La deslumbrante mente de los intérpretes

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Patricia Román, Universidad Loyola Andalucía

Con 6 idiomas oficiales en la ONU, una reunión en este foro multilingüe requiere al menos 14 intérpretes. Muchos más son necesarios para entenderse, con 24 lenguas oficiales, en cualquier encuentro de líderes de la comunidad política europea.

Dice Judith Kroll, una de las investigadoras más relevantes en el campo de la psicolingüística, que la persona bilingüe hace malabares con los idiomas por los procesos mentales que implica hablar más de una lengua. Sin embargo, no existe un símil para quien trabaja como intérprete simultáneo. Es decir, quien escucha un discurso y lo retransmite en tiempo real traducido a otro idioma, con solo 3 o 4 segundos de diferencia. Veamos por qué.

La interpretación simultánea

Piense en una conversación cualquiera. Las personas hablamos a un ritmo medio de unas 150 palabras por minuto y el habla es una señal auditiva continua donde, una vez pronunciado un sonido, éste desaparece.

Ahora, piense en una intérprete cualquiera de una cumbre internacional, el Congreso de los Diputados español o un juzgado: escucha un fragmento en un idioma A, lo traduce y lo expresa en un idioma B mientras simultáneamente sigue escuchando el segundo fragmento del mensaje en A que tiene que mantener en memoria para poder continuar con él una vez termina de pronunciar el primero. Y así hace, sucesiva y continuamente, con múltiples fragmentos, hasta que quien habla termina su turno de palabra.

El papel de la memoria de trabajo

Para comprender la magnitud de esto, podemos considerar el esfuerzo que hacemos al mantener en la memoria un número de teléfono o el código de doble verificación de nuestro correo electrónico antes de teclearlo. Es posible que lo repitamos en voz alta y que impidamos distracciones en los pocos segundos que tarda en desvanecerse. Esto sucede porque nuestra memoria de trabajo, encargada de mantener activa y procesar la información en un momento dado, es limitada en la cantidad y tiempo que puede mantener dicha información.

Con respecto al material verbal, podemos mantener en nuestra memoria de trabajo alrededor de tres “unidades de significado” durante dos segundos, a menos que las repitamos como repetimos el número de teléfono o el código de verificación. Sin embargo, repasar es algo imposible durante una interpretación en la que se está comprendiendo en un idioma, reformulando un mensaje y hablando en otro idioma a la vez. Es decir, mientras se realizan tareas simultáneas bajo gran presión de tiempo.

La memoria de trabajo en intérpretes

Derivado de su entrenamiento y de esta demanda constante en su profesión, los intérpretes presentan mayor capacidad en su memoria de trabajo verbal que las personas no profesionales. Tanto en la cantidad de elementos que pueden mantener activos en su memoria como en la capacidad de trabajar con ellos.

Algunos estudios incluso han encontrado mayor capacidad en la memoria de trabajo visuo-espacial, es decir, aquella encargada de la información no lingüística. Una de las explicaciones que se ha dado a esto último estriba en una de las estrategias que utilizan los intérpretes para reformular rápidamente el mensaje: en lugar de traducir palabra a palabra el fragmento, el intérprete extraería el significado del mensaje en una forma conceptual no-verbal para posteriormente producirlo en el idioma correspondiente.

Otros aspectos ayudan a los intérpretes a mantener un rendimiento eficiente durante su labor: conocimientos de la materia que se va a tratar, documentación, conocimiento de distintos registros del habla, habilidades de comprensión altas para poder extraer, predecir ideas y reformularlas, o fluidez verbal, entre muchas otras.

Practicar interpretación simultánea aumenta el grosor de la corteza cerebral

Además, los estudios científicos indican que los efectos del entrenamiento formal en interpretación pueden aparecer en estudiantes incluso antes de haber comenzado su ejercicio profesional y que son observables a nivel de la actividad cerebral.

Por ejemplo, en un estudio se observó el cerebro de estudiantes antes y después de completar un máster de entrenamiento en interpretación simultánea. Se encontró que, en ese tiempo, el grosor de la corteza cerebral había aumentado en regiones como los giros temporal superior, angular o el frontal superior, áreas encargadas del procesamiento del habla y de la memoria de trabajo. Esto no se vio en un grupo multilingüe que no había recibido entrenamiento.

Interpretar no es lo mismo que hablar dos idiomas

De lo anteriormente explicado puede deducirse que la intérprete que ha imaginado al principio de este texto no es simplemente una bilingüe que traduce en contextos profesionales. Se trata de una persona con un entrenamiento y preparación exhaustivos.

A pesar de las habilidades y conocimientos que se adquieren, la interpretación conlleva una fatiga mental considerable. Esto requiere de límites en el tiempo invertido en una misma interpretación, o del apoyo de parejas o grupos para poder alternarse y descansar.

A partir de ahora, cuando vea un pinganillo en la oreja en un contexto multilingüístico, acuérdese de la persona que hay al otro lado del pinganillo y de todo el trabajo que hay detrás de un buen entendimiento.The Conversation

Patricia Román, Profesora de Psicología Experimental, Universidad Loyola Andalucía

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas