Al comienzo de la autonomía cántabra  y especialmente tras el ingreso de España en la Unión Europea, Cantabria sufrió una progresiva quiebra de la estructura económica que había caracterizado su prosperidad, muy vinculada a las grandes industrias y la proliferación de pequeñas explotaciones ganaderas.

Tras la pérdida del anterior modelo, los distintos gobiernos y responsables políticos  han venido apoyando en exceso  desde entonces la construcción generalizada por todo el territorio regional y la ejecución de obras públicas, como actividades económicas sustitutivas y compensatorias.

La práctica habitual de los distintos gobiernos se ha venido caracterizando por la improvisación, las ocurrencias precipitadas, los bandazos y cambios de orientación con apuestas contradictorias a no más de dos años vista, hechas para salir del paso e ir tirando, sin que se perciba un proyecto con objetivos claros, coherente y con visión a largo plazo e intención de perdurar en el tiempo.

En estas circunstancias, la economía de los últimos 20 años se ha basado excesivamente en la especulación del suelo destinado a construir viviendas de segunda residencia y a la creación de excesivo suelo industrial, a menudo vacío, privando a la sociedad cántabra de las ventajas que un modelo económico productivo y diverso  aporta al empleo y a la prosperidad y estabilidad  económica de toda la población.

Promover la construcción y la obra pública como actividades esenciales, no sólo se ha convertido en la mayor agresión ambiental en Cantabria, sino que también está perjudicando a la economía global de la región. Así la construcción de segunda residencia, además alterar  gravemente el paisaje tradicional de Cantabria, está  destruyendo el limitado recurso económico básico que constituye el suelo rural, acabando con su potencial agro-ganadero, forestal, natural, paisajístico, cultural y turístico. Todo ello para proporcionar beneficios inmediatos a una pequeña minoría de la población, sin garantía de continuidad, y pagando el alto precio de acabar definitivamente con su capacidad productiva, permitiéndose desde las instituciones públicas y organismos, la  transformación definitiva e irreversible del suelo rústico en suelo urbano construido.

El modelo de construcción, servicios y obras públicas tan utilizado en Cantabria, es insostenible económica y ambientalmente, porque además de degradar el entorno y agotar el recurso, resulta sumamente frágil y vulnerable al depender fuertemente de ciclos y coyunturas externas. Las consecuencias de este modelo han venido siendo la volatilidad e incertidumbre económica y la precariedad, favoreciendo la emigración de nuestros jóvenes fuera de la región.

Por ello y en las circunstancias actuales, la sociedad, y las fuerzas económicas y políticas de Cantabria necesitan elaborar y consensuar una ESTRUCTURA ECONÓMICA diversa y estable para un período largo de tiempo, no inferior a 50 años, que garantice la orientación y estabilidad de sus líneas estratégicas independientemente de quien gobierne.

Un modelo diverso sería menos vulnerable ante las crisis, y más sostenible y beneficioso para el territorio, la biodiversidad, el paisaje, el patrimonio cultural y la calidad de vida de todos los habitantes. Con él se evitarían la inseguridad jurídica y mala imagen que ha caracterizado a Cantabria por los conflictos territoriales derivados del modelo improductivo basado en la  especulación  y  construcción.

Se necesita hacer un ejercicio de planificación y consenso regional que incluya a la sociedad y que vaya más allá de los partidos políticos, empresarios y sindicatos. El modelo económico de Cantabria debe asentarse en preservar y potenciar sus singularidades territoriales armonizando usos diversos pero compatibles, en lugar de apostar por usos incompatibles y contradictorios, para continuar indefinidamente instalados en la inercia de seguir repitiendo un modelo que ha demostrado suficientemente su fracaso, como es el basado en la construcción y las obras públicas. Sugerimos algunos aspectos que a nuestro juicio deben ser considerados:

EL SECTOR AGRÍCOLA  debe de potenciarse en los suelos de alta productividad de la franja costera y las vegas interiores para cultivos de verduras, hortalizas, frutas diversas y  plantaciones forestales de especies autóctonas maderables, en lugar de acabar con el valioso y limitado  recurso del suelo productivo, construyendo urbanizaciones y viviendas en ellos. No nos cansaremos de reiterar que el suelo rural no es para construir.

PLAN  FORESTAL: no es lógico que una región de montaña como Cantabria, donde el bosque ha sido el recurso básico más generalizado a lo largo de su historia, todavía no tenga un plan forestal. Este plan debe de orientarse hacia la expansión de las masas arbóreas autóctonas de los bosques que aún quedan con alguna entidad, y a la superación de los monocultivos de pino y eucalipto, subvencionando la plantación de masas arbóreas de variedades autóctonas maderables en fincas privadas y públicas, tanto de la franja costera como del interior.

SECTOR INDUSTRIAL: en consonancia con la producción agrícola  y forestal, debe potenciarse la industria agroalimentaria destinada a productos tanto para el consumo de proximidad como a la exportación, así como la industria vinculada a los diversos usos derivados de la madera.

Conviene poner fin a la ocupación de suelo rústico con polígonos industriales dispersos y  mayoritariamente vacíos o infrautilizados, concentrando y mancomunando la ubicación de los mismos en zonas con suelos ya degradados en el entorno de los núcleos habitados.

Respecto a la actividad industrial, debe de superarse el concepto de los “centros logísticos” que no son más que meras naves de almacenaje de paquetería que las comunidades vecinas rechazan. Este tipo de usos requiere la ocupación de extensas superficies de suelo con el consiguiente impacto territorial, para un tipo de actividad de escaso o nulo nivel tecnológico o de innovación. Cantabria debe aspirar a algo más que a reducir su “actividad industrial” a almacenar mercancías.

SECTOR TURÍSTICO: se sabe sobradamente que el paisaje y la cultura son los principales valores de la potencialidad turística del Cantabria. Mantener la calidad de ambos es garantizar la rentabilidad de la actividad turística. La calidad no es construir en exceso donde y como no se debe. El desorden territorial va contra la calidad, y por tanto contra el reclamo esencial del turismo. Por tanto, el turismo residencial debe ser sustituido por el desarrollo de una densa  red de hostelería rural, que garantice la desestacionalización de la actividad durante todo el año.

URBANISMO, CONSTRUCCIÓN Y OBRAS PÚBLICAS: Para garantizar el mantenimiento de la calidad de nuestro paisaje y sus valores naturales y culturales, es necesaria la aprobación de un Plan Regional de Ordenación del Territorio (PROT), que garantice la preservación de estos valores con visión y responsabilidad regional, independientemente de quien gobierne.

Santander 8 de abril de 2.019

A R C A  ( Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales de Cantabria )