¿Un regalo envenenado de 150 millones? Los grandes del fútbol español se alían con la banca de inversiones

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Xavier Ginesta, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

La pandemia de la covid-19 ha evidenciado, de nuevo, que el fútbol profesional se comporta y sufre como una industria. Las pérdidas que supone jugar a puerta cerrada, la reestructuración de los derechos de televisión o la no apertura de los museos en los estadios han tensionado las cuentas de los clubes. En estas circunstancias, vuelve a ser importante buscar nuevas fuentes de financiación para los clubes, sobre todo aquellos que han de renovar sus estadios y adaptarlos a los estándares de los conocidos, hoy en día, como smart stadiums o stadiums business approach: el estadio como un espacio de entretenimiento los siete días de la semana y donde los aficionados se convierten en prosumidores (quien consume un producto o servicio pero además participa en su producción) gracias al entorno digital.

El Barça se alía con Goldman Sachs

La presentación del cierre del ejercicio económico del FC Barcelona vino acompañada del anuncio de un nuevo acuerdo entre el club y Goldman Sachs, un banco de inversión, para afrontar la construcción del nuevo Espai Barça, que se prevé inaugurar en 2025.

Las condiciones del nuevo plan de financiación prevén un importe agregado del acuerdo de 815 millones de euros: 725 para inversión y pagar obras, y 90 para intereses capitalizables durante los cinco años de obras más los costes financieros iniciales. La duración del contrato sería de 30 años y el club retornaría la inversión pagando 50 millones anuales a Goldman Sachs, que prevé obtener de una previsión de 150 millones de ingresos adicionales que ganaría anualmente gracias al Espai Barça.

Según explica el club, los 150 millones incrementales saldrían de nuevos activos creados gracias al Espai Barça, como los title rights del nuevo estadio, nuevos acuerdos en patrocinio, gestión del museo, zonas VIP y otros.

Buscando nuevas fuentes de financiación

El Barcelona se ve obligado a buscar nuevas fuentes de financiación porque, desde 2014 a fecha de hoy, el proyecto del Espai Barça ha incrementado el presupuesto de los 600 millones iniciales a los 725 actuales, a causa del acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona para la modificación urbanística de los espacios cercanos al Camp Nou y la modificación posterior de los proyectos iniciales de las instalaciones (Palau Blaugrana, futuro Camp Nou y museo).

Unos incrementos de costes en un momento que, desgraciadamente, el coronavirus ha paralizado la evolución positiva que tenían los ingresos del club desde hacía años.
En este escenario de recesión de la industria del fútbol, no deja de sorprender la previsión que hace el FC Barcelona a la hora de prever los nuevos ingresos derivados del Espai Barça y que han de permitir, por un lado, compensar a Goldman Sachs y, por el otro, ayudar a incrementar los ingresos ordinarios del club con el objetivo de mejorar su competitividad: cuando el fútbol se convierte en industria, la maximización del beneficio es tan o más importante que la maximización de los resultados.

Es una “auditoria externa” –según la nota emitida por el club– la que hace esta previsión. No obstante, y por un lado, las empresas auditoras se dedican a comprobar si la contabilidad de una empresa está sujeta o no a criterios generalmente aceptados de contabilidad, pero no hacen previsiones de ingresos incrementales o adicionales.

Por el otro lado, la viabilidad y la capacidad de llevar a cabo nuevas fórmulas de ingresos la tiene que evaluar el mismo club a través de sus recursos comerciales y técnicos. Aunque haya empresas consultoras que ideen nuevos productos y oportunidades, solo los ejecutivos del club harán una previsión realista de las nuevas potencialidades de la instalación.

Sorprende el optimismo del presidente del Barça

Y, en este escenario, sorprende el optimismo de poder generar recursos adicionales tan voluminosos (150 millones) cuando el club generalmente no ha alcanzado cifras de beneficios tan elevadas. Desde que Josep Maria Bartomeu accedió a la presidencia de la entidad en 2015, el club nunca ha superado un resultado de explotación de 50 millones de euros, siendo la temporada 2015-2016 la que tuvo más beneficios (49 millones).

Incluso, si lo miramos desde el punto de vista de los ingresos, entre la temporada 2014-15 y la 2018-19, solamente en una temporada se ha superado los 100 millones de euros de incremento de ingresos en relación a la anterior: la 2017-18, con 206 millones, principalmente a causa de la entrada en vigor del nuevo patrocinador (Rakuten) y la venta del delantero Neymar Jr al PSG. Dicho de otra manera, lo que ha incrementado realmente los ingresos de la entidad son los traspasos, que no figurarían dentro de lo comúnmente considerados ingresos ordinarios de una organización deportiva.

Parafraseando una conversación que tuve con el profesor de contabilidad y finanzas de ESADE y la UVic-UCC, Joan Massons, la sensación que da este acuerdo comercial entre el Barça y Goldman Sachs deja un “sabor de irrealidad”. Me decía: “Creo que Goldman Sachs irá recuperando el crédito con más tiempo del previsto y a base posiblemente de nuevos créditos futuros de la entidad con otros bancos, que irán creando una rueda de deuda perpetua al estilo de la que el Barça ya ha arrastrado a lo largo de su historia”.

De hecho, con cifras del balance de junio de 2019, la deuda del club es nueve veces la cifra del capital propio (patrimonio neto). “Esto, una empresa normal no lo puede soportar, pero el Barça y el fútbol son fenómenos inextinguibles con un endeudamiento continúo renovado”, concluye Massons.

La banca siempre gana

Una de las cláusulas que Goldman Sachs tiene en la recámara para conseguir amortizar la inversión es “la incorporación de un consultor comercial para hacer seguimiento de la venta de los nuevos activos” –reza el club–. Aunque el club protege, con esta operación, los ingresos actuales comprometidos no dando como garantía el cobro de los contratos ya firmados, ¿qué independencia tendría el club sobre la explotación de las futuras instalaciones si las previsiones no se cumpliesen? Todo apunta a que un banco de inversión, que ha financiado ya unos 45 estadios en todo el mundo, sabe perfectamente como rentabilizar este préstamo. De hecho, a mayor riesgo, mayor rendimiento. La banca, siempre gana.

Goldman Sachs y el Barcelona no hacen nada más que seguir una tendencia significativa en el mundo del fútbol profesional, que es la de la creciente participación de fondos de inversión y bancos de inversión en la financiación de esta industria.

En el año 2018, el club ya cerró dos colocaciones de deuda que sumaban en total 140 millones –Pricoa Capital Group prestó 90 millones de euros, por los 50 que correspondieron a Barings– que se tendrían que cancelar, también, con las nuevas líneas de ingresos activadas del nuevo Espai Barça.

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El Real Madrid tampoco ha quedado al margen, sobre todo teniendo que financiar la reforma del Santiago Bernabéu (casi 800 millones de euros en total). En 2014 firmó un acuerdo estratégico con IPIC (un fondo de inversión de Abu Dhabi, propietario de Cepsa) para sufragar 400 millones de euros del nuevo estadio a cambio de los title rights de este durante 10 o 15 temporadas.

El acuerdo no prosperó y se rompió en 2017 después que una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid modificara las características urbanísticas del proyecto y, por lo tanto, de lo firmado entre el Madrid e IPIC.

Durante la primera mitad de la temporada 2017-18, el presidente Florentino Pérez firmó un acuerdo de cesión de derechos de patrocinio con el fondo de inversión Providence a razón de 200 millones de euros durante cuatro años, y a inicios de 2019 transcendió que otros 400 millones provendrían de un contrato del Madrid con los bancos de inversión JP Morgan y Merrill Lynch, a un interés del 2,5% y a 30 años. Curiosamente, la previsión de ingresos incrementales del nuevo Santiago Bernabéu es también de 150 millones por ejercicio.

La adaptación de los modelos de gestión de los grandes del fútbol europeo a la de sus homólogos norteamericanos es un hecho, más aún, con estas relaciones con fondos y bancos de inversión. No solo porque los bancos de inversión hace años que financian los estadios de las franquicias de la NBA, la MLB o la NFL, sino porque el modelo de negocio que imponen a sus clientes europeos para rentabilizar sus inversiones es el mismo que el que desarrollan siguiendo la cultura del entretenimiento instalada en Estados Unidos.

Inclusive, son ejecutivos formados en la gran industria del deporte yankee los que hacen de men in black si los contratos no se cumplen, o bien los que van a apostar por una futura Superliga Europea, como desveló el Financial Times con el interés de CVC Capital Partners por liderarla. La disneyización del fútbol europeo es un proceso que no se puede parar.The Conversation

Xavier Ginesta, Associate professor, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.