¿Está enseñando a sus hijos a escribir? Pues empiece por una buena lectura

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Nuria Castells Gómez, Universitat de Barcelona

En un aula de segundo curso de Educación Primaria (7-8 años), antes del confinamiento, los alumnos estaban esforzándose para escribir una noticia a partir de la lectura de artículos de un periódico digital y otro en papel. Las niñas y los niños, sentados en parejas, discutían acerca de qué título poner y qué contenidos querían plasmar en su propio texto mientras consultaban, de vez en cuando, el ejemplo que el docente les había proporcionado.

Una niña, después de una calurosa discusión con su compañero, le dijo a su maestro: ¿Verdad que he escrito bien “gente”? (en la hoja donde escribían aparecía la palabra “jente”). El docente les preguntó si ambos estaban de acuerdo y, ante la respuesta dubitativa que dieron, les preguntó cómo podían asegurarse de que lo habían escrito correctamente.

El niño, entonces, recordó que en la noticia aparecía la palabra, releyeron parte de la misma y descubrieron cuál era la ortografía correcta, con la consiguiente satisfacción de haberlo logrado por sí mismos.

Este ejemplo, que puede parecer una mera anécdota, nos permite enfocar una idea que quizás resulte escasamente evidente. A escribir se aprende leyendo, y leyendo de forma consciente y reflexiva.

Así lo indica la investigación, tanto para aprender a escribir de manera ortográficamente correcta, como para poder atender y reproducir las características textuales propias de un determinado género, e incluso reproducir las formas que adopta el lenguaje escrito en un determinado ámbito de conocimiento. Vayamos por partes:

¿Cómo resolvemos un problema ortográfico?

Para las niñas y niños que se inician en el aprendizaje de la lectura y la escritura, reconocer y escribir su propio nombre se convierte en un hito extraordinario. Escribir todos los sonidos que integran una palabra les supone un reto impresionante, puesto que al hablar no separamos los sonidos que componen las palabras, sino que los coarticulamos.

Ser capaz de vincular los fonemas, que son sonidos con límites “borrosos”, con letras concretas les permitirá escribir palabras legibles. Ahora bien, cuando lo consigan, todavía les quedarán por dominar otros desafíos no menos complicados, como la ortografía. De hecho, y como se ha descrito en la anécdota del principio, aquello que nos permite tomar consciencia de las normas ortográficas son los textos escritos.

Si los adultos simplemente leyeran en voz alta a los niños y estos no tuvieran posibilidades de observar cómo se escriben las palabras, y leerlas, no podrían llegar a aprender el código escrito.

Además de la ortografía, leer textos diversos permite a los aprendices descubrir cómo se separan las palabras entre sí, puesto que el habla oral, en realidad, es continua. Es decir, el enunciado oral “¿Cómoestásestamañana?” lo pronunciamos de forma seguida, no separamos las palabras al hablar; solo lo hacemos al escribir. De ahí que a los aprendices les cueste encontrar los límites entre los vocablos cuando se inician en la escritura, y sea la lectura de textos y las reflexiones que les suscitan otras personas lo que les permite irlos delimitando.

Escribir una solicitud de empleo, mejor con un ejemplo

Leer es crucial para irse ajustando a las normas ortográficas y morfosintácticas que gobiernan el escrito, pero también lo es para poder apropiarse de las características que presentan distintas tipologías textuales que encontramos en nuestra cotidianidad.

De forma similar a como se ilustra en el ejemplo que daba inicio a este artículo, escribir adecuadamente un e-mail, una noticia, una descripción o, en el caso de los adultos, una solicitud de empleo o una carta de motivación, depende, en gran medida, de disponer de ejemplos plausibles, de poder leerlos atentamente y de reescribirlos en función de nuestra necesidad.

Inventarse una noticia o escribir una solicitud de trabajo sin poder consultar la estructura, el tipo de lenguaje que resulta más adecuado en estos tipos de texto, e incluso las fórmulas canónicas concretas que se acostumbra a utilizar en los mismos, puede acabar conduciendo a un fracaso estrepitoso. La reescritura, noción que implica escribir a partir de la lectura y el análisis de textos, resulta clave en numerosas situaciones, no solo de la vida académica o profesional, sino también de la social.

Escribir en la universidad, siempre a partir de la lectura

Incluso en el contexto universitario, la reescritura, a partir de la lectura, es esencial para aprender a escribir académicamente o epistémicamente. Cada disciplina tiene su forma particular de estructurar y presentar los conocimientos que va elaborando.

Las maneras concretas de transmitir por escrito el saber científico son propias de cada ámbito: en historia se narran sucesos y se enlazan causas y consecuencias; en física y química se barajan hipótesis que se refutan o se confirman mediante pruebas o estudios con variables específicas… Los estudiantes, además de aprender el vocabulario específico de cada disciplina, deben modular su escritura para ajustarla a los cánones que presentan los documentos escritos en el dominio de conocimiento que corresponda. Es decir, que deben alfabetizarse académicamente, leer textos para comprender, no solo el conocimiento, sino también cómo dicho conocimiento se organiza y se transmite mediante la escritura.

Que nos lean sí, pero…

Sin lugar a dudas, que nos lean cuando somos pequeños o incluso mayores es una vía importante para el goce y el placer por la lectura. También porque se ha demostrado que todo lo que se ha leído a los niños hasta los 5 años predice su éxito (o fracaso) en la escolaridad futura.

Ahora bien, que nos lean o escuchar audiolibros sin poder observar el texto que nos leen, a pesar de que nos ayude a familiarizarnos con el lenguaje escrito, no nos ofrece pistas de cómo escribir correctamente, ni nos permite reflexionar acerca de cómo está organizado el texto.

En cambio, la lectura, ya sea individual o conjunta con otras personas, pudiendo visualizar y seguir el texto, nos acerca a conocer con detalle cómo se escribe y cómo son las diversas y distintas escrituras que se pueden realizar. Visualizar cómo se escriben los textos, desmenuzándolos a través de la discusión con otros, reescribiéndolos también junto con otras compañeras y compañeros debería ser el camino a seguir para lograr una plena competencia en la escritura.The Conversation

Nuria Castells Gómez, Profesora del departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Educación., Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.