La tebeoteca de José Pablo García

José Pablo García es un autor lleno de talento que nos sorprendió con la genial biografía de Joselito y que se ha convertido en el traductor al cómic de la obra de Paul Preston con su visión de la guerra civil y, más recientemente, del bombardeo de Guernica. Autor inquieto como pocos, recientemente hemos podido leer su visión del conflicto palestino y aún encuentra tiempo para desarrollar en las redes sociales su pasión por los palíndromos. Con José Pablo García descubrimos sus secretos como lector.

Pregunta- ¿Cuál fue el primer tebeo que recuerdas haber leído?

La cosa debe andar entre “El Pequeño País”, la revista “Petete”, “Popeye y el golpe remolino” o “Los pitufos olímpicos”, que eran los que había por casa cuando empecé a leer.

P.: ¿Y el primero que has comprado?

Con mi propia paga, seguramente la revista “Mortadelo”.

P.: ¿Mantienes los tebeos que te enamoraron de pequeño?

En casa de mis padres, que es el lugar al que pertenecen. Han podido perderse algunos, pero nunca me he desembarazado de ellos conscientemente (he heredado un poco el síndrome de Diógenes de mi padre).

P.: ¿Cuál es tu Rosebud particular?

Puede que “El transformador metabólico”, de Ibáñez, por ser el primer Mortadelo que cayó en mis manos. A pesar de no entender nada de los gags, las elipsis, las onomatopeyas o el significado de “cáspita” o “sapristi”, me quedé atrapado y lo releí infinidad de veces, más que ningún otro. Podría pasarme las horas muertas observando cada una de las viñetas, como Eusebio Poncela en “Arrebato” con los cromos de “Las minas del rey Salomón”. Bueno, quizá esté exagerando un poco.

P.: ¿Cómo organizas tus bibliotecas? ¿Por colecciones, por autores, por formatos?

Por formato y con cierta coherencia, más intuitiva que otra cosa. He tenido que ordenar todo para lucirme con las fotos, que estaba todo manga por hombro. Por lo general soy un desastre y poco metódico en ese aspecto.

P.: ¿Cómo compaginas los álbumes europeos con las novelas gráficas o las grapas? ¿Las pones en las mismas estanterías? ¿Las estanterías se adaptan a los formatos de los tebeos o al revés?

No me importa que vayan mezclados en las estanterías, siempre que no chirríen unos con otros. Los tebeos se adaptan a ellas, más bien.

P.: ¿Compras grapas habitualmente? Si es así ¿cómo te las arreglas para guardarlas?

Hace mucho que no, la mayoría de las que tengo son fascículos de Brut Comix de La Cúpula. La última fue “Pussey!” de Clowes, en un mercadillo hace unos meses. Pero de obras recientes “Cosmic Dragon” de Vermut, “Ser hombre hoy” de Monteys y “Mowgli en el espejo” de Schrauwen, que ya tienen un tiempecillo. Algunas siguen en sus plásticos, pero la gran mayoría no.

P.: ¿Hay algún tebeo que te arrepientes de haber dejado y que no te han devuelto?

Si es así ya se me habrá olvidado. Suelo ser muy pesado para que me devuelvan algo.

P.: ¿Regalas tebeos a los no lectores?

A veces. A mi madre recuerdo haberle regalado “Un adiós especial”, pero acabó volviendo a mí como un bumerán. También suelo regalar los que hago yo, aunque no sé si eso cuenta.

P.: ¿Cuál es, para ti, la joya de tu colección?

No creo que tenga nada especialmente valioso, ni siquiera a nivel emocional. Quizá de “La historia de los cómics” de Toutain (cuyos fascículos tengo encuadernados en cuatro tomos), el “Paracuellos” de Giménez editado por Amaika en 1977 o “El comix marginal español” (una antología de 1976 de obras primerizas de autores como Max, Nazario, Kim o Ceesepe) pueda sacar algo por Amazon.

P.: ¿Hay algún cómic que no te canses de releer?

Ha habido algunos: los primeros episodios de “Torpedo 1936”, los de la época gloriosa de “Superlópez”, la serie “Odio”, los de “Freddy Lombard”, “La estrella lejana” de Daniel Torres… pero ya suelo releer poco. Últimamente, “Paciencia” de Clowes o “Lamia” de Rayco Pulido, que acabé releyéndolo un par de veces más porque me resistía a abandonar esa Barcelona de posguerra que retrata, totalmente hipnótica.

P.: ¿Hay alguno que hayas comprado varias veces?

“Agujero negro” de Charles Burns lo tengo entero en grapa y el tomo en inglés, porque lo encontré muy barato.

P.: ¿Compras las nuevas ediciones si incluyen extras o nuevas recopilaciones para tener toda la colección en el mismo formato?

No recuerdo si se ha dado el caso, pero trato de no acumular mucho. Me temo que no pasaré mucho tiempo más en mi vivienda actual y cargar con tantas cajas en las mudanzas me cuesta una enfermedad.

P.: ¿Eres completista?

No, en el sentido de que no me quita el sueño conseguir una obra menor de algún autor, por mucho que lo admire.

P.: ¿Hay alguna serie o autor del que esperes con ansiedad su nuevo trabajo?

De unos cuantos. Precisamente acabo de comprar el tercer tomo de “Arsène Schrauwen” de Olivier Schrauwen, que estaba esperando como agua de mayo.

P.: ¿Cuántos tebeos tienes?

Acabo de echar las cuentas de los que tengo repartidos entre mi casa y la de mis padres, y la cifra debe andar por los quinientos.

P.: ¿Catalogas los tebeos que tienes? ¿Tiene cada tebeo su lugar asignado o dónde entre lo metes?

Debería hacerlo, es una de mis tareas pendientes.

P.: Europeo, manga, americano, novela gráfica ¿Qué tipo de tebeo lees más asiduamente?

Novela gráfica europea y americana, sobre todo.

P.: ¿Cómo guardas los tebeos de Chris Ware?

El “ACME” con los de su tamaño, y “Lint” y “Jimmy Corrigan” juntos. “Building Stories” lo he leído un par de veces pero no lo tengo, ni sabría dónde meterlo.

P.: ¿Cuál es el último tebeo que te ha sorprendido?

A nivel de ‘stendhalazo’, el descubrimiento de la serie “Philémon” de Fred. Sabía de su existencia por Santiago Valenzuela, que la nombraba como referente en alguna entrevista, y ya había leído algún episodio suelto en la enciclopedia de Toutain; pero no estaba preparado para una cosa así. Me hizo recuperar el sentido de la maravilla de leer tebeos cuando era niño, y desde las primeras páginas conecté con el universo de Fred como si llevara toda la vida metido en él. Algo parecido me ocurrió el año pasado con la lectura de “El ladrón de pesadillas” de Puigmiquel o “La pandilla Cu-Cux-Plaf” de Schmidt, que me llevaron a un lugar del que no querría salir nunca.

P.: ¿Qué haces cuando ya no tienes más sitio para guardarlos?

Siempre me quedará la buhardilla de mis padres (espero que mi madre no llegue a leer esto).

P.: ¿Qué haces con un tebeo cuando no reúne las expectativas? ¿Lo cambias, vendes, donas o lo guardas para darle una segunda oportunidad en otro momento?

Debería plantearme cualquiera de esas opciones, porque tiendo a acumular todo.

P.: ¿El tebeo digital desplazará al de papel en algún momento? Si consigues la versión digital de un tebeo ¿te deshaces de la edición impresa que ya tenías?

Me imagino que serán complementarias. Dudo que sea el único que disfrute bastante más con la experiencia del papel; pero para los viajes, por ejemplo, leer con la tablet es comodísimo.

P.: ¿Dudas mucho a la hora de comprar un tebeo o te mueves por impulsos?

En ocasiones soy impulsivo, sobre todo cuando acabo de cobrar. Pero me contengo casi siempre y dudo mucho antes de aflojar la gallina.

P.: ¿Hay algún cómic que te llame pero no te acabes de decidir?

 “Córtazar” de Marchamalo y Torices, “Cosmonauta” de Pep Brocal… pero van a acabar cayendo, ya te lo digo.

P.: ¿Compras habitualmente cómics en inglés o francés?

No mucho, sólo cuando no existe una versión española, como “Lint” de Ware o “Coeurs d’acier” de Chaland (hasta que Dibbuks le puso remedio el año pasado).

P.: Si sale la edición en castellano ¿los vuelves a comprar?

Sí.

P.: ¿Algún tebeo inconfesable?

Algunos apócrifos de Ibáñez, como “Los siete inversores” de El botones Sacarino y “El castillo de los Pelmhacudy”  de Pepe Gotera y Otilio, me gustaban de crío mucho más que los originales, hasta el punto de que llegaba a copiar dibujos y chistes a los “negros” (lo que ya es el colmo). En esa imitación torpe había algo turbio, imperfecto y acartonado que me maravillaba. Por toda esa época de la decadencia de Bruguera siento una especie de asco-fascinación, pero va tener que ver más con la nostalgia que con el placer culpable, me temo.

P.: Después de tantos años como lector ¿consigues mantener la ilusión al abrir un nuevo tebeo?

Sí, pero no es por la única razón por la que sigo leyéndolos; también por aprender e intentar evolucionar. Intento leer de todo, incluso aquello que me produzca un rechazo inicial, con la esperanza de me sorprenda con algún recurso o me enseñe algo que desconocía. La mayor parte de las cosas que leo no las disfruto especialmente, porque no me lo tomo como una actividad estrictamente placentera.

P.: ¿Tapa dura o blanda?

Depende. Lo que me resulta molesto es que algo esté “sobreeditado” o “infraeditado” para el material que ofrezca.

P.: ¿Brillo o mate?

Mate.

P.: ¿A que huelen los tebeos?

A sudor de unicornio.