Ejemplar de _Bactrocera oleae_, la mosca del olivo. Alvesgaspar, CC BY-SA

España es el principal productor de aceite de oliva y aceituna de mesa. Sus más de 2,5 millones de hectáreas olivareras generan el 45 % de la producción mundial. El olivar se erige, por lo tanto, como un pilar esencial de nuestro sistema agroalimentario, con una elevada repercusión económica, social y ambiental.

La mosca del olivo Bactrocera oleae es la principal plaga de este cultivo en el área mediterránea, donde se concentra la mayor parte de la producción global. Las hembras depositan los huevos en el interior de las aceitunas y, cuando estos eclosionan, las larvas se alimentan de este fruto exclusivamente. Estos hábitos alimenticios implican tanto la pérdida del fruto por su caída prematura como la pérdida de calidad y producción oleícola.

Desde mediados del siglo XX el control de la plaga se ha realizado mediante la aplicación de productos químicos. Pero los métodos clásicos de control han demostrado ser claramente insuficientes y con efectos secundarios no deseados para los artrópodos beneficiosos presentes en el olivar, el medio ambiente e, incluso, la salud humana. Además, como consecuencia de su uso intensivo se ha observado un incremento en la frecuencia de moscas del olivo portadoras de mutaciones que confieren resistencia a estos productos.

Olivar dañado por la mosca del olivo.
Shutterstock/marcovarro

Hoy en día el empleo de los productos fitosanitarios se encuentra altamente regulado, tanto a nivel europeo (Directiva 2009/128/CE) como nacional (Real Decreto 1311/2012 recogido en el BOE-A-2012-11605). Se ha impulsado también la elaboración de normativas de Gestión Integrada de Plagas (GIP).

Esta normativa busca mejorar la gestión de las plagas al minimizar el empleo de los insecticidas, y una alternativa es el control biológico. Esta mosca pasa los meses de otoño e invierno enterrada en el suelo en forma de pupa. Los adultos emergen durante la primavera, por lo que los artrópodos depredadores del suelo pueden reducir sus poblaciones. Pero antes de favorecer su presencia en los olivares mediante prácticas agrícolas es necesario confirmar que, en efecto, se alimentan de la mosca del olivo.

Para ello hay que escarbar en los intestinos de dichos depredadores.

Mediante técnicas como la PCR es posible estudiar moléculas post mortem. El objetivo es detectar el material genético de la mosca del olivo en el tracto digestivo de los potenciales depredadores, incluso en situaciones críticas donde haya concentraciones mínimas de ADN y esté muy degradado, como sucede durante la digestión.

Para ello, nuestro equipo investigador ha puesto a punto un método basado en la PCR para detectar de manera muy específica cantidades ínfimas de ADN de la mosca del olivo.

Un punto importante para lograr esto es elegir una diana que permita la amplificación del ADN de la presa en unas condiciones tan difíciles como las citadas. Nosotros seleccionamos un fragmento el ADN mitocondrial, pues hay varias mitocondrias por célula y cada una alberga varias copias de material genético, lo que incrementa la probabilidad de éxito.

Tras diseñar cebadores específicos de mosca del olivo confirmamos la efectividad de la técnica en el laboratorio con controles como el ADN de otros artrópodos presentes en el ecosistema olivarero y diluciones seriadas de ADN de mosca del olivo en ADN de un depredador.

Después alimentamos con una sola pupa de la mosca a ejemplares del carábido Orthomus barbarus, una especie potencialmente depredadora de B. oleae, característica de los olivares del sur de Madrid. Nuestros resultados demuestran que es posible detectar el ADN de la mosca en el tracto digestivo del depredador hasta tres días después de la ingestión de la pupa.

Con el fin de estudiar las redes tróficas para un control biológico por depredación de las poblaciones de la mosca del olivo recogimos 94 artrópodos edáficos como arañas (Araneae), hormigas (Formicidae), tijeretas (Dermaptera) y escarabajos (Coleoptera) en los mencionados olivares. El análisis de su contenido gástrico reveló que el 20 % de la muestra había ingerido la mosca. Tijeretas y arañas fueron los mayores depredadores.

Este método basado en la PCR es específico y sensible, asegura la detección del ADN del insecto en el tracto digestivo de sus depredadores. Por tanto, permite evaluar y confirmar, de una manera fiable y respetuosa con el entorno, qué especies pueden ayudarnos a combatir esta plaga del olivo.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

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Author: Esther Lantero Bringas, Dra en Biología, Universidad Complutense de Madrid