‘The Peanut Butter Falcon’ es una de las últimas joyas que nos ha dejado últimamente el cine independiente norteamericano. Una película que podríamos catalogar como una «road movie» y que nos habla sobre la amistad y la discapacidad de una forma sencilla y suave, pero con un mensaje muy contundente. Es cierto que en algunos momentos la historia pierde fuerza e intensidad, y tiene algunos altibajos que hacen que pierdas en algún momento el interés. Y también es una historia que, en general, es muy previsible, pero también irresistible y que cuenta con un Shia LaBeuof correcto y con un espectacular Zack Gottsagen en su primera actuación.

De vez en cuando, hay producciones que reúnen muchos componentes para triunfar: un elenco conocido, personajes carismáticos, una premisa original y un buen desarrollo. Lo curioso de La familia que tú eliges es que cuenta con todo ello, pero no es a lo que debe su éxito. Al contrario, su fuerza reside en el descubrimiento de un actor nobel y el mensaje que transmite, elementos que logran mantener al espectador con una sonrisa durante toda la duración.

Sin duda, la joya del film es Zack Gottsagen, el artista que, con su trabajo, encandila a la audiencia desde el inicio y brilla por encima del renombrado reparto. Su indiscutible química con Shia LaBeouf es una de las grandes virtudes de la cinta y una pieza clave para que la narrativa resulte convincente. Ambos interpretan a dos protagonistas muy bien construidos –un chico con síndrome de Down que ha escapado de su residencia y un delincuente que huye de su pueblo–, que no tardan en despertar la simpatía del público.

La historia que se narra es dulce, franca, divertida y está enmarcada en una estética agradable. Sin hacer apología de lo que significa vivir con síndrome de Down, los directores proponen una reflexión interesante acerca de la amistad, el respeto y el trato hacia personas con esa alteración genética. No cuenta con sorpresas, giros ni novedades; sin embargo, las ideas se comunican con eficacia gracias a lo fácil que resulta encariñarse de esta pareja extraña y encantadora.

El sentido del humor flota en el ambiente durante todo el metraje, lo que contribuye a acentuar la alegría y a provocar muchos momentos tiernos y emotivos. Y probablemente también sea la razón del buen sabor de boca que deja la película al acabar.

No puede haber más que palabras bonitas para esta noble, inspiradora y bondadosa propuesta que no decepciona en absoluto y merece que se le dedique un visionado. Es un título conmovedor y con mucho corazón que no solo tiene a un gran equipo detrás, sino que, además, sin pretender ser mucho, acaba siendo delicioso.

Patxi Álvarez