Fotografía: Ana Portnoy

Enrique Sánchez Abulí es un guionista fundamental en la historia del cómic español, un reconocimiento que por fín recibe a través del Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona. De pluma afilada, sus personajes destilan mala leche y humanidad a partes iguales. Abulí pasará a la historia por ser el creador de Torpedo, uno de los mayores iconos que ha dado el cómic español al mundo de las viñetas, sin embargo su trayectoria es mucho más que la relación con el personaje. Recientemente Panini ha recopilado todo el material publicado de Torpedo en dos tomos esenciales para los nuevos y viejos lectores. Recorremos con Abulí algunos momentos de su historia y conocemos mejor su labor en la traducción, faceta que desarrolla desde sus comienzos.

Pregunta: ¿Cuáles fueron las lecturas que te decidieron a querer ser autor?

Respuesta: Como todos los niños yo leía tebeos de pequeño. Leía el Capitán Trueno, El Jabato, Tarzán… Yo pensaba que sería escritor como mi padre, pero empecé a escribir guiones, y como quien no quiere la cosa me pasé 30 años escribiendo guiones de cómics. No sabría decirte influencias, pero un tebeo que me gustó mucho fue “La balada del mar salado”, de Hugo Pratt.

P.: Hablas de la figura de tu padre, Enrique Sánchez Pascual, al que ayudabas a transcribir sus novelas.

R.: Siempre digo que antes de ser guionista fui mecanógrafo de mi padre con esas máquinas antiguas tan duras que no tienen nada que ver con los ordenadores de ahora. Después tuve una máquina eléctrica, pero al comienzo tenía esas máquinas de escribir con las teclas tan duras. Cuando mi padre se dio cuenta de que escribía tan deprisa, empezó a dictarme las novelas. Las grababa en un magnetofón que funcionaba con un pedal. Yo me acostumbraba a escribir cada vez más rápido, y me hacia 30 o 40 folios al día porque mi padre era un mercenario de la escritura, y estaba obligado a escribir constantemente para ganarse la vida. Escribía con varios pseudónimos una novelita cada semana, esos bolsilibros que costaban 5 pesetas en los años 50. Su pseudónimo más conocido era Alex Simmons. Escribía lo que le pidieras, era un todoterreno: ciencia ficción, Oeste, guerra… y tenía que escribir 3 o 4 novelitas al mes para vivir sin grandes lujos. Pero en un momento dado de su vida, cuando dejó de escribir deprisa y se tomó más tiempo, escribió novelas, cuentos y poesías memorable, y hasta ganó premios.

P.: Tus primeras colaboraciones en el mundo del cómic vienen por parte de tu padre para la editorial Toray realizando Hazañas Bélicas.

R.: Efectivamente. Allí empecé a trabajar como oficinista y escribí 3 o 4 guiones de guerra para la colección “Hazañas Bélicas”. No guardo ninguno, pero fueron mis primeros pinitos. Seguía convencido de que lo mío era escribir novelas.

P.: En los años 70 decides viajar a Francia. Con Francia has tenido mucha relación, de hecho naciste prácticamente allá.

R.: Yo nací en un pueblo llamado Palau-del-Vidre (palacio de los cristales), que está en la Cataluña francesa. Mi padre fue un refugiado de la guerra, que escapó a Francia en 1939. Allí se casó, estuvo en el campo de concentración de Argèles, y tras muchas peripecias volvió a España, donde le trincaron y pasó un tiempo a la sombra.

Yo nací en Francia pero fue un accidente. A los pocos meses me llevaron a España. Siempre he contado la anécdota de que mi madre pasó la frontera conmigo y la detuvieron por ser mujer de un rojo y estuvo retenida un día en el calabozo de una comisaría. Mi madre pidió leche para mí, que tenía pocos meses, y como no tenían le trajeron un café con leche. Desde entonces data mi adicción al “café au lait”.

P.: ¿Cómo fue tu experiencia en Francia en los 70?

R.: Viví un año en Paris, donde tenía a mi hermano Richard. Lo que hice en París para ganarme la vida fue traducir novelas de mi padre al español, pues en aquel entonces mi padre escribía en francés para una editorial gala. Yo no había escrito nada todavía. Estuve siguiendo cursos en una universidad de París, leí mucho en francés y practiqué el idioma.  El año que murió Franco, fue una casualidad, regresé a España. Empecé a traducir cómics para Selecciones Ilustradas, la editorial de Toutain, hice traducciones del inglés y del francés al castellano.

P.: ¿Cómo era Selecciones Ilustradas? La imagen que tenemos es la que mostró Carlos Giménez y se centra mucho en los dibujantes. La figura del guionista dentro de la agencia es mucho menos conocida.

R.: No existía entonces la figura del guionista. Sólo se conocía uno en aquel momento, Víctor Mora, del que tengo entendido que quiso ser dibujante, y al no conseguirlo, se puso a escribir guiones y, entre otras cosas, nos deleitó con “El capitán Trueno”. Ya digo, no había guionistas o había muy pocos. Los guiones los hacían los que trabajaban en la oficina de la editorial. Lo que sí era corriente era que el dibujante escribía sus propias historias, como es el caso de Carlos Giménez, Beá y Alfonso Font, entre otros muchos. Había un guionista, Hispano, que trabajaba para Toutain y escribía guiones, pero de esto último no podía vivir.

P.: ¿Cómo era Toutain? Unos le veían como un empresario indómito, otros como un romántico enamorado del medio.

R.: Era un personaje curioso. Hizo mucho por el cómic, sacó un montón de revistas, descubrió a autores hoy consagrados y, en efecto, era un enamorado del cómic.

P.: Toutain supo aprovechar el boom de las revistas de los años 80.

R.: Él tuvo mucho que ver con el boom. Creo que llegó a ser el editor de cómics más importante de España en los años setenta y ochenta.

P.: Era un agente que vendía vuestro trabajo en el extranjero.

Tenía agencia, editorial e incluso un estudio en Nueva York. Gestionaba derechos y demás. Toutain estaba muy metido en el medio.

PortadaTorpedoP.: Uno de tus primeros guiones lo dibujó uno de los mitos del cómic, Alex Toth.

R.: Un día, Miralles, que era el brazo derecho de Toutain, me pidió que le escribiese un guion de 6 páginas con un gánster y una rubia y allí nació Torpedo. Era un guion para poner a prueba a un dibujante. Cuando Toutain lo leyó pensó que aquello podía ser un personaje, y decidió apostar por él. Y así fue como nació Torpedo.

En aquel tiempo estaba de moda la colaboración de un guionista con un dibujante extranjero o de un dibujante español con un guionista americano.

P.: El matrimonio no funcionó.

R.: Yo suelo decir que no funcionó porque no hubo cama. Alex Toth era muy moralista. Me acuerdo que le pedí un desnudo, Torpedo con la rubia, y dibujó una viñeta en negro. Incluso puso una lágrima en la última viñeta que tuvimos que quitar con una hoja de afeitar. No cuadraba su modo de ver al personaje, yo quería escribir la historia de un hombre malo pero él no podía con aquello, quería redimir a Torpedo a toda costa, y a Torpedo no hay dios que lo redima. Es como es y punto.

P.: Es curioso que estuvieses empezando y prevaleciese tu idea de no cambiar una coma frente a una leyenda como Toth.

R.: Te tengo que decir una cosa. Toutain se puso de mi parte. Yo no era nadie y Alex Toth era una leyenda. Toth se ofreció a dibujar el personaje prescindiendo del guionista, pero Toutain le dijo que no, que la idea era mía, y ahí se acabó todo.

P.: Hay que decir que Toth bautizo a Torpedo.

R.: Sí, el nombre se le ocurrió a él y así ha quedado. El Torpedo era el sicario que, igual que el torpedo del submarino, va hasta el objetivo hasta hacerlo saltar por los aires. El nombre fue un acierto que no solo caló hondo, sino que gustó a los lectores.

P.: Después de ese desencuentro el personaje pasa un año en el cajón hasta que Toutain decide darle una segunda oportunidad y os pone en contacto a Bernet y a ti.

R.: El guion había gustado y en su momento se ofreció a varios dibujantes. A Bernet le pareció bien y empezamos a trabajar juntos sin problemas morales.

P.: Bernet llevaba años trabajando en el extranjero y con la promesa de Toutain de que el mercado español estaba cambiando consiguió que comenzase a producir una obra propia en España que llegase al resto del mundo.

R.: Sí. En aquel entonces, creo, trabajaba para Italia. Le gustó el personaje, que fuese malo de verdad. El problema de la censura lo salvamos. Bernet le dio el aspecto que todo el mundo conoce.

P.: Desde la primera viñeta de Bernet queda definido el estilo definitivo.

R.: Desde el principio no. Al principio Bernet se esfuerza en adaptarse al estilo de Alex Toth, pero muy pronto va cambiando y acaba por concebir ese Torpedo de la sonrisa helada y los cuatro pelos de punta, marca de fábrica del personaje.

P.: Torpedo nace en un momento en que las revistas están en su apogeo. Este hecho marca su trayectoria y que utilices un tipo de historia muy influida por el esquema de EC cómics de 8 páginas con un final tipo O´Henry (un final impactante que sorprende al lector a modo de gag final). ¿Cómo te manejas en este formato?

R.: A mí la historia corta siempre me ha gustado mucho, pero ya no se hace. También he trabajado a gusto las de los álbumes de 46 páginas. Con Bernet también hicimos las Historia Negras, que gustaron mucho. Yo me sentía a gusto con ese formato de pocas páginas.

P.: Uno de los éxitos de Torpedo es el modo que recrean una época y las referencias al cine y a la literatura del género. ¿Te documentabas mucho?

R.: No, lo que pasa es que siempre he leído mucha novela negra americana. Todo vale a la hora de contar una historia pero no me documentaba mucho. Lo que intentaba era no meter la pata.

P.: La parte más visible de Torpedo es el dibujo de Bernet pero una de las claves de su éxito son los continuos juegos de palabras, el modo en que se equivoca creando situaciones cómicas.

R.: Es que sin humor, Torpedo sería insoportable. La comicidad ayuda a mantener a raya toda la sangre y muerte que caracterizan la serie. En las dos primeras historias que dibujó Toth, por ejemplo, el humor brilla por su ausencia. Y es que se necesita tiempo para que un personaje cuaje, tanto para el guionista como para el dibujante.

P.: Tú que eres traductor. ¿Cómo ves las traducciones que se han hecho? ¿Se pierde mucho del espíritu de la obra en la traducción?

R.: No se pierde mucho porque el juego de palabras no es una prerrogativa del español. Juegos de palabras hay en todos los idiomas. Puedo hacer un juego de palabras entre las palabras “genial” y “genital” y en otros idiomas hay juegos similares, pero hay que encontrarlos, claro. El juego de palabras es traducible la mayoría de veces, aunque también es verdad que en ocasiones se pierde. Si me preguntan en qué idioma habría que leer Torpedo te diré que en español, porque es la lengua en la que se ha pensado. Siempre se pierde algo en la traducción.

P.: ¿Has estado vinculado a las traducciones a otros idiomas?.

R.: He mirado traducciones. Yo uso muchos juegos de palabras con títulos de películas y eso es muy difícil de recuperar. En general, las traducciones que he podido leer están bien. Hay una voluntad de ceñirse al original, si bien no siempre se consigue. Yo siempre digo que el original difícilmente puede ser superado por la traducción.

P.: Desde que comienza a publicarse en Creepy la serie es un exitazo.

R.: Toutain la empezó a publicar en Creepy y fue muy criticado porque no tenía mucho que ver con el resto de la revista. Creepy estaba especializada en monstruos, zombis y seres de otros mundos.

P.: Publicaba las historias de Warren.

R.: Sí, por cierto, yo traduje algunas de esas historias de la Warren. Pero Creepy tenía los días contados y cuando la cerraron, Toutain recuperó a Torpedo para otra de sus revistas.

P.: Otra característica de Torpedo será ésta. Su deambular de revista en revista. Revistas que se van hundiendo aunque Torpedo siempre saldrá a flote.

R.: Torpedo siempre sobrevivía. El personaje seguía publicándose. Había muchas revistas en el mercado y fueron cayendo una detrás de otra. Sin embargo Torpedo llegaría a tener su propia revista. El famoso cómic que publicó Glénat España y que incluía todo lo que habíamos hecho Bernet y yo.

P.: En medio del éxito de Torpedo Toutain decide que paréis con el personaje y hagáis otras colaboraciones como De vuelta a casa para su revista de ciencia ficción, Zona 84. Una historia que comienza siendo de ciencia ficción y acaba siendo un drama carcelario.

R.: Sí, tiene más de drama carcelario. Nos pidieron una historia de ciencia ficción, pero Bernet y yo nos encontrábamos más a gusto en el género negro. No quedó mal la historia, eso creo al menos. Se podía haber desarrollado en una cárcel de Estados Unidos, pero como estaba tan de moda la ciencia ficción procuramos ajustarnos al tema.

abuli-eisnerokP.: Desde el principio el personaje tuvo una gran proyección internacional. ¿Cómo vivís ese éxito?

R.: Pues muy bien, cómo si no íbamos a vivirlo. Un personaje que estaba en un cajón, medio olvidado de repente se publica en casi toda Europa. Fue gratificante. Tanto que decidimos coger las riendas del personaje y marcharnos a Francia.

P.: Mantenéis contacto con Albin Michel para pasar a Glénat Francia. ¿El público francés aceptó sin problemas el personaje?

R.: Sí. En Francia Torpedo está etiquetado como una obra para adultos y procuran colocarlo en los estantes más altos, a donde no llegan los niños. Pero por supuesto que los niños llegan a todas partes y lo leen a espaldas de los adultos.

Nosotros firmamos por Albin Michel y el director que nos contrató se había pasado a Glénat y nosotros le seguimos. Todo el mundo parecía de acuerdo y allí nos quedamos. Fue una experiencia agridulce. Por una parte Torpedo se vendía bien y era muy popular. Apostaron por el color. Nosotros no creíamos en el color pero ellos decían que se venderían como churros. Después de colorear varios álbumes y de comprobar que no se vendía como churros, hubo que volver al blanco y negro, porque el público lo prefería así.

Hicimos giras por Francia firmando muchos álbumes hasta que se presentó el problema de la película. Los franceses recibieron una oferta de 500.000 dólares por los derechos de Torpedo de la Warner Brothers y nos quisieron hacer la pirula y allí se acabó la relación.

P.: Os pusieron un contrato en la que por el precio simbólico de 1€ cedíais todos los derechos del personaje.

R.: No era un contrato, era una cesión total de derechos. Si llegamos a firmar aquello podían haber prescindido de nosotros y buscar un guionista y un dibujante para seguir con el personaje. Nos publicaron un álbum sin contrato, pusimos una denuncia y empezamos a publicar para Italia con la revista “Torpedo”. Ganamos el juicio, pero aquel problema con la editorial francesa fue lamentable.

P.: ¿Cuál ha sido el recorrido de la serie en Italia?

R.: Se publicó mucho. La editorial era ACME, e incluso sacaron una revista titulada Torpedo en la que se publicaban las historietas y los relatos.

PortadaRelatosP.: Recientemente se han recopilado esos relatos que posteriormente se continuaron en Playboy.

R.: Nos fue bien con Playboy. A José Luis Córdoba, hoy director de Panini y entonces de Playboy, le gustaba mucho el personaje, y le sigue gustando, ahí están el integral de Torpedo y el libro de los relatos. Publicaron Torpedo durante un tiempo. Después una encuesta de los lectores se cargó a Torpedo.

P.: Saltáis de las revistas de cómic a revistas generalistas como Playboy o El País, con un público muy diferente al habitual de los tebeos.

 R.: Torpedo fue saltando de una revista a otra y sobreviviendo. El público de Playboy es muy especial. No creo que le interese tanto la novela o el cómic negro como las señoras despelotadas. Aquello tuvo su momento, pero Playboy no era la revista para Torpedo.

Lo de El País fue una sorpresa muy agradable al principio. Era un placer publicar en el suplemento dominical una historia cada semana, además la pagaban muy bien, pero desde el principio les avisamos que las historias de Torpedo podían ser un poco fuertes para el dominical. Cuando vieron las dos primeras historias nos dijeron que no había problema, pero cuando entregamos la titulada “Lolita”, la censuraron y se acabó lo que se daba.

P.: La relación con Playboy favorece que Torpedo pase al teatro con la participación de la Playmate del mes.

R.: En eso también tuvo que ver mucho Córdoba. Y Pepe Miravete, claro, que fue el director de la obra. Todo el mundo parecía muy complacido, pero la cosa no funcionó. A mí me gustó, pero el teatro es muy difícil. La gente va al teatro a ver actores que conoce y los de la obra de Torpedo no eran lo suficientemente populares en España. Lástima, porque a mí me pareció que lo hacían muy bien. Se estrenó en el teatro Borras de Barcelona, pero no duró mucho.

P.: También se intentó hacer una serie de animación que no prosperó.

R.: Prometía mucho porque iba a ser una serie de 12 episodios de unos 6 minutos, si no me engaño. Lo pagaban muy bien además. Pero el asunto no prosperó. Censuraron, de entrada, el primer y único episodio. Estaba Torpedo en la cama con una señora de buen ver dale que te pego. No sé por qué prolongaron tanto esa escena. Supongo que para cubrir los cinco o seis minutos que duraba el episodio. Pero Torpedo es, probablemente, un eyaculador precoz, y en unos pocos segundos hubiera acabado. El caso es que fue censurada y adiós serie.

P.: La figura de Joan Navarro recupera al personaje en España.

R.: Nos sorprendió porque Navarro siempre fue un abanderado de la línea clara. Yo no sé si le gustaba el personaje pero sacó 5 álbumes que están francamente bien. Lo que ya no estuvo tan bien fue cuando se declaró en bancarrota y cerró la editorial sin pagar a sus muchos acreedores, entre los que me cuento. Publicó muchas cosas nuestras, todo o casi todo lo que habíamos hecho. También publicaron Magnum con Genies. Y El albino, álbum dibujado por Marcelo Pérez, argentino afincado en España.

P.: Publica también las Historias Negras. ¿Cómo surgen estas historias?

R.: En las revistas de los 80 pedían historias cortas que fuimos haciendo Bernet y yo. A lo tonto hicimos bastantes que se recogieron en un solo álbum. Se han reeditado varias veces. No tanto como Torpedo, pero se han vendido bien.

P.: Recientemente se ha publicado un libro que recoge todos los relatos publicados del personaje y abundante material gráfico. Entre los alicientes de la edición está un guion que realizas de cara a una posible película.

R.: Torpedo ha tenido muchas novias y todas le han dejado plantado en el altar. Un día contactó conmigo Vicente Gómez, productor de Belle Epoque entre otros muchos títulos, y me ofreció escribir un guion para una película de Torpedo, y lo escribí. Curiosamente, como Vicente Gómez fue el productor de Torrente y le funcionó bien, la cosa no fue a más y se quedó en agua de borrajas. Pero ahí está el guion, y creo que el día de mañana puede convertirse en una película.

P.: El personaje de Susan abre y cierra las historias que realizas con Torpedo. Parece que “El día de la mala baba” es un fin de ciclo.

R.: En eso tiene que ver más el azar, no hay una intención. Es la última historia que hicimos cuando surgió el problema. Desde el principio Torpedo quiere acabar con la tal Susan, pero por más que se esfuerza no hay manera.

P.: Tiene una fuerte carga de erotismo.

R.: Sí, pero por otro lado, es una historia bastante cómica, que por cierto tuvo problemas con la censura francesa. Tardaron en publicarla en el integral francés. ¿Por qué? Porque sale un pedófilo y eso en Francia y en Estados Unidos está muy mal visto. Curiosamente el pedófilo no solo muere sino que además salva al niño, pero al parecer ni siquiera eso lo redime. Me extrañó mucho que se censurase en Francia, pero Glénat decidió venderla a otra editorial pequeña, porque no se atrevía a publicarla. El caso es que Torpedo ha topado con varios censores en su largo caminar por el mundo de la historieta.

P.: Son muy importantes los secundarios en Torpedo. Sin duda el más importante es Rascal.

R.: Es imprescindible. Puede que en algún momento no salga, pero es el contrapunto de Torpedo. Torpedo puede ser un tipo duro pero con Rascal te ríes. Y también con Torpedo, cuando hace esos juegos de palabras o, quién sabe, acaso se equivoca al hablar.

P.: Tu etapa con Bernet probablemente ha eclipsado tu trabajo con otros dibujantes. Hablabas antes de Álex Magnum, junto a Genies. ¿Cómo nace el personaje?

R.: Nace de la cabeza de Alfredo Genies. Estamos a finales de los 80 y las revistas ya empezaban a caer. Él se pone en contacto conmigo. Ya tenía una imagen en la cabeza. Había dibujado unos bocetos. Me gusta el personaje, y me pongo a escribir guiones. Incluso publicamos un álbum con Toutain.

P.: Con Das Pastoras realizas Kafre para El Jueves a principio de los 90.

R.: Son historias de 2 páginas que luego se quedaron en una y media. Enseguida nos entendimos muy bien. Compartíamos nuestro interés por el cómic y por el futbolín. Se trataba de hacer una historieta por semana y recuerdo que al principio me inventé un lenguaje que a mí me parecía muy africano y con el que yo mismo me reía, con palabras divididas por un guion y con una “n” al final de la primera sílaba. Me divertí mucho escribiendo aquellas historietas.

P.: Con Félix Vega colaboras durante años en Playboy.

R.: Sí, eran historietas eróticas de dos páginas que salían cada mes en el Playboy. Más tarde vino la historia larga de

“María Dolares”. Y por último “Asesinos Anónimos” que, empezó por ser una obra de teatro, y acabó convertido en un cómic.

P.: Otro de los grandes autores a los que te vinculas es a Oswal, recientemente fallecido. Con él continúas con la línea de las historias cortas.

R.: Con él y con Darko, un dibujante serbio. Sacamos un libro con Glénat (España), “Historias tremendas”, que recopilaba todas las historias que hicimos juntos. Con Oswal empecé a trabajar en historias cortas y siempre pensábamos en hacer algo más. Yo guardaba desde hace años en un cuaderno la historia de “La nieve y el barro”, en la que tanto me volqué, y que acabó dibujando el gran dibujante argentino.

PORTADAS-laNieveyelBarro-OKP.: Es uno de tus mejores trabajos.

R.: Yo también lo creo aunque no le acompañó la fortuna.

P.: Está ambientada en la guerra de los 100 años.

R.: Eso es solo una excusa, pues podía estar ambientada en cualquier otra guerra. Me gusta mucho la Historia con mayúsculas y me serví como fondo de esa larga guerra. Digo de fondo por las alusiones a la época aunque son escasas. Es, sobre todo, una aventura.

P.: Es una historia que tardas años en realizar.

R.: Sí, llevaba mucho tiempo dándole vueltas pero no acababa de verla clara.

P.: ¿Cómo recuerdas la figura de Oswal?

R.: Con mucho cariño porque era un gran tipo, además de un gran dibujante. Su fallecimiento me pilló por sorpresa. Tenía una cierta edad, pero yo lo veía bien, hablábamos a menudo por Skype Estábamos haciendo un álbum que ha quedado a medias, “Repóquer de damas”, álbum que espero salga a la luz dentro de un tiempo.

P.: Como Bernet, Oswal pertenece a una estirpe de dibujantes todoterreno que ha trabajado todo tipo de géneros con una gran calidad.

R.: Es cierto, pero opino que Oswal no ha sido suficientemente valorado en Europa. En Francia su dibujo asusta. Yo veo moverse a sus personajes, de tan expresivos como son, y por momentos me parecen que cobran vida, pero los franceses, acostumbrados a la línea clara, no saben apreciar el dibujo de Oswal.

P.: En Francia precisamente realizas junto a Rossi el “Capitán Patapalo”.

R.: Me entendí muy bien con Rossi pero al principio pasó algo extraño. Resulta que el editor que nos puso en contacto, el director de Albin Michel, pretendía que hiciéramos una historia del Oeste. Fuimos a comer juntos y en un momento dado el editor nos dejó a Rossi y a mí solos para hablar. Entonces Rossi me confesó que no quería hacer una historia del Oeste, que lo que realmente quería era hacer una historia de piratas. Yo me quedé perplejo porque aquello no entraba en el programa del editor, pero al final decidimos hacer una de piratas y nos salimos con la nuestra. Lástima que aquel proyecto solo durase dos álbumes, porque tanto él como yo nos habíamos encariñado con los personajes y deseábamos seguir con aquella serie. Los profesionales que lo han leído me han dicho que les ha gustado mucho, pero el caso es que no se vendió bien ni en Francia ni en España.

P.: Has recibido el Premio del Saló a tu trayectoria, un premio que muy pocas veces ha recibido un guionista.

R.: De hecho soy el segundo guionista premiado. El primero fue, con toda justicia, Víctor Mora.

P.: ¿Ha cambiado la percepción del guionista en todo este tiempo?

R.: Ahora la gente entiende la figura del guionista, pero el dibujante sigue siendo la estrella del cómic. Si te fijas en las colas en las ferias del cómic, son siempre para el dibujante. El público siempre quiere un dibujo, y es natural que sea así. Ahora bien, yo siempre digo que el cómic es, ante todo, contar una historia. La historia es primordial en el cómic. Sin ella, el dibujo queda como desdibujado, si se me permite ese mal chiste.

P.: ¿Se puede ser guionista de cómic?

R.: ¿Y no morir en el intento? Sí, claro, pero yo siempre he compaginado los guiones con las traducciones, que por cierto están muy mal pagadas, aun cuando son un trabajo intelectual de primer orden. Hoy en día cualquiera se anima a traducir. Y los editores, por su parte, pretenden pagar lo mínimo. Yo llevo más de 30 años traduciendo cómics y sé de qué hablo. La traducción es muy importante, es labor complicada. Me he pasado muchas horas trabajando en las traducciones. Y hay editores, y no me gusta señalar que está feo, que creen que una vez que han pagado por una traducción, esta pasa a ser suya, cuando no es así. Hay editores que ni siquiera extienden un contrato por cada traducción, y lo hacen no solo para ahorrar papel, sino también porque un contrato supone reconocer que el traductor tiene, junto a sus deberes, también sus derechos. Si una traducción se publica dos veces hay que pagarla. Eso sí, quiero  romper una lanza a favor de Ediciones B. Hace años traduje libros y cómics para ellos y todavía me abonan derechos de autor. No puedo decir lo mismo de otro editor para el que he trabajado como traductor durante más de treinta años.

P.: ¿Qué te gusta más? ¿Ser guionista o traductor?

R.: Hombre, traducir me gusta, porque me interesa el idioma, pero sin duda escribir es mucho más enriquecedor, y que conste que no lo digo porque así se gane más pasta. Yo me considero sobre todo guionista de cómics.

P.: ¿Proyectos?

R.: Siempre anda uno cavilando historias. Tengo varios proyectos, algunos en mantillas; otros, más adelantados. De momento estoy muy interesado en publicar esa historia que Oswal dejó a medias, y que será como un homenaje a su último cómic.

P.: ¿Qué rutinas tienes?

R.: Necesito un cuaderno, un bolígrafo y un café, o mejor dicho, un cortado. Voy escribiendo ideas en el cuaderno, a veces el título, un diálogo, una secuencia, un enfoque, y a veces, no siempre, la historia cobra forma en el papel, pueden ser solo unas líneas, pero las suficientes como para querer seguir adelante y sacar de lo escrito lo que será con el tiempo toda una historia. Claro que eso supone escribirla con el ordenador y corregirla las veces que considere necesarias. Y suele pasar que unas historias salen con más rapidez que otras, que se atascan, y luego cuesta sacarlas, y acaso algunas no salen nunca, y se quedan en un par de párrafos.

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P.: Un consejo para la gente que quiera dedicarse a escribir.

R.: El consejo que le daría es que si le gusta, que lo haga, o al menos que lo intente. Igual no consigue publicarlo, pero vale la pena intentarlo. Y si lo publica, siempre es una satisfacción. Y puede que más adelante sea una manera de ganarse la vida. O, aún más importante, de ser feliz.