Mis impresiones sobre el libro “LA DOCTRINA DEL SHOCK” El auge del capitalismo del desastre de Naomi Klein Editorial PLANETA, S.A. – PAIDOS – ISBN: 978-84-493-2041-5

La doctrina del shock es la historia no oficial del libre mercado. Desde Chile hasta Rusia, desde Sudáfrica hasta Canadá la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que Naomi Klein identifica como “capitalismo del desastre”.

Tras una investigación de cuatro años, Klein explora el mito según el cual el mercado libre y global triunfó democráticamente, y que el capitalismo sin restricciones va de la mano de la democracia. Por el contrario, Klein sostiene que ese capitalismo utiliza constantemente la violencia, el choque, y pone al descubierto los hilos que mueven las marionetas tras los acontecimientos más críticos de las últimas cuatro décadas.

Klein demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras forma de shock no tan metafóricas: el golpe de la porra de los policías, las torturas con electroshocks o la picana en las celdas de las cárceles.

En este relato apasionante, narrado con pulso firme, Klein repasa la historia mundial reciente (de la dictadura de Pinochet a la reconstrucción de Beirut; del Katrina al tsunami; del 11-S al 11-M, para dar la palabra a un único protagonista: las diezmadas poblaciones civiles sometidas a la voracidad despiadada de los nuevos dueños del mundo, el conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres, las guerras y la inseguridad del ciudadano son el siniestro combustible de la economía del shock.

MIS IMPRESIONES

Desde 2007 que salió la primera edición de “LA DOCTRINA DEL SHOCK”, me interese por este libro, pero poco más que obtener una versión del mismo para mi e-book pude hacer, estaba inmerso en un grupo de proyectos de I+D+i en la Universidad que absorbían mis siempre limitadas capacidades y mi tiempo, como Profesor y Director del Grupo.  Fue muy posterior que pude empezar a dedicarle tiempo al trabajo de la Dra. Klein, que ya había publicado NO LOGO, y difundía en conferencias en diferentes Instituciones y Universidades sus criterios, experiencias y conocimientos sobre “La Doctrina del Shock – El Auge del Capitalismo del Desastre”.

Hace un par de meses adquirí la versión en español de “The Shock Doctrine” de la Editorial Planeta (PAIDOS) y comencé su lectura.  Es un libro fuerte, muy bien documentado y con profusas referencias bibliográficas y de prensa, multitud de obligadas llamadas explicativas y notas de otras investigaciones. Una documentada investigación de la Dra. Klein, que le han convertido en uno de mis LIBROS de CONSULTA de referencia, pasando a ocupar un lugar en la estantería, donde están “mis incunables” sobre temas sociales o políticos.

No uso el termino FUERTE, como un calificativo simple, es un merecido epíteto ganado por la cruda y fortaleza del análisis de cada uno de los escenarios estudiados y descritos en los diferentes capítulos. Anticipo en decir, que es el libro que más “subrayados de aspectos importantes o singulares” tiene en mi biblioteca. En varios de los momentos iniciales de su lectura, estuve a punto de abandonar o posponer su lectura por el impacto de los ejemplos o análisis de las circunstancias que la filosofía de la “Teoría del Shock”.

Tendré que resumir al máximo MIS IMPRESIONES para poder abordar los aspectos de significativa importancia para quienes no puedan leerse las siete partes en que están divididas las casi 700 páginas del texto. Desde la Introducción que denomina: “La nada es bella: tres décadas borrando y rehaciendo el mundo” la autora empieza con artillería pesada.

Por tratar de ordenarle cronológicamente, aunque este no es el orden empleado por la autora, en todos se evidencian signos en mayor o menor grado, como señala, de “ataques organizados contra las instituciones y bienes públicos, siempre después de acontecimientos de carácter catastrófico, declarándolos al mismo tiempo atractivas oportunidades de mercado, que reciben un nombre en este libro: “capitalismo del desastre”. Todo empieza con el Golpe de Estado en Chile de septiembre de 1973, donde el dictador general Augusto Pinochet aplicó, asesorado por el ideólogo de esta filosofía, Milton Friedman, el estado de shock a gran escala durante una década.

La ciudadanía chilena conmocionada por el violento golpe de Estado de Pinochet, vivía traumatizada por el proceso de hiperinflación aguda generado por el paquete de medidas rápidas para la transformación económica del país que Friedman le aconsejo a Pinochet: 1) reducciones de impuestos; 2) libre mercado; 3) privatización de los servicios; 4) recortes en el gasto social y 5) una liberalización y desregularización generales. La “revolución de la Escuela de Chicago” de Friedman, acuñó una fórmula para esa dolorosa táctica: el “tratamiento de choque” económico, también conocido como “terapia de schok”.

En la Argentina, de los años setenta, la sistemática política de “desapariciones” que la Junta Militar en el poder desde marzo de 1976 había impuesto, “eliminando a más de treinta mil personas, la mayor parte de los cuales activistas de izquierda, fue parte esencial de la reforma de la economía que sufrió el país, con la imposición de las recetas de la Escuela de Chicago”.  Dice la autora en párrafo aparte: “A la luz de esta doctrina, los últimos treinta y cinco años adquieren un aspecto singular y muy distinto del que nos han contado. Algunas de las violaciones de los derechos humanos más despreciables de este siglo, que hasta ahora se consideraban actos de sadismo, fruto de regímenes antidemocráticos, fueron de hecho un intento deliberado de aterrorizar al pueblo y se articularon activamente para preparar el terreno e introducir las reformas radicales que habrían de traer ese ansiado libre mercado”.

La guerra de las Malvinas, en abril de 1982, – dice la autora – “permitió a Margaret Thatcher superar la crisis de las huelgas de los mineros”.

En la Rusia de Yeltsin, después del Golpe de 1991, “decidió enviar los tanques al parlamento y maniobrar para impedir que los líderes de la oposición fueran un obstáculo para la privatización fulminante que dio lugar a la nueva clase dirigente del país: los famosos oligarcas”.

“La doctrina del shock económica necesita, para aplicarse – precisa la autora – sin ningún tipo de restricción (como en el Chile de los años setenta, China a finales de los ochenta, Rusia en los noventa y Estados Unidos tras el 11 de septiembre) -, algún tipo de trauma colectivo adicional, que suspenda temporal o permanentemente las reglas del juego democrático”.

En los propios EE. UU., la terapia de shock hizo entrada con fuerzas tras el 11 S, que la administración Bush aprovecho la oportunidad generada por el miedo a los ataques para lanzar la guerra contra el terror.  “La administración Bush, señala la autora, empezó por subcontratar, varias de las funciones más delicadas e intrínsecas del Estado: desde la sanidad para los presos hasta las sesiones de interrogación de los detenidos, pasando por la “cosecha” y recopilación de información sobre los ciudadanos”.  Las cifras hablan: Si en 2003, el gobierno estadounidense otorgó 3,512 contratos a empresas privadas en concepto de servicios de seguridad. Hasta agosto de 2006 se habían emitido 115,000 contratos similares, haciendo que el gasto del gobierno de los Estados Unidos en seguridad ascendía a una media de 545 dólares por cada familia, según Veronique de Rugy de American Enterprise Institute el 14.12.2006 en “Facts and Figures about Homeland Security Spending”.

La autora puntualiza: “Ahora, la respuesta y las medidas de reacción frente a guerras y desastres han alcanzado tan alto grado de privatización que constituyen un nuevo mercado en sí mismas: no es necesario esperar a que termine la guerra para que empiece el desarrollo económico. El medio es el mensaje”. Como dice Steve Quinn de AP con respecto a los resultados de la empresa de servicios energéticos Halliburton[1]: “Irak fue mejor de lo que esperábamos”, eso fue en octubre de 2006 el mes más cruento de la guerra, con más de 3,709 bajas civiles iraquíes. Pero pocos accionistas, precisa la autora, podían quejarse de una guerra que había generado más de 20,000 millones de dólares de ingresos para una única empresa”.

Y sentencia: “En cuanto a su escala, el complejo empresarial surgido del capitalismo del desastre está en pie de igualdad con los “mercados emergentes” y el auge de las tecnologías de la información que tuvieron lugar en los años noventa. Y precisa en párrafo más adelante, “es un compromiso para con una trinidad política: 1) la eliminación del rol público del Estado, 2) la absoluta libertad de movimientos de las empresas y 3) un gasto social prácticamente nulo”.

De Chile a Irak, dice la autora, la tortura ha sido el socio silencioso de la cruzada por la libertad del mercado global. La tortura o por utilizar el lenguaje de la CIA, precisa, los “interrogatorios coercitivos” o formas para “quebrar las fuentes que se resisten a cooperar”.

Uno de los manuales de la CIA[2], dice la autora, ofrece una explicación particularmente sucinta: “Se produce un intervalo, que puede ser extremadamente breve, de animación suspendida, una especie de shock o parálisis psicológica. Esto se debe a una experiencia traumática o subtraumática que hace estallar, por así decirlo, el mundo que al individuo le es familiar, así como su propia imagen dentro de ese mundo. Los interrogadores experimentados saben reconocer ese momento de ruptura y saben también que en ese intervalo la fuente se mostrará más abierta a las sugerencias, y es más probable que coopere, que durante la etapa anterior al shock”.

Así funciona la doctrina del shock: el desastre original – llámese golpe, ataque terrorista, colapso del mercado, guerra, tsunami o huracán – lleva a la población de un país a un estado de shock colectivo. Mas adelante subraya la autora: “Como el aterrorizado preso que confiésalos nombres de sus camaradas y reniega de su fe, las sociedades en estado de shock a menudo renuncian a valores que de otro modo defenderían con entereza”.

En el torrente de artículos escritos en el panegírico de Milton Friedman[3], apenas mencionó el papel de los shocks y las crisis que tanto habían contribuido a difundir su modelo económico. Una especie de cuento de hadas que edulcoraba las últimas décadas de su vida y su propuesta de capitalismo radical. Su obra “Capitalismo y libertad” era un manifiesto que asumieron Margaret Thatcher y Ronald Reagan. “Este libro, dice la autora, es un desafío contra la afirmación más apreciada y esencial de la historia oficial: que el triunfo del capitalismo nace de la libertad, que el libre mercado desregulado va de la mano de la democracia”. El libro de Klein demuestra que “esta forma fundamentalista del capitalismo ha surgido en un brutal parto cuyas comadronas han sido la violencia y la coerción, infligidas en el cuerpo político colectivo así como en innumerables cuerpos individuales. La historia del libre mercado contemporáneo – el auge del corporativismo, en realidad – ha sido escrita con letras de shock”.

Cualquier intento de responsabilizar a determinadas ideologías por los crímenes cometidos por sus seguidores debe plantearse con absoluta prudencia, dice la autora, y enfatiza: “Es demasiado fácil afirmar que la gente con la que no estamos de acuerdo no solo se equivoca, sino que también son tiranos, fascistas y genocidas”.  Puntualiza párrafos más adelante: “Un mercado libre, con una oferta de productos determinada, puede coexistir con un sistema de sanidad pública, escolarización para todos y una gran porción de la economía – como por ejemplo una compañía petrolífera nacionalizada – en manos del Estado”.

Este libro de Klein “La Doctrina del Shock” analiza con detalles, de seguro interés para el lector las bases y orígenes del “El laboratorio de la tortura – desde Ewen Cameron, la CIA y la maniaca obsesión por erradicar y recrear la mente humana, desgranado en este Capítulo con gran acierto, profusión de datos y referencias bibliográficas e históricas de aquellas locuras que pretendían comprobar hasta qué punto la privación sensorial los hacia vulnerables al “lavado de cerebros”. Técnicas que Donald Hebb director del Dpto. de Psicología de la Universidad McGill ensayó con financiación y control de la CIA. Hebb había demostrado que un periodo de aislamiento intensivo podía llegar a interferir en la capacidad de pensar claramente y hacía que las personas se inclinaran con más facilidad ante las sugerencias e indicaciones de sus captores.  Bases de lo que después fue el Método Kubark empleado en los países donde se aplicó la teoría del shock (Chile, Argentina, Uruguay y Brazil), conjuntamente con las teorías de Friedman y la Escuela de Chicago – “los Chicago Boys” – en lo económico.

Eduardo Galeano, en “Días y noches de amor y guerra” (1983) dice: “Las teorías de Milton Friedman le dieron el Premio Nobel; a Chile le dieron al general Pinochet”.

Prácticamente el Capítulo 3 “Estados de Shock” la autora lo dedica al Chile del general Augusto Pinochet, batalla que solo tuvo un bando, sus efectos fueron tan reales como cualquier guerra civil o invasión extranjera: en total, más de 3,200 personas fueron ejecutadas o desaparecieron, al menos 80,000 fueron encarceladas y 200,000 huyeron del país por motivos políticos. Chile fue la génesis de la contrarrevolución, una génesis del terror. Argentina, se unió al experimento en 1976 cuando una junta militar arrebato el poder a Isabel Perón. Operación Condor, con implicación de la CIA, y colaboración de los países vecinos, es una operación que está perfectamente documentada[4].

La autora denomina “Tabla Rasa – El terror cumple su función” su Capítulo 4 en el que desvela los detalles de muchas de acciones y actuaciones de la dictadura de Pinochet coordinada internacionalmente a través de la Operación Condor, con objeto de erradicar y exterminar la izquierda. Allende en su último discurso radiofónico mientras los tanques avanzaban, afirmó: “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. En 1976, el 80% de los prisioneros políticos de Chile eran obreros y campesinos.  En Argentina, el 81% de los treinta mil desaparecidos tenían entre dieciséis y treinta años.

El Capítulo 5 “Ninguna relación. Como una ideología fue absuelta de sus crímenes” arranca con una frase de Eduardo Galeano (1990) “Se metía a la gente en la cárcel para que los precios pudieran ser libres”, que simboliza lo que las páginas de este capítulo desgrana magistralmente. La Premio Nobel de 1976, Amnistía Internacional[5], dejo un relato de las atrocidades de la Junta que supuso un mazazo y el broche de oro para la concesión del galardón. Emergieron las Madres de la Plaza de Mayo las activistas más famosas y conocidas de Argentina, que solo con las fotos de sus hijos y familiares desaparecidos que con los años se han convertido en uno de los grupos más críticos con el nuevo orden económico en Argentina.

Uno de los principales informes sobre derechos humanos de ese periodo, dice la autora, “Brasil: Nunca Mais” publicó un informe independiente tanto del Estado como de fundaciones extranjeras, basado en los registros de los tribunales militares, fotocopiados en secreto a lo largo de los años por abogados y activistas de la Iglesia tremendamente valientes mientras el país estaba todavía bajo la dictadura. Detallaba algunos de los crímenes mas horrendos, realizados al recurrirse a la fuerzas para implementar las medidas económicas extremadamente impopulares entre la mayoría de los sectores de la población.

La Tercera Parte del texto la comienza con el Capítulo 6 “Salvados por una Guerra – El thatcherismo y sus enemigos útiles”.  Thatcher en Inglaterra o el entonces presidente estadounidense, Ronald Reagan se convirtieron en adalides del programa económico de la Escuela de Chicago, experimentado tras el golpe de Pinochet en Chile.

En 1981, la revista Fortune, señala la autora, publicó un reportaje en el encomiaban las virtudes del “nuevo mundo feliz de las reaganomics en Chile”. El reportaje alababa “las relumbrantes tiendas de lujo” y los “flamantes coches japoneses nuevos” de Santiago, pero pasaba por alto la omnipresente represión y la explosión de barriadas chabolistas en el extrarradio.

En el apartado “La guerra al rescate”, la autora analiza lo oportuna que fue la invasión de las islas Malvinas (o Falkland, para los anglosajones) por Argentina el 2 de abril de 1982 para Thatcher[6]. Thatcher utilizó su guerra para lanzar la primera subasta masiva de privatizaciones en una democracia occidental. Esa fue la auténtica Operación Empresario, la que tuvo verdaderas implicaciones históricas. Jorge Luis Borges resaltó aquella disputa territorial a esas alturas del siglo XX como “una pelea entre dos calvos por un peine”. En 1982, la economía argentina, dice la autora, se hundía bajo el peso de la deuda y la corrupción.

En 1985, Bolivia paso a formar parte de la ola democrática que barría en aquellos momentos el mundo en vías de desarrollo, que la autora desgrana con detalles en el Capítulo 7 “El Nuevo Doctor Shock – La guerra económica sustituye a la dictadura”. En 1985 Bolivia afrontaba una inflación anual de hasta el 14.000%. Jeffrey Sachs[7] compartía con Friedman “que basta una política que induzca una sacudida repentina para que una economía se reoriente y salga del callejón sin salida en que se encuentra” tesis de “terapia de shock” que adopto ADN (el partido de Banzer).  El shock económico funciona con acuerdo a una teoría similar a las bases teóricas de la invasión de Irak en 2003: “debe hacerse con el control del entorno y debe paralizar o sobrecargar las percepciones del adversario o su comprensión de los hechos hasta el punto de anular la capacidad de resistencia del enemigo”.[8] En definitiva “el enfoque ortodoxo consiste en trasladar todo el coste social hacia los pobres por medio de una terapia de shock”. Entre 1983 y 1988, el número de bolivianos con derecho a prestaciones de la seguridad social descendió en un 61%. Solo dos años después de la “bomba atómica” lanzada sobre la economía boliviana, las exportaciones ilegales de droga generaban más ingresos para el país que todas sus exportaciones legales juntas.

En el Capítulo 8 “La Crisis Funciona. La terapia de shock como parte del paquete” la autora remarca: “Era más que evidente que, en Bolivia, la hiperinflación había desempeñado el mismo papel que la “guerra” de Pinochet en Chile y que la guerra de las Malvinas para Margaret Thatcher”.

Un recorrido detallado sobre las consecuencias económicas del desastre desatado tras la aplicación de las teorías económicas de los “Chicago Boys” – “Friedman y sus discípulos” que obligaron a los pueblos de Chile y Argentina a “pagar las facturas que habían dejado sus opresores y torturadores”. “En Chile, por ejemplo, dice la autora, los prestamos costearon la triplicación del gasto militar, que sirvió para que las fuerzas armadas chilenas pasaran de 47,000 soldados en 1973 a 85,000 en 1980.  En Argentina, el Banco Mundial calculó que unos 10,000 millones de dólares del dinero que los generales pidieron prestado fueron para adquisiciones diversas de carácter militar” y subraya: “Buena parte de lo que no se gastó en gasto de armamento desapareció sin más”[9].

Mucho después de que Menem y su ministro de Economía, Domingo Cavallo, hubiesen dejado sus cargos, dice la autora en nota a pie de página, “los argentinos se enteraron de una sorprendente noticia. Al parecer el Plan Cavallo no había sido para nada idea del propio Cavallo ni del FMI: el programa de terapia de shock al que fue sometida Argentina a principios de los años noventa fue redactado íntegramente en secreto por J.P. Morgan y Citibank, dos de los principales acreedores privados del país”.  Y sentencia: “A largo plazo, el programa de Cavallo resultó desastroso para Argentina”.

La Cuarta Parte del libro comienza con el Capítulo 9 “Portazo a la Historia. Crisis en Polonia, masacre en China”.  Un largo y profundo análisis de la transición de Polonia, desde las denuncias del Sindicato Solidaridad “de la corrupción y la brutalidad de los funcionarios de un partido que no respondía ante el pueblo de Polonia”, pasando por la ascensión al poder de Jaruzelski en 1981, la concesión del Premio Nobel de la Paz a Walesa en 1983, la legalización de Solidaridad en 1988, hasta la irrupción de Jeffrey Sachs de la mano de George Soros en 1990 para empezar aplicar sus teorías y desatascar la decadente economía de Polonia con un programa de shock como los demás. El “Plan Sachs o su terapia de shock” propugnaba “la venta de las minas, los astilleros y las fábricas estatales al sector privado”. Para algunos observadores y críticos, como Adam Michnik[10] señalaría con acritud más tarde que “lo peor del comunismo es lo que viene después”.

“La economía de Polonia sería tratada de su propia fatiga aguda con una terapia de shock de una clase especialmente radical que incluiría – la privatización de las industrias estatales, la creación de mercados bursátiles y de capitales, una moneda convertible y una reconversión desde la industria pesada hacia la producción de bienes de consumo – además de recortes presupuestarios – todo ello practicado a la mayor brevedad posible y de forma simultánea” informaba el Independent de Londres el 13 de septiembre de 1989.

Todas las ayudas del FMI brindadas para aliviar parte de la deuda y 1.000 millones de dólares para estabilizar la moneda, pero estrictamente condicionadas a que Solidaridad se sometiera a la mencionada terapia de shock.

En noviembre de 1989, el Muro de Berlín era derribado. Se abría una nueva etapa en la que el capitalismo sin limitaciones era el triunfador. Una victoria sin paliativos del liberalismo económico y político. Lo que había llegado a su final no era la ideología, sino “la historia como tal”, subraya en su libro “El fin de la historia y el último hombre” Francis Fukuyama[11], del Departamento de Estado de los EE.UU.

La autora en este capítulo analiza los sucesos de la Plaza de Tiananmen en China. A principios de los años ochenta, el gobierno chino, liderado entonces por Deng Xiaoping, estaba obsesionado por evitar una reedición en su país de lo que acababa de suceder en Polonia, dice la autora. Deng era un “entusiasta de la reconversión de la economía del país hacia una economía de empresa”.  Milton Friedman fue invitado a visitar China e impartir tutorías a centenares de funcionarios de alto nivel, profesores y economistas del partido. Defendió su teorías sobre la libertad – en la que las libertades políticas son secundarias o, incluso, innecesarias en comparación con la libertad del comercio sin restricciones – que se ajustaban al proyecto de futuro que tomaba en aquel entonces el Politburó chino.

Algunas de las reformas de Deng tuvieron éxito y fueron populares, otras resultaron marcadamente impopulares que obligo al Partido a dar marcha atrás ante la fuerte reacción negativa. La autora afirma “pero el término “reforma” parecía cada vez más una especie de nombre en clave para referirse a la transformación de los dirigentes del partido en magnates de los negocios”.  “Las manifestaciones – de 1989 en China – dice la autora referenciando el libro de Wang Hui “China’s New Order[12] -, no iban dirigidas contra el hecho de que produjera una reforma económica sino contra la naturaleza específicamente friedmanita de las reformas: su velocidad, su carácter implacable y el carácter marcadamente antidemocrático del proceso”.  Y precisa: “En ese sentido, Wang escribe que “lo que se pedía, en general, eran medios democráticos para supervisar la equidad del proceso de reforma y de reorganización de las prestaciones sociales”.

Muchas versiones y opiniones de la actuación de Deng ante las duras medidas tomadas ante los manifestantes de Tiananmen. En opinión de la autora, con aquella actuación lo que se estaba protegiendo no era el comunismo sino el capitalismo, y puntualiza que “Tiananmen había allanado el camino para la transformación radical sin que hubiera ya temor alguno de rebelión”. Kissinger, sin embargo escribió un artículo de opinión en el que sostenía que no había otra opción. “Ningún gobierno del mundo habría tolerado que la plaza principal de su capital estuviese ocupada durante ocho semanas por decenas de miles de manifestantes. […] De ahí que fuese inevitable la actuación enérgica del gobierno”.

Una extraña coincidencia los sucesos de Tiananmen coincidieron con el ascenso al poder de Solidaridad en Polonia el 4 de junio de 1989.

El Capítulo 10 “La Democracia que nació encadenada – La libertad restringida de Sudáfrica”, la autora lo dedica a la transición y reconciliación de un país de negros que deseaban gobernar al estilo de los negros.

Nelson Mandela en enero de 1990, a los 70 años, redacto esta nota, que pretendía zanjar el debate sobre un posible debilitamiento de su compromiso con la transformación económica del Estado del apartheid en Sudáfrica: “La nacionalización de las minas, la banca y los monopolios es la política del ANC (Congreso Nacional Africano), y cualquier cambio o modificación de nuestras opiniones en este sentido es del todo inconcebible. El empoderamiento económico de los negros es una meta que suscribimos y promovemos sin reservas y, en nuestra situación, el control estatal de ciertos sectores de la economía es inevitable”[13] Eran principios que estaban recogidos en Freedom Chárter desde 1955, que proclamaban: “al pueblo le será restaurada la riqueza nacional de nuestro país, la herencia de los sudafricanos; la riqueza mineral del subsuelo, la banca y los monopolios serán transferidos a la propiedad conjunta de todo el pueblo; todos los demás sectores económicos y el comercio serán controlados para que contribuyan al bienestar del pueblo”. En definitiva, Sudáfrica no podía continuar siendo un país con un nivel de vida californiano para los blancos y otro congoleño para los negros.

Finalmente, en lugar de hallar el punto medio entre California y el Congo, el ANC optó por un conjunto de políticas que dispararon la desigualdad y la delincuencia hasta tal punto que la línea divisoria de la Sudáfrica actual se asemeja más bien a que separa a Beverly Hills de Bagdad. El país representa hoy en día un testamento vivo de lo que ocurre cuando la reforma económica es extirpada de la transformación política. En el plano político, el pueblo sudafricano dispone hoy del derecho de sufragio y de otros derechos fundamentales, y se rige por el principio de gobierno de la mayoría. Pero en lo económico, Sudáfrica ha rebasado a Brasil como la sociedad con mayor desigualdad del mundo, dice la autora que estuvo en 2005 para tratar de entender lo que había sucedido en la transición. La autora recorre los diferentes escenarios de ese periodo y sus grandes repercusiones sociales, políticas y económicas en los diferentes apartados del Capítulo, en especial por culpa de la deuda, la aceptación del poder restringido de la ANC y adherirse al nuevo orden económico impuesto.

El Capítulo 11 “Una joven democracia enviada a la hoguera – Rusia escoge “la opción Pinochet”, la autora recorre el duro camino de la desmembración de la antigua URSS desde 1987. Y los ultimátum que el G-7 y el FM en 1991 le dio prácticamente imponiéndole una terapia de shock radical de inmediato. Yeltsin forzó la dimisión de Gorbachov y provoco la brusca disolución de la Unión Soviética, con la asesoría de Jeffrey Sachs. Yeltsin – el Pinochet de Rusia-, con un año de poder absoluto, opto por dividirse la propiedad de los inmensos recursos, reservando los mejores pedazos para los líderes… Los cuadros e imágenes sociales que describe la autora, no me fueron ajenos, no solo por relatos de amigos, sino por mi experiencia personal/empresarial en 1992. “El ruso medio consumía un 40% menos en 1992 que en 1991 y un tercio de la población cayó por debajo del umbral de pobreza”.  Sádica aventura económica, que nunca me imaginé sucedería.

La venta (expolio) de lo que Lenin había denominado una vez “los puestos de mando” de la economía nacional, las “joyas de la corona” fue el gran desastre. Yeltsin es visto por la historia, precisa la autora, más como un bufón corrupto que como un hombre duro y de aspecto amenazador. La inmensa compañía petrolera Yukos, el gigante Gazprom y Sidanko, una colosal fábrica de armamento al precio de un chalet para vacaciones…y lo más triste “el pueblo ruso, dice la autora, anticipó el dinero que se usó en el saqueo de su propio país”.  La codicia (frenesí de avaricia) iba a ser el motor de la reconstrucción de Rusia, subraya la autora.

Ya en el Capítulo 12 “El documento de identidad capitalista. Rusia y la nueva era del mercado más burdo”, la autora profundiza en detalles de lo acontecido con la economía de Rusia, en una entrevista con el Dr. Jeffrey Sachs, que nos revela el cinismo y propósitos encubierto con que actuaron los mecanismos de interés de Washington en lo acontecido. “Pregúnteselo a Larry Summers, no a mí; pregunte a Bob Rubín, a Clinton, a Cheney, lo contentos que estaban por cómo iban las cosas en Rusia”.  Y le confiesa a la autora, “Mi mayor error personal – declaro Sachs en plena debacle rusa – fue decirle al presidente Boris Yeltsin: “No se preocupe, la ayuda (del FMI) está en camino” [14].

En el Capítulo 13 “Que arda. – El saqueo de Asia y la “caída del segundo Muro de Berlín”, la autora recorre la triste trayectoria de lo sucedido en los llamados “Tigres asiáticos”, Indonesia, Malasia, Filipinas e incluso Corea del Sur. Países presos del pánico, un pánico que se volvió letal por la velocidad y la volatilidad del funcionamiento de los mercados globalizados. El FMI[15] “lo único que le interesaba era determinar cómo podía aprovechar la crisis como elemento de influencia sobre aquellos países” dice la autora.

Un inteligente y detallado análisis del expolio de estos Tigres asiáticos, que tuve que leer y releer en varias oportunidades fue la formula, que me hizo posible entender en parte, las barbaridades que esa terapia de shock había causado a esas economías. El día que firmaron el acuerdo fue bautizado por Corea del Sur, como “Dia de la Humillación Nacional”[16]. Un rastro deprimente de desigualdad, corrupción y degradación medioambiental que habían ido dejando los gobiernos cuando, uno tras otro, habían aceptado el consejo que Friedman diera a Pinochet años atrás y habían optado por considerar que era un error tratar de “hacer el bien con el dinero de otras personas”.

Pero el auge de una fuerte oposición, dice la autora, no iba a amilanar a sus partidarios en su propósito de imponer el extraordinariamente lucrativo programa del capitalismo ilimitado.

En el Capítulo 14 “Terapia de shock en Estados Unidos – La burbuja de seguridad de la patria” la autora recorre punto a punto las enredadas tramas del nuevo modelo que se implantaba en las empresas con modelos basados en la producción de artículos mediante una complicada red de contratistas y subcontratistas, como el modelo Nike o de Microsoft, lo mismo que implantaron en el Gobierno y el ejército la administración Bush: Dick Cheney, Donald Rumsfeld y el propio George W. Bush.

La multinacional Halliburton (con sede en Houston) que desarrolló osados y multimillonarios contratos con el Pentágono, recordando la autora que “Halliburton y Cheney acordaron cuando este estaba en el Pentágono, expandir el significado del término – apoyo logístico – hasta llegar a ser responsable de toda la infraestructura de una operación de Estados Unidos en ultramar” tanto en los Balcanes como en Irak y precisa: “Lo único que se necesitaba del ejercito eran los soldados y las armas; en cierto modo, serian el contenido, mientras que Halliburton dirigía el espectáculo”.

No voy a recorrer los detalles de cifras y datos en que abunda la autora del enriquecimiento acelerado de los participantes en esta especie de piñata con los fondos estatales. Lockheed Martin el mayor contratista de defensa del mundo, junto a otros fabricantes de armas recurrieron a una estrategia agresiva para poner en práctica una nueva línea de trabajo: manejar al gobierno a cambio de honorarios, dice la autora.

Lockheed Martin no dirige los Estados Unidos, pero contribuye a dirigir una grandísima parte, señala la autora y precisa: “Clasifica su correos y calcula sus impuestos. Gira los cheques de la seguridad social y elabora el censo del país. Organiza los vuelos espaciales y controla el tráfico aéreo. Para lograr todo esto, Lockheed elabora más códigos informáticos que Microsoft”

“George W Bush, señala, no destacó como gobernador en muchos aspectos, pero en uno se llevó la palma: cuando repartió entre intereses privados las diferentes funciones del gobierno para el que había sido elegido (en especial las relacionadas con la seguridad, un ensayo de la guerra privatizada contra el terror que no tardaría en desatar). Bajo su custodia, la cifra de cárceles privadas en Texas paso de 26 a 42, hecho que llevo a la revista The American Prospect a describir la Texas de Bush como “capital mundial del negocio de las cárceles privadas”.

En el apartado “Un New Deal para la Empresa” destaca los principales detalles de este nuevo enfoque y la sensación omnipresente del peligro posterior al 11S que se desató y sirvió de marco “legitimo” a todo, en especial, “el efecto de la creación del complejo capitalismo del desastre”: una nueva economía de seguridad nacional, guerra privatizada y reconstrucción de desastres… “el 11S provoco la burbuja del capitalismo del desastre”. Las celdas de Bagram y Guantánamo y el programa de “rendición extraordinaria” de la CIA, tras el pago a buen precio cualquier información sobre supuestos terroristas.

El Capítulo 15 “Un Estado Corporativista – Quitar la puerta giratoria para poner en su lugar una entrada de arco”, la autora lo dedica analizar las consecuencias e implicaciones de la aprobación en 2006 de la Ley de Autorización de Defensa que en sus 1.400 páginas George W. Bush recibía la facultad de declarar la ley marcial y “recurrir a las fuerzas armadas, incluyendo la Guardia Nacional”, pasando por encima de los deseos de los gobernadores, en el caso de una “emergencia pública” con el fin de “restaurar el orden público” y “suprimir” el desorden.  La autora remarca en cifras y datos los efectos de las puertas giratorias entre el gobierno y la empresa, con especial énfasis en los ejemplos de Rumsfeld y Cheney.

Los Capítulos que integran la sexta parte del libro: “Irak, se cierra el círculo – Shock definitivo”, encierran valiosos testimonios, datos y cifras de esta mácula de la historia de EE.UU., que algunos no ven con la magnitud de ignominia que en realidad tiene. En el Capítulo 16 “Borrando Irak – En busca de un modelo para Oriente Medio” la autora valora prácticamente todos los ángulos y aristas de la subasta de activos de Irak como parte de la doctrina del shock, aunque “la invasión de Irak se vendió a la opinión pública sobre la base del temor a las armas de destrucción masiva” y “como en Chile en los setenta y en Rusia en los noventa: la libertad otorgada a multinacionales occidentales para alimentarse de Estados recién privatizados”, pero los efectos reales es que “la memoria profunda de toda una cultura de miles de años ha sido borrada” como señala Michael D. Lemonick en el Times en “Lost to the Age” el 28 de abril de 2003 o Louise Witt en Salon.com en “The End of Civilization” el 17 de Abril de 2003.

En el Capítulo 17 “Un Blowback ideológico. Un desastre muy capitalista” la autora enjuicia con acierto los desaciertos de la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA por sus siglas en inglés) instalada en un antiguo centro de conferencias de Sadam en Bagdad. “En Irak, Washington suprimió a los intermediarios: el FMI y el Banco Mundial que quedaron relegados a papeles secundarios, mientras Estados Unidos fue el protagonista absoluto”. Como un simple ejemplo: “los inversores podían llevarse el 100% de los beneficios que obtuviesen de Irak fuera del país; no se les exigirían reinversiones ni el pago de impuestos”. (Ver Paul Bremer y la CPA en Internet para más detalles)[17].

“En Irak, el experimento, dice la autora, penetró en un terreno totalmente nuevo al convertir la invasión, la ocupación y la reconstrucción en un interesante mercado completamente privatizado. […] La ceguera ideológica de Bremer, precisa, tuvo tres consecuencias concretas: perjudicó la posibilidad de la reconstrucción al retirar de sus puestos a gente preparada; debilitó la voz de los iraquíes seglares, y llenó la resistencia de personas furiosas. […] La Autoridad Provisional de Coalición (CPA por sus siglas en inglés) estaba demasiado privatizada para privatizar Irak, sentencia la autora. Después de distribuir el dinero entre los contratistas, la CPA desapareció”.

El Capítulo 18 “Se cierra el círculo. De tabla rasa a tierra arrasada”. Paul Bremer descartó el plan original de Estados Unidos que consistía en convocar una gran asamblea constituyente y decidió escoger a dedo a los miembros del Consejo de Gobierno iraquí. En noviembre de 2003 canceló las elecciones locales y después de un viaje relámpago a Washington, anuncio que las elecciones generales estaban borradas del programa. “Si los iraquíes tuviesen libertad de elegir el próximo gobierno, y si ese gobierno tuviese poder real, precisa la autora, Washington tendría que renunciar a dos de los principales objetivos de la guerra: el acceso a Irak para sus bases militares y el acceso total al país para las multinacionales estadounidenses”,

Un detallado relato de la autora en este capítulo de todos los pasos que llevaron a los “Shock corporales” que desencadenaron el escándalo mundial de las torturas de Abu Ghraib. “Se acabaron las contemplaciones con los detenidos” … (Ver los detalles de esta macabra orden en “Email from Cpt. William Ponce”, PBS Frontline: The Torture Question, Agosto de 2003 – https://www.pbs.org/wgbh/frontline/film/torture/ -). Todo estaba pensado y calculado. La “Cruz Roja afirma que los oficiales militares estadounidenses han admitido que entre un 70% y un 90% de las detenciones (de Abu Ghraib) en Irak fueron errores”. Este ha sido uno de los capítulos más fuertes del libro, porque lugares y situaciones que conocí y me fueron familiares durante los años de trabajo en Irak: Karbala, Samarra, Mosul, Basora o Nayaf ahora eran escenario de brutalidades monstruosas, que los tribunales calificaron de abiertamente genocidas. Ha sido el capítulo, de mayores subrayados y notas al margen durante mi lectura.

Los Capítulos que integran la séptima y última parte del libro: “LA ZONA DE SEGURIDAD MOVIL – Zonas de separación y Muros de protección”, enfrenta en su Capítulo 19 “Despejando la Playa – El segundo tsunami” recorre los hechos y actuaciones generadas a partir del tsunami del 26 de diciembre de 2004 de la costa de Sri Lanka, que acabo con la vida de 250,000 personas y dejo sin hogar a dos millones y medio de personas en toda la región, que fue aprovechado para que se aprobase una agenda profundamente antipopular, el llamado “plan para trasladar a los pescadores de la playa” y realizar una reconversión urbanística a escala gigantesca. “Una reconstrucción que significaba nada menos, dice la autora, que la destrucción deliberada de su cultura y forma de vida y el robo de su tierra de los esrilanqueses”. Relata con detalles todos los intentos anteriores al desastre natural, y las actuaciones de urgencia que se despertaron después, “como el saqueo que sigue a la guerra”, precisa. Encuentra similitud entre el modelo del huracán Mitch aplicado en Centroamérica y el aplicable, a un nivel superior, en Sri Lanka después del tsunami. Como una “ola más amplia”, que analiza y desgrana en apartados específicos de este capítulo.

El Capítulo 20 “El Apartheid del desastre – Un mundo de zonas de seguridad y zonas desprotegidas”, analiza la experiencia de desastre del Katrina en Nueva Orleans en 2005 y las lamentables descoordinaciones entre autoridades de FEMA y demás entes Federales y Locales que tuvieron que actuar en socorrer a los damnificados del ciclón. Enfatizando la cultura prevaleciente que “había dejado ahogarse a los residentes más pobres de Nueva Orleans”.

Según los conceptos de la Teoría de Milton Friedman “El Katrina fue una tragedia, pero era también una oportunidad” como escribió en la columna del Wall Street Journal, sin el más mínimo escrúpulo para aportar “Ideas pro libre mercado para dar respuesta al huracán Katrina y al alto precio del gas”. Los mismos errores cometidos en Irak, fueron inmediatamente repetidos en Nueva Orleans, que la autora considera que más que errores son planes estrictamente estudiados. Un gran despliegue de cifras y datos, referencias e informaciones nos sitúan la inmensa corrupción que sirvió el huracán para beneficio de las empresas contratistas del tipo Halliburton/KBR[18] que construía prisiones para inmigrantes para el gobierno federal. Vergonzosas cifras que dejan al descubierto que “el verdadero Estado, dice la autora, mientras tanto, ha perdido su capacidad para llevar a cabo sus funciones esenciales sin la ayuda de los contratistas”.

En el Capítulo 21 “Perder el incentivo de la Paz – Israel como advertencia” la autora recuerda las sentencias del Foro Económico de Davos, Suiza, de 2007, en que se analizo los shocks a los que se había enfrentado la economía: “La quiebra de la bolsa después del año 2000; las atrocidades terroristas del 11 S; las guerras de Irak y Afganistán; fricciones respecto a las políticas estadounidenses; una subida repentina de los precios reales del petróleo hasta niveles no vistos desde los años setenta; el cese de las negociaciones de Doba (de las conversaciones de la OMC) y el enfrentamiento respecto a las ambiciones nucleares de Irak”.

En uno de los párrafos, la autora precisa como conclusión: “los ricos y poderosos causan deliberadamente las catástrofes con el fin de explotarlas”. Y párrafo mas adelante sentencia: “Un sistema económico que requiere estar en constante crecimiento mientras quita de en medio casi todos los intentos serios de regulación medioambiental genera una constante corriente de desastres, ya sean militares, ecológicos o financieros”.

En un apartado dedicado a: “Israel y el desastre permanente del Estado del apartheid” la autora analiza lo que denomina el nuevo statu quo: la inestabilidad es la nueva estabilidad. Y precisa, “durante la gran parte de la pasada década, Israel ha experimentado, de manera reducida, su propio dilema de Davos: las guerras y los ataques se han ido incrementando pero la Bolsa de Tel Aviv ha alcanzado niveles record al lado de toda violencia”. La situación política de Israel es, y la mayoría están de acuerdo, desastrosa, pero su economía nunca ha sido mas fuerte, con unas tasas de crecimiento que rivalizan con las de China. Y añade: “El hecho de que Israel continúe disfrutando de prosperidad económica, incluso cuando lleva a cabo guerras contra sus vecinos y escaladas de brutalidad en los territorios ocupados, demuestra solo cuán peligroso es construir una economía basada en la premisa de la guerra continua y en los cada vez mas profundos desastres”.

Recorre con detalles y cifras los pasos posteriores dados a los Acuerdos de Oslo, la llegada de los judíos rusos en los noventa, que se convirtieron “en el propergol de la industria tecnológica de Israel”, así como la evolución del lado palestino del conflicto que con excepción de la elite corrupta en torno a Arafat, los palestinos estuvieron ausentes del boom post Oslo”.  La autora precisa que “aunque insistentemente presentada por los israelíes como una oferta incomparable de generosidad, Camp David apenas habría proporcionado reparación a los palestinos que habían sido forzados a abandonar su tierra y hogares cuándo se creó el Estado de Israel en 1948, y estaba lejos de satisfacer los derechos mínimos para la autodeterminación palestina”.

Todo un complejo proceso y etapa, en que “la seguridad es mas importante que la paz”, según dijo a la revista Fortune, Len Rosen, un importante agente financiero israelí. (Ver “Prosperity without peace” de N. Schwartz en CNN Money) [19]. Relata con detalles ls logros de la industria israelí vinculada a la seguridad, desgranando sus hitos principales desde los sistemas de videovigilancia Verint de Converse, pasando los cortafuegos en las redes de ordenadores del gigante Check Point hasta el sistema psicológico de reconocimiento de pautas de comportamiento desarrollado por New Age Security Systems. “No es casual, dice la autora, que la decisión del Estado israelí de colocar el antiterrorismo en el centro de su economía de exportación haya coincidido, precisamente, con el abandono de las conversaciones de paz”. Y precisa: “El cambio en la dirección política en el sector de los negocios ha sido espectacular” y agrega la noticia de Susan Lerner del Jerusalem Post el 17 de noviembre de 2006: “Israelí Companies Shine in Big Apple”.

La autora cierra el libro con un Capítulo de Conclusión: “EL SHOCK SE GASTA – El auge de la reconstrucción popular” en el que resume el recorrido de sus mas de 600 paginas y puntualiza o remarca los que considera mas significativos, desde los llamados neocons – herederos intelectuales de Friedman en Estados Unidos que impulsaron el complejo del capitalismo del desastre, pasando por lo sucedido en Chile, Uruguay, Argentina, Bolivia, Brasil, Rusia, Polonia, China, Sri Lanka, etc. Todas las ventanas de oportunidades que forzaron a surgir a raíz de un shock traumático y que permitían la voraz codicia del capitalismo salvaje.

Un estupendo libro. Fuerte en los datos y análisis, pero muy bien documentado/referenciado, que le ha convertido en uno de mis LIBROS de CONSULTA de referencia, pasando a ocupar un lugar en la estantería, donde están “mis incunables” sobre temas sociales o políticos, como dije al principio.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 31 de diciembre de 2020[20]

[1] Halliburton es una corporación estadounidense que, dedicada a la prestación de servicios en los yacimientos petroleros, actualmente desempeña su labor en más de setenta países. Posee cerca de 300 empresas subsidiarias, afiliadas, sucursales, marcas y divisiones en todo el mundo como presidente de ella el ING de GAS Fady mehtar. Dick Cheney, quien era consejero delegado de Halliburton desde 1995, se marchó de la empresa durante la campaña de las elecciones presidenciales del año 2000 con una indemnización por despido de 36 millones de dólares.

[2] CIA, “Kurbark Counterintelligence Interrogation” julio 1963, págs. 1 – 101 <www.gwu.edu/~narchiv>

[3] Milton Friedman (Nueva York, 31 de julio de 1912-San Francisco, 16 de noviembre de 2006) fue un economista, estadístico e intelectual estadounidense de origen judío ganador del Premio Nobel de Economía de 1976. Profesor en la Universidad de Chicago, fue uno de los fundadores de la Escuela de Economía de Chicago, una escuela económica de economía clásica defensora del libre mercado. Junto a John Maynard Keynes y Friedrich Hayek, Friedman es considerado uno de los economistas más influyentes del siglo XX

[4] Covert Action in Chile, 1963 – 1973: Hearings of the Select Committee to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities: Volume 7. Staff report of the select committee to study governmental operations with respect to intelligence activities. United States Senate

[5] Se ha sabido que la Fundación Ford se convirtió en la principal fuente de financiación de su trabajo, en la década de 1960. La Fundación Ford no se trataba de que fuera una institución intrínsecamente conservadora, acostumbrada a trabajar codo con codo, no frente a frente, con la política exterior oficial de Estados Unidos. En la década de 1950 la Fundación Ford actuó muchas veces como tapadera para la CIA. El libro “La CIA y la guerra fría cultural” de Frances Stonor Saunders, lo documenta.

[6] Tony Benn dijo “Cada vez parece mas evidente que lo que está en juego no son las islas Malvinas, sino la reputación de la señora Thatcher”.

[7] Jeffrey Sachs era un economista joven del Departamento de Economía de Harvard

[8] Harlan K. Ullman y James P. Wade, “Shock and Awe: Achieving Rapid Dominance” Washington, D.C., NDU Press, 1996, pág. xxv.

[9] El Banco Mundial descubrió que el 54% del total que Argentina había pedido prestado en el extranjero se había transferido fuera de las fronteras.

[10] Adam Michnik es el redactor jefe del importante periódico polaco Gazeta Wyborcza, Fue uno de los principales organizadores de la ilegal oposición democrática en Polonia. Historiador, ensayista, publicista político.

[11] Francis Fukuyama (Chicago, Illinois; 27 de octubre de 1952) es un politólogo estadounidense. Ha escrito sobre una variedad de temas en el área de desarrollo y política internacional. Recibió su título de grado en estudios Clásicos de Universidad de Cornell, y su doctorado (Ph.D.) en Ciencias Políticas de Harvard. Fue miembro del Departamento de Ciencias Políticas en la Corporación RAND, y del equipo de Planeamiento Político del Departamento de Estado, en Estados Unidos.

[12] Wang Hui, “China’s New Orde: Society, Politics, and Enconomy in Transition” Cambridge (Massachusetts) Harvard University Press. 2003.

[13] “South Africa; Tutu Says Poverty, Aids Could Destabilise Nation”, AllAfrica.com, 4 de November de 2001.

[14] Pero el problema no estribaba únicamente en que el FMI y el Tesoro estadounidense no hubiesen escuchado a Sachs, sino también en que Sachs había instado a poner en marcha la terapia de shock antes de que contara con garantía alguna de que en una u otra institución le iban a escuchar: una arriesgada apuesta por la que millones de personas acabarían pagando un precio muy caro.

[15] El FMI suele ser descrito como un títere del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, pero rara vez han sido tan visibles los hilos que lo mueven como lo fueron durante aquellas negociaciones. Para asegurarse de que los intereses de las empresas estadounidenses quedaban protegidos en los acuerdos finales.

[16] Ver el artículo de Michael Lewis “The World’s Biggest Going-Out of Business Sale” en New York Times Magazine, del 31 de mayo de 1998.

[17] Lewis Paul «Jerry» Bremer III (nacido el 30 de septiembre de 1941) es un diplomático estadounidense. Dirigió la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA) tras la invasión de Irak en 2003 por Estados Unidos, desde mayo de 2003 hasta junio de 2004.

[18] Halliburton envía el 87% de sus contribuciones a las campañas electorales del Partido Republicano.

[19] https://money.cnn.com/magazines/fortune/fortune_archive/2005/06/13/8262547/index.htm

[20] Un año pandémico del COVID-19, que como los horrores descritos en este libro son para no olvidar.