Soy de esa gente a la que la saga de Fast & Furious le ha gustado desde siempre, incluso teniendo en cuenta en lo que se había transformado desde hace unas pocas entregas antes cuando las carreras callejeras dieron paso a sucedáneos de ‘Misión Imposible’ donde cada aventura eran flipadas cada vez mayores, pero aún me parecían flipadas dentro de lo medianamente razonable y la entrada de actores como Dwayne Johnson, Jason Statham o Kurt Russell hicieron mantener el interés; pero el aguante tiene un límite.

https://youtu.be/k6xyW_Qp6co

Los trailers pueden jugar a favor si dejan con ganas más de lo que sea que estén promocionando o en contra si no enganchan o incluso espantan. En el caso de ‘Fast & Furious 9’ fue de lo último. Era evidente que las ideas ya estaban siendo retorcidas hasta lo máximo, retorna un personaje del que habían dado a entender que estaba muerto (ya sabrán a quien me refiero y es un error haberlo destapado en el mismo tráiler) y entra un hermano de Dominic Toretto del que no tenía constancia hasta ahora. Así que me acerqué con precaución.

Las sospechas se confirmaron: es mala, realmente mala. Un chicle tiene una capacidad máxima de aguante antes de romperse y esa capacidad lo había conseguido esta franquicia gracias a la entrada de Johnson y Statham que ayudaron a dotar a las cintas de testosterona y carisma, mas las fricciones están siendo notorias en esta novena entrega en el que ya no hay efecto sorpresa. Ofrece justamente lo que se espera: escenas inverosímiles, chascarrillos, acción y Toretto manejando el cotarro. Se siente, eso sí, que la fórmula está agonizando. No hay apenas sentimiento de que esta panda te va a sorprender y te va a enganchar, esta vez estaba prácticamente indiferente. Incluso esas auto referencias humorísticas de que conseguían salir de una pieza a pesar de haber estado en misiones peligrosas no me ganó para la causa.

El mayor problema están siendo ellos mismos, han llegado a un punto en el que tienen que dar volteretas mortales para seguir dando aventuras y se nota. No hay una secuencia de apertura para ir calentando como lo fue, por ejemplo, Deckard Shaw en el hospital en la séptima parte (una de las mejores aperturas que ha tenido esta saga), aquí te meten en el asunto desde el principio sin anestesia y lo que acontece durante las más de dos horas de duración es la misma fórmula con algunos elementos sin conseguir dar gato por liebre como el cambio del hermano de ‘Dom’ en el tramo final o esa ‘resurrección’ que está cogida con pinzas.

El resultado se veía venir a decir verdad, se quería ir cada vez más alto, con tramas cada vez más rocambolescas y el bajón tenía que venir tarde o temprano. No está mal tener ambición; sin embargo, como todo, una ambición desmedida puede darte de bruces contra el suelo y eso en esta larga franquicia ya está pasando. Veremos que pueden ofrecer las dos últimas entregas para que el colofón a una saga que ya cumple veinte años sea sin tocar fondo.

Me deja intrigado, a pesar de todo, que tienen pensado hacer con Han y con Deckard Shaw en el futuro viendo su encuentro en la escena a mitad de créditos.

Patxi Álvarez Gonzalo