Sopesando su textura, ha llevado la pelota a su pecho mientras con la otra mano la esconde con el guante. Mira fijamente a su rival, como retándole a un duelo. Luego se sitúa de perfil y eleva la rodilla izquierda mientras su brazo derecho, catapulta de músculos, comienza a prolongarse para ejecutar un latigazo que despide la pelota como un proyectil. Pero su trayectoria no es recta. La yema de los dedos, en su último contacto, ha acariciado la bola para llenarla de dudas en su destino. Por eso tiembla, desciende abatida hacia fuera de la zona de ‘strike’ y luego se repone curvada para entrar desconcertante, entre los hombros y las rodillas del bateador, hasta el guante del ‘catcher’.

-¡Strike tres! –grita con el brazo estirado el árbitro principal.

Como impulsados por un resorte, los jugadores han saltado al centro del diamante del estadio Latinoamericano de La Habana, donde ‘Papo’ Liaño, lanzador de Los Industriales, observa emocionado cómo los primeros en felicitarle son los del equipo rival, los de Pinar del Río, que han caído derrotados 8 x 0. Muy pronto se encuentra rodeado por una nube de jugadores que pronuncian con admiración la jugada maestra que acaban de presenciar: ‘no hit no run’ (cero hit y cero carrera), con Liaño superando todos los ‘innings’ sin permitir ‘hits’ (llegadas a primera base por bateo y sin errores defensivos) ni carreras a ninguno de los 28 bateadores que han sufrido sus lanzamientos. Aquel ‘no hit no run’ se produjo el martes, 4 de febrero de 1969. ‘Papo’ fue el quinto jugador de Cuba que lo consiguió en la categoría amateur, y hubiera sido ‘juego perfecto’ (desenlace idílico de todo lanzador de pelota) si a su primera base, Santiago Scott, no se le hubiera escapado la bola permitiendo a un pinareño posarse en primera por el error.

Ambiente propicio en torno al Ferroviario

Andrés Liaño Castelo, nacido en La Habana el 4 de agosto de 1940, era hijo único del cántabro Saturnino Liaño de la Sota, natural de Oruña de Piélagos que emigró a Cuba, donde montó un taller de confección y una fábrica de cortinas venecianas, casándose con la cubana Carmen Castelo Serpa. Vivían al lado de la sede del Club Ferroviario, histórico equipo cubano de pelota, en el municipio 10 de octubre, donde había unas instalaciones deportivas que el joven Andrés comenzó a frecuentar y en donde también destacaba como tenista. Su padre era delegado del club de Los Industriales y no fue difícil que ‘Papo’ se aficionara al deporte nacional de Cuba, iniciándose con 13 años en la Liga Intercolegial cuando estudiaba en el colegio de Los Maristas.

En 1957 se incorporó al Club Ferroviario y luego al CMQ TV, sobresaliendo como lanzador o ‘pitcher’. En 1960, con la Universidad de La Habana, ya era considerado como uno de los mejores lanzadores del campeonato. En 1961 se proclama campeón con la Universidad y en la temporada 1965-66 debutó con Los Industriales, el equipo más importante de Cuba, con el que sería campeón esa campaña, alternando después uniformes con Los Occidentales (1966-67) y la Habana (1967-68 y 1969-70), con los que conseguiría nuevamente el título en 1968.

Tentado por los Piratas de Pittsburgh

Aunque estuvo tentado por los Piratas de Pittsburgh para jugar en las Grandes Ligas de los Estados Unidos, ‘Papo’ prefirió quedarse en Cuba por el apego familiar, ya que como hijo único no quiso dejar solos a sus padres. En 1968 debutó con la selección nacional de Cuba en amistosos disputados en Italia que sirvieron de preparación para el Preolímpico de México, donde competiría contra los equipos de EEUU, México y Puerto Rico, proclamándose mejor lanzador del torneo que ganarían los estadounidenses.

El pulgar reventado

Actuando como bateador, ‘Papo’ recibió un pelotazo que le reventó el pulgar de su mano derecha, lesión que disminuiría su eficacia como lanzador y que a la postre le invitaría a retirarse, pasando a ser en los años ochenta jefe de la delegación cubana de softball que competiría en Italia, Holanda y Nicaragua. Su carisma como gran jugador de béisbol le abriría las puertas para ser jefe de Deporte Escolar del Instituto Nacional de Deporte, Cultura Física y Recreación, jefe de Promoción Deportiva y jefe de Protocolo del Gobierno de La Habana. A pesar de su jubilación, se le ha requerido para ser asesor del director provincial de Deporte de La Habana, función que desarrolla en la actualidad.

La fama de ‘Papo’ aún es reconocida en la actualidad por las calles de La Habana, donde ejerce de cántabro al presidir la histórica Sociedad Montañesa de Beneficencia. Ésa es su permanente vinculación con Cantabria, junto a los recuerdos de su padre y las visitas que realiza periódicamente para ver en Torrelavega a Andrés y a Luis Miguel, hermanos orgullosos de ser hijos del ‘pitcher’ cántabro del ‘no hit, no run’.