Escribo este artículo el 30 de junio a las 2,30 de la madruga en mi casa de Santander con una temperatura ambiente de 14 grados.

Estaba en la cama, con mi pijama, cubierto por la sabana y nuestra colcha de verano pero no era capaz de conciliar el sueño, a causa de un proyecto empresarial que acabo de configurar.

Al mismo tiempo me vinieron a la cabeza, las imágenes que estamos viendo en los informativos de la televisión españolas sobre las temperaturas que, en estos momentos, están sufriendo muchos millones de españoles. Mis paisanos se derriten a esta misma hora en Cáceres, Badajoz, Sevilla y Cadiz, lugares en los que nací y viví hasta los 22 años.

A esta misma hora miles de ciudadanos habrán sacado los colchones a balcones y terrazas para intentar respirar durante la noche. Otros cuantos millones tendrán como aliados el aire acondicionado y los ventiladores pero, todos ellos, pasaran una noche axfisiante a 20, 25 o 30 grados, según el sol haya impactado en sus viviendas…

Y yo con mi pijama, mi sábana, mi colchita y mi Isabeluca… feliz en la cama

En noches como estas me siento especialmente solidario con todos mis paisanos del alandalus. Cuando en el año 1982, por esas oportunidades que te ofrece la vida, conocí la cornisa cantábrica, lo tuve claro… yo me convertiría en un emigrante climatológico, solo era cuestión de tiempo… y en primavera de 1984 me vine a vivir a Bilbao, donde en octubre me casé.

Desde entonces disfruto del clima mas equilibrado y racional que existe en la península ibérica, sin fanatismos territoriales, y es en estos días de verano, mientras veo la imágenes de los informativos cuando mas reconfortado me siento.

Si, paisanos extremeños y andaluces, en estos momentos tenemos en Santander 14 grados, todo el campo rezuma verdor y se duermo con pijama, sábana y colchita…

Cuando afirmo alguna vez públicamente que soy un emigrante climatológico, la gente esboza una sonrisa compasiva y el menos amigo piensa, ¡vaya gilipollas!… e fin que queréis que os diga, lo soy porque así lo elegí cuando conocí la cornisa cantábrica y aunque mi primer objetivo fue Asturias ¡que guapa yés!, el amor me llevó a Bilbao, donde nacieron mis hijos y luego elegí Cantabria para asentar mi proyecto de vida.

Y es que el sur es maravilloso en primavera y otoño pero eso solo son 4 meses de los 12 que tiene el año, el resto es insoportable, o por calor o por frio… pues el invierno tambien se sufre, en viviendas que no están acondicionadas para ello… y es que es muy distinto ir de turista a un hotel durante unos dias a sufrir la inospita climatología del día a día en el sur de la península. Lo afirma un andalusí, yo

Y tras esta breve reflexión, a la que me llevó el sentirme solidario con mis paisanos, vuelvo a la cama a dormir a pierna suelta, con mi pijama, sábana y colchita, mientras millones de españoles estarán pasando una “noche horribilis”, en balcones y terrazas, donde los mosquitos estarán haciendo zafarrancho de combate y alimentándose de los acalorados habitantes del alandalus… tranquilos paisanos que octubre llega pronto, hasta entonces ya sabéis lo que os espera… yo lo sufrí 23 años y elegir ser un emigrante climatológico, a dios gracias.

Paisanos permitidme una recomendación final, venid a Cantabria de vacaciones, la única CCAA con aire acondicionado incorporado y si de paso os quedáis y montáis una empreasita, no os arrepentireis, aquí hay futuro y… un clima ideal con 15 grados de media al año…