La lluvia en Atacama es una maravilla: así es el increíble fenómeno del

De Atacama se dice que es el desierto más seco del mundo. Llueve tan poco que, cuando lo hace de manera algo más notable, sus habitantes (microscópicos) se ven devastados. Pero lo curioso de este desierto, con dicho récord, es que también sufre un maravilloso fenómeno cíclico por el que se llena de flores.

Atacama resulta en una superficie aproximada de 105.000 kilómetros cuadrados y tiene un índice de precipitaciones anuales por debajo de los 254 milímetros, habiéndose registrado incluso periodos de hasta 400 años sin lluvias en su zona central. Pero en toda esa extensión hay zonas algo más propicias para experimentar lluvias y cuando éstas abundan se produce la magia (o la ciencia, según se mire).


Un manto de color sobre lo que habitualmente es tierra cuarteada

Por la tierra de quien os escribe dicen a veces que «per a lo poc que plou, plou prou» («para lo poco que llueve, llueve bastante») y es un pequeño trabalenguas popular que encaja bastante con este fenómeno que, pese a producirse en un lugar tan inhóspito como Atacama, ha tenido que verse protegido por normativa. El cambio que se produce es tal que no es raro que sea víctima del turismo masivo, como ocurre desde hace años en localizaciones como París y otras como ésta, aparentemente no tan populares, como el muro de Adriano.

Esas lluvias, que no puede decirse que sean frecuentes si no es con este contexto, se «suelen» producir por efecto del efecto del océano Pacífico (aire caliente). Se denomina «invierno altiplánico» y ocurre entre enero y febrero, produciéndose tormentas eléctricas y lluvias. Algo que puede recordar a lo que vimos con el relámpago del Catatumbo, pero en aquel caso la masa de aire caliente la lleva el mar Caribe.

De ahí que no llueva mucho, pero sí lo suficiente como para que haya nieve, niebla o flores. Cuando las lluvias son abundantes, como también ocurre cuando se da el El Niño, Atacama viste su suelo de las inflorescencias de más de 200 especies nativas.

Desierto Florido

Imagen: Javier Rubilar.

El Niño fue lo que hizo que en 2015 se registrase el que fue considerado el mayor florecimiento en los anteriores 18 años en el desierto. La sorpresa fue, además, que más allá de la intensidad de aquella ocasión, era la segunda vez que se producía el fenómeno ese año.

El hecho de que pueda producirse la floración un tiempo después de que ese agua extra llegue a los páramos de Atacama es debido a que muchas plantas son capaces de desarrollar semillas y estructuras de almacenamiento de nutrientes como rizomas y bulbos, que logran aguantar en estado de latencia hasta que se dan las condiciones propicias para el desarrollo (como las esporas de un hongo, protozoo u otras especies). El crecimiento floral se produce unos meses después de las lluvias y suele aguantar unos 3-4 meses, produciéndose de manera escalonada según el desarrollo de cada especie (suelen ir primero las añañucas -Rhodophiala phycelloides* o el Huilli –Leucocoryne spp.-, con bulbos).

Al final acaba siendo un manto multicolor, según qué flores crezcan, de alto valor biológico, al asociarse con fauna de la zona y al tratarse de especies endémicas (como las añañucas o las garras de león –Philodendron xanadu-). Es año ya se ha producido, concretamente el pasado mes de agosto.

No obstante, Atacama no es el único desierto que florece, también ocurre en desiertos ubicados Australia o en Estados Unidos, como Mojave, aunque Atacama quizás reciba más fama por esto al ser ya per sé un lugar turístico desde hace décadas. Quién sabe si Arackar licanantay, el dinosaurio que descubrieron el pasado mes de abril en Atacama, se paseó también en su momento por esta excepcional e intermitente pradera.

Imagen | Joselyn Anfossi Mardones


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La lluvia en Atacama es una maravilla: así es el increíble fenómeno del «desierto florido»

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Anna Martí

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Author: Anna Martí

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