El hombre invisible es la última película de Leigh Whannell, director que hace relativamente poco dio la campanada por una película de poco presupuesto pero bien ejecutada, Upgrade (2018) así como la última película de la productora Blumhouse, una compañía especializada en el cine de terror, con películas que a pesar de no ser grandes superproducciones, tienen una rentabilidad considerable. La película, que en España se estreno el 28 de febrero de este año,cosecho buenas críticas y cuenta como estrella principal del reparto con Elisabeth Moss (conocida por su papel en el cuento de la criada), quien por otra parte es de lo mejor de la película.

A El hombre invisible se le nota la producción Blumhouse. Me atrevería a decir, que incluso a nivel estético la película tiene muchas semejanzas con otras obras de la misma productora, como Insidious (2010) o Sinister (2012). De hecho, la película tiene más relación a nivel visual e incluso temático con estas películas que con Upgrade. No en vano, Leigh Whannell fue también director de la tercera entrega de Insidious (2015), y El hombre invisible en realidad juega con muchos elementos del subgénero de terror de casas encantadas y fantasmas, solo que añadiendo algunas particularidades, como es el hecho de que el espectador es totalmente consciente de lo que está pasando, no así los personajes de la propia película, que van siempre varios pasos por detrás.

¿Qué harías si fueras invisible? Todos nos hemos hecho esta pregunta alguna vez. Y la verdad es que ventajas para la humanidad que pueda dar este «superpoder» son más bien pocas. Y eso precisamente es lo que pensaban los guionistas de la película (que parece ser es el propio director de la cinta), que simplemente cogen de H.G Wells y su obra, una inspiración para llevar los efectos y consecuencias que planteaba el británico en su libro a nuestra época. Así, la película nos presenta una visión en la que «el hombre invisible» es obviamente el «malo», y cuyas implicaciones éticas le llevan a cometer barbaridades.

El eje principal del guión girará en torno a la salud mental de la protagonista. Parece que nadie la cree cuando dice que hay un hombre invisible que la persigue (¿Por qué será esa desconfianza…?). Sin embargo, esto no es lo mejor del guión, pues esta situación la hemos visto mil veces y mejor expuesta en tantas otras películas. Lo mejor seguramente se encuentra en la (muy obvia) lectura que subyace en El hombre invisible sobre los malos tratos y la violencia doméstica. Es una lectura que se lanza al espectador a la cara, lo que habla poco de la sutilidad del guión, pero que al estar envuelto por el tema fantástico resulta más que interesante. Terror con corte social, que por este motivo puede evocar a Déjame Salir. No solo por la violencia física, sino especialmente por la violencia mental (que la película retrata maravillosamente) que emplea nuestro hombre invisible, y que es por desgracia tan palpable para muchas mujeres en el mundo.

Lo cierto es que la propia premisa de El hombre invisible, (¿Cómo demonios va a existir alguien que es invisible en una película que no es de superhéroes?) hace que la película firme con el espectador un pacto de ficcionalidad que tiene muchos riesgos. La película es difícil de creer y en ocasiones hay giros de guión que no le sientan demasiado bien (especialmente todo lo relacionado con el hermano, Tom). A pesar de ser una película que no deja respirar en ningún momento, una vez terminado los fuegos artificiales uno se pregunta si realmente la película es tan profunda como algunas hermanas suyas.

A Leigh Whannell se le ven con ganas detrás de la cámara. En ocasiones, la película parece un escaparate donde el director nos enseña a cómo dirigir escenas de suspense. Y a fe, que el director no lo hace para nada mal. Hay secuencias de buen valor cinematográfico, quizá las más destacables se encuentren en el clímax de El hombre invisible (pero no el clímax final, sino el penúltimo). También podemos citar ese plano abierto que el director mantiene durante los primeros compases de la película, que es sinónimo de la introducción al caos que se avecina y que funciona bien porque es de los pocos en el que el espectador se pregunta si es ficción o realidad.

Pero…en ocasiones servidor ha de admitir que algunas de las secuencias parecen querer trascender por encima de la historia, y el cerebro de un servidor no puede más que romper el pacto de ficcionalidad, porque es consciente de que lo que está viendo es cine, y en vez de preguntarse ¿Qué pasará ahora?, uno se pregunta ¿Cómo rodaron esta escena?. Puede que sea defecto profesional, o puede que realmente Whannell se haya pasado en su carta de presentación al gran público.

Conclusión de El hombre invisible

La última producción de Blumhouse no es Déjame Salir o Insidious, pero tampoco es La Horca, y seguramente está más cerca del grupo de las primeras que de las obras infames. Seguramente a El hombre invisible le haya faltado unas cuantas revisiones en el guión, que es lo que más flojea de una película que por otra parte es una montaña rusa. Y Elizabeth Moss está maravillosa en su interpretación

Patxi Álvarez