Te dispones a ver una película cuyo argumento a priori parece sencillo, pero cuando ésta llega a su fin te vienen millones de preguntas a la mente, miles de cosas que analizar o debatir y su mensaje deja tal calado en tu interior que pasan minutos u horas y te das cuenta de que tú aún sigues dándole vueltas a todo aquello que acabas de visionar.

Este es el tipo de cine que me gusta. Ese tipo de cine cuyos autores no solamente se conforman con entretenerte, sino que además quieren llevarte más allá y hacerte reflexionar. Autores que saben lo que quieren y lo que buscan en el espectador, que cuidan hasta el último detalle de su guión, de su diseño de producción, de su fotografía… y acaban entregándote un producto sobresaliente. Algo así me encontré este cuando vi la fantástica ‘Parásitos’, y esto es lo que nos podemos encontrar en mayor o menor medida tras visionar ‘El hoyo’.

Galder Gaztelu-Urrutia nos trae en su ópera prima un producto fresco y original, a la par que terrible y desgarrador, que nos muestra algunas de las más oscuras facetas que tenemos los seres humanos como son el egoísmo, la avaricia y la codicia. El «yo» siempre por delante y el anteponer lo que es mío a todo lo demás. Es cierto que a lo largo del film también aparecen personajes que nos muestran algún destello esperanzador que nos hace pensar que no está todo perdido, pero esto pronto se desvanece para dar paso al verdadero y crudo mensaje final: El mundo es como es y tú solo no lo puedes cambiar. Lo único que está realmente en tus manos es cambiarte a ti mismo y hacer lo correcto.

Llega el ambiguo final, abierto a distintas interpretaciones (*), un fundido a negro y la película acaba. Nuestro aplauso atronador no distrae al runrún de nuestro cerebro que ya en este momento empieza a darle vueltas al apabullante bombardeo de mensajes y metáforas con fuertes críticas sociales, políticas e incluso religiosas que ‘El hoyo’ nos ha hecho llegar, y a un servidor le queda la sensación de que acaba de ver una gran obra muy cuidada tanto en forma como en fondo, que además seguramente gane enteros con un segundo o tercer visionado. Así que esto, señoras y señores, se ha de premiar y, aunque no le ponga un 10 porque esa nota me la guardo para películas que realmente son o han sido muy especiales para mí, sin duda mi nota de «Sobresaliente» se la ha ganado.

El final es un poco ambiguo ya que el estado en el que llegan los dos personajes al nivel 333 es tan decadente que nos es difícil saber cuáles de las imágenes que se nos muestran son reales o cuáles son visiones del protagonista. Si la niña al final es de verdad hija de Miharu, ¿ha mentido el personaje de Antonia San Juan o ha mentido la Administración?

Mi interpretación es la siguiente: No importa nada de esto porque todas estas dudas pasan a un segundo plano para dar paso al mensaje real. Y, ¿cuál es el mensaje? ¿La panacota? No. La panacota al final era la excusa, el medio, para hacer llegar a los miembros de la Administración el mensaje de que al fin los humanos hemos aprendido a compartir, a racionar, y a administrar el alimento para que todos tengan su parte y nadie muera de hambre.

Un mensaje que el propio Goren ve que no es cierto, ya que aunque la panacota llegue intacta, cientos de personas se han asesinado o se han devorado entre sí en casi todos los niveles, y nadie a racionalizado la comida por iniciativa propia. Es por eso que al final se da cuenta de que el verdadero mensaje no es la panacota sino la niña. La vida de esa niña que es salvada gracias al virtuosismo de nuestro protagonista que entiende que nada de lo que él pueda llegar a hacer va a cambiar a la sociedad, pero lo que sí que está en su mano es hacer lo correcto y conseguir que esa niña viva. Goren sube a esa niña a la plataforma y se sacrifica en el último nivel para morir en paz, pues ese mensaje no necesita a un portador. El mensaje es el mensaje. Nuestro protagonista finalmente entiende que él solo jamás podrá cambiar a la sociedad, pero tampoco puede permitir que la sociedad le cambie a él.

Buscando en Internet he encontrado un análisis con el fragmento de El Quijote que nos llega a leer el protagonista al final del film, pero no es tanto el fragmento que se nos lee el que nos deja la pista definitiva sobre el final de la cinta, sino más bien el fragmento que le sigue y el que Goren no llega a leer el que finalmente nos explica bien el por qué de la reflexión final y la posterior decisión del protagonista.

Goren llega a leer: «El grande que fuera vicioso, será vicioso grande y el rico liberal será un ávaro mendigo. Que al poseedor de las riquezas no le hace dichoso tenerlas, sino gastarlas. Y no el gastarlas como quiera, sino saberlas bien gastar».

Pero el fragmento que le sigue y que no se nos lee en el film es el siguiente: «Al caballero pobre no le queda otro camino sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido, y oficioso, no soberbio, no arrogante, no murmurador y, sobretodo, caritativo…»

Dicho esto, sacad vuestras propias conclusiones.

Patxi Ávarez Gonzalo