Franco ‘El africano’ y ‘Mientras dure la guerra’

Escena de ‘Mientras dures la guerra’ (Alejandro Amenábar, 2019) en la que Francisco Franco (Santi Prego) entrega a un soldado la bandera rojigualda.
Movistar+ / Teresa Isasi

Xavier Tornafoch Yuste, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

En una de las primeras escenas de la última película de Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra (2019), Salvador Vila (interpretado por Carlos Serano-Clark), arabista, rector interino de la Universidad de Granada y amigo de Miguel de Unamuno, llama la atención del escritor vasco al ver descender de un vehículo a un grupo de militares en la Plaza Mayor de Salamanca:

Mire don Miguel, ese es Franco, el de África…

Efectivamente, el general Francisco Franco, dictador que gobernó España con mano de hierro durante casi cuarenta años, era ante todo un “militar africanista”. Formaba parte del colectivo de oficiales del Ejército Español que habían forjado su carrera en las guerras coloniales del norte de África, en el protectorado de Marruecos. Una posición opuesta a los que permanecieron en la península y cimentaron su trayectoria profesional en destinos técnicos o formativos.

Carreras militares forjadas en el combate

El general José Millán-Astray Terreros, fundador de la Legión.
BNE – Biblioteca Digital Hispánica, CC BY-NC-SA

Los “africanistas” forjaron su carrera en el combate, utilizando a menudo crueles prácticas guerreras. Así se lo recuerda a Unamuno otro de los destacados soldados de África, el general José Millán-Astray y Terreros, que también aparece como uno de los personajes principales. En una escena, Millán-Astray (interpretado por Eduard Fernández) afea a Unamuno el haber llamado “cortacabezas” a los miembros de las unidades que él dirigía en territorio marroquí.

Sea como fuere, la intervención de estos militares fue decisiva para que el golpe que dio una parte del Ejército el 18 de julio de 1936 se transformara, una vez fracasada la insurrección en la España urbana e industrial por la resistencia que ofrecieron las organizaciones obreras, en una guerra civil con frentes estables y masacres generalizadas en la retaguardia. En las dos retaguardias: la de los sublevados y la de las zonas que permanecieron fieles a la República.

La evolución de Unamuno frente al golpe

Miguel de Unamuno en el balcón de su casa en la calle Bordadores de Salamanca en octubre de 1936. Foto: Delespro.
BNE – Biblioteca Digital Hispanica, CC BY-NC-SA

De eso también se habla en la película, y de hecho ese es el núcleo argumental de Mientras dure la guerra, el horror que sintió un académico heterodoxo como Miguel de Unamuno. El filósofo está inicialmente predispuesto a dar apoyo a los militares rebeldes, pensando que no sería más que otro pronunciamiento en la línea de los que habían marcado la historia de España hasta ese momento, destinado a atajar la violencia que se había adueñado de las calles.

Al ver cómo se conducían sus “amigos”, el díscolo miembro de la Generación del 98 fue variando de posición. Finalmente decidió, como se muestra en el último acto de la película, que coincide con lo que probablemente sucedió en realidad, reprender a los militares. Durante la celebración, el 12 de octubre de 1936, del “Día de la Raza”, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, Unamuno pronunció la famosa frase: “Venceréis pero no convenceréis”.

Salida del rector Miguel de Unamuno y del general Millán Astray del acto de apertura del curso en la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Entre otros, están presentes el cardenal Pla y Deniel y Carmen Polo, esposa de Francisco Franco.
BNE – Biblioteca Digital Hispánica, CC BY-NC-SA

Luchas de poder en las élites militares

Pero si una cosa llama la atención de Mientras dure la guerra, y que la distingue de otras cintas sobre la guerra civil, es la atención que presta a las intrigas de los militares, a las negociaciones en los despachos.

Hasta la fecha, la filmografía sobre ese período histórico se había centrado prioritariamente en los frentes de batalla, en los sufrimientos de la población civil, en la represión en las retaguardias o en el exilio. Alejandro Amenábar se adentra, y el espectador con él, en la trastienda de los protagonistas de la sublevación: las luchas de poder en el seno de esa élite militar que contribuyó a desencadenar una guerra devastadora.

Ahí aparecen el fundador de la Legión, José Millán-Astray, Emilio Mola, Miguel Cabanellas, Andrés Saliquet, Fidel Dávila, Federico Montaner, Fernando Moreno, Germán Gil y Yuste, Gonzalo Queipo de Llano, Luis Orgaz, Francisco Moreno y Francisco Franco. Un elenco de militares, la mayoría de ellos “africanistas”, sedientos de poder y de venganza hacia unos compatriotas a los que consideran antiespañoles. Por haberlos abandonado en el empeño colonial, por renunciar a principios que ellos consideran sacrosantos, como la unidad nacional o el mantenimiento del orden social. Estos principios son los que animan su proceder a partir de conceptos patrióticos originados precisamente en las campañas africanas, de las que se enorgullecen y a las que aluden constantemente.

Grupo de militares encabezados por el general Primo de Rivera, al que acompañan Francisco Franco, Varela, Sanjurjo, Goded, en Axdir (Alhucemas). Foto: Zarco.
BNE -Biblioteca Digital Hispánica, CC BY-NC-SA

Franco “el Africano”

En la película, cuando Millan-Astray pretende convencer a los miembros de la Junta de Defensa Nacional de nombrar a Franco como Caudillo único del movimiento insurreccional, hace referencia a la “Baraka”, a la bendición divina que, según la tradición del misticismo islámico, acompaña a determinados individuos. Para los “africanistas”, Franco es uno de esos hombres bendecidos.

Es significativo que el fundador de la Legión, católico devoto como casi todos los generales allí presentes, no haga referencia a ninguna santidad cristiana, sino a una creencia religiosa profundamente arraigada en la cultura popular islámica. Otra vez el recuerdo de África.

Francisco Franco en Marruecos en los primeros años veinte siendo teniente coronel de la Legión.
BNE – Biblioteca Digital Hispánica, CC BY-NC-SA

Según Xavier Casals, si hay un estadista español del siglo XX que merece ser llamado “el Africano” ese es Francisco Franco. En la monumental biografía del personaje elaborada por Paul Preston (1994), se transcribe una afirmación del propio Franco en relación a sus años en Marruecos: “Mis años en África viven en mí con indecible fuerza. Allí nació la posibilidad de rescate de la España grande. Allí se fundó el ideal que hoy nos redime. Sin África yo apenas puedo explicarme a mi mismo, ni me explico cumplidamente a mis compañeros de armas”.

Finalmente, en la película aparecen algunos temas que no son menores, pero que se apartan del objetivo de este análisis, como el papel de los falangistas en la represión en las zonas controladas por los sublevados, las relaciones de Franco con su familia, la ayuda que las potencias del Eje prestaron al ejército rebelde, el apoyo de la Iglesia Católica a la causa nacional, la progresiva construcción de lo que más pronto que tarde se daría en llamar “el espíritu nacional”, la aversión de la derecha española a las reivindicaciones autonomistas de catalanes y vascos o la conversión de esa misma derecha al fascismo.The Conversation

Xavier Tornafoch Yuste, Profesor asociado Facultad de Educación, Traducción y Ciencias Humanas, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.