En 1963, la BBC estrenaba Doctor Who, una serie de ciencia ficción que, en sus inicios, buscaba ser un programa educativo, pero que pronto (con la llegada de los daleks y su exterminate) se convirtió en un espectáculo que, a lo largo de décadas, se convertiría en un emblema de la cadena hasta su cancelación en los ‘80. El escritor Harlan Ellison la catalogaría como la mejor serie de ciencia ficción de la historia y es que, ya fuese porque nadie se la tomaba demasiado en serio (lo que la permitía explorar nuevos caminos), o porque encontraron el modo perfecto de cambiar de actor protagonista mediante el truco de la regeneración que permitía reinventar la serie, Doctor Who se transformó en una longeva cabecera dentro del panorama fantástico.

Sería en 2005 cuando Russell T. Davies, con guionistas como Steven Moffat, resucitaría al personaje del Doctor y lo encumbraría de nuevo mediante momentos épicos, space opera extraña y momentos loquísimos que solo un whovian sabe cómo encajar. Muchos de sus actores y actrices han acabado trabajando para Marvel Studios, la productora que ha llevado a los cómics a la gran pantalla, cómics que también rindieron algún que otro homenaje al Doctor, y que, ahora, rinde algún que otro homenaje al Señor del Tiempo, pero en la televisión, como hemos podido ver en Loki, la última serie estrenada en Disney+.

Michael Waldron, el escritor tras varios capítulos de ese delirio que es Rick y Morty y quien ya está escribiendo para Star Wars, es el hombre tras Loki. La serie nos presenta qué le ocurrió a la versión alternativa del Dios del Engaño que pudimos ver en Endgame, es decir, aquel que escapó con el Cubo Cósmico. A través de los primeros capítulos, vemos cómo Loki acaba “reformándose” y empieza a trabajar para Mobius y los Guardianes del Tiempo, una agencia protofascista (homenajes a 1984 a cascoporro), que buscan proteger la sagrada línea temporal y, para ello, deben hacer frente a un monstruo: una Loki alternativa llamada Sylvie. A partir de ahí, Loki buscará a Sylvie y, una vez unida a esta, se enfrentará para descubrir la verdad tras los Guardianes del Tiempo, lo que lo llevará más lejos de nuestra realidad, incluso al fin del tiempo.

Para cualquier lector de Marvel o para cualquier aficionado a Doctor Who, la premisa de la serie ya es lo suficientemente satisfactoria al abrazar ese aire de ciencia ficción despendolado del que siempre han hecho gala los cómics y las series de televisión. Esto es un logro. Hace quince años, nos teníamos que conformar con series como Héroes, donde no se atrevían a abrazar del todo ese rock and roll psicodélico de los tebeos. Aquí sí, aquí vemos desde el helicóptero de Thanos hasta el Thor rana, pasando por una versión de Loki que es un cocodrilo, un niño, un fanfarrón o un tipo que parece arrancado de los cómics. Y lo mejor es que no se avergüenza de ello, sino que levanta la cabeza y dice: «somos raros, ¿y? ¿Algún problema?».

Por tanto, homenajea, pero también capta ese aire insólito que me sigue enamorando de los cómics. Todo es un delirio, como esa Miss Minutes con voz de Tara Strong, que nos recuerda a lo weird de revistas como 2000 A.D. Más allá de lo visual de ese purgatorio espaciotemporal, en el fondo, la serie no deja de ser la eterna lucha de los mortales (por muy dioses que sean) frente al destino, algo tan antiguo como los mitos mismos donde llamémoslos Edipo, Odín o compañía intentaban escapar de las profecías y de la mismísima hamartía.

Si esto funciona es porque hay un reparto muy logrado, con un Tom Hiddleston que demuestra que Loki se ha convertido en uno de sus papeles más importantes y, aparte de como productor, da vida a este personaje a lo largo de la serie, mostrando nuevas capas. Personalmente, su relación con Sylvie, la versión alternativa de Loki encarnada por Sophia Di Martino, ha sido uno de los puntos fuertes de la serie, descubriéndome a una gran actriz que espero volver a ver de nuevo. Secundarios como Owen Wilson como Mobius, Gugu Mbatha-Raw como Renslayer, Wunmi-Hosaku como B-15 o Richard E. Grant como el Loki clásico funcionan perfectamente, sobre todo este último. Además, la serie nos presenta Al Que Permanece, con rostro de Jonathan Mayers, una especie de The Master de Doctor Who, que traerá mucho consigo cuando recordemos a Kang el Conquistador, emblemático personaje de los cómics.

A todo esto, se agrega la manufactura de una película de casi seis horas: buenos efectos especiales y una pegadiza banda sonora, que da paso a un espectacular diseño de ese mundo imposible de los Guardianes del Tiempo, pero también a perros guardianes con forma de primigenios y mundos extrañamente burocráticos que nos recuerdan a los vistos en la adaptación de The Umbrella Academy.

Por tanto, la fase cuatro del Universo Marvel, tras las anodinas Viuda Negra y El Halcón y El Soldado de Invierno, nos ha entregado Wandavisión y, sobre todo, Loki, dos piezas más valientes que nos abren las puertas a un universo de universos que volveremos a ver en Doctor Extraño y los Multiversos de la Locura, que augura ser todo un espectáculo de posibilidades si sabe cómo aprovecharse. Pero sí, también debemos reconocer que puede que el mayor pecado de Loki es que sea casi una presentación de lo que está por venir, más que una obra por sí sola, pero eso no es extraño cuando se abraza la eterna continuidad de los cómics.

Otro problema es que los primeros capítulos de Loki sufren de una excesiva necesidad de sobreexplicar cada concepto para que el espectador sea capaz de seguirlo. Lo que más fastidia es esa inseguridad que demuestran sus guionistas, esa sensación de que no confían del todo en que su público potencial los entienda. Puede que sea útil para un espectador no habituado a la fantasía, la ciencia ficción o ese cajón de sastre que es el cómic, pero se le ven las costuras. Esto también ocurre en el capítulo final, donde Loki y Sylvie se convierten en dos espectadores sentados ante el supuesto malo malísimo que lo tiene que explicar todo, pero como en los dos capítulos anteriores se ha incluido algo de acción y la propia Sylvie se acaba cansando de su rol pasivo y decide actuar, se le perdona.

Loki nos regala algunas de las ideas locas de los cómics como los multiversos, las realidades alternativas, las otras versiones de personajes como Loki, los reboots… y nos entrega un dilema que haría que Freud se frotase sus sucias manos cuando vemos cómo Loki cae enamorado de Loki… Perfecto para que todos los amantes del simbolismo puedan hacer de las suyas con el mito de Narciso.

Al final del viaje, debemos señalar que Loki es la confirmación de que el Universo Marvel Cinematográfico sigue en pie, atreviéndose a dar un paso más allá, hacia un multiverso de posibilidades digno de Doctor Who y que se abre ante nosotros… y que no es otro que el multiverso de los cómics.

Patxi Álvarez