Otra de esas películas apocalípticas donde, de la noche a la mañana, una familia acomodada ve su rutina adulterada, porque la Tierra se va a extinguir. Y si la vida se acaba y solo hay una oportunidad de sobrevivir, que mejor que Gerard Butler, el Leónidas de 300, para encontrar refugio seguro. Un tipo, además, que esto de la supervivencia no se le da mal, como ya demostró en RocknRolla. Es verdad que con Guy Ritchie, con mucho más gracejo y entretenimiento.

En cambio en Greenland tienes la sensación en todo momento de haber visto esto ya en la pantalla. Inmediatamente se te viene a la cabeza Deep Impact o 2012. Si bien en Roland Emmerich las imágenes de destrucción sí que tenían más fuerza. Algo que en el trabajo de Ric Roman Waugh echo de menos, salvo alguna pincelada

En este tipo de películas, a mi siempre me ha interesado más que el drama familiar, el instinto ese de sálvese quién pueda, innato a todos los humanos. O como se decía antes de toda esta corrección política: maricón el último. En 2012 se lo tomaban un poco más a broma. Aquí son más serios, y tal vez por su oportunidad histórica, llegas a sentir ese pánico de los protagonistas. Ahí le gana la partida.

Si para sobrevivir tienes que recurrir a las peores artimañas, pues se recurre. Todo vale. O el fin justifica los medios. Y realmente ahí está lo interesante de la trama. Más que el cometa en sí, del que apenas se dan algunas pinceladas, lo que me atrae de esta cinta es la lucha a contrarreloj por llegar al bunker. El caos que se desata ante la destrucción inminente. Cómo nada tiene sentido, cuando a la vida le queda un suspiro. Y también esa selección de la especie. En el nuevo mundo no se aceptan débiles. Una premonición.

A nivel interpretativo, tanto Butler como Morena Baccarin llevan el peso de la cinta, con su hijo en la ficción, Roger Dale Floyd. Cumplen los tres, aunque a veces protagonicen momentos ridículos, que les llevan a situaciones absurdas sin mucho sentido. Insisto que su melodrama no me gusta, y se hace repetitivo hasta llegar a las dos horas. He ahí otro de sus defectos, una excesiva duración por esas reiteraciones en la tragedia.

Además no se le saca provecho a rostros conocidos como Scott Glenn (Elegidos para la gloria, Silverado), Hope Davis, que puede llegar a ser una arpía de muchos quilates si se pule bien (Wayward Pines, The Newsroom) y Holt McCallany (Mindhunter), que ni siquiera sale en la promo.

Por lo demás, a los amantes de la catástrofe no les va a chirriar demasiado y pueden disfrutarla, si logran abstraerse del drama familiar. Incluso algunos podrán situar en el mapa a la desconocida y olvidad Groenlandia. Insisto: ¿será una señal?

Patxi Álvarez