Santander es una de las ciudades de España que más encanto albergan, aunque no tenga la popularidad de otros grandes municipios del norte. Es un paraje único, que no decepciona, y que se puede visitar en cualquier época del año; siempre tiene algo que ofrecer. Al ser una ciudad costera, no podemos negar que el auge turístico siempre se da en verano, cuando los visitantes quieren disfrutar de la cornisa cantábrica.

Un clásico de la capital de Cantabria es pasear por la zona del Sardinero, por sus playas y por el concurrido paseo; pero en este artículo queremos hacer un repaso por las obras arquitectónicas más emblemáticas de la ciudad, puntos neurálgicos para los vecinos en el pasado y en el presente, y que, la mayoría, no acusan el paso del tiempo.

Edificios indisociables a la ciudad de Santander

A pie de mar encontramos el Palacio de la Magdalena de Santander. No cuesta mucho dar con él debido a su inmensidad y su atractivo, llama la atención fácilmente. Se trata de un recinto con más de cien años de historia, pues fue un regalo del Ayuntamiento a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1906.

Actualmente, ya no alberga a nadie de la familia real, sino que, desde 1977, es un centro de cursos de la Universidad Menéndez Pelayo y acoge varios congresos y eventos de todo tipo. Lógicamente, su historia hace que tenga un gran atractivo para los turistas y se hayan mantenido las estancias de los monarcas para aquel que las quiera visitar con un guía.

palacio de la magdalenaTambién cerca de la playa podemos dar con una de las joyas arquitectónicas modernistas de Cantabria, el Gran Casino del Sardinero. Con más de cien años de historia -se construyó en 1916-, sigue estando más activo que nunca. En él se puede disfrutar de servicios como restaurante, cafetería o sala de fiestas; pero nunca se ha olvidado su esencia y todavía a día de hoy es posible practicar alguno de los populares juegos de azar como la ruleta, una de las muchas actividades que también se pueden encontrar en el mundo online.

Si seguimos el curso de las olas, llegaremos hasta un punto cuyas vistas se quedarán grabadas en la memoria por mucho tiempo. Se trata del faro del Cabo Mayor de Santander. Desde allí podremos disfrutar de la icónica imagen de los acantilados y la zona costanera de la bahía, pero no acaba aquí la visita. En su interior, el edificio cuenta con varias obras de arte y una exposición permanente relacionada con los faros y el mundo marinero.

Una ciudad ligada a su historia y a su paisaje

Solamente adentrándonos un poco por las calles de Santander veremos la catedral. Es uno de los atractivos turísticos que suele estar eclipsado por el sol y la playa, pero que vale mucho la pena. Más aun conociendo un poco su historia. Es de la época medieval, siglo XII, y cuando fue construida la ciudad apenas contaba con 200 habitantes. Los amantes de la arquitectura se fijarán que son dos iglesias superpuestas: la de Cristo (siglo XII) y la catedral, de estilo gótico (siglo XIV).

Ligado a la catedral, también de estilo medieval, podemos visitar los restos de la muralla que defendía la ciudad hace más de nueve siglos. Concretamente se encuentran bajo uno de los puntos más concurridos de la ciudad, la Plaza Porticada. En 2006 se descubrieron nuevos hallazgos, ideal para una visita didáctica para los amantes de la arqueología.

También transpira historia, aunque mucho más reciente, el refugio antiaéreo de la Guardia Civil, perfectamente conservado y que incorpora un museo temático.

Terminaremos con un edificio que no deja indiferente a nadie: el Centro de Arte Botín, inaugurado en junio de 2017 y con varias exposiciones (artísticas, cinematográficas, talleres…) ocupando sus 2.500 metros cuadrados. Seguro que alguna de ellas despertará vuestro interés. Si no, por si fuera poco, nos conformaremos en disfrutar de las vistas panorámicas que ofrece de Santander y de su bahía, así como los Jardines de Pereda, a solo un paso.