PORTADA ENTREVISTA

Javier Olivares es uno de los historietistas e ilustradores más respetados de nuestro país gracias a una trayectoria única. Ha conocido de cerca los grandes movimientos del mundo del cómic desde los años 80 y siempre ha mantenido una línea coherente con su forma de entender el cómic, cercano a la poesía y al teatro. Desde la época de “Madriz” a “Las Meninas”, la carrera de fondo de Olivares muestra su pasión por las viñetas sin renunciar a una personalidad artística singular, admirada por toda la profesión. Con todos ustedes, Javier Olivares.

Pregunta: Comienzas a publicar en la revista “Madriz” en los años 80. ¿Cómo recuerdas aquella época?

Yo comencé a publicar profesionalmente antes de empezar en la revista “Madriz”. A pesar de ser el cómic mi vocación, mis primeros trabajos profesionales fueron en el campo de la ilustración. Los publiqué en la revista “MicroHobby”, una revista de videojuegos en la que acabamos trabajando muchos de los que formábamos el grupo de jóvenes dibujantes que nos reuníamos todos los Viernes en la librería “Camelot” de Madrid. Allí estábamos Manuel Almela, José Antonio Calvo, Julio Setién, Miguel Ángel Aisa, Ricardo Machuca y algunos otros. Por aquel entonces yo era lector salvaje de todas las revistas que salían en la época: “Cimoc”, “Cairo”, “Creepy”, “Comix Internacional”… aunque la línea que más me gustaba era la del cómic de ciencia ficción que se publicaba en “Zona 84”. De hecho mandé cosas a una sección de jóvenes valores que tenían para ver si me publicaban. Justo en el año 1984 salió la revista Madriz, y para mí fue como una especie de meteorito que cayó en medio de todo el panorama de revistas de esa época. El primer número no estaba muy definido y todavía se mezclaban autores más convencionales como Juan Giménez o Carlos Giménez con gente más alternativa y joven como Del Barrio o LPO. La línea estaba aún por descubrir, y aunque la premisa original era mostrar los trabajos de los autores que trabajaban en Madrid, poco a poco se fue decantando por una faceta más abierta y  experimental.


P.: Asistes a la burbuja que se crea en el mundo del cómic en los años 80. ¿Cómo vives el fin de esa época?

R.: Realmente fue una agonía larga. Había demasiadas revistas en el kiosko, el ocio se empezó a diversificar y los lectores ya empezaban a preferir el formato de álbum. Todo aquello se acabó y muchos autores empezaron a trabajar directamente en el extranjero o en la ilustración y el mercado se fue regulando. La verdad es que mi camino ya era otro a partir del contacto con el “Madriz”. Allí conocí a gente como Federico Del Barrio, Raúl o Javier Vázquez… y me atrajo mucho ese otro tipo de planteamiento. En ese momento, para un dibujante de tebeos había dos caminos bastante marcados: intentar publicar en Francia o en Estados Unidos. Mi camino natural hubiera sido dirigirme al mercado francés si hubiese conseguido hacerme un hueco en las revistas de aquí, pero al cruzarse “Madriz” y al publicar allí, todo lo que en aquella revista se hacía me trastocó como autor. Su propuesta me deslumbró y decidí dirigir mis pasos a ese nuevo camino.

P.: Al caerse este mercado da la sensación que otras voces más alternativas encuentran su hueco y la aparición de fanzines da la posibilidad de que hallen el modo de expresarse.

R.: Las revistas estaban al borde del colapso y los que empezamos a publicar entonces nos vimos sin suelo sobre el que asentarnos. Muchos nos dirigimos a la ilustración de libro de texto, publicidad… Decidí que podía ganarme la vida como ilustrador y mientras publicaba mis cómics en la revista “Madriz”. Pasé toda la época en la que estuve publicando en “Madriz” experimentando. Para mí fue como un campo de pruebas, un lugar en el que experimentar y buscarme. Muchos autores como Keko ya tenían un camino muy marcado, una personalidad más formada, yo no. Mis primeras historietas allí eran muy inseguras. Yo creo que Felipe Hernández Cava me vio la intención más que otra cosa, porque aún no tenía las herramientas. En cada colaboración tenía que ir quemando etapas, ir subiendo los peldaños de la escalera. Estaba muy perdido.

Fue en en uno de los últimos números cuando vi claro el camino. Por primera vez hice una historieta en la que aparecía algo que tenía que ver conmigo, que contenía algo parecido a una voz personal. En mi trayectoria hay algunos puntos clave y ese es uno de ellos. Si alguna vez tuviese que hacer una antología de mi trabajo creo que empezaría ahí.

Cuando se cerró el «Madriz» nos quedamos un poco huérfanos de nuevo. Pero al poco tiempo  salió otra revista, «Medios Revueltos», que vino a tomar el testigo de aquella. La componían dibujantes del «Madriz» y otra gente nueva. Fue una reformulación algo más lujosa de formato y con más sentido de revista, con una línea mas definida

P.: ¿Cuál ha sido el legado del “Madriz”? Da la sensación que, como la movida, la gente lo disfruta más ahora que cuando sucedió.

R.: Eso suele pasar. A veces la distancia ayuda a valorar las cosas con más tranquilidad. El “Madriz” sufrió muchos ataques desde muchos frentes. Era una revista subvencionada y las editoriales no podían competir con ello aunque realmente eran públicos distintos. También hubo mucha presión política. El PP de entonces quería cerrar la revista porque salieron unas caricaturas de Franco y se hablaba abiertamente de sexo y de droga. Llegó un momento en que también era incómoda para el Ayuntamiento de Madrid y la cerraron. El “Medios Revueltos” era algo más controlado. En esa revista yo ya estaba más hecho como narrador y las historias me gustan a pesar de ser también muy dispersas. Eran historias de 2, 4 páginas. Es un lastre que he arrastrado hasta hace bien poco. Trabajar en formatos pequeños me ha venido bien para crecer como narrador, pero no tiene mucho sentido si no puedes recopilarlas después.

P.: Es un formato que se ha perdido.

R.: Tenía su lógica dentro de las revistas. Ha habido intentos de recuperación como “Nosotros Somos Los Muertos” o “El Manglar”. Tiene sentido pensando ya en realizar una recopilación posterior. A mi es un formato que me gusta mucho no obstante. En el caso del “Madriz”, el material era muy disperso. Era un trabajo de aprendizaje que puede tener un interés relativo. Siempre puede ser interesante ver los comienzos de un autor pero comercialmente no sé si es muy viable.

P.: Las revistas son sustituidas por fanzines y muchos amantes del cómic intentan, muchas veces con más voluntad que medios, lanzar sus propuestas.

R.: “Medios Revueltos” duró seis números y casi todos los que publicábamos allí lo simultaneábamos con los fanzines. Incluso con la autoedición. Yo, junto a Javier Vázquez hice “Owo” un fanzine de 100 ejemplares, Juan Berrio sacó uno llamado “La Maleta”. Juanjo el Rápido tiene una trayectoria como agitador cultural intensa y recogió el testigo durante los 90 de revistas como “Madriz”, “Medios Revueltos” o “El Ojo Clínico”. Durante muchos años Juanjo creo y dirigió fanzines como “Idiota o Diminuto” y revistas como “Tos”.

En aquellos años, Camaleón empezó a trabajar en formatos pequeños, de 24 páginas. Para ellos hice “El Segador de tus cosas”. En esa época nos juntamos una serie de amigos: David Muñoz, Antonio Trashorras, Luis Bustos… gente de distintos frentes, y fundamos un sello, “MalaSombra”.

P.: Lo amateur y lo profesional se mezclan mucho.

R.: Ese tipo de equilibrio es algo que me ha acompañado mucho tiempo y que he practicado durante años. En los 90 se mantuvieron editoriales como Norma o La Cúpula y nacieron otras propuestas como Camaleón, de Ponent o Mercat. Se había atomizado el mercado. El espacio se repartió y los campos menos convencionales los fueron cubriendo estas editoriales. En “MalaSombra” eramos totalmente amateurs. No publicábamos de forma oficial. Fue entonces cuando Camaleón nos ofreció crear una colección, “Terra Incognita”, y pudimos publicar de forma minoritaria a la gente que nos gustaba. Eran tiradas pequeñitas con autores fronterizos como Keko, Joaquín López Cruces, Gallardo… incluso yo publiqué uno.

P.: “Estados carenciales”, con algunas de tus historias más recordadas de la época.

R.: Fue mi puesta de largo como autor. Había estado en muchos frentes pero era mi oportunidad de hacer un tebeo de 24 páginas. Me llevó mucho tiempo hacerlo, no te creas. En aquellos días, para mí hacer una historieta de 15 páginas era una tarea titánica.

“Estados Carenciales” era un intento de contar historias más personales.

En esa época estaba muy influido por lo que estaba haciendo Mazzuccelli después de “Born Again”. Publicó con su mujer la revista “Rubber Blanket” y allí experimentaba caminos diferentes. Fue otra de esas impresiones fuertes que me sacuden como autor.

P.: Tienen un acercamiento fuerte a la realidad cotidiana.

R.: Sí, así como en el “Madriz” mezclaba más cosas teatrales o experimentales en “Estados Carenciales” había una bajada a la tierra. Hay cosas que me gustan mucho y que me reconciliaron con la historieta. Me gusta que una historia como “Dios bendiga cada rincón de esta Casa” uniese el fondo y la forma, que tuviese un aspecto de historieta convencional. En aquella época yo ya vivía solo y esa experiencia, muchos de esos escenarios, eran los lugares y situaciones que había vivido con mi abuela o con mi padre. Ahora lo veo y recuerdo la casa en que vivía. Ese tebeo me recuerda mucho esa época de mi vida porque la refleja, incluso de forma gráfica, de hecho siempre se menciona ese tebeo como mi primer libro.

P.: Junto a “Estados Carenciales” empiezas a recopilar tus historias en pequeños libros publicados por El Pregonero.

R.: El Pregonero era una editorial independiente. Publicó una barbaridad de libros, muchos de ellos de autores de “El Víbora”. Publiqué con ellos dos libros: “Cuentos de la Estrella Legumbre”, recopilando las primeras veintitantas historias, y “Tiempo Muerto”, donde recopilaba pequeñas historias que estaba haciendo para MediaVaca y otro material pequeño y disperso.

Llevaba tiempo haciendo “Cuentos de la Estrella Legumbre”. Es un formato al margen, una mezcla de lo que puede ser la historieta y un texto ilustrado. A veces entra dentro de uno u otro campo, unas veces es un solo dibujo, otras tiene un pequeño texto… me gusta porque es un trabajo muy fronterizo que permite ir de uno a otro lado jugando. Es muy libre y permite experimentar con la relación entre el texto y el dibujo. Es un formato que me encanta y a pesar de que lo dí por finalizado con el libro de Media Vaca le sigo dando vueltas. A veces he intentado buscar algo similar pero me he dado cuenta que está muy bien así y en lugar de inventarme otro nombre u otra estructura, es posible que en algún momento lo retome. Creo que en mi carrera forma uno de los troncos más sólidos. Me gusta mucho ese tipo de narración breve, literaria… creo que habla mucho de mí y me gustaría volver a él.

P.: Da la sensación que los “Cuentos” son hijos de su tiempo. La dispersión de los fanzines hace que encajen bien las historias cortas de 1 página.

R.: Sin duda soy hijo de mi tiempo y fruto de mis experiencias. Con el tiempo hemos pasado un poco al polo opuesto, pero en esa época lo normal era construír un libro a base de historias cortas. El proceso era pasar por la revista y luego publicar el álbum. Ahora eso ha cambiado, y ya casi no es posible publicar historietas cortas en ninguna parte. El panorama editorial ha cambiado mucho y hay formatos que han desaparecido. La novela gráfica está muy bien pero exige un esfuerzo al autor que muchos no pueden permitirse.  Ahora están entrando en ese formato otros editores como Nórdica, Impedimenta, Sexto Piso, Salamandra o Random House… que están incluyendo en sus catálogos la novela gráfica y veremos lo que pueden aportar y si el mercado de aquí puede absorberlo.

P.: ¿Piensas volver a los “Cuentos de la Estrella Legumbre”?

R.: Los “Cuentos de la Estrella Legumbre” no tienen un final. Mientras se me ocurran historias puedo continuar. Los cuentos nacieron como un proyecto estríctamente personal al  que se fueron sumando amigos: Manel, Dario Adanti, Max, Mauro, Bernardo Vergara, Santiago… a unos les pedía historias, a otros dibujos. Lo que me está apeteciendo es volver al formato para trabajar con gente que me gusta. Es una excusa para volver a escribir. He estado colaborando mucho con Santiago pero me sigue apeteciendo explorar mi universo personal.

P.: Es curioso ver cómo autores considerados periféricos en el mundo del cómic se están convirtiendo en emblemáticos para llegar a un nuevo público. Autores como Keko, Paco Alcazar…

R.: Tiene que ver con un cambio de enfoque del medio, la historieta está saliendo del “guetto” en el que estaba en los 80 y 90 y el público general está conociendo por primera vez a estos autores. El cómic juvenil se nutrió de dibujantes más convencionales y todo lo que quedaba en los márgenes se consideraba más adulto: “El Cairo”, “El Víbora”… Al cambiar ese paradigma los editores del medio literario, que se dirigen a un público adulto, están reivindicando esos autores. Son autores con un discurso más personal, más de autor que solamente de dibujante. A lo mejor en el futuro eso empieza a cambiar y hay un trasvase. En mi caso no me puedo quejar porque he hecho mucho libro infantil y también para adultos.

P.: Has vivido la burbuja de los cómics de los años 80. No sé hasta qué punto se está generando una falsa sensación de prosperidad.

R.: Hay una burbuja desde hace años con el libro en general. El modo en que se generan es peligrosa. Las tiradas de hace unos años están ajustándose. Se hacen tiradas de 2000, 3000 ejemplares. Las editoriales tienen que tirar una serie de libros al año. Por una parte publican los libros que les van a funcionar y por otra publican una serie de libros solamente para ocupar un espacio en las mesas de novedades. Se dice que España es el país de la Unión Europea en el que menos se lee pero en el que más se publica y es evidente que  ahí hay algo que no funciona. Esperemos que se solucione pero no sabes cómo acabará todo. Los dibujantes ya estamos viendo esos ajustes en las tiradas desde hace unos años.

P.: En los 90 revistas como “Nosotros Somos Los Muertos” o francotiradores como Juanjo El Rápido miran al “Raw” de Spiegelman o L´Association como referentes.

R.: La primera exposición de  L´Association en España se organizó a través del Injuve en Madrid, en el año 1992. Se invitó a gente de la editorial y vimos trabajos de gente como David B por primera vez. Max tuvo en su momento mucho contacto con ellos. Les conoció en Angoulême y comenzaron a hacer cosas juntos, y cuando empezó con la publicación de “Nosotros somos Los Muertos” llamó a algunos de ellos. Yo ya les seguía la pista e hicieron el llamamiento para hacer “Comix 2000”, una iniciativa enorme a nivel mundial, les mandé unas páginas que acabaron saliendo en ese libro.

Fueron otro marco de referencia de cómo funcionar como grupo. Nosotros lo habíamos hecho con “MalaSombra” y Max y Pere Joan lo hicieron con “Nosotros somos los muertos”. Era muy interesante lo que hicieron. Lo que propuso L´Association no deja de ser una reformulación de la historieta clásica francesa, de hecho muchos trabajan con los géneros, algo que me gusta mucho hacer a mí también. Revitalizaron ese tipo de historieta, y fueron un soplo de aire fresco. De ese grupo me gustan mucho Blutch, Blain, Sfar, David B y sobre todo Guibert. Guibert es, para mí, uno de los autores más interesantes.

P.: Otra de las series que te acompañan a lo largo del tiempo y que publicas en “Comix 2000” son “Ono y Hop”. Comienzas con una estructura similar a los “Cuentos de la Estrella Legumbre” aunque pronto empiezas a funcionar dentro de las premisas habituales del mundo del cómic.

R.: Sí, empieza con unas historias pequeñas que comencé a publicar en “Idiota y Diminuto”, creo. Tenían una estructura similar a los “Cuentos”, con una relación abierta entre imagen y texto pero poco a poco los personajes me empezaron a interesar. Comencé a trabajar de un modo, si quieres, más convencional, con las viñetas para controlar más ese mundo narrativamente.

P.: No sé hasta qué punto son los más autobiográficos de tu carrera.

R.: En general todo lo que he escrito es autobiográfico, pero no es una biografía directa, mas bien cuento mis experiencias a través de mis historias. A través de “Ono y Hop” hablo sobre todo de las dualidades, de la accion y de la reacción, de las causas y de las consecuencias. Me gusta la dualidad como discurso, porque como autor siempre he estado en la frontera. No soy un autor completamente convencional ni marginal. Gráficamente no soy muy extremo sino que me he movido mucho en esa frontera. Me gusta moverme entre lo que aprendí, el dibujo más realista, y un dibujo más expresionista, incluso abstracto. Me gusta cruzar de un sitio a otro. De hecho para los dibujantes de cómic soy ilustrador y para los ilustradores dibujante de cómic. Estoy en una tierra de nadie, moviéndome entre los dos grupos. Todavía hoy, después de “Las Meninas”, hay gente que se sorprende de que el ilustrador haga cómic. Según la época ha ganado uno u otro o ninguno. A mí me parece un territorio muy libre para deambular.

En el caso de “Ono y Hop” puedo elaborar un discurso gráfico más libre, mientras que en “Las Meninas” cierro más el diafragma, no dejo que el dibujo coma tanto terreno y doy más espacio a la narración.

P.: En “Ono y Hop” se hace explícito tu amor a las viñetas y la capacidad de las viñetas de ser una evasión frente a los problemas cotidianos.

R.: El tebeo como ventana a otra realidad aparece algunas veces en ese libro, sí. El personaje principal los usa para escapar. De alguna manera todos los autores de cómic lo hemos hecho cuando éramos niños. También lo he experimentado a través del cine pero para mí los tebeos han sido siempre algo más íntimo y personal. Lo lees solo, el cine es una experiencia colectiva. Para mí el tebeo ha sido siempre una vocación, algo que te muestra tu inutilidad para casi todo lo demás. Lo haces porque no tienes más remedio, no te puedes dedicar a otra cosa con la misma pasión. Yo siempre me defino como ilustrador-historietista. Nunca dejo que ninguna de las dos calificaciones gane porque ambas se complementan. En esa frontera se mueven y “Ono y Hop”, que es un libro que habla de eso, de las cosas que hacemos y de las cenizas que dejan. En realidad son un solo personaje pero gráficamente están dibujados de forma separada.

P.: Tu carrera parece asociada a nombres concretos que te llaman para colaborar como Juanjo el Rápido o Max y Pere Joan. ¿Te llaman para buscar algo concreto o te dejan libertad para crear?

R.: Con Max desde el principio tuve libertad total. Lo que se me ocurrió para armar una obra algo coherente es algo que oí contar a Max sobre su personaje “Bardín”. La realidad editorial del momento hacía que te pidiesen dos páginas de un lado, tres de otro… y armar un libro resultaba complicado. Con “Bardín”, Max decidió trabajar siempre el mismo personaje, independientemente para dónde fuese. Con Ono y Hop ví un camino que quería explorar y cuando Max me llama para “NSLM”, siempre que podía metía los personajes. A lo largo de mi vida he tenido tres o cuatro intentonas de hacer series con ese planteamiento.

Empecé en “Madriz” con una serie, “Cuatro Cisnes Blancos”. Era mi primer intento de hacer un universo de personajes cerrados. Estaba influido por el cine de finales de los 80 y principios de los 90. Esas películas de personajes extraños tipo Jim Jarmusch o Hal Hartley mezcladas con algo del realismo mágico latinoamericano. Empecé a trabajar los personajes e intenté armar un libro. Estuve a punto de hacerlo con la editorial Casset, pero no pudo ser. Me gustaría acabarlo algún día.

Otro intento fue “Cantos del Triste Fin”, que presenté en el Injuve. Era la historia de una misma pareja a lo largo del tiempo, algo similar a Dos en la carretera. Hice un par de historias a color pero lo fui abandonando.

La tercera fue “María Mortecina”, que publiqué en “NSLM”. Creo que es una de las historias que puedo llegar a terminar porque, a pesar de haber dibujado solo un par de historias, tengo mucho material escrito. Tengo el universo de María muy organizado. Este universo tiene que ver con Edward Gorey, un autor que me influyó mucho en una época. De vez en cuando veo lo que tengo escrito y me gusta, así que quizás algún día me siente y lo termine.

“Ono y Hop” fue el cuarto intento de organizar un universo determinado y este sí que lo conseguí cerrar gracias a que lo iba publicando en “NSLM”. La historia de “Ono y Hop” no la considero cerrada del todo, pero tengo tantos proyectos abiertos que de momento me siento satisfecho con el libro tal como está.

P.: Desde “U, el hijo de Urich” comienzas a trabajar con Santiago García y está muy presente en tu trayectoria posterior.

R.: Sí, me gusta mucho trabajar con Santiago, es un amigo, un guionista excepcional y me gusta mucho cómo nos potenciamos el uno al otro Le conocí cuando estábamos los dos en el “U”. El escribía y dirigió la revista una larga temporada. En realidad nos conocíamos de antes pero fue colaborando ambos en la revista cuando llegamos a congeniar más. Yo hacía unas tiras que se recopilaron después en “La Caja Negra”, iconos… estaba muy vinculado a la revista y era amigo de todos ellos. Santiago escribía artículos y hacía traducciones pero siempre había querido escribir cómics. El primer cómic que escribió fue “Beowulf”, que me ofreció hace años y lo que ocurrió después ya lo conocemos todos. Yo me puse con ello pero estuve tres o cuatro años trabajando con el libro y solo logré terminar 30 páginas. Nunca había hecho un libro tan extenso y me metí demasiado, me quemé pero sin llegar a empezarlo con la preproducción. Estuve leyendo un montón sobre vikingos, me hice un story pequeñito coloreado a gouache… cosas que veo ahora y no las acabo de entender. Si hubiese estado un año preparándolo y me hubiese puesto a ello lo habría acabado, pero enfoqué mal el esfuerzo. De todas formas gracias a este aprendizaje he podido hacer “Las Meninas”.

P.: Juntos realizáis también una serie de historias cortas de arte.

R.: Santiago es licenciado en historia del arte y a mí el tema del arte me gusta mucho y lo conozco bien. Es un proyecto que llevamos haciendo en paralelo desde hace años. Son vidas de artistas, no solo de pintores, porque también hablamos de historietistas como Coll. El proceso es el mismo, ir publicando en pequeñas cabeceras para recopilar el conjunto después.

P.: Muchas salen publicadas en “El Manglar”, un intento de recuperar las revistas de cómics en los kioscos.

R.: Fue un intento de Ricardo de Dibbuks de volver a los kioscos pero el momento era ya otro. Ir a kioscos sin publicidad es un suicidio, porque al quiosco la gente va a tiro hecho y es muy difícil que compre si no te conoce. La revista estuvo muy bien y nos sirvió para ir haciendo estas vidas de pintores. En paralelo hemos colaborado con otras revistas y otros proyectos como el tebeo que salió a raíz de “Diamond Flash”, la película de Carlos Vermut.

P.: El eje central de este proyecto es “Las vidas de Vasari” pero incluye otros planteamientos como una historia corta del “Gernika” que hace que Santiago se replantee su concepto de la narración.

R.: Esa historieta es otra de esos momentos en mi trayectoria en el que veo que planteo algo nuevo que me cambia la forma de trabajar. Esa historia de Picasso la publicó la Semana Negra de Gijón. Cuando aceptamos el encargo vimos que encajaba bien en nuestro proyecto de los pintores, y aunque eran solo tres páginas esta historia nos dio la clave de cómo enfocar Las Meninas. Son algunos momentos en la vida de Picasso con diferentes enfoques gráficos. Una de ellas tiene más humor, otra es un collage… Es nuestra historia preferida de las que llevamos hechas de este proyecto. A partir de esta historieta, Santiago decidió un tono y una estructura similar para “Las Meninas”.

Del libro de arte tenemos aproximadamente 30 páginas. Es un libro que en su momento se iba construyendo a partir de pequeñas colaboraciones pero ya no hay revistas, asi que no sabemos cuando lo terminaremos. Lo interesante de cuando te piden colaboracioneses es que  incluso marcan el contenido de la historia. La última que hicimos fue de los dibujantes filipinos en España en los años 70, porque era para una revista que se edita en filipinas, “Perro Verde”. Probablemente nunca la hubiésemos hecho si no nos la hubiese pedido una revista de allí.  A veces el emisor acaba marcando el contenido. Hicimos otra de Coll para la revista “Caramba” que editaba Manuel Bartual… Esa dinámica genera enfoques nuevos. Estamos a la espera de que surjan esas oportunidades pero cada vez suceden menos. En “El Manglar” lo hacíamos trimestralmente pero ahora sucede una vez al año y eso cuando ocurre. Si vemos que no hay más oportunidades acabaremos sentándonos Santiago y yo para completar el libro con otras historias. Queremos hacerlo pero no ahora mismo.

P.: Dentro de esa dinámica del encargo podemos enmarcar el “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”

R.: Así es. SM me llamó porque quería sacar una colección de clásicos en tebeo. Llamé a Santiago y estuvimos barajando varias propuestas hasta que nos plantearon hacer el “Dr. Jekyll y Mr. Hyde” y a los dos nos encantó la idea. Éste fue nuestro primer libro publicado. Fueron solo 32 páginas pero me permitió enfrentarme más tarde a un reto como Las Meninas.

Santiago me sorprendió con una estructura similar a la de “Atmósfera Cero” de Steranko, un libro que a los dos nos encanta. Tiene una estructura muy peculiar con grandes viñetas arriba y pequeñas tiras debajo. La estructura nos vino fenomenal para que el lector tuviera una percepción del tiempo mucho más amplia. 32 páginas son muy poco espacio para contar una novela. Con esta estructura puedes expandir el tiempo de lectura con una viñeta grande. Da la sensación de que tiene más páginas de las que son en realidad. Altera narrativamente la duración del tiempo.

P.: Entronca con el trabajo que estaba haciendo Chris Ware en ese momento aunque lo llevas a tu terreno. En un mismo momento puedes ver distintos ángulos de la historia.

R.:Siendo un encargo y con un enfoque mas convencional, nos pusimos a trabajar Jekyll con el mismo interés con el que hacemos cualquier otro libro. En ningún momento rebajamos la pasión ni el compromiso con el trabajo. Para mí cada libro es un aprendizaje. Este proyecto nos permitió poner a punto nuestra mecánica de trabajo en las grandes distancias.

Chris Ware nos gusta mucho a los dos. Es un tipo muy brillante que ha revolucionado gráfica y narrativamente el cómic. A mí me parece un genio. Esa manera de jugar con la página, no de un modo cinematográfico, sino sabiendo utilizar los recursos propios de la historieta nos ha influido mucho, sobretodo en “Las Meninas”.

P.: Desde fuera da la sensación que “Beowulf” se había convertido en un lastre que os impedía avanzar y el haberte liberado de él te permite lanzarte sin red a realizar “Las Meninas”.

R.: En el fondo “Beowulf” era un cadáver. Teníamos algo en el camino que nos impedía avanzar. La manera de Santiago de acabar con ello fue publicarlo en su blog. Para mí aquello fue como un entierro vikingo, como un rito. Al ritualizar las cosas les damos fin o principio. Lo ritos tienen un sentido y al hacerlo público, David Rubín se ofreció a realizarlo, y esto nos liberó y a la vez permitió que el proyecto se llevase a cabo. Tiene cuerpo y existe. Santiago hizo su libro con David y yo me pude centrar en Las Meninas.

P.: Ahora que empieza a haber libros que cuentan las tripas de las historias, ¿podremos ver ese “Beowulf”?

R.: Quien sabe. Eso en cine se hace mucho, sobretodo últimamente Dos de mis documentales favoritos son sobre como NO se hicieron dos películas. Uno es “Lost in La Mancha”, sobre el Quijote de Terry Gilliam y el otro es sobre la adaptación de “Dune” que iba a hacer Jodorowsky. Probablemente es mejor lo que nos imaginamos que hubiese podido ser que lo que acaba siendo. Para mí no hacer “Beowulf” me ha enseñado mucho, me ha servido para ver cómo hacer “Las Meninas”, el trabajo que hice para “Beowulf” me ha dado una experiencia y un conocimiento. Todo lo que aprendí en el proceso me ha permitido alcanzar otras metas. No sé si tendría un interés un libro sobre el proceso de mi versión de “Beowulf”, aunque de otros autores me encanta verlo. A lo mejor sirve como un rito para cerrarlo definitivamente.

Cuando llegas a una edad empiezas a pensar que tienes más trabajo por detrás que por delante. Llevo veintitantos años de carrera y no sé si voy a estar otros tantos o no. Estoy dando vueltas a cerrar algunas heridas. Hay proyectos que quiero ver si siguen teniendo valor para mí y me planteo si algunas de esas ideas que he dejado varadas siguen teniendo potencial o no.

Tengo más de veinte páginas de una serie juvenil que se llama “Cuatro Gatos”, que hice para una revista de Leganés y que pensaba recopilar cuando tuviese 30 o 40 páginas. La revista cerró y la historia se quedó allí. De “María Misterio”, con Bernardo Vergara tenemos alrededor de treinta páginas del primer álbum. Siempre andamos viendo si lo acabamos o no y no sabemos si a alguien le iba a interesar publicar un álbum de una serie que a lo mejor no continúa.

Mi lado nostálgico me dice que puede ser bonito recuperar todo este material pasado, pero mi lado práctico no ve qué sentido tiene o si es mejor hacer algo directamente en formatos digitales y que se lo descargue el que quiera.

 P.: “Las Meninas” es un regalo de Santiago García para decir a las nuevas generaciones quién es Javier Olivares, un libro definitivo que demuestre que no solo eres un dibujante para dibujantes.

R.: Hombre, yo no lo veo asi… Lo de ser dibujante de dibujantes por una parte es una halago pero por otra parte no deja de ser un fracaso. Es como admitir que tu público son solamente los 2.500 ó 3.000 ilustradores que hay en este país. Digamos que es el libro con el que he podido salir por fin de un ámbito más cerrado y abrirme a un público más general. ¡Aunque reconozco que para mí si que ha sido un regalo hacer ese libro!

P.: Da la sensación que también Santiago venía de dar un salto al gran público con “Beowulf”.

R.: Santiago es muy brillante y enfoca su trabajo de un modo muy pasional. Hasta cuando se trata de un encargo lo convierte en suyo. No creo que haga el trabajo pensando en el público. Lo bueno de Santiago es que tiene muchas intereses y puede tocar muchos temas. Es algo que me pasa también a mí. Recuerdo el momento en el que vi claramente que mi camino no era dibujar para hacer una carrera en Francia. El “Madriz” marcó para mí una ruptura que me hizo ver que quería dominar el dibujo, no que el dibujo me dominase a mí, ofrecer mi personalidad como núcleo de tu trabajo. Recuerdo el momento en que pensé que mi propia voz tenía un valor. En ese instante me di cuenta que lo personal es un valor único, para bien y para mal. Ambos caminos tienen sus pros y sus contras, aunque yo no me puedo quejar porque he trabajado en muchos campos. Es cierto que tengo un dibujo reconocible. No me gusta decir estilo pero es un término que se puede entender. Lo paradójico es que una vez consigues esa voz propia ya no puedes desprenderte de ella ya que por un lado estás atrapado en ese estilo pero eso también te da una gran libertad. Cuando empiezas se te notan mucho las influencias pero una vez definido tu dibujo puedes incorporar muchas cosas, puedes plantearte muchas incursiones en gráficas alejadas con mucha más tranquilidad.


P.: En “Las Meninas” hay mucha renuncia en el aspecto gráfico para entregarte plenamente a la narración y a las exigencias del guionista.

R.: Así es. De hecho “Las Meninas” es el ejemplo perfecto de lo que hablábamos. En “Las Meninas” me despreocupé bastante del estilo y me planteé mas qué necesitaba el guión. Necesitaba a Muñoz, a Alex Toth, a Federico del Barrio, a Guibert… no para copiarles sino para poder aplicar lo que me habían enseñado. Al ponerte en ese tono estás interpretando al estilo Chris Ware. No les estás copiando, digamos que estás tocando como ellos. Eso me ha venido genial para el libro. Necesitaba ese enfoque diferente en cada una de las partes. En el libro están todos ellos, incluso Kirby.

P.: La estructura de la obra es Ciudadano Kane.

R.: Sí, comparte con la película ese tipo de estructura, pero vaya, es un
recurso que se ha usado muchas veces, es un recurso de estructura muy útil. La investigación del caballero de la Cruz de Santiago es el motor narrativo que vertebra la obra. Es una estructura muy interesante para trabajar porque avanzas mientras retrocedes y luego vas punteando todo ello con historias de los pintores futuros, mostrando cómo les ha influido la obra.

Es un planteamiento que me exigía una transmutación gráfica constante, igual que en aquella historia del “Gernika”.

Como decía antes, sobre todo me he centrado en la legibilidad de la obra. No podía hacer unos dibujos con demasiado peso, que distrajeran y que el lector tuviera que descifrar. Me he mantenido en un tono, digamos, mas bajo dentro de mi gráfica.

P.: ¿Cómo te enfrentas a un libro tan largo?

R.: Te pones un plan. Tienes que tener mucha disciplina y pon
értelo fácil. Trabajé año y medio en el libro y a la vez he hice otras cosas, pero el mayor tiempo de trabajo lo ocupó “Las Meninas”. Si en “Beowulf” todas las decisiones que tomé se revelaron mas tarde poco realistas, en este caso planteé todas las decisiones con mas sentido común desde el principio. Me preguntaba en cada momento qué necesitaba y cuánto me iba a llevar. Cuánto tiempo necesitaba para el story, cuánto para la documentación. Tomaba en cada momento las decisiones necesarias. Construir un libro así es como hacer un edificio. Tiene que tener unos cimientos sólidos para que aguante toda la estructura posterior. Una cosa que aprendí con  este libro, y que no apliqué con Beowulf, es una toma de decisiones lógica, basando cada decisión que tomas en su utilidad más adelante. Las decisiones de color que tomaba cuando hacía el story me servían cuando ya estaba con el lápiz. Esas decisiones me liberaban y me dejaban tiempo para dibujar. Con Las Meninas he aprendido cómo hacer frente a un libro de 180 páginas y que básicamente consiste en que no puedes agotarte al principio. Imagino que será lo que hacen los nadadores. Si nadas muy rápido al principio de la carrera no puedes mantener el ritmo y te acabas ahogando. Tienes que mantener un ritmo constante hasta el final, que es cuando más cansado estás. Con este método vas avanzando cada vez más rápido porque has tomado muchas decisiones al principio y al final, cuando estás mas agotado,  necesitas menos esfuerzo porque ya sabes cómo hacerlo. Haces menos trabajo inútil. Es una combinación interesante. Es plantearte una lógica de esfuerzo continuado durante mucho tiempo.

 Toda esa lógica que los deportistas tienen en su ADN como historietista no la tenía asumida, y con “Beowulf” me ahogué en el fiordo.

P.: ¿”Las Meninas” lo escribe Santiago para tí o contigo?

R.: Las dos cosas. Lo escribió para mí porque siempre que hace un guión lo hace con el dibujante en la cabeza. Mi “Beowulf” y el de David no son el mismo y de hecho Santiago reescribió el guión. Para él, el dibujante condiciona el guión, y el proceso nos cambia a los dos. En el momento que preparamos el trabajo para presentarlo a un concurso Santiago vió las páginas que yo había hecho y se dio cuenta de que el proyecto podía tener otro planteamiento y que se podía enfocar de otra manera más interesante. Esas páginas que hice le llevaron a plantearse otro camino. La influencia ha ido de uno a otro y nos hemos fundido como autores. Por eso no distinguimos guionista y dibujante en el libro. Ha sido un proceso mucho más orgánico. Somos dos autores dialogando y colaborando.

P.: Tanto en “Las Meninas” como en “Jekyll” os mostráis como parte de una tradición de autores que interpreta en un caso el cuadro y en el otro el libro.

R.: De hecho en ambos salimos como autores en el propio libro. En “Jekyll” es una coda nostálgica, pero no deja de tener un sentido parecido que en “Las Meninas”. En “Las Meninas” tiene más que ver con  la autoconsciencia de una obra de arte que pone al autor dentro de ella, igual que en en el cuadro Velazquez mira directamente al espectador. En “Jekyll” entronca con una tradición de tebeos en los que salen al final los autores explicando las diferentes versiones y hablando del escritor, pero en el fondo también nos mostramos conscientes de que acabamos de contar una ficción

P.: En “Las Meninas” vemos a Velázquez como un autor que se plantea vivir de su arte.

R.: El arte siempre ha estado ligado a lo comercial. Todos los pintores han estado ligados a mecenazgos de un tipo o de otro. Esa separación del artista y lo comercial probablemente está más relacionado con un concepto romántico del artista, viendo la creación como la gasolina que le permite moverse pero acabas aterrizando en el mundo en el que el arte lo tienes que vender y tienes que buscar el equilibrio entre tu aspecto más artístico y el comercial. Como dibujante de cómics siempre he querido poner en pie mis proyectos más personales pero inevitablemente tienen que tener una vida comercial. Jekyll por ejemplo   fue un encargo y “Las Meninas” ha surgido de nosotros, la llevamos al editor. Cada una tiene su tono pero ambas son expresiones de nuestro mundo personal.

P.: ¿”Las Meninas” es un punto de llegada o de salida?

R.:De alguna manera es ambas cosas. Es un proyecto al que llegas después de una carrera y que se nutre de esta experiencia, pero realmente para Santiago y para mí es más un punto de partida. Nos tiene que impulsar para hacer otras cosas, plantearnos otros retos. Cuando haces un nuevo libro no sabes qué recorrido tendrá, pero nosotros estamos encantados de cómo está funcionando. Creo que además tanto Santiago como yo estamos en un momento muy bueno. ¡Yo no soy muy mayor, espero tener todavía mucha carrera por delante!

P.: ¿Un momento de recoger frutos?

R.: La verdad es que tampoco teníamos claro que el libro fuera a ser un éxito. Yo al menos tenía mis dudas porque cuando empezamos a trabajar tenía ante mí la vida de un pintor del siglo de oro con una vida personal bastante gris y poco conocida, y es una novela gráfica relativamente compleja con un montón de niveles. Yo lo veía como un libro difícil, aunque tenía mucha confianza en el trabajo que habíamos hecho. No puedo estar mas contento de haberme equivocado.

P.: Hablabas antes de llegar a un público ajeno del mundo del cómic.

R.: La Novela Gráfica ha ampliado bastante el espectro del público. Tiene que ver con el tema, con el momento. Ahora mismo la Novela Gráfica está en el foco de la gente a la que le gusta leer de todo. Hace 10 años no creo que nuestro libro hubiese funcionado así, ahora mismo los medios están muy pendientes y el público está muy receptivo. Y poco a poco se está rompiendo ese mito de que es un medio solo para niños y para jóvenes. Hay un público que después puede lee a Murakami o a Marías. Para mí, conseguir esa normalidad es fundamental. Si la conseguimos podemos conseguir que no se cuestione al medio. Lo que hagamos será una buena obra o una mala obra,  como en el cine o la literatura pero lo importante es que no se la cuestione por el medio en la que se expresa esa obra. Esa me parece una meta fundamental a conseguir. Ahora nos toca a nosotros: hacer obras que merezcan la pena, llenar ese continente de contenido.

P.: Después de “Las Meninas”, ¿qué?

R.: Es la gran pregunta. Hay varios proyectos a los que estamos dando vueltas. De momento no lo tenemos muy claro. Santiago está metido ahora con Luis Bustos en “¡GARCÍA!”, un libro con una historia similar a la de “Beowulf”. Era un proyecto que tenía con Manel y no lo pudo acabar. Santiago habló de esto en el blog y así encontró a su nuevo dibujante que es Luis Bustos. Nosotros barajamos varias ideas pero no sabemos cuál será la elegida. Sí tenemos la voluntad de hacer otra novela gráfica, además del libro de arte que queremos seguir trabajando en él.

P.: Hablábamos antes de cómo tu trayectoria está marcada por nombre propios. Otro autor con el que compartes mucho es con el escritor Fernando Marias. Con Fernando haces “El silencio se mueve” en el que se mezclan literatura y cómic.

R.: Con Fernando me pasa algo similar que con Santiago, que formamos un buen equipo.  Cuando encuentro a alguien con quien me encuentro a gusto trabajando me pego como una lapa a él porque es difícil encontrar gente con quien tengas esa afinidad. De hecho “Prisioneros de Zenda” es una buena muestra de nuestra afinidad, ya que es un libro que nosotros le propusimos a SM. El primer libro que hicimos, “El silencio se mueve”, fue un encargo de la editorial a Fernando, que ya tenía en la cabeza que hubiese un tebeo dentro de la historia y me llamó a mí para hacer el trabajo. El protagonista del libro es un dibujante y Fernando quería que yo hiciese una historieta e hice una historia de 32 páginas y algunas ilustraciones.

P.: El protagonista de “El Silencio” es el ilustrador Joaquin Pertierra, un personaje que creáis. Para dotar de personalidad al protagonista jugáis con los límites de la realidad y la ficción y comienzas a desarrollar una obra para el personaje.

Si, esto es una de esas cosas que surgen de un encargo concreto, como es crear de la nada un dibujante para un proyecto y ha acabado siendo todo un camino de descubrimiento y exploración para mí. Siempre me ha gustado la idea de los heterónimos, los “alias” y los nombres tras los que explorar caminos diferentes. Joaquín Pertierra empezó como una ficción y ahora es ya una realidad.

 

P.: ¿Cómo nace la idea?

La idea nació de una necesidad editorial, y se ha convertido en un proyecto personal. Pertierra me ha llevado por caminos que conducen a preguntarme por la importancia del “estilo”, por cómo funciona y qué significa realmente. También me ha hecho reflexionar sobre la tradición y he buceado aún más en los injustamente desconocidos ilustradores de los años 45, 50 y 60. Para mí está siendo un viaje apasionante, un juego divertido y una experiencia muy rica.

 P.: ¿Volverás al personaje en el futuro?           

De momento sigue ahí. Hay muchas cosas sobre el personaje que aún no sé y mucho trabajo suyo que no conozco y que me gustaría mucho poder ver.

 P.: Después de “El silencio se mueve” Fernando y tú volvéis a trabajar juntos.

R.: Nos gustó la experiencia y decidimos hacer un libro llevados por la pasión de las historias de aventuras que leíamos y las películas que ambos veíamos cuando éramos niños. El libro se llamó “Prisioneros de Zenda”.

P.: En “Prisioneros de Zenda” aprovechas al máximo tus habilidades como ilustrador.

R.: Es interesante ese libro. Quería encontrar una narración fluída entre las páginas. No quería trabajar con la estructura habitual de un libro en el que el texto y el dibujo van por una parte cada uno. Muchas veces la narrativa es muy leve, está apenas sugerida. En este libro quisimos ganar ese terreno para lo gráfico y sobre todo para lo narrativo. Lo que buscaba es que texto e ilustración avanzasen en común. Es una estructura que me gusta mucho porque consigues una mezcla muy interesante. Entre unas páginas y otras hay un salto narrativo muy pequeño. Es más complicado porque hay mucha más ilustración que hacer, pero el resultado me parece muy interesante. No se trata de puntear el texto con una imagen en un momento concreto. Se trata de narrar a dos voces, una gráfica y una literaria. Así como no se entiende a dos personas si hablan a la vez, en la música sí puede haber varios instrumentos sonando porque no tocan lo mismo, se van contrapeando. En el mundo del libro ilustrado también se puede hacer. Es usar esa capacidad musical que permite que varios instrumentos toquen y todo fluya sin que haya una cacofonía pero con la literatura ilustrada. Fernando desde la literatura y yo desde lo gráfico podemos aportar una voz y una experiencia narrativa diferente, mas intensa. Me gustaría explorar ese camino más adelante en otro libros.

P.: Te permite explorar caminos diferentes. Da la sensación de que hay una explosión gráfica.

R.: La idea es que haya un equilibrio. Busco mucho la legibilidad, es un tipo de dibujo que he usado mucho en “Las Meninas”. En “Ono y Hop” el lector tiene que descifrar mucho más el dibujo, es bastante más barroco y hay mucha más intención puramente plástica. En “Prisioneros” y en “Las Meninas” encontré un tipo de dibujo que me resultase más fácil de hacer y de entender. Tiene que ver también con el trabajo. Son 180 páginas. Si cada página tiene una elaboración muy compleja no deja de ser un impedimento para que se pueda leer bien el conjunto. En “Prisioneros de Zenda” al haber más dibujos, más presentes, necesité atenuar el barroquismo para que la lectura pudiera fluir mejor. Para mí, todo lo que aprendí tanto en Jekyll como en “Prisioneros” fue fundamental para poder afrontar Las Meninas.

P.: ¿En algún momento os habéis planteado hacer un cómic juntos?

R.: En alguna ocasión Fernando y yo hemos hablado de hacer una novela gráfica pero todavía estamos dándole vueltas. Tampoco es fácil armar un proyecto así. Él es novelista y tiene sus propios proyectos. Una opción que hemos pensado es adaptar alguno de sus libros. De vez en cuando lo hablamos. Como estamos a gusto trabajando, probablemente acabaremos haciendo algo.

P.: Al principio de tu carrera el cómic y la ilustración se separan. Da la sensación de que en tus últimos trabajos vuelven a converger.

R.: Con los años, empiezo a entender mejor ambas disciplinas y aprovecho las oportunidades que cada una tiene de usar elementos de la otra, la permeabilidad que tienen como medios. En Las Meninas hay momentos en las que uso al ilustrador. Cuando Santiago me pide una doble página el ilustrador pone todas sus herramientas al servicio de la historia. Hay momentos en los que tengo que pensar en las características de una imagen sola con una forma de narrar diferente que las páginas de cómic que lleva antes y después. Es interesante porque son dos medios que no están tan separados como parece, en definitiva son dos medios narrativos. No soy ilustrador porque me guste dibujar, soy ilustrador porque me gusta contar historias. A mí los dibujos, solos en el espacio, me gustan, pero mi interés ha sido siempre por la narrativa. En mis cuadernos apenas hay dibujos sueltos. No soy un pintor, mi trabajo no tiende a lo puramente gráfico. Tiendo a lo narrativo siempre. Soy un narrador. Empleo los dibujos a medida que los necesito. Voy incorporando los dibujos y construyo el libro siempre como un artefacto narrativo. Hay un placer por lo gráfico, pero cuando hago libros, siempre lo supedito a lo narrativo.

P.: ¿Qué te gustaría pedirle a la ilustración y al cómic?

R.: Que me dejara estar dentro. Es mi vida. Es mi oficio, pero también mi pasión. Me gusta hacer incursiones fuera, pero me gustaría tener una carrera larga e interesante.

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