El hacedor de titulares. Entrevista a Álex Oviedo y Elena Sierra

 Gumersindo Gutiérrez es un escritor de éxito. Tras entrevistarse con los periodistas Alberto Pilares y Erika Doval, aparece muerte en su habitación. Los periodistas comenzarán una investigación que les que les llevará a preguntarse quién era realmente el autor. Una novela que reflexiona sobre los personajes que nos creamos y que sirve a Álex Oviedo y Elena Sierra para mostrar el mundo de la prensa cultural.

Pregunta: ¿Qué es “El hacedor de titulares”?

Elena: Es una novela. Habla de lo que sucede en el mundo del periodismo pero es extrapolable a otras realidades: gente que no llega a fin de mes, que va corriendo a todas partes y que cree que no se le valora lo suficiente y por eso amargada. Es el caso de los protagonistas, Alberto Pilares y Erika Doval.

Álex: También es un juego entre dos escritores que un día decidimos empezar a escribir como mero entretenimiento anécdotas que nos iban pasando. Los dos entrevistábamos juntos para medios distintos. Eso nos daba visiones diferentes de un mismo autor. En un momento dado se me ocurrió escribir en un blog que tenía una entrevista a un personaje extraño, un escritor desconocido y estrafalario. Elena me preguntó por él y le conté la verdad: que era inventado. Y entonces ella escribió la misma entrevista pero desde otra perspectiva. En ese juego nació la novela.

P.: ¿En qué momento da el salto para convertirse en novela?

E.: Cuando las anécdotas dejan de serlo y decidimos que se puede contar algo más. Al cabo del tiempo es Álex el que decide continuar y darle forma. Nos preguntan mucho cómo se puede escribir a cuatro manos. No sé cómo lo hacen otros pero en nuestro caso cada uno se divertía con un aspecto concreto.

Fotografía: Miguel San Cristobal

P.: En tu caso, Álex, es tu quinto libro. ¿Ha sido muy distinto con respecto a los anteriores?

Á.: Ha sido distinto porque lo que yo escribía lo revisaba Elena y viceversa. Teníamos que ponernos de acuerdo y que las dos voces estuviesen bien integradas. Elena me ha aportado una frescura que yo no tengo. Me he divertido más y aunque al final hay un tema serio de corrupción de fondo, Elena aporta un punto de ironía y de mala leche al que me sumé.

E.: La ironía es una forma de afrontar la amargura de la vida sin caerse por las esquinas.

P.: Gumersindo Gutiérrez o Victor Monleón es la excusa para desarrollar la trama. Un escritor que os permite mostrar la diferencia entre los autores y los personajes que se crean.

Á.: La idea es que todo el mundo se puede crear un personaje para pretender ser algo. Victor Monleón no tiene éxito como escritor y se crea un alter ego, Gumersindo Gutiérrez, para lograrlo.

E.: Es algo que vemos mucho en el mundo del cine. De cara a la galería son una cosa y luego ves que hay poca realidad detrás. Algo similar sucede en el mundo editorial. No sabes hasta qué punto hay que hacer algo de teatro para lograr tu objetivo.

A todos nos pasa que cada vez que repetimos una historia la vamos cambiando. Imagínate si eres un escritor y tienes que andar repitiendo una y otra vez lo que cuentas. Al final lo vas modificando e intentando que parezca algo más grande.

Á.: También está detrás la idea de que somos lo que escribimos.

P.: Al hilo de ello, como en la calle de los espejos hay un juego en el que deformáis la realidad y jugáis con qué parte es ficción y cuál no, vosotros incluidos.

Á.: Sí, pero nosotros no somos los personajes. En el libro jugamos con el quién es quién y qué está sucediendo en realidad.

E.: De eso trata la ficción.

Á.: Me gusta mucho confundir al lector, que no quede claro si soy yo el que forma parte de la historia. Pilares es mi alter ego pero eso no significa que yo sea Pilares. Pilares ya salía en “Las hermanas Alba”, allí era un escritor de provincias y aquí es un redactor cultural, dos aspectos distintos.

P.: Vuestras experiencias en el periodismo cultural están muy bien reflejadas en el libro.

E.: Es la distorsión de lo vivido llevada al extremo. Nunca he visto algo como el baile de kolo en un museo pero sí cosas que me han chocado. Es una mirada sorprendida ante aspectos de nuestro trabajo.

Á.: Ese anecdotario nos permite reírnos del día a día. Unas historias son inventadas, otras reales y otras exageraciones. Por ejemplo la anécdota de un director de periódico que no sabía quién es Ken Follet es real. Eso demuestra que también en este mundo hay mucha incompetencia.

E.: Eso pasa en todos los sectores pero es lo que contamos por conocerlo más de cerca.

Á.: De todas formas los dos creemos mucho en el periodismo de base.

P.: Hay una serie de referentes como “En bandeja de plata” o “Luna nueva”.

Á.: Lo mencionamos en algún momento en la novela. También hacemos referencia a una serie como Lou Grant. Para mí son referentes del periodismo de verdad, aunque haya una visión muy despiadada de la profesión. En cualquier caso, ojalá nos comparasen con Howard Hawks o Billy Wilder.

E.: Sería impresionante. De todos modos, si criticamos el periodismo es porque es importante para nosotros. Que ames algo no significa que te hagas la loca con todo lo que ocurre.

Fotografía Miguel San Cristobal.

P.: El macguffin, la excusa argumental para empezar a jugar es de género negro. Tras vuestra entrevista Gumersindo Gutiérrez aparece muerto y los protagonistas empiezan a investigar y nos introducen en las redacciones de los periódicos, y vemos como cambia dentro del periódico la percepción de esa última entrevista que realizan.

E.: Eso es. Un libro no interesa tanto como la muerte del que lo ha escrito. Un libro tiene que tener un éxito espectacular para que se le dediquen cinco minutos en los medios.

Á.: Siempre me ha gustado Hitchcock y el macguffin me parece una genialidad. La muerte de Gumersindo nos permite hablar de muchos temas: de la prensa, de los museos, de una crisis social…

E.: En la novela negra se usa mucho esa excusa argumental. En nuestro caso es el mundo editorial y la prensa el contexto en el que se mueve. Si hay un muerto te etiquetan de novela negra pero puedes permitirte ir en muchas direcciones. Tanto para hacer reflexiones filosóficas como para hacer crítica social… se pueden contar muchas historias.

P.: Aunque no hacéis referencias a ningún lugar concreto, en el libro hay ecos de escándalos relacionados con los museos y la moda que hemos podido ver en los periódicos.

Á.: Un caso de corrupción político-cultural puede suceder en cualquier lugar, da igual las siglas de los partidos. Por eso no hay referencias espaciales concretas. Pero sorprende que en el caso de los museos nadie diga nada. Han pasado ya diez años pero se solapa todo.

P.: ¿A la hora de escribir os autocensuráis viendo que cada vez se pueden decir menos cosas?

E.: Trabajar en la sección de cultura es más sencillo. Hablamos de libros, de teatro… de temas que ponen el foco en lo positivo. De todos modos, no escribo con miedo.

Á.: El mundo de la cultura te permite cierta bondad. Si me acerco al entrevistado es para saber qué ha hecho y ponerlo en valor. Que me caiga mejor o peor es tema aparte.

Otra cosa es escribir novelas, o relatos. Nunca he tenido la sensación de cortarme, aunque un lector me decía que habíamos sidos unos valientes al tratar en El hacedor de titulares un tema de corrupción. Entonces sí te lo planteas. En la novela no hay una crítica a personas concretas sino una situación que existió; las frases que hemos usado están sacadas de la realidad, cualquiera puede encontrarlas en la hemeroteca. No me corto a la hora de escribir, pero sí sé que me está costando publicar mucho una novela por tratar precisamente ciertos temas conflictivos. Pero no vivo de esto y escribo lo que quiero.

(En este momento, Elena Sierra abandona la entrevista. El trabajo la reclama: en cinco minutos será ella la que ejerza de entrevistadora.)

P.: En el libro vemos periodistas, políticos o escritores que nos pueden resultar conocidos. No sé si alguien se ha sentido agraviado al verse reflejado.

Á.: No hay referencias a escritores concretos. Sí a políticos que siguen en su cargo; pero los escritores no tienen que sentirse molestos. Lo que hemos hecho es coger algunas anécdotas que nos han ocurrido y las hemos mezclado. Hay algún zasca, pero ridiculizamos a todos, incluso a los protagonistas.

P.: El humor es totalmente chirene.

Á.: Puede que sea nuestro ADN. Los dos somos bilbainos y eso nos da un punto de vista similar. Hay una referencia a Jardiel Poncela porque a los dos nos hace gracia. Para mí el humor es, sobre todo, reírse de uno mismo.

P.: Hay un momento en el que el lector tiene que participar del juego y sacar sus propias conclusiones.

Á.: Se le va dando pistas para que rellene los huecos que dejamos. A mí me gusta dejar las novelas abiertas, como lo es la vida. Nosotros damos al lector los mimbres para que pueda imaginar si las cosas van a ser de una manera o de otra. Confiabamos en que entienda las claves.

P.: En tus novelas la escritura se convierte en protagonista. En “Cuerpos de mujer bajo la lluvia” volvemos a ver cómo la gente convive con su pasión.

Á.: En la presentación de “Cuerpos de mujer bajo la lluvia”, Itziar Mínguez dijo que en mis novelas siempre hay alguien que está escribiendo, que busca el modo de contar una historia. Me gusta acercarme a la literatura a través de la escritura porque tengo más que ver con la gente de la cultura que con cualquier otro gremio. Contar sobre alguien que cuenta es como investigar sobre lo que estás haciendo.

Pero hay otro elemento que también está presente en este libro, al igual que en “Las hermanas Alba”: preguntarnos que están dispuestos a hacer los personajes por ver su obra publicada.

P.: Hay un debate constante sobre si la creación está por encima de toda consideración.

Á.: Creo que hay ciertos límites. No puedes estar por encima de todo a la hora de crear.

P.: Los espacios públicos y los privados están difuminando las fronteras en el periodismo.

Á.: Sí, cada vez se busca más una imagen o una opinión que a una información contrastada. Es un periodismo de almanaque, como decía un amigo periodista, que busca sólo el titular.

P.: ¿Vais a continuar por la línea abierta por “El hacedor de titulares”.

Á.: Algún lector nos ha dicho que Pilares y Doval dan mucho juego. A Elena le hace gracia que se lo digan. Fue un entretenimiento que acabó en novela y quizás eso se haya transmitido a sus páginas. En “Las hermanas Alba” hablaba del mundo editorial de provincias, “El hacedor de titulares” habla del periodismo cultural. Tengo en mente una tercera novela con Pilares de protagonista, pero me está costando cogerle el punto. Me falta este punto de ironía de Elena, así que quién sabe, igual volvemos a colaborar.

P.: ¿Qué repercusión está teniendo el libro?

Á.: La novela está gustando, está teniendo un gran feedback tanto de gente conocida como de la que no lo es. Está gustando su sentido del humor, nos dicen que se hace corta, que se quedan con ganas de más. Eso es buena señal. El otro día me dijeron que en Bilbao se había agotado pero El Desvelo es una editorial pequeña y no puede competir con los grandes grupos. Eso hace que las tiendas a veces no repongan el libro; por eso lo importante es que si el lector no lo encuentra en una librería, lo pida. O lo compre on line.

P.: ¿Proyectos?

Á.: Además de la que te contaba tengo otra novela pendiente de editorial. Y un libro de relatos que estoy moviendo. Últimamente escribo poco, estoy perezoso. De momento vamos a dejar que las cosas respiren y ver cuál es la recepción de “El hacedor de titulares”.

Infame&Co