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Ildefonso, enfermo de alzhéimer

Ildefonso tenía 57 años cuando le diagnosticaron alzhéimer en fase inicial, enfermedad que a pesar de que fue descubierta hace más de 110 años no tiene cura, una realidad a la que él planta cara viviendo «sin miedo» y con una idea clara: disfrutar la vida ahora porque no sabe hasta cuándo lo podrá hacer.

El mazazo del diagnóstico le llegó hace tres años —ahora tiene 60—, después de que Ildefonso, que entonces era responsable de ventas de alimentación de una gran superficie en Logroño, hubiera superado un cáncer de garganta. Al poco tiempo supo que tenía otro tumor, en esta ocasión en la vejiga, que también consiguió frenar.

El alzhéimer, enfermedad de la que este sábado se conmemora el Día Mundial, sin embargo, no tiene freno. De momento no existe ningún fármaco para curarlo y tampoco para prevenirlo, aunque si se detecta en fase inicial, como en el caso de Ildefonso, hay actividades y terapias, como la estimulación cognitiva que se muestran efectivas para, al menos, disminuir la velocidad de su progresión.

El terrible momento del diagnóstico

Así se lo dijeron los médicos después de varias pruebas que confirmaron el diagnóstico aunque en ese momento «terrible» él solo podía pensar en que era aún joven para padecerlo y en su familia: un hijo acababa de terminar la carrera y la otra empezaba biomedicina en Barcelona. «El mundo se me echó encima», reconoce.

Dejó de trabajar, una decisión que le fue muy difícil porque era feliz en su empleo pero no podía seguir. De hecho, fue por el trabajo por lo que empezó a tener sospechas de que algo no iba bien con su salud. «Llevaba 30 años haciendo lo mismo y en vez de dominarlo, el trabajo me empezó a dominar a mí«.

Relata, por ejemplo, cómo un día tenía que ir a hacer inventario a las cinco de la mañana y cuando quiso darse cuenta estaba conduciendo por una carretera distinta a la que tenía que recorrer sin saber por qué, a ese episodio le habían precedido otros.

«Empecé a tener episodios extraños. Yo vivo hace 23 años en la misma casa pero sin ser consciente me fui en dos ocasiones al garaje de la casa anterior», recuerda el hombre.

Y es que, según explica el vocal del grupo de Conducta y Demencia de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Ángel Martín, la enfermedad se manifiesta, en la mayoría de los casos, con alteraciones de la memoria y aparece mucho antes de que se desarrolle la demencia, de hecho, esta es la fase final de la enfermedad.

«Incluso —apunta el experto— algunos estudios con pacientes sugieren que el alzhéimer aparece mucho tiempo antes de que aparezca algún síntoma«, detalla.

Terapias para retrasar el deterioro cognitivo

Ildefonso superó el mal trago de su enfermedad tras acudir, aconsejado por su neuróloga, a la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer (AFA), donde, asegura, le han dado la vida. Acude a uno de sus centros cuatro días a la semana y tres de ellos tiene consulta con una terapeuta ocupacional, quien se encarga de trabajar sobre todo la memoria y retrasar lo máximo posible su capacidad cognitiva.

En este sentido, Martín, quien también es neurólogo del Hospital Universitario de La Paz (Madrid), hace hincapié en la importancia de fomentar una actividad cognitiva reglada, como la lectura o el desarrollo de la memoria y una vida social plena para tratar de retrasar el desarrollo de los síntomas en los casos de alzhéimer en fase inicial o «por lo menos» para disminuir la velocidad de la progresión.

También resalta el control de determinados factores de riesgo vascularhipertensión, diabetes, colesterol o el tabaquismo, entre otros—, de forma que una dieta saludable o hacer ejercicio físico ayudan a ralentizar el deterioro causado por la enfermedad.

Luchar y disfrutar de la vida

Una vez asumida la situación, Ildefonso lo tiene claro, va a luchar por mantener su capacidad cognitiva y seguir así todos los años que pueda y aunque el día a día es complicado «se siente igual que antes».

Viaja, sale con sus amigos, disfruta de la familia, que le está apoyando de forma incondicional, e incluso sigue cuidando de su madre y su suegra junto a su mujer.

«Tengo muy claro que tengo que disfrutar la vida ahora, he trabajado como un león, me lo he ganado y como me dice mi familia, ‘aprovecha, que el día de mañana no podrás».

«No tengo miedo, antes sí, pero según está ya mi vida de organizada no tengo miedo a nada. El día que yo pierda mi voz, la de mi mujer va a ser la mía, la voz de mis hijos va a ser la mía», añade.

Ayudar a que los enfermos como él estén mejor

Esa actitud ante la vida le ha hecho querer ayudar a los que como él tienen la enfermedad y si bien quiere dejar claro que él se encuentra en una buena situación porque tiene todo lo que necesita, hace hincapié en que hay pacientes que viven en lugares donde no pueden llegar a tener esa asistencia.

Sigue luchando también por que en España se apruebe finalmente un plan nacional de la enfermedad, que «llevan prometiendo tres años y sigue sin ser aprobado».

«Quiero que mi voz llegue para hacer ver a este país que también los enfermos de alzhéimer tenemos un problema, que hay que hay que apoyarles y estar con ellos, pido la solidaridad de todo el mundo«, reclama Ildefonso.

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Author: EFE