Juan Berrio es uno de nuestros autores esenciales, un autor que combina el cómic y la ilustración desarrollando su particular universo. Recientemente ha publicado con Litera El libro de los juegos, una obra para jugar con las imágenes y las palabras que comparte espacio con su último cómic, El niño que.

¿Qué es El libro de los juegos?

Es un libro de gran formato que trata de hacer un repaso por los juegos de palabras y los juegos visuales. Está orientado a un público familiar y, aunque algunos juegos son complicados, he intentado acercarlos a los más jóvenes a través de la mirada de los protagonistas y de las ilustraciones.

 ¿Cómo nace la obra?

Hace tres años ilustré En construcción, un libro de arquitectura para niños de la editorial Litera, un proyecto muy especial. El trabajo con las otras autoras, Sonia Rayos y Silvana Andrés, y con el editor fue enriquecedor. Así que tenía ganas de trabajar de nuevo con Litera ,esta vez en solitario. La idea de hacer un libro de juegos me venía rondando  y me terminé de decidir cuando Sara Iglesias, de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, me recordó las buenas experiencias que había tenido en sus talleres trabajando con mis juegos, impresos o animados.

Clara y Federico son los protagonistas de la obra. Dos personajes que, a pesar de la diferencia de edad se encuentran en una mutua pasión por el juego.

Clara, una niña de diez años muy despierta, ya era la protagonista de En construcción. Federico, su primo, que se aloja unos días en su casa, comparte con ella su pasión por los juegos de palabras, y juntos van haciendo un repaso por los distintos juegos posibles.  A su vez Clara, con sus ideas y sus dibujos, le va acercando a un mundo más gráfico, y de ahí que se incorporen también al libro los juegos visuales.

 El libro se divide en dos partes muy diferenciadas. En la primera parte muestras la riqueza del lenguaje y propones juegos con sus figuras más representativas.

Sí, el libro tiene esas dos partes, pero sin una línea clara que las separe, en realidad están interrelacionadas. Primero repasamos la gran variedad de juegos de palabras posibles de manera ordenada, empezando por las más sencillas combinaciones de letras y palabras (como el anagrama, el bifronte o el palíndromo), para seguir con otro tipo de construcciones de textos, y después van los juegos visuales, en los que las palabras siguen teniendo protagonismo. Creo que en esa combinación de letras e imágenes está el secreto del libro.

Esta forma de jugar entronca con tu trayectoria anterior, llena de propuestas en las que los ejercicios escolares se convertían en protagonistas.

Sí, llevo muchos años jugando con imágenes y palabras. El juego ha estado en el origen, o incluso ha sido la esencia, de algunos de mis libros –por citar alguno, recordaría Piso el barro, barro el piso– y mis historietas están plagadas de guiños. Y también he publicado colecciones de ilustraciones sobre frases de dictado, en Ejercicios de ilustración sobre textos de Ortografía Práctica, problemas matemáticos, en Aritmética ilustrada, o frases escuchadas al vuelo, en Cuaderno de frases encontradas.    

 Durante años has realizado calendarios en los que podíamos ver el modo en el que ibas desarrollando tus juegos.

Bueno, aunque hace años que dejé de hacerlos, los calendarios fueron un estupendo soporte para estos experimentos ilustrados, y una buena excusa para hacer colecciones de doce piezas, que usaba tanto para promoción cono para la venta. Empecé en los 90 con el Candelario, en el que cambiaba el nombre de los meses por otra palabra o frase que ilustraba: “enebro” por enero, “lebrero” por febrero, “no viene” por noviembre, “di siempre” por diciembre… Y seguí en el capicúa 2002 con palíndromos, en el dos mil tres con monosílabos…

En la segunda parte pasas a jugar con las imágenes, buscando el modo que se relacionan con las palabras.

En la segunda parte repaso algunos juegos visuales clásicos, intentando darles un punto de vista personal, y me invento otros, como el “claragrama” o el “federicograma”. Pero trato de que en estos juegos sigan presentes las palabras, de la misma forma que antes, en los juegos del lenguaje, estaban presentes las imágenes. Llevo toda la vida contando historias con palabras y dibujos, y me resulta difícil concebir una cosa sin la otra.

 Los juegos visuales, imágenes que cambian de sentido en función del modo de lectura, se convierten en protagonistas.

Uno de los juegos a los que siempre vuelvo es el de las imágenes reversibles, dibujos que al voltearlos descubren una ilustración diferente: desde simples caritas que al darles la vuelta  muestran un rostro distinto, hasta una imagen más compleja que cada noventa grados tiene una lectura. También hay imágenes que contienen o esconden otras. En todo momento lo que pretendo es que, más allá de un compendio de juegos para resolver, el libro sea una invitación al lector a crear sus propios juegos. Por eso Federico y Clara explican cómo inventan sus juegos, para que los niños también construyan sus imágenes múltiples o escondan sus mensajes dentro de una ilustración, por ejemplo.

 Es una nueva colaboración con Litera después de En construcción. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Litera es una editorial fantástica. Juan Romero, su editor, trata cada libro como si fuera el único, se implica en todas las fases del mismo, no solo en la parte creativa y de producción, sino también tratando de darle una larga vida al libro una vez que está en la calle. Prueba de ello es que En construcción ya se ha vendido a editoriales de Italia, Rusia y China. Tanto en este libro como en  El libro de los juegos la dirección de arte es de Ibán Ramón, y eso te garantiza un diseño excelente.

En el libro mezclas los medios mezclando cómic e ilustración de un modo natural.

Sí, tanto la historieta como la ilustración son las herramientas que he manejado siempre para contar historias y comunicarme. En el libro el uso de un tipo de lenguaje u otro está muy estudiado. Realmente, el cómic se reserva para los diálogos de los protagonistas y aparece de manera espaciada, siempre en doble página y con un tratamiento de color diferente. De esta forma he querido separar dos “voces” distintas, la de los dos personajes que introducen los juegos del libro con sus conversaciones, y la voz más impersonal, en tercera persona, que los explica.

El libro nace meses después de la aparición de tu último cómic. ¿Qué es El niño que?

El niño que es una novela gráfica que recrea las andanzas de su protagonista, un niño de seis años, en un verano de los setenta, sin más pretensión que hablar un poco de la imaginación y de la fantasía.

El título, que durante mucho tiempo era solo provisional, surgió accidentalmente. Al principio se me ocurrió que una frase del tipo «el niño que no entendía los cuentos de hadas» podía explicar las intenciones del libro, pero no me terminaba de convencer. ¿Por qué los cuentos de hadas y no los superhéroes o simplemente los relatos fantásticos? Además no me gustaba la formulación en negativo. La carpeta en las que iba guardando las ideas, los bocetos y los primeros dibujos, solo por abreviar, se llamó «el niño que», y con el tiempo le fui cogiendo cariño a esta frase sin acabar que acabó siendo el título definitivo.

¿Cómo nace la obra?

El origen del El niño que está en lo que luego sería el capítulo dos del libro.

En él encontramos a Luis encerrado a la hora de las siesta sin más opciones aparentemente que dormir o leer un libro de cuentos. Y vemos cómo al leer va chocando en cada uno de los relatos con las cosas inverosímiles de la narración o con detalles que le alejan de la realidad que conoce, y termina por cerrar el libro. Es entonces cuando repara en la gran enciclopedia que hay en la habitación, las letras del lomo de los tomos le llaman la atención y le sugieren nombres e historias. Después, al abrir alguno de los tomos, se interesa por las láminas o por lo más peregrino. El mundo de juegos que le sugiere la enciclopedia le resulta mucho más interesante que la lectura de los cuentos. Es un niño pegado a la realidad, y solo a partir de ella él puede despegar y volar.

Esta pequeña historia la escribí mientras preparaba una charla sobre mi trabajo, quería explicar de una manera más gráfica mis dificultades para entender los mundos de fantasía, pero cómo esa dificultad no me impedía imaginar a partir de lo que me rodeaba. Y cómo algo que en algún momento sentí como una limitación, después me sirvió para encontrar mi camino.

Cuesta no imaginar a Berrio de niño en las historias que cuentas. ¿Cuánto hay de autobiográfico en la obra?

Como las historias que se cuentan en El niño que son inventadas, no tenía sentido que fuera yo el protagonista. Pero Luis, este personaje creado para la ocasión, recorre los lugares y el tiempo de mi infancia. Pensé que elegir ese momento y esos sitios me ayudaría a acercarme mejor a un niño de esa edad y a la experiencia de juegos y lecturas que quería retratar.

Y recurrí a la ficción, primero, porque no tengo recuerdos claros de ese tipo de vivencias, y segundo porque así las historias son más jugosas. Desde algo inventado puedo explicar mejor cómo era yo, cómo me relacionaba con los adultos y, sobre todo, cómo me relacionaba con todas esas cosas que los adultos piensan que les gustan a todos los niños.

Las diferentes historias nos muestran a un niño que sueña, ajeno a los desvelos de los mayores, empeñados en ignorarle.

El asunto no es tanto que le ignoren o no, lo que caracteriza al niño de El niño que es la capacidad para encontrar entretenimiento en lo que le rodea, mientras que los adultos están a lo suyo. Viven a otra altura del suelo, fuman todo el rato y cuando se dirigen a los menores lo hacen con muy poca naturalidad, cuando lo intentan no consiguen conectar con ellos.

Los niños son los últimos en llegar –sus familiares y el mundo que les rodea ya estaban allí–, a veces aprenden rápido pero otras veces no entienden nada. Hacen lo que pueden. Los adultos son los raros, los que les hablan de manera distinta, los que se expresan con otro lenguaje.

Como en el propio título, cada relato parece suceder en los márgenes de una gran historia que invitas al lector a completar.

Sí, efectivamente. La novela gráfica está construida a partir de siete pequeñas historias enlazadas que nos llevan del principio al fin del verano. Los días van corriendo, el protagonista pasa de estar con sus padres y hermanos a estar con tíos, abuela y otros familiares en distintos lugares, y de todo lo que puede pasar en el verano nos quedamos con alguno de esos momentos en los que Luis da muestras de su imaginación o de su capacidad de sorpresa. Y responde como puede ante lo que no comprende.

Tenía especial interés en que algunos capítulos giraran en torno a los cuentos infantiles, los cómics y algún aspecto de la religión.

La obra muestra un compendio de tu trayectoria, mostrando los lugares por los que han transitado tus libros.

Supongo que uno no puede escapar de las cosas que le interesan. Y aunque los argumentos de cada uno de mis cómics sean diferentes, y aunque ahora haya retrocedido a los años setenta, o utilice localizaciones reales por primera vez, supongo que hay muchos temas de fondo que me gustan o me obsesionan, y que de manera consciente o inconsciente están presentes.

Y aunque cambien las historias, siempre tendrán en común mi manera pausada de contar las cosas y mi estilo gráfico.

El paseo, el descubrimiento de la ciudad, de sus lugares mágicos, es uno de esos lugares comunes en tu obra.

Esta vez la ciudad no aparece mucho, pero sí tiene protagonismo en el primer capítulo. El trozo de calle entre la casa la familiar y el quiosco de prensa se convierte en un escenario maravilloso para las aventuras imaginadas de Luis. Es la calle de siempre, una acera mil veces recorrida, pero le basta para sus juegos. Aquel trozo de calle no tiene nada especial, podía haber sido cualquier otro, pero es su trozo de calle, su lugar seguro, y más aún porque está cerca su padre.

Hasta ahora había preferido que mis historias transcurrieran en ciudades y parques imaginarios. Inevitablemente se parecían a Madrid, pero yo nunca dibujaba lugares representativos, de alguna manera quería que fuera una ciudad neutra, sin catedrales ni edificios oficiales, que todos pudieran reconocer como suya; a veces aparecía el mar detrás de las casas. Sin embargo esta vez he querido usar localizaciones concretas, las de mi infancia: Madrid, Huesca y el Balneario de Panticosa.

El trabajo de documentación y reconstrucción ha sido interesante. En el caso del Balneario ya no existen las villas y hoteles de mi infancia, está todo transformado, y me ha costado reconstruir algunos rincones.

Quizás el capítulo dedicado a la enciclopedia nos muestra el Berrio más lúdico, siendo los libros su parque de juegos favorito, algo que lo empareja con El libro de los juegos.

Quizá desde el punto de vista lúdico es más completo el capítulo de la orla porque el protagonista organiza un juego mucho más elaborado. Pero sí, sin duda los libros me fascinan, no solo por lo que cuentan, también me encantan los libros como objeto. Un libro en un idioma que no conozco puede ser igualmente fascinante.

Los libros son importantes, pero intento explicar que casi detrás de cualquier objeto y circunstancia puede saltar la chispa que ponga en marcha la imaginación y el juego. Unas piedras, los lápices (por supuesto), una orla de un oftalmólogo, una enciclopedia cerrada o cada uno de los tomos abiertos…

Los cómics nos muestran aquellos juegos de superhéroes y supervillanos.

Este es un gran problema para Luis, los cómics le atraen pero no termina de entenderlos, topa con unos códigos que desafían las leyes de la naturaleza que él conoce. Es como si le faltara un manual de instrucciones para comprender a estos personajes. ¿Por qué uno puede volar y otro no, o por qué uno tiene una fuerza extraordinaria y luego la pierde? Todo eso hace que pierda el interés. En el capítulo cuatro hay un momento en el que puede elegir un tebeo y él prefiere uno de Popeye, un personaje más simple y tierno que los superhéroes de su hermano.

El protagonista es un niño con un profundo mundo interior pero no es, para nada, solitario, compartiendo con la cuadrilla esa inmensa capacidad fabuladora de los más pequeños.

Los otros niños están por todas partes, con ellos comparte códigos e intereses, es posible entenderse con ellos… Sin embargo los adultos son unos seres raros que no aciertan a decir lo que quieren decir, y no terminan de saber manejar su autoridad. Para Luis existe un abismo, claramente no los entiende.

La idea del descubrimiento, de intentar entender la vida y la muerte está muy presente en el libro.

Luis y su hermano viven con mayor naturalidad la muerte de un niño (que además no conocen o no recuerdan) que los adultos que quieren protegerles y sobreactúan. Yo diría que más que reflexión, lo que hay es un aprendizaje o un acostumbramiento a esas cosas de la vida: puedes volver un verano y que alguien que conociste ya no esté, o puede pasar en un pueblo de montaña que un montañero se accidente.

En casa, en el colegio, en la iglesia los adultos dan respuestas simples a problemas complejos que al protagonista le valen, le parecen suficientes y claras. Lo malo es que las propias personas mayores no se creen esas respuestas simples.

Es muy frecuente escuchar que el tiempo de las historias cortas y los recopilatorios ha pasado. En tu caso, es un formato que manejas con destreza, y libros como El niño que son la prueba de que aún quedan muchos recursos por explorar utilizando sabiamente los recursos.

Es verdad que no se encuentran muchos recopilatorios de historias cortas, publicaciones quizá solo reservadas a autores con mucho tirón o a especialistas en ese formato. Yo aprendí a hacer historieta trabajando en breves extensiones y siempre me gustó.

Pero para mí El niño que tiene sentido como obra conjunta, como novela gráfica, por más que sus historias se puedan leer por separado.

El libro nació en un contexto complejo, con una pandemia que ha imposibilitado el contacto con el público. Como autor, ¿cómo vives esta situación?

Es innegable que el momento no fue bueno, y no fue bueno para nadie, y tal vez seguirá siendo así durante un tiempo. Pero lo cierto es que no pienso mucho en ello, o lo hago es de una manera reposada, sin buscar soluciones urgentes.

Como en el caso del gato de Schrödinger, algunos libros han quedado confinados en un tiempo en el que no se puede saber si están vivos o no.

Uf, no sé si la mecánica cuántica puede explicar la vida de los libros.

Es verdad que fueron meses sin ferias, sin firmas, sin contacto directo con el lector, con tantas complicaciones para los libreros, con cierres de ciudades y de barrios, es difícil saber cuál habría sido la vida de nuestros cómics en las circunstancias anteriores. Pero qué más da, lo que nos ha tocado vivir es esto. La pandemia nos iguala, pero antes de que el maldito virus se instalara entre nosotros también surgían dificultades: cuando el lanzamiento del libro no coincidía con crisis en la propia la editorial lo hacía con un problema de salud de alguien cercano. Lo raro era que todo estuviera bien. Esta es una industria pequeñita y es difícil que se conjuguen los astros para que todo salga bien.

En cualquier caso el gato está vivo porque los libros tienen ese poder.

El niño que es tu primera obra con Nuevo Nueve, la nueva apuesta de Ricardo Esteban que poco a poco se va consolidando. El libro está trabajado con mimo y cariño en el diseño y la edición. ¿Cómo ha sido la experiencia con la editorial?

El libro está bien editado, la impresión es buena, y además pude rematar el libro con una diseñadora de confianza, Natalia Martínez. Tampoco han ido mal las ventas.

Me gustaría que la editorial completase bien su trabajo, es pequeña, son muy pocas manos y a veces parecen más interesados en sacar cuarenta títulos al año que en mimar cada uno de los libros. Tienen por delante un trabajo emocionante y creativo: todo lo que tiene que ver con prensa y promoción, explorar mercados…

Los dos libros comparten espacio en las estanterías. ¿Crees que hay una relación entre ambos?

Son libros muy diferentes, uno es narrativo y otro más bien informativo, y aunque puedan compartir lectores, nacen para públicos distintos. La técnica y el tratamiento del color tampoco tienen que ver. Pero es verdad que, inevitablemente, ambos comparten mis obsesiones, mis temas favoritos y mi gusto por el juego.

 En  El niño que parece haber una contención en los recursos. Utilizas una paleta de color muy ajustada que muestra la sutilidad del trabajo generando diferentes atmósferas y momentos frente a El libro de juegos, en el que te permites jugar con el color y las formas de maneras muy distintas.

El niño que está dibujado con tinta china y acuarela, con alguna corrección digital entre medias y al final del proceso. La paleta de color pretende acercarnos a esos años setenta con tonos apagados que varían en cada capítulo y en cada localización. Además de que la propia historia te lleva hacia un estilo, una técnica y una paleta, yo cada vez me siento más a gusto con las técnicas de color tradicionales.

Para El libro de los juegos elegí una técnica muy diferente. La línea es de pluma y rotulador y el color digital con una paleta rica y variada en la que predominan, como muchas veces en mis trabajos, los naranjas, verdes, y azules y amarillos que se acercan al verde.

¿Proyectos?

Estoy en un momento de poner en marcha proyectos, tengo varios frentes abiertos. Quiero seguir con los historias de Tristán y Claudia, esos personajes que nacieron en las páginas de «La Resistencia», y que han protagonizado algunos de mis libros, como Te quiero o Piso el barro, barro el piso, y además han aparecido en múltiples historias cortas o encargos promocionales. Además, estoy preparando un cómic infantil. También me gustaría seguir explorando las posibilidades de los juegos… Y quiero repasar alguno de los proyectos que tengo esbozados en mis cuadernos.

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