Desenterrando Sad Hill, es un documental escrito fotografiado y dirigido por Guillermo de Oliveira en 2018, Música de Zeltia Montes y producida por (además de Luisa Cowell y Guillermo de Oliveira) el generoso patrocinio de unas cuantas miles de tumbas que a día de hoy reposan en Sad Hill donde tuvo lugar el rodaje de la escena final de El bueno, el feo y el malo. Resulta admirable el empeño que a todas luces puso la Asociación Cultural Sad Hill desde el primer momento para recuperar el mítico set de rodaje a cargo de sus impulsores David Alba, Sergio García, Diego Montero y Joseba del Valle.

De cómo el legendario realizador italiano llegó hasta el Valle de Mirandilla, en Burgos, para rodar la mítica escena, queda explicado con todo lujo de detalles en el acertado documental en el que desde la dirección de Sergio Leone, Ennio Morricone desde la música y Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach en la interpretación, asistimos con cierta emoción contenida al redescubrimiento de un lugar rescatado del olvido donde un buen puñado de extras, generalmente lugareños, habían participado en el rodaje de Il buono, il brutto, il cattivo, algunos de los cuales nos dejan sus testimonios de aquellos días.

Si El bueno el feo y el malo ya consta en los anales del genero western como destacado, con la aportación de la Asociación Cultural Sad Hill y la dirección de Guillermo de Oliveira, la película cobra un valor absoluto desde el puro interés cinematográfico, solo hay que prestar atención y descubrir como gente anónima procedente de diversas partes del mundo se interesaron por el encomiable proyecto que David, Sergio, Diego y Joseba lo convirtieron en realidad.

Entre otra aportaciones, el documental nos muestra interesantes opiniones sobre la iniciativa, evolución y resultado final de Sad Hill: la intervención de Ennio Morricone en el documental nos habla sobre aspectos puntuales de la banda sonora considerada por muchos un destacado paradigma del género; en el caso de James Hetfield de Metallica tanto la música como algunas escenas merecen un lugar especial en su visión cinematográfica; la interesante opinión de Alex de la Iglesia sobre la mitomanía cinematográfica no tiene desperdicio alguno, llegando a destacar como desde la ficción, los hechos se convierten en realidades realidades tangibles.

Otras opiniones interesantes entre las cuales la del montador Eugenio Alabiso haciendo referencia sobre la escena final son de incalculable valor cinéfilo, se trata de todo un descubrimiento para el discreto mundo de la edición en el que (como sucede en este caso) su aportación fue esencial. Estamos pues ante un documental brillantemente con numerosos reconocimientos internacionales desde su estreno mundial en el Tokyo Internatinal Film Festival. Este notable metraje se merece un largo, largo recorrido.

Hace 52 años se rodó en España la histórica y mítica película de Sergio Leone: ‘El bueno, el feo y el malo’. Almería y Burgos, al igual que para otros western, fueron las provincias elegidas para rodar el filme, que venía a cerrar la trilogía del dólar. Trilogía sin más relación entre sí que su director Sergio Leone, su compositor Ennio Morricone y su actor protagonista Clint Eastwood. Ni más ni menos que tres leyendas del cine y del género del espagueti western.

El ser humano necesita una escapatoria espiritual a lo cotidiano, lo aburrido, lo previsible y lo insulso. Muchas personas la encuentran en la religión, otras en la naturaleza y otras en el arte. Otras en varios o en todos estos aspectos, como bien demuestran los voluntarios venidos de muchos países a levantar de nuevo este cementerio. ¿Cómo, si no, explicar la exacerbada e ilimitada admiración que demuestra en esta cinta el artista James Hetfield, vocalista y guitarrista de Metallica? Artista que reconoce su condición dual de creador y seguidor. Como dice el cineasta Joe Dante, para algunas personas “las artes son una religión” y el acto de ir al cine es como ir a la Iglesia.

Y todo esto simboliza Sad Hill, un lugar de culto al cine. Un rincón con historia. Un sitio al que todo cinéfilo debe peregrinar, como el religioso que no se pierde una misa o un salāt, o el fanático que no se pierde el partido de su equipo o el concierto de su grupo favorito. Porque el ser humano necesita de estos placeres inmateriales para aguantar el día a día y no dejarse derrotar por las arrolladoras e implacables fuerzas de la cotidianidad.

Patxi Álvarez @patxosovic