Narcos, Stranger Things, La Casa de Papel, Élite, Cobra Kai y ahora El juego del calamar han supuesto acontecimientos culturales en boca de todo el mundo. En el trabajo, en la cafetería, haciendo deporte o tomando una copa en un pub ¿no las has visto? Estás fuera de la conversación, el público parece fascinado.

Pero ¿cuál es la sustancia narcótica que hace que tanta gente esté ahora enganchada a El juego del Calamar?
Que sea una serie surcoreana tras el éxito de Parásitos ya juega a su favor por ese turismo cultural de sofá, de querer ver algo raro, exótico y diferente, pero sin riesgos (con cierto toque independiente y cultural) que tanto cala en la audiencia occidental. Quizá también el hecho de que su director, Hwang Dong-hyuk , se inspirase en la también extraña y surcoreana Alice in Borderland, donde los juegos sádicos (aquí ya videojuegos) que tan bien habían funcionado en sagas del terror como Saw son ahora más sofisticados y adaptados de la era analógica a la era digital.

2020 nos hizo caer en la cuenta de que Corea del Sur tenía grandes cosas que ofrecer a nivel de series y películas, con la premiada ‘’Parasitos’’. La cantidad de premios que la película recibió hizo que mucha gente se interesara por el país surcoreano. Sin embargo, Corea del Sur era ya una tierra bastante fértil a nivel cinematográfico y seriefilo desde hacía mucho tiempo. Y cada año lo vuelve a demostrar con creces.

Un ejemplo de ello es esta magnífica serie de Hwang Dong-hyuk que va a suponer toda una revelación en el futuro. La serie tiene todos los ingredientes para convertirse en un producto espectacular que será recordado durante muchísimo tiempo. Aunque su concepción inicial, un juego de supervivencia, recordara a otras cintas como ‘’Battle Royale’’ o la reciente serie del catálogo de Netflix ‘’Alice in borderland’’, el tema de la supervivencia es solo un lindo envoltorio con el que pasar entretenidos un par de episodios.

El trasfondo que el guion de Hwang Dong-Hyuk establece es mucho más profundo de lo que parece a simple vista. El gore y las escenas sado dan paso a reflexiones filosóficas sobre la naturaleza humana que tienen un hondo calado emocional. Y la crítica pasa a ser política. Una brutal y despiadada critica al capitalismo, al triunfo del éxito por encima de todas las cosas, al ‘’cliente tiene la razón’’ aunque pase su vida vejándote o al ‘’quien paga, manda’’ que otorga poder a unos pocos a costa de robárselo al resto. De este modo, vemos como un grupo de individuos marginales (en su mayoría hombres y mujeres endeudados, adictos al juego, ex convictos, prófugos, mafiosos, ladrones o simplemente extremadamente pobres y sin recursos), compiten entre ellos por ganar un suculento premio económico que acabaría con todos sus problemas y les ayudaría a volver a levantase del suelo con dignidad y emprender una nueva vida.

Para ello, en su mayoría, llegaran a cometer todo tipo de vilezas como la traición, las agresiones o el asesinato. No obstante, la serie también nos dice que, aunque el mundo en el que vivimos sea tan oscuro, también podemos encontrar algo de luz. A veces, en las personas en quien menos lo pensamos.

De este modo, Gi-Hoon, el protagonista es un hombre adicto al juego que a pesar de tocar fondo en innumerables ocasiones aún conserva suficiente calidez y humanidad como para ayudar al que más lo necesite y sentir empatía por los que le rodean. Gi-Hoon es la variable que los creadores del juego no esperaban. La bondad y la solidaridad de la especie humana. Algo que no se deja ensuciar por la codicia o la avaricia. Gi-Hon es el fracaso absoluto del capitalismo más feroz donde ser productivo significa pasar por encima de otros. Y es que el lugar donde se desarrolla la acción es un paraje alejado de una isla desierta donde se llevan a cabo unos juegos de infancia aparentemente inofensivos en los que los perdedores deben morir. Pero la acción bien podría ubicarse dentro de cualquier empresa o ámbito laboral.

La serie tiene un ritmo endiablado y trepidante que te hace estar pegado a la pantalla y devorar cada capítulo con avidez. Te vas haciendo adicto a lo alocado de su trama y a los giros espectaculares e inesperados que cada capítulo esconde. El desenlace es una jodida maravilla y aunque habrá gente que no lo entienda y a la que le parezca flojo, creo que no podrían haber creado un mejor cierre. Cada personaje es interesante en sí mismo y tiene una historia diferente y particular que ofrecer. Hasta los secundarios consiguen lucirse con personajes muy bien desarrollados, bastante épicos y memorables. Aquí todos son protagonistas. Todos tienen algo importante que aportar y con lo que enriquecer a la historia. Ninguno de ellos sobra. El número de episodios, solo 9, ayuda a que su visionado resulte muy placentero. No se hace pesada ni aburre en ningún momento.

Hwang Dong-hyuk ha creado un producto bien definido, con una historia atractiva y bien desarrollada, que hará las delicias por partes iguales de los seguidores del género y de los que también busquen encontrar algo diferente que les ofrezca más que un rato entretenido. El elenco de actores consigue que la serie alcance altas cuotas de genialidad. Lee Jung-Jae se luce con un personaje carismático al que es fácil cogerle cariño. Park Hae-Soo y Heo Sung-tae destacan de igual modo como villanos. Uno por interpretar a un lobo vestido de cordero y el otro por lo metido que está en su papel de mafioso. Jung Ho-Yeon y Kim Yoo- ryung lo bordan en sus papeles como dos mujeres muy diferentes. Pero sin duda, es Oh Young-soo(el viejo) el alma de la serie, interpretando a un personaje que causa simpatía por parte del espectador desde el minuto cero, creando una actuación entrañable que guarda más de una sorpresa. Cabe destacar también los cameos de actores más famosos a nivel internacional como Gong Yoo o Lee Jung-Jae. Aunque breves, sus apariciones resultan memorables.

No cuento nada más de la trama para no adentrarme en spoiler, creo que es muy importante que cada uno la disfrute sin saber muy bien que se va a encontrar. Estoy seguro de que, si le dais una oportunidad a esta serie, la disfrutareis muchísimo. El reto que nos propone Hwang Dong-hyuk es tan dulce que os moriréis por jugar un ratito más. Hacen falta más series con la elegancia y la inteligencia de está en el catálogo de Netflix.

El Juego del Calamar es una sensación que seguramente se convertirá con el tiempo en una serie de culto. A pesar de lo simple que puede parecer en un primer momento, la serie contiene los suficientes elementos como para convertirse en una obra multidimensional con un tremendo gancho.

Patxi Ávarez Gonzalo