia sobre salud mental en redes sociales de la UNIR.

El equipo de investigación ha recogido los tuits sobre salud mental publicados durante esos ocho años por los principales diarios digitales españoles.

Pero hacer visible el problema es sólo una parte del proceso. La otra consiste en informar adecuadamente de él. Los medios han usado a menudo en informaciones términos como depresivo, loco, esquizofrénico o paranoico de forma banal.

En la sección de sucesos, muchas veces vinculan los crímenes con las condiciones mentales de quienes los cometen. Sin embargo, apenas hay términos con connotaciones positivas o que estén asociados a casos de recuperación o mejora.

La investigación también ha analizado qué emociones se asocian a esos mensajes. La mayoría de ellas son negativas. Las más frecuentes son miedo, asco y tristeza.

La opinión de organismos y asociaciones

La Organización Mundial de la Salud considera fundamental “fomentar una cobertura mediática responsable”. El tratamiento informativo influye, de manera indirecta, en el tratamiento profesional de la enfermedad.

La Confederación Salud Mental España va un paso más allá y considera que los medios son la clave para acabar con el estigma de la salud mental:

“(…) se sigue transmitiendo de forma sutil, y algunas veces explícita, una imagen errónea y negativa de los problemas de salud mental. En diarios e informativos, estas noticias suelen aparecer en la sección de sucesos, estableciendo una relación entre conductas antisociales y el trastorno mental. Se siguen elaborando titulares

a menudo alarmistas y sensacionalistas. Las pocas informaciones positivas tienden a ser paternalistas y destacan las carencias y necesidades, pasando por alto las capacidades de la persona. Rara vez el problema de salud mental se muestra como una

circunstancia más de la persona, en lugar de como su cualidad fundamental.”

Evitar el estigma

Los medios de comunicación pueden contribuir a evitar el estigma. Son varias las medidas que pueden tomar. Apuntamos tres:

  1. Difundir lo positivo. La mayoría de los mensajes sobre salud mental tienen que ver con sucesos o con noticias negativas. La recuperación y los buenos hábitos también pueden ser noticia.
  2. Recurrir a más fuentes y más cualificadas. Los testimonios de famosos pueden servir para concienciar, pero a veces carecen del rigor científico necesario. Siempre es recomendable recurrir a una fuente experta.
  3. Evitar el sensacionalismo y la asociación injustificada. La enfermedad mental no siempre está directamente relacionada con el suceso. Y, por supuesto, no siempre es la causa directa del mismo. Ofrecer más contexto y evitar la vinculación gratuita es imprescindible.

Motivos para la esperanza

El aumento de la visibilidad de la salud mental es el primer paso. Sirve para que todos tomemos conciencia de su importancia. A cualquiera nos puede afectar. De hecho, nos puede estar afectando ya sin que seamos conscientes.

Todos podemos contribuir. Por ejemplo, leyendo la noticia a fondo antes de distribuirla. Si difundimos una información inexacta, aunque intentemos ayudar, provocamos el efecto contrario. Seamos más críticos y seleccionemos mejor los mensajes que compartimos. Está en juego nuestra salud mental.

Jesús Díaz-Campo, Vicerrector Adjunto de Investigación y Profesor de Comunicación, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja y Sergio Arce Garcia, Profesor e investigador en comunicación digital y redes sociales., UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: Elizabeth Boyx