La colaboración entre disciplinas facilita resolver problemas (incluso la COVID-19)

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Ana Arribillaga, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Alaitz Aizpurua Sanz, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Igone Aróstegui Barandica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Joana Jaureguizar Alboniga-Mayor, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Nagore Guerra Bilbao, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Naiara Berasategui Sancho, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

En esta época de bulos y de noticias falsas echamos de menos ideas. Las “buenas ideas” surgen desde el conocimiento, desde la reflexión, de la argumentación y de la contraargumentación. Por eso es tan importante el conocimiento cooperativo y compartido. El concepto de interdisciplinar hace alusión al estudio o actividad que se realiza con la cooperación de varias disciplinas.

La cooperación entre disciplinas diferentes permite analizar los hechos desde miradas múltiples y variadas. Los hechos analizados de este modo ayudan a observar la realidad de manera más completa. Enfrentar la COVID-19 no es solo enfrentar un virus, es intentar comprender su estructura, cómo surge y se desarrolla, cómo actúa en diferentes personas según su nivel de inmunidad, sus patologías previas…

Es diseñar también planes de actuación individuales, sociales y económicos, por lo que no es suficiente con que microbiólogos, médicos de diferentes especialidades y epidemiólogos trabajen conjuntamente. También sociólogos, psicólogos, abogados y políticos, entre otros, deben cooperar entre sí para enfrentar al virus y sus consecuencias.

El virus es dinámico y cambiante

La realidad no es una foto fija, es dinámica y cambiante, y el virus también tiene estas características. Comprenderlo realmente requiere tratarlo en interacción con toda la serie de aspectos que le influyen y sobre los que influye. Requiere ser observado, comprendido y tratado como una suma de elementos dinámicos en constante interrelación.

Si la cooperación entre disciplinas es imprescindible, compartir las diferentes miradas de la realidad no lo es menos. Cada persona es diferente, como también lo es su mirada de la realidad. Dos especialistas en microbiología, por ejemplo, aunque tengan los aprendizajes y las competencias propias de esa formación, no observaran la realidad exactamente del mismo modo.

Evitar el sesgo

Cada observador, de modo involuntario, parcela la realidad y se fija más en alguna de sus partes. Es lo que se denomina prejuicio o sesgo cognitivo, y está relacionado en muchas ocasiones con motivaciones de tipo emocional o moral.

La intensidad de la pandemia, además, por no hablar del miedo, obliga a actuar con mucha rapidez, lo que incrementa la tendencia a focalizar la atención en lo que confirma nuestras creencias e ignorar lo que nos lleva la contraria. Esto hace que sea más importante que nunca compartir miradas para limitar distorsiones, juicios imprecisos o visiones parciales.

Más allá de países y fronteras

La propagación del virus evidencia y subraya la interdependencia más allá de organizaciones administrativas, de países y fronteras. Nos obliga a observar y a observarnos de modo interdependiente y de modo más interconectado que nunca. Empuja a observar cómo y por qué hacen lo que hacen especialistas en otras realidades. Obliga a tener en cuenta su conocimiento, a explicar el nuestro, a compartir resultados. Sin todo ello, la respuesta hubiera sido diferente y, probablemente, menos rápida. Confirma lo importante que es la actitud de interdependencia entre profesionales y, también, entre los individuos de “a pie”.

Sin embargo, la excesiva especialización, la educación desde materias concretas, a veces demasiado compartimentadas, no facilita esta visión cooperativa y compartida. La educación, excepto en las primeras etapas, subraya el aprendizaje academicista, muy centrado en la materia y, por eso, en tantas ocasiones descontextualizado.

Aprendizaje basado en problemas

Para superarlo, la Facultad de Medicina de la Universidad de McMaster, en Canadá, ya en la década de los 60 diseñó la metodología denominada Aprendizaje Basado en Problemas. El currículum se organizó a partir de diferentes situaciones de la vida real relacionadas con distintas áreas de conocimiento, para desarrollar habilidades de trabajo interdisciplinar, cooperativo y compartido.

Con la metodología “Estudio de casos”, que persigue ese mismo fin, desde 2017 seis profesoras de la UPV/EHU, hemos venido realizando la experiencia de trabajar un mismo caso real en los grados de Educación Social, Psicología y Educación Primaria.

El caso describe el comportamiento de un escolar, su situación familiar, el modo en que se organiza la clase, el comedor, el patio y el centro. Abordar las particularidades en su escolarización teniendo en cuenta el resto de variables permite un enfrentamiento más interdisciplinar.

Cuatro disciplinas diferentes

Al ser cuatro las disciplinas diferentes desde las que trabaja, ha sido necesario coordinar tiempos, reuniones, diseñar secuencias y planes de actuación que consideren horarios, alumnado, docentes, materias y competencias.

El estudio de caso se centró, como decimos, en el contexto escolar, donde con frecuencia diferentes profesionales tienen que colaborar para lograr un acuerdo sobre un plan de intervención que se desarrolle con un niño, grupo de estudiantes, familia, institución…

Específicamente, los autores formaron equipos interdisciplinarios integrados por futuros docentes, educadores sociales y psicólogos para analizar el mismo caso desde un punto de vista sistémico y colaborar en el diseño de una intervención.

En total, 370 estudiantes de campus y grados diferentes y 6 profesoras de la UPV/EHU participaron en la experiencia. El proceso tuvo diferentes fases: fase previa en la que profesorado y estudiantes, a partir de lecturas referidas a la teoría ecológica de Bronfenbrenner, contrastaron sus ideas previas acerca del significado de cooperación e interdisciplinariedad; fase de implementación, donde el estudio de caso se desarrolló durante 15 semanas en grupos interdisciplinares; y la fase posterior donde además de realizar propuestas concretas de intervención, completaron un cuestionario acerca de su propio proceso de aprendizaje. El análisis de estas propuestas y las respuestas del cuestionario indicaron que sus ideas previas acerca de los conceptos de cooperación e interdisciplinariedad, mejoraron claramente.

Metodología del “Estudio de casos”

Si la metodología del “Estudio de casos”, por sí misma, ya obliga a observar la complejidad de las situaciones, incorporar estudiantes de materias de grados diferentes no hace más que subrayar este aspecto.

Pero si, además, los estudiantes pertenecen a campus diferentes, trabajar conjuntamente supone superar las organizaciones administrativas y entrenar el desarrollo de esa visión interdependiente, colaborativa e interdisciplinar que demanda la crisis mundial provocada por la pandemia.

Las docentes han tenido que ir superando las mismas barreras para poder cumplir con la labor de ayudar a los estudiantes a confrontar ideas y puntos de vista, a desafiar lo que parecía evidente, a superar la compartimentación y a compartir el conocimiento.

Todo esto, que supone un gran trabajo de organización, de reunión y de búsqueda de acuerdo, ha sido intenso pero muy interesante en opinión de los dos polos de la relación. Si a esto sumamos los resultados de aprendizaje obtenidos, el esfuerzo realizado parece haber merecido la pena.

La importancia, pues, del trabajo interdisciplinar es tanta que se hace necesario ponerla en práctica desde el momento de la formación académica. Solo así seremos capaces de abordar problemas que tienen su origen en una sola disciplina, pero su solución en la suma de los conocimientos de varias.The Conversation

Ana Arribillaga, Profesora titular del departamento de psicología evolutiva y de la educación, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Alaitz Aizpurua Sanz, Profesora e investigadora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Igone Aróstegui Barandica, Profesora del Departamento de Didáctica y Organización Escolar , Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Joana Jaureguizar Alboniga-Mayor, Profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Facultad de Educación de Bilbao, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Nagore Guerra Bilbao, Profesora de Educación Social, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Naiara Berasategui Sancho, Profesora en el Departamento de Didáctica y Organización escolar, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.