El periodismo agoniza, pero el ‘show’ debe seguir

R epartir noticias a los medios radiales, escritos y televisivos, hace 35 años, era una experiencia casi religiosa.

Yo comencé a activarme en las lides periodísticas en ese entonces, bajo el fragor de la batalla política entre los civilistas y militares.

En el tiempo del calor sofocante del verano y la humedad de las angostas calles panameñas.

Cuando titilaban las fondas y restaurantes ‘cuara y cuara’, y tener un salario superior a los mil dólares era todo un lujo e inferior a los 300 dólares, casi una regla.

Las grabadoras eran enormes y el listado de casetes con grabaciones extenso.

Las computadoras brillaban por su ausencia y las pocas que sobrevivían sin necesidad de internet, eran silenciadas por el ruido y martilleo ensordecedor de las interminables ‘máquinas de escribir Olimpia’ de color fuerte, montadas sobre un pequeño escritorio de metal.

En ese mar de agitados gritos entre secretarias, conductores, fotógrafos y periodistas me forjé y me formaron maestros de la talla Euclides Corro, Antonio Díaz y Eric Rodríguez Auerbach, entre otros grandes profesionales de la pluma, en ese momento.

Siempre admiré la fuerza de Rolando Aizpú y su entrega y dedicación para manejar y cargar una poderosa cámara ‘tres cuartos’ (3/4) en medio de protestas estudiantiles contra los Gobiernos de turno, o las gigantescas marchas de los educadores en los años 80.

Estaba muy joven en ese entonces, apenas podía balbucear una noticia, pero aprendí de la paz en medio de las turbulencias políticas y las insatisfacciones populares, los gritos de consignas y lamentos de los que menos tienen.

El periodismo de aquellos tiempos era más rudimentario que el de nuestros días, pero se vivía y respiraba la noticia, cada nota antes de la salir a la opinión pública se vivía y se escribía en el corazón.

Era un periodismo cuasi religioso, había que tener buena voz y saber hablar para estar en radio, la televisión era más que una cara bonita y los redactores de medios impresos eran como literatos, que convertían cada noticia en una historia, a la altura de ‘Lo que el viento se llevó’ o ‘Cien años de soledad’.

El periodismo generaba opinión pública, y las noticias eran degustadas cual ‘manjar de los dioses’, una especie de ‘bocado de cardenales’, o un platillo a la carta del famoso restaurante ‘Fontaine Blue’ de Nueva York en los años 70, cuyo costo de los cubiertos sobrepasaba en ese entonces los 125 dólares.

Hoy, la tecnología supera al periodismo, se ha perdido un tanto la mística, la dedicación y el cariño por la historia noticiosa, las imágenes y la ficción superan la realidad, sin importar el costo.

Desaparecieron las fotos amarillas y blanco y negro, las noticias en sobres, los casetes grabados y los pases de audio y sonido al aire. La entrega de videos y noticias de manera expresa y personal en las redacciónes, pertenece a la era de los dinosaurios de la comunicación, y los grandes periodistas se quedaron en el recuerdo.

Las empresas periodísticas en papel están a punto de desaparecer, en vías de extinción y aumenta el desempleo de profesionales y empíricos, solo la creatividad puede minimizar la tragedia.

El legado de Mario Velásquez, Justo Fidel Palacios, Cristóbal Sarmiento y del propio Gaspar Octavio Hernández se quedó en el recuerdo, y para algunos con más suerte, su fotografía o su retrato hablado, todavía se despunta en las paredes, de unas cuantas redacciónes de rotativos.

Los famosos ‘youtubers’ quieren reemplazarnos, bajo el pretexto de que la noticia debe ser corta y precisa.

Los grandes reportajes impresos, radiales y televisivos han sido remplazados por los magistrales ‘espectáculos mediáticos’ apoyados en los altos niveles de sintonía.

El periodismo, como lo conocí hace 35 años, está a punto de desaparecer, pese a los esfuerzos de los que orquestaron su crecimiento y desarrollo desde las aulas universitarias, como Milciades Ortiz. Pero no importa lo que pase ni cuántos valientes soldados de las letras periodísticas perezcan en el recorrido y fragor de la batalla, el ‘show’ debe seguir y el periodismo sobrevivir.

PERIODISTA

‘Los famosos ‘youtubers’ quieren reemplazarnos, bajo el pretexto de que la noticia debe ser corta y precisa. Los grandes reportajes impresos, radiales y televisivos han sido remplazados […]’
 
‘El periodismo de aquellos tiempos era más rudimentario que el de nuestros días, pero se vivía y respiraba la noticia, cada nota antes de la salir a la opinión pública se vivía y se escribía en el corazón’
 

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