Tras la derrota en el referéndum sobre la reforma constitucional, Matteo Renzi se ha reunido con el presidente de la República, Sergio Mattarella, pero no le ha entregado todavía su dimisión. Mattarella quiere que se quede hasta la aprobación, en los próximos días, de las cuentas de 2017. Solo después el presidente de la República decidirá si impulsar un Gobierno de transición o si convocar nuevas elecciones. Se ha abierto una crisis en Italia que puede afectar también al euro y a la UE.

La derrota del primer ministro italiano, Matteo Renzi, en el referéndum sobre la reforma constitucional del domingo ha sido contundente. Con una alta participación, el 59,1% de los italianos ha votado “no” a una reforma que se proponía modificar 47 de los 139 artículos de la Constitución antifascista de 1948, favoreciendo una concentración de poderes en el Ejecutivo y una recentralización de todo el sistema político

Aunque algunos han leído este resultado como una prueba más del avance del populismo y del antieuropeismo, como en el caso del brexit, el análisis del voto italiano es mucho más complejo y de difícil lectura. Es cierto que en el heterogéneo frente del “no” existían también sectores populistas, como la xenofoba Liga Norte, un Berlusconi en horas bajas o el ambiguo Movimiento Cinco Estrellas (M5E) liderado por el cómico Beppe Grillo. Sin embargo, sectores críticos con Renzi del mismo Partido Democrático (PD), con el ex primer ministro Massimo D’Alema y el ex secretario general Pier Luigi Bersani a la cabeza, y todo lo que queda de la izquierda, desde el nuevo partido de Izquierda Italiana a los movimientos sociales, pasando por la asociación de los partisanos en la Segunda Guerra Mundial, defendió el “no” en el referéndum.

Se ha tratado, pues, de un voto en que se han juntado muchos elementos que incluyen, sin duda, un rechazo a las élites italianas e internacionales. No se olvide que la patronal, el Financial Times, JP Morgan, Angela Merkel y Jean-Claude Juncker auparon a Renzi. Pero en el voto se encuentra sobre todo la defensa de los valores de la Constitución antifascista de 1948 y un fuerte rechazo a una reforma mal escrita y a la arrogancia de Renzi, que impuso cambios sustanciales en la Carta Magna italiana, partiendo en dos el Parlamento y el país. Asimismo, se ha tratado de un voto en contra del Gobierno del joven presidente del Consejo y a las reformas de estilo blairiano aplicadas en el último bienio, como la reforma laboral o la de la escuela, además de la pésima gestión de la quiebra de algunos bancos, ligados, para más inri, al mismo PD.

LEER MAS