Gertrude Bell, arqueóloga y espía británica, trazó las fronteras de Irak tratando de construir paises, al estilo europeo.

Sus buenas intenciones han costado millones de muertos a las distintas tribus y pueblos que habitaban las tierras donde vivian turcos, beduinos, kurdos, árabes de distintas sectas y otros pueblos.

Gertrude Bell creía en ‘construir naciones’  y trazó con lápiz y regla las fronteras  de Irak pensando en el interés británico.

Hace 100 años de aquella intervención y seguimos sufriendo los resultados desastrosos que la intervención de las potencias europeas tuvieron en la zona.

La existencia de grandes reservas de petróleo han complicado la vida de unos pueblos que durante siglos habían vivido de forma mas o menos nómadas.

Para complacer los intereses británicas Gertrude Bell incluyó en las lindes la región norteña de Mosul, de mayoría kurda; la zona central de Bagdad, de mayoría suní; y al sur, Basora, de mayoría chií; regiones donde también había y hay minorías de yazidíes y de cristianos. Este «equilibrio impuesto» de etnias, entre las cuales se privilegió a los suníes, y la decisión de impedir un estado del Kurdistán independiente, por el hecho de ser una zona rica en petróleo pero sin considerar a la población kurda (que nada tenía que ver con los árabes), siguen hoy pesando sobre la memoria de Bell. Y sobre la geopolítica internacional actual.

Para la británica, como buena imperialista, «el árabe era como un niño muy viejo» que no podía gobernarse solo. Así conforma naciones que jamas han vivido en paz mientras sus pueblos han derramado su sangre y vagan emigrados o exiliados por todo el mundo.

Un rey impuesto

El 23 de agosto de 1921 el emir Faisal era coronado rey de Irak. Su elección había sido fruto de amplias negociaciones, conferencias en París y El Cairo pero, sobre todo, de las indicaciones de una dama inglesa que conocía el mundo árabe como la palma de su mano. Rica, elegante, amante del desierto, Gertrude Bell fue una mujer fascinante que se pasó buena parte de su vida viajando por Oriente Próximo, conviviendo y estudiando su cultura y su gente, de la que se ganó un profundo respeto.