Recién acabo de ver el décimo y último episodio de la quinta y definitivamente última temporada de este pináculo catódico en formato thriller mezclado con drama criminal creado para el canal Sky Atlantic por el periodista y escritor transalpino Roberto Saviano, basándose en su libro homónimo de 2006 (también dio origen en una película del 2008 libremente inspirada en la novela, pero no relacionada con la serie), también en la gestación están Ludovica Rampoldi, Giovanni Bianconi y dos amigos, Stefano Bises y Leonardo Fasoli, guionistas con experiencia en el mundo policial, autores de la serie “Squadra antimafia – Palermo oggi”, creada por Stefano Bises y Leonardo Fasoli (2009, 7 temporadas), estando en la dirección Stefano Sollima (responsable de la serie “Romanzo criminale”), Francesca Comencini y Claudio Cupellini. Una devastadora deconstrucción del mundo de los narcotraficantes, donde la amoralidad, la deslealtad, la traición priman sobre el honor y la dignidad, donde las relaciones familiares resultan disfuncionales, aquí lo importante es tener el poder como sea, en un juego darwinista incisivo, donde vale tanto la fuerza bruta como la inteligencia para manipular al adversario.

Para mí ha sido como ver un Juego de Tronos trasladándolo a nuestros días, y donde el gran Reino a conquistar es Secondigliano en Napoles (serie rodada en gran parte en el barrio de Scampia-Napoli, con otras localizaciones en Roma, Milán, Ferrara y Barcelona), y para ello los clanes no cejaran en su empeño, con alianzas de conveniencia y rupturas de estas, mostrando un nivel de violencia atávica colosal. Con todo un sinfín de humillaciones (para siempre se me quedará ver a Pietro orinar en un vaso de tubo y hacérselo beber a su lugarteniente Ciro como muestra de su sometimiento, Brutal), amenazas, torturas, asesinatos, raptos, nadie está a salvo en este micro universo, donde la venganza suele ser el motor deux machine de muchas acciones y reacciones. Mostrando un mosaico de una sociedad con metástasis, donde a todos los niveles está de una u otra forma involucrados en estos negocios espurios. Todo surtido por guiones ingeniosos, mordaces, que delinean personajes con carácter y alma propia, con evolución de los mismos, con situaciones tensas, con momentos épicos, con actuaciones sensacionales, con giros imprevisibles que te dejan ojiplático. Relatos de una crudeza que duele, despojando de cualquier glamur al mundo criminal, una mirada desmitificadora, mostrando que quien entra en estos clanes ya no escapa de su espiral de maldad, has vendido tu alma al diablo. Teniendo el talento para saber ampliar espectro de lo que se cuenta, cuando se dedican episodios a personajes secundarios para dar un enfoque más amplio de este mundillo.

Todo ello con una puesta en escena brillante, moviéndonos por el Nápoles marginal, el patio trasero (o basurero) de la gran ciudad, lugares deprimentes, pisos asquerosos, callejones sucios, moles de hormigón deshumanizadas, paredes con grafitis, dando la impresión por momentos de ser lugares postapocalípticos de donde en cualquier momento saldrán zombis. También llama la atención como muestra las viviendas de los capos, como lugares horteras, sobrecargados de decoración hasta la cursilería. Hacen creíbles las ‘aventuras’, con una fotografía dramática muy acentuada en cómo se juega con la escasa iluminación, con las penumbras, y se suma una banda sonora hip-hop fascinante del grupo Mokadelic que sirve no solo para ambientar muchas escenas, si no, también para ser la coda de cada capítulo, donde el clímax te asfixia en cada capítulo, Brutal. Con escenas de acción formidables, con persecuciones, tiroteos, explosiones, y todo esto que suena a otra más de la mafia desde el lado feísta, y me doy cuenta que describirla es limitarla, pues una tragedia griega que te imanta, te atrapa, por su modo de contar la historia y por unos personajes carismáticos que te importa lo que les pase. Excepcional en retrato de cómo funcionan los mecanismos de la venta de droga de estos camellos, como comercian en las plazas con ella, como vigilan, como se mueven en scooters, excelente.

En 2019 el personaje de Ciro di Marzio, interpretado por Marco D’Amore, dio el salto a la gran pantalla con una película, “L’Immortale” (2019), que se centraba en sus orígenes. El actor Marco D’Amore protagonizó y dirigió la película, escrita por algunos de los guionistas de la serie, es tanto una precuela como una secuela a los eventos posteriores a la tercera temporada de la serie.

La serie cubre una etapa con cada temporada, sabiendo evolucionar a cada episodio, con el choque entre Genna y Ciro que se establece como columna vertebral, su tensa relación de tiras y aflojas, con luchas cainitas, con muertes desgarradoras, hasta parecer que en el final de la tercera se han pegado un tiro en el pie con la desaparición de un protagonista, pero entonces llega la cuarta temporada y te das cuenta de que no, que la historia sigue avanzando de modo orgánico, en este caso con uno de los capos intentando ‘lavar’ su fortuna con la construcción de un aeropuerto, en paralelo uno de los personajes femeninos (Patrizia) toma protagonismo en un gran argumento. Y llegados a la quinta llega la gran batalla final (con el forzado regreso de un protagonista, esto si es una tara el modo de hacerlo regresar) en esta Guerra el enfrentamiento en este Desembarco del Rey que es Secondigliano, donde todo vuelve a ser imprevisible, y donde las relaciones paterno-filiales serán fundamentales en su devenir. Hasta desembocar en un capítulo final espléndido, una conclusión a la altura de la serie, calándote lo que les ocurre a los protagonistas, dejándote pensando un rato, Trémulo.

Y como punta de lanza de esta odisea están las fabulosas interpretaciones con sus estupendas personalidades, sería imposible abarcar todas las poderosas actuaciones y me dejaré roles: Salvatore Esposito como Gennaro Savastano, en una evolución muy marcada de cómo lo vemos al inicio como un joven advenedizo, mimado, caprichoso, que es manipulado por Ciro, a como tras un viaje a Centroamérica se transforma en cruento ser, siendo a partir de entonces un tipo despiadado, que mantendrá una tensa relación con sus padres, así como su mentor Ciro, con tics (ese modo de moverse el anillo), una mirada que te atraviesa, Aterrador; Marco D’Amore (también director de varios episodios en la cuarta y quinta temporada) como Ciro ‘El Inmortal’ está apoteósico como este sibilino sicario que ansía el poder, el trono de su patrón, sentimos como las huellas de las batallas le termina haciendo mella, mostrándolo como un nihilista melancólico, que termina empujado a vengarse de su antiguo ‘hermano’ (achacarle que en la última temporada parece haberse comido una ballena sin deshuesar); Cristiana Dell’Anna estupenda como la estoica Patrizia que poco a poco se va involucrando más y más en el clan Savastano, hasta llegar a su zenit en la cuarta temporada, donde será la Virreina que debe poner orden en el Reino heredado de Genna, muy buena; Gran Arturo Muselli en el rol de Enzo Villa ‘Sangre Azul’, destila mundo interior, rabia, energía, buenísimo; Fortunato Cerlino como el patriarca Pietro Savastano está sobresaliente en su mezcla de tipo afable común, y como de vez en cuando destapa su lado de instintos básicos necesario en este mundo para imponerse, pero como todos el premio final nunca es la felicidad; Maria Pia Calzone como la matriarca Inma resulta estupenda como esa especie de Lady Macbeth que aconseja a su marido, que mantiene una relación especial con Ciro, y que a la vez intenta que su hijo Genna madure hacia donde ella quiere, hacen de su papel una actuación Magna.

Gomorra es una ciudad bíblica tan malvada que Dios la incendió.
En mi humilde opinión es uno de los hitos de la TV del SXXI, serie a reivindicar y a ensalzar por su retrato punzante y desesperanzado de la camorra.

Patxi Alvarez