Europa quiere seguir creciendo, pero ahora de forma sostenible

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Carlos Ballesteros, Universidad Pontificia Comillas

La Unión Europea acaba de presentar el nuevo Plan de acción para la economía circular, uno de los principales elementos del Pacto Verde Europeo, el programa europeo en favor del crecimiento sostenible.

El nuevo plan se integra en la Estrategia Europa 2020, impulsada en 2010 por el presidente Barroso con el fin de garantizar la recuperación económica de la UE tras la crisis de 2008, y asegurar a la región un crecimiento económico “inteligente, verde, e incluyente”.

La iniciativa pretende lanzar una nueva legislación, por la que los productos fabricados en la UE duren más y sean más fáciles de reutilizar, reparar y reciclar.

Se busca para Europa un nuevo modelo de producción, basado en la sostenibilidad medioambiental. Para ello, se da prioridad al diseño y producción con criterios de economía circular: que los residuos pasen a ser de nuevo recursos, vuelvan a la cadena de valor y no vayan al vertedero.

También compromete a la adopción de medidas concretas en los sectores que utilizan más recursos y que tienen un elevado potencial de circularidad, como envases y embalajes, baterías, plásticos, alimentos y textiles, entre otros.

Pretende además que el tratamiento de materias primas, su transformación, utilización y posterior desecho se haga, en la mayor medida posible, dentro de las fronteras de la UE, lo que introduce factores económicos y sociales.

Alcanzar esos objetivos supone crear empleo, cohesionar el territorio, introducir nuevas oportunidades de negocio y, en definitiva, reforzar la economía europea. Pero, además, implica dejar de usar como vertederos a los países en vías de desarrollo.

Esta última circunstancia cobra especial sentido en dos sectores clave: el textil y el tecnológico. El informe de la Basel Action Network (BAN) “Agujeros en la economía circular: Fugas de los residuos electrónicos en Europa” (2019), señala que 352.474 toneladas de residuos tóxicos de origen electrónico salen cada año de la UE hacia basureros en países en desarrollo.

La moda rápida, una espiral de consumo

Un 5% del comercio mundial de productos manufacturados corresponde a la industria textil pero se recicla menos del 1 % de las prendas fabricadas.

En los últimos años se ha impuesto la producción de fast fashion, o moda rápida, basada en el diseño y fabricación ininterrumpida, acelerada y a bajo coste de ropa. Esta agilidad del sector textil se consigue llevando la producción a países en desarrollo, con pocos derechos laborales y malas condiciones de trabajo.

Con este modelo de negocio las prendas y las tendencias se renuevan a la misma velocidad a la que cambian los gustos de los consumidores. Un informe de la Fundación Ellen MacArthur señala que en 2017 una prenda se usaba 7 veces antes de ser desechada, un 36% menos veces que en 2004.

En España, los datos señalan que el 65% de las prendas que hay en los armarios femeninos proviene de moda rápida, y que cada español se desprende de siete kilos de ropa al año; o sea, 326.000 toneladas, el equivalente textil al desperdicio electrónico anual de toda la UE.

Con el auge de la moda rápida, en 15 años se ha duplicado la producción textil en el mundo. De mantener este ritmo de crecimiento, en 2030 la industria textil habrá aumentado su consumo de agua, las emisiones de CO2 y la generación de residuos entre un 50% y un 63%. Ante este panorama, la Unión Europea ha establecido la separación de los residuos textiles a partir de 2025.

En términos sociales, se calcula que en el mundo hay unos 40 millones de obreros en el sector textil, de los cuales el 80% son mujeres, muchas de ellas bajo condiciones de trabajo deplorables, según el informe dedicado a este sector y publicado en 2015 por la Coordinadora de Comercio Justo.

La sostenibilidad, la norma

El equilibrio medioambiental hace necesario y urgente poner en marcha este nuevo plan que implicará un cambio drástico en el actual modelo de producción textil, del cual el grupo español Inditex es uno de los líderes mundiales.

Aunque aún tiene pendiente su desarrollo legislativo, el plan europeo para la economía circular impulsará con medidas fiscales el mercado de los productos textiles sostenibles y circulares, y también el de la reutilización textil.

La UE ha destinado recursos a la financiación de este plan a través de distintos medios: Fondos de Cohesión de la UE, Fondo Europeo de Desarrollo Regional y programa LIFE. También los presupuestos de programas sociales, de investigación e innovación, se dedicarán a apoyarlo y se impulsará la la participación de financiación privada.

El objetivo final del nuevo plan para la economía circular es hacer de la UE un espacio donde los productos sostenibles sean la norma y para ello se basa en tres líneas de actuación: diseño de producto, procesos de producción más sostenibles, y empoderamiento de los consumidores.

Informar es dar poder a los consumidores

“If the consumer is unable to choose on an informed basis, then his dollar is wasted, his health and safety may be threatened, and the national interest suffers”

(John Fitzgerald Kennedy, discurso ante el congreso estadounidense, 15 de marzo de 1962)

Hace casi 60 años los derechos de los consumidores ya eran una preocupación para los gobiernos. Comenzando la tercera década del siglo XXI, una pieza clave de la política europea de productos sostenibles es el empoderamiento de los consumidores.
La Comisión propone una revisión de sus leyes de protección para garantizarles:

  • Que reciban en el punto de venta, información fiable y pertinente de los productos (vida útil, servicios de reparación, piezas de recambio, manuales).
  • Mayor protección contra el blanqueo ecológico (implantación de la huella ambiental) y la obsolescencia prematura.
  • Mejoras en la normativa de etiquetado (durabilidad, reciclaje, porcentaje de material reciclado en la fabricación).

Una manera de garantizar a los ciudadanos una información fiable, veraz y contrastable sea quizás la introducción de la tecnología de cadena de bloques (blockchain), que permita controlar toda la cadena de valor y la información que llega al consumidor final.

En conclusión, el nuevo Plan de acción para la economía circular por una Europa más limpia y más competitiva anuncia iniciativas para todo el ciclo de vida de los productos, pero es necesario y urgente su traducción en medidas concretas y valientes, tanto legislativas como no legislativas (sobre todo financieras).The Conversation

Carlos Ballesteros, Profesor. Director de la Consultoria Social Empresarial ICADE, Universidad Pontificia Comillas

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.