Evaluar el confort térmico de las personas mayores, una necesidad creciente

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Según el INE, entre 2007 y 2017, la población española de más de 65 años ha crecido un 19 %, de 7,4 a 8,8 millones de personas. Se espera que alcancen los 11,5 millones en 2030. En el mismo periodo, el número de camas en residencias de ancianos ha aumentado un 27 %, de 288 241 a 366 633.

Sin embargo, las normativas de confort térmico existentes se centran principalmente en edificios de oficina con trabajadores de entre 20 y 65 años de edad.

¿Qué es el confort térmico?

El confort térmico es una condición de la mente que denota satisfacción con el medio ambiente. Por lo tanto, es un concepto subjetivo y personal. Para objetivarlo se utiliza la escala de sensación térmica de Ashrae de siete puntos: frío, fresco, ligeramente frío, neutro, ligeramente cálido, cálido y sofocante.

Escala de evaluación de la sensación térmica.
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Las normas internacionales ISO 7730 (2005), el Ashrae Standard 55 (2013) y la norma nacional EN 15251 (2007) tienen como objetivo especificar las condiciones de confort térmico para la mayoría de los ocupantes de edificios.

Estos estándares utilizan diversos modelos de confort térmico para obtener la respuesta promedio de muchas personas con la misma vestimenta y niveles de actividad, todas ellas expuestas a condiciones ambientales idénticas y uniformes.

Pero ¿qué pasa con la gente mayor?

La respuesta térmica al proceso de frío-neutral-frío y la capacidad de adaptación a los cambios de temperatura parecen disminuir gradualmente con la edad debido a la afectación de la densidad nerviosa.

El proceso de envejecimiento biológico también puede afectar a la percepción del confort térmico a causa de la disminución de la capacidad de regular la temperatura corporal. En promedio, los adultos mayores requieren temperaturas ambientales más altas.

Aunque muchas personas mayores no sienten frío a pesar de vivir en un ambiente considerablemente frío, los estudios indican que las temperaturas por debajo de 15 °C afectan negativamente a la salud al aumentar la carga en el sistema circulatorio.

Las personas mayores pasan una parte considerable de sus vidas en el interior y el ambiente en el que conviven afecta a su salud y bienestar. Determinar los parámetros influyentes en el confort térmico va a permitir diseñar y gestionar estos espacios con una visión centrada en la mejora del envejecimiento.

Un modelo de confort para la gente mayor

El Grupo de Investigación e Innovación en la Construcción (GRIC) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) en el proyecto ConTerMa analizamos el confort térmico de personas mayores en residencias de ancianos. El objetivo es predecir qué condiciones térmicas son aceptables o preferidas para este grupo de población.

Para ello, estamos monitorizando las condiciones ambientales durante un año. Utilizamos los siguientes dispositivos:

  • Sondas de temperatura y humedad relativa dentro y fuera del edificio.

  • Un sensor de velocidad del aire en el interior.

  • Un sensor de globo para recoger información sobre el calor que absorben o emiten todos los elementos que hay en la sala, como mobiliario, paredes, ventanas y hasta las mismas personas.

Paralelamente, estamos encuestando a unos 6 000 residentes y a 500 cuidadores para determinar su sensación térmica dentro de la escala Ashrae. Registramos también la ropa que los encuestados llevan, la actividad física que realizan, su edad, altura, sexo e índice de masa corporal. Estas variables condicionan la sensación térmica de las personas.

El análisis de esta información, junto con los datos recogidos por los sensores, permitirá desarrollar el primer modelo estadístico de confort térmico específico para la gente mayor.

Primeros resultados

Los primeros resultados parecen indicar que los residentes tienen un nivel de sensación térmica diferente a los cuidadores y que la sensación térmica de la gente mayor difiere de la que predicen las normativas actuales.

También se observa que la sensibilidad térmica de los ancianos es menor a lo que consideran las normativas y que los ancianos admiten un rango de temperaturas de confort más amplio (de unos 3 °C) que los adultos (de 1 °C aproximadamente).

The Conversation

Núria Forcada Matheu recibe fondos de la Fundación General de la Universidad de Salamanca y el Centro Internacional sobre el Envejecimiento.

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Author: Núria Forcada Matheu, Dra. y profesora del departamento de Ingeniería de Proyectos y de la Construcción (DEPC) y miembro del Grupo de Investigación e Innovación en la Construcción (GRIC), Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech