La espera
En la humilde casa donde habita
tiene en la pared por cabecera
la talla de una virgen de madera
y un vaso con aceite y lamparilla.
Vacilante llama en la penumbra
que bate el aire de tristezas amarillas.
La madre espera, suspirando anhelos,
el regreso del hijo a su consuelo.
Está lejos, allá en tierra extranjera,
pan y sudor bajo otro cielo.
La vida está detrás de la ventana,
como cine ajeno de siluetas
que van a sus tareas.
Lento discurrir de horas,
sombra y luz en monótona alternancia
y un rosario de cuentas desgastadas.
De vez en cuando mira
con ojos de anhelante brillo
la foto del hijo sobre el anaquel del alma.