Siempre que el bueno de Guy Ritchie estrena un nuevo film, conviene estar atentos. Y es que el director inglés es el responsable de clásicos como Snatch o Lock & Stock, la fabulosa RocknRolla, las dos entretenidas entregas de Sherlock Holmes protagonizadas por Robert Downey Jr., las infravaloradas Operación U.N.C.L.E. y Rey Arturo: La leyenda de Excalibur (eso sí, la primera mucho mejor que la segunda), la reciente y estimable The Gentlemen o el remake de Aladdin, que fue un trabajo de encargo de los de toda la vida. El resto de su filmografía, mejor obviarla (como dato curioso, sus peores trabajos coindicen con su idilio con Madonna…). Llegados a este punto, sobra decir que Ritchie es uno de mis directores predilectos, ya sea solamente por sus dos mejores películas (en efecto, las primeras que he mencionado).

Despierta la furia (Wrath of Man) es su nueva película, la cual está protagonizada por Jason Statham, uno de sus actores fetiche y con el que no colaboraba desde la infame e insufrible Revólver (2005), estrenándose sin hacer mucho ruido, a pesar de que el director es quién es. Se ve que si Disney no pone el dinero, poco caso se le hace en la actualidad, como le ocurrió con su anterior trabajo, The Gentlemen. La crítica ha quedado algo convencida, en lo que es un thriller heredero de la década de los 70, rudo, crudo y serio, lo que tampoco quiere decir que sea bueno. Y es que, al igual que con el remake del simpático personaje de Agrabah, estamos ante un film que parece más un trabajo de encargo que una película de Guy Ritchie, siendo doblemente sorprendente que el cineasta sea también el responsable del flojo guion.

Se nota que la película quiere sorprender, interesar y cautivar el espectador, pero peca de predecible (los giros se ven venir de lejos), satura (constantes saltos temporales, como si fuese un recurso original) y provoca el hastío (exceso de subtramas), en lo que sólo se puede definir como un pretencioso thriller, que se cree muy superior de lo que realmente es, y que, cuando aparecen los títulos de crédito finales, deja la sensación inequívoca de que es una más, no habiendo mostrado ningún elemento novedoso o digno de mención. Lo que viene siendo de usar y tirar, aunque cueste creerlo.

Se nota que Ritchie quiere ofrecer un trabajo alejado de lo mostrado hasta el momento (es decir, ritmo endiablado, que por otra parte es su sello de identidad), siendo más comedido que de costumbre, con una labor templada y solvente, pero que jamás sorprende, con unas escenas de acción que no destacan y pecan de rudimentarias. Y es que parece más el nuevo vehículo para el lucimiento de Statham, que no la nueva cinta de Ritchie, ya que me dices que la ha dirigido otro, y me lo creo. No hay ni rastro del buen hacer del cineasta inglés en las excesivas dos horas que dura el film, cuando le sobran veinte minutos, siendo generosos.

Y es que Ritchie también fracasa como guionista (junto a dos compañeros), metiendo con calzador momentos (la escena del bar) y personajes (¿Qué sentido tiene el de Andy García?) que no aportan absolutamente nada a la propuesta, con el añadido de un montaje que busca ser innovador pero que acaba siendo confuso. La película es el remake de un film francés (hasta ahí han sido originales…), y no sé hasta qué punto han hecho cambios, pero la historia es sosa como ella sola. Desde luego, no es nada que no hayamos visto antes, con un pastiche de ideas y recursos que conforman un producto caótico y fallido.

Respecto al reparto, tenemos al (casi) siempre convincente Jason Statham, interpretando uno de los personajes más planos y sin carisma de toda su filmografía. Cualquier otro podría haber hecho un personaje tan insulso, por lo que es una pena que Ritchie le haya desaprovechado de una forma tan vil (se supone que son amigos…). Sí, el actor está a la altura de las circunstancias en las secuencias de acción (por otro lado, su especialidad), pero fuera de eso, Statham se ve obligado a trabajar con el piloto automático, quizás contagiado por el poco entusiasmo tras las cámaras de su buen amigo Ritchie.

Entre los secundarios hay infinidad de rostros conocidos, como unos convincentes Holt McCallany, Andy García y Eddie Marsan, o unos sorprendentes Scott Eastwood y (un felizmente recuperado) Josh Hartnett, ambos en roles opuestos a lo visto hasta el momento en sus carreras. Todos cumplen con creces, pero queda la sensación de que la mayoría desaprovecha su talento en personajes demasiado secundarios o incluso insulsos, en especial García. El reparto es impecable, pero daba para más. Todos merecían una película mejor, desde luego.

Y es que sigo sin entender qué ha llevado a Ritchie (un cineasta que no tiene un pelo de tonto) a considerar que era buena idea un remake de una película con una trama que no aporta nada el género y que ya hemos visto todos, desperdiciando a un reparto fascinante y ofreciendo uno de sus trabajos menos inspirados. The Gentlemen no fue una producción demasiado memorable, pero al menos tenía su buen pulso y se notaba quién estaba detrás del proyecto. Justo un año después, el mismo director nos ofrece una película que todos habremos olvidado en un par de días, y que parece otra de Statham de directo al videoclub. Increíble, pero cierto. Una de las grandes decepciones del año y un paso atrás en la filmografía del genial director. Que se deje de producciones vacías y sin alma, y se ponga ya con la secuela de RocknRolla, que ya está tardando demasiado.

Patxi Ávarez Gonzalo