Apenas salva el río Besaya las apreturas de su cuenca, en su recorrido por los valles de Iguña y Buelna, busca ya la llamada y el próximo encuentro con el Besaya para ir, juntos, al mar.

En dirección opuesta a la corriente fluvial emprendemos la ruta, primero, deteniéndonos en Cartes y sus torreones históricos y tema de nuestro folklore, feudo de los Condes de Castañeda, los Manrique, rivales de sus vecinos los Mendoza, de la Torre de la Vega, y entre otras cosas en pasados cercanos principal estafeta de Correos de la comarca. Pero, sobre todo, lo que hoy interesa en Cartes es su fisonomía urbana, la antigüedad de las casonas y corraladas, los escudos que las adornan y la estampa que ofrece el conjunto monumental, cual ocurre con el próximo Riocorvo, hijo de la piedra noble, y gloria de la heráldica cántabra. En la carretera que une esta ruta con la de Oviedo, de sur a norte, la iglesia románica del siglo XII, la de Santa María de Yermo, en este lugar, fundada por obispos ovetenses, mantenida como una joya del estilo en la comarca; y por ese camino de enlace arriba se alcanza Cohicillos y la ermita de San Cipriano, donde se celebra una de las romerías más multitudinarias y típicas de la región, el 16 de septiembre.

Pero, no perdamos el hilo de la corriente fluvial: Las Caldas, su balneario de milagrosas aguas termales, y la residencia conventual dominicana, forman el conjunto del lugar agreste. Las instalaciones balnearias y el parque aledaño al otro lado del río son recuerdo dorado de la Belle Epóque; el monasterio, lugar de peregrinación y punto moderno de celebración de bodas y banquetes en lo que era la hospedería. Enseguida Barros y sus Casonas, la más difundida de toda la comarca la de los Cevallos Guerra cerrada por portalada y cubos heráldicos, en el barrio de Bejar; cerca, en la antigua carretera, la famosísima estela de Barros, emplazada al pie de la ermita de Nuestra Señora de la Rueda. Este monumento cántabro, milenario, es emblema legítimo de la región autonómica y orgullo de estas gentes que jamás consintieron fuera trasladado a la seguridad de las salas del Museo Provincial de Prehistoria, en Santander. Y aquí, de inmediato, el lugar de San Mateo, sus casonas, algunas hechas casa de acogida turística rural y un entorno bellísimo y agreste, por la cercanía de la imponente Reserva Nacional del Saja, con acceso en dirección oeste, si no es bastante con el disfrute del propio lugar.

Discurre por estos valles, paralela al río Besaya y la carretera nacional Santander-Palencia, la vía del ferrocarril de RENFE, con estación en los principales lugares del recorrido, el más importante el industrial de Los Corrales de Buelna, sede de empresas pioneras en la provincia en materia de forjas y similares y sede de las familias que las crearon; ambiente, buenas mansiones y centros docentes capacitados para atención de alumnos de los valles circundantes. También aquí el entorno, su monte Tejas, sus salidas a los valles de San Felices y Cieza, son más que sugerentes para el excursionismo o la simple contemplación de la naturaleza.

Del valle de Buelna al de Iguña nos conduce una estrecha hoz sobre la corriente fluvial, y, a mitad, una de las entradas al bucólico valle de Cieza. Al abrirse la hoz al valle de Iguña, Las Fraguas reciben al viajero con su complejo ferroviario y la espectacularidad de una gran finca, en medio de la cual se levanta la silueta del palacio de Los Hornillos de los Marqueses de Santa Cruz, edificación que recuerda a los palacios ingleses y ante cuya entrada se levanta una capilla panteón de múltiples columnas de estilo pseudo griego, a los “Partenón”; otras fincas cercanas de aspecto llamativo o de arquitectura señorial, y las más comunes de estilo montañés, las amplias praderas y laderas del entorno, la carretera que lleva por el oeste a la bellísima aldea de San Vicente de León, la amplitud de la vega llana…

La Serna y Arenas de Iguña se suceden casi de inmediato en la ruta, y hacemos parada en esta zona para tomar dos posibles opciones: una rápida visita a San Juan de Raicedo, donde se alza una bella iglesia románica y una breve excursión hasta el lugar alto de Bostronizo, donde la tradición quiere que esté enterrada Doña Urraca, la reina de Castilla, patrona, además, del priorato de Moroso, paraje en que se alzan las ruinas mozárabes restauradas de la ermita de San Román de este mismo nombre en una zona boscosa. ¿Qué como llegó aquí esta soberana del reino de Castilla…? lo contamos:

Un día de 1.111, apareció por lo alto del vecino valle de Anievas la soberana de Castilla que venía de guerrear, y derrotada, por su marido, el rey Alfonso VI; aquí, en este valle, se hospedó en Cotillo. Y una advertencia que haría al pueblo: deseaba descansar, no quería ruidos. Más, un día, los mozos del lugar, molestos con los soldados del séquito, cortaron las crines a los caballos del grupo expedicionario…. Enterado de ello el regidor, mandó tocar las campanas a concejo para averiguar lo sucedido.

La reina, al ver interrumpido así su descanso, montó en cólera y abandonó el lugar, camino de Bostronizo, jurando, además, que nunca jamás un vecino de Cotillo ocupara carga en él. A su vez, los vecinos del vecino pueblo, elevaron el campanario de su iglesia románica de San Cristóbal, y empezaron a tañer las campanas con ánimo de molestarla aún en su par iguñesa.

Hay en La Serna restos de órdenes de caballeros de Malta en su iglesia y hay casonas y torre blasonada, en Arenas, paisajes comunes y riberas de río para disfrutar, como en el inmediato Santa Cruz, lugar de nacimiento del genial científico e inventor Leonardo Torres Quevedo. Después, Helguera y a continuación, Molledo y Portolín. Hay historia religiosa en Molledo, por su veneradísima Virgen del Camino, devoción de caminantes, de carreteros que la invocaban en sus rutas hacia y desde Castilla; y hay memoria del paso de Carlos V, por estas tierras, en 1522, en su segunda visita a nuestra Cantabria, sellada en una casa llamada de “Los Cañones”, porque, si es cierta la tradición, en ella se hospedó el emperador, y como preguntará cual era el escudo de sus moradores y estos manifestaron no tenían blasón alguno, el les concedió, los cañones, por tal…

Portolín, seguramente, debe su nombre a su propia topografía de pequeño puerto de paso a Santa Olalla y Bárcena de Pie de Concha. Desde aquí, una carretera local conduce a Silió, lugar donde se alza una bella iglesia románica dedicada a San Facundo y San Primitivo; y, desde este camino, a sus comienzos, se alza otro hasta San Martín de Quevedo, Casares y Quevedo. Aquí está el solar del apellido que tanta gloria diera a las letras hispanas, aún desde su rama torancesa.

De regreso, entramos en la harinera Santa Olalla, y visitamos Bárcena de Pie de Concha, el propio Pie de Concha y, si tiempo hay, alcanzamos a ver la ermita románica de San Lorenzo en la aldea de Pujayo. Por este lugar, según unos, pasó Doña Urraca y a su paso, en pago a favor que le hiciera el pueblo, eximió a los mozos de servir en el ejército; según otros, tal privilegio se debe a Carlos V. Bárcena es un lugar espléndido, parada obligada de la carretería andante en el pasado, punto de cobro del antiguo impuesto de portazgo, poseedor de una bella iglesia románica y entorno espectacular, panorámica que gana perspectivas y asombro, cuando el tren salva los escollos de la montaña girando en su subida en torno al valle que se va empequeñeciendo. Pie de Concha presta su nombre a muchos lugares del entorno, arrebujado en su tipismo, contra la ladera, acogedor en sus calles de ambiente montañés, rica en piedras antiguas, agradecida en un momento a sus indianos más preclaros, religioso en su valiosa iglesia. Somoconcha, Media Concha… Estamos ya en pleno desfiladero de Las Hoces, que el Besaya horada borboteando, de piedra en piedra, de cascada en remanso, arropado por las laderas agrestes de los montes que lo encajaran.

Corre, de Bárcena de Pie de Concha a Pesquera un poco por encima de la ruta actual, una mucho más primitiva, incitación del buen caminante, con recuerdos del pasado en una vieja fuente y sus inscripciones, en su recorrido.

Ventorrillo, Pesquera y Riotuerto coexisten en este seno orográfico en un ambiente de lo más bucólico, principalmente, de su ganados. Pero, hay belleza e historia aquí, época floreciente de los negocios harineros y de la carretería, molinos, monumento a la guerra civil en la vieja carretera en forma del motor de un avión alemán que en estos parajes cayera…

Hay en Ventorrillo, recuerdos de una época, en que Pesquera era obligada parada y fonda, como indica el nombre de este barrio. Y en el interior, en el singular Rioseco, sabor de aldea… Y aquella reliquia de un pasado que nos habla tal vez de “villa de horca y cuchillo” en la presencia de la picota que se alza en medio del caserío. Todo en medio de la montaña sumido en un paisaje orográfico grandioso donde pastan los ganados y aún merodea el lobo en las noches invernales.