Cuando el mejor cómic de ciencia-ficción se hace en España: hablamos con Albert Monteys, autor de '¡Universo!' y 'Matadero Cinco'

Siempre pasa igual cuando nos topamos con un artista extraordinario dentro de nuestras fronteras. Estamos tan apabullados por la descarga de talento anglosajón diario, de los estupendos creadores que facturan series de televisión, comics, películas y libros imprescindibles, que simplemente no se nos pasa por la cabeza que uno de los mayores talentos de la ciencia-ficción a nivel mundial pueda estar en España. Pero así es.

Se trata de Albert Monteys, que publicó hace escasos meses una extraordinaria adaptación del clásico literario de la sátira con coartada de viajes en el tiempo ‘Matadero Cinco’ de Kurt Vonnegut, con guión de Ryan North. Pero este último lanzamiento, que fue publicado previamente en Estados Unidos, y llegó a España a través de Astiberri, es solo la pieza más reciente de una curiosa trayectoria profesional que solo en los últimos años se ha orientado hacia el género. Pero en lo personal Monteys siempre ha sido aficionado a las posibilidades y las dimensiones de la ciencia-ficción.

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Portada de ‘Matadero Cinco’

Hemos hablado con él de sus autores favoritos y de cómo su obra, incluso cuando estaba dedicada al humor satírico -como la etapa en la que hacía cómics como ‘Tato, con moto y sin contrato’ y ‘Para ti que eres joven’ o dirigía ‘El Jueves’- siempre ha sido devota de muchas modalidades de la ciencia-ficción. Y empezamos cerrando el círculo, ya que revisando su extraordinario ‘¡Universo!’, que publicó antes de ‘Matadero Cinco’, nos da la impresión de que la influencia de Vonnegut ya estaba ahí, en el humor y los recursos narrativos.

«Para mí el tono Vonnegut es fundamental», nos confirma. «El primer número de ‘¡Universo!’ sale de una idea que está en ‘Las sirenas de Titán’, una de sus primeras novelas, en la que un grupo de alienígenas han creado la vida en la Tierra y han hecho evolucionar la raza humana para que desarrollen una pieza que les falta de una nave. Esa idea es la que dio base al primer número de Universo».

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‘¡Universo!’

«Vonnegut es un poco como Kirby», define Monteys: «Si se te mete en casa, se te mete hasta la cocina». Pero el autor reconoce que aún le queda para alcanzar a su referente: «Me gustaría, que eso es ya el toque de maestro, servirme de una narración tan fragmentada y caótica como la de Vonnegut, que es algo que no hago por pura cobardía. Yo si no lo ato todo con un lacito al final me parece que no está bien servido. Es algo que he heredado de ‘El Jueves’, donde la máxima era ‘Que todo se entienda’ «

Cómo adaptar lo inadaptable

Curiosamente, ‘Matadero Cinco’ no es una obra que sale del propio Monteys, sino que es un encargo. Nos cuenta que aunque parece hecho a medida, el guión de North se escribe alrededor de 2017, mucho antes de que él entre en el proyecto. A principios de 2019 se lo proponen, «y mi primera reacción es decir que no se puede adaptar ‘Matadero Cinco’. De hecho, hay una película que no he querido ver para que no influyera en mi trabajo»

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‘Matadero Cinco’

Cuando vio el guión, sin embargo, cambió de idea: «Vi que tocaba todas las teclas correctas, y que incluso estaba planteado con la filosofía de que pareciera que originariamente la obra se había escrito con el cómic en mente, que me parece muy acertado y que potenciaba muchas cosas. Así que me apunté al tema y luego ya lo pasé muy mal durante año y medio»

«Yo creo que las ideas más potentes del cómic estaban ya en el guión de Ryan», confiesa Monteys, «y lo digo sin nada de falsa modestia. Yo solía seguir al pie de la letra su guión, y eso funcionaba. Por mi parte intenté que el estilo de dibujo fuera acorde con la prosa de Vonnegut: aparentemente sencillo pero emotivo. Pero todas las ideas icónicas que pueden caracterizar a este cómic (la presentación de personajes, el storyboard, el muñeco recortable) son ideas de Ryan».

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‘Matadero Cinco’

En cuanto al formato, es la primera incursión del autor en un cómic tan largo: «Yo siempre había dicho que no haría novela gráfica», confiesa, «pero al despreocuparme del guión, es decir, centrarme solo en la parte gráfica, me descargo de lo que sería realmente doloroso, que es escribir algo de esta extensión». En cualquier caso, su temor principal era algo más abstracto: «no quería pasar a la historia como el dibujante que estropeara a Vonnegut».

Por eso, su proceso creativo tuvo tanto de reflexión como de ejecución, o como él lo cuenta, «pasé seis meses mareando la perdiz y haciendo bocetos y diseños, y cuando me puse, las cien primeras páginas eran ‘vaya mierda, vaya mierda’, pero había que remar hacia adelante. Pero llega un momento, cuando llevas el 75% del libro, que dices ‘Bueno, ya nos casamos con esto, es lo que hay’. Y el color, que es lo último, son ya dos o tres meses de reconciliación con lo que has hecho».

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‘Matadero Cinco’

Monteys como fan de la ciencia-ficción

Una vez desvelados algunos secretos de su versión de ‘Matadero Cinco’, nos adentramos en el bagaje como lector del Monteys fan del género, y le preguntamos por sus primeras lecturas. «Mi primera aproximación fue con la revista Nueva Dimensión», nos dice. «Mi padre era aficionado al género negro, pero de vez en cuando compraba ciencia-ficción. El primer número que leí de Nueva Dimensión tenía dos cosas que me flipaban: una historieta de Garcés, que es el dibujante que después haría las portadas de la colección de Ultramar, otro icono de la ciencia-ficción en España. Y luego, una selección de microrrelatos».

De ahí pasó a colecciones de relatos de editoriales como Bruguera, y después, a autores como Isaac Asimov. ‘Yo, robot’ en una edición en catalán fue la primera novela de género que leyó, y poco después, de la mano de la mencionada colección Ultramar, entró en autores como Philip José Farmer, autores de la new wave y El Ciclo de Tschai de Jack Vance, «que leí con auténtica devoción».

Después de un tiempo sin leer ciencia-ficción «donde estuve bastante enganchado a la fantasía después de que me regalaran El Señor de los Anillos«, Monteys retomó la ciencia-ficción. Fue «en la universidad, con los Vonnegut, Phillip K. Dick, y todos estos autores que más que hablarte del futuro, como Asimov, te hablaban un poco de ellos mismos o incluso de metafísica, aunque fuera en clave de ciencia-ficción».

La pregunta entonces es: ¿hay algún subgénero de la ciencia-ficción que no le guste a Monteys? «El único estilo que se me ha resistido siempre es la hard sci-fi, en la que se presumía de que se adelantaban al futuro. A mí que alguien se anticipe al cine o a internet, o que alguien imagine los satélites cuarenta años antes, la verdad es que me da igual. No disfruto tanto de la peripecia técnica como de la metáfora que se construye en torno a ella». Y concluye «lo que creo que es chulo del género es que refleja el futuro tal y como se veía en la época en la que se escribió, dé miedo, sea esperanzador o lo que sea».

Por supuesto, toda esta educación general básica se aderezó con sus buenas raciones de cine, televisión y cómics. Monteys nos menciona la clásica ‘The Twilight Zone’ que veía en TV3, donde se enganchó a la idea de los relatos breves (a veces incluso siendo los mismos autores que los de los libros en los que se inspiraban los episodios), y nos confiesa que no es demasiado fan de ‘Star Wars’ ni ‘Star Trek’ («aunque lo he intentado»).

En cuanto a los cómics, «para mí tuvieron mucho peso todas las revistas de cómic europeo, estilo ‘Cimoc’, ‘1984’, ‘Métal Hurlant’, ‘2000AD’…», aunque reconoce que con los tebeos «sí que me lo tragaba todo, hasta lo más trapero». De ellos reivindica sobre todo «el goce estético» que le llevan a un lugar «feliz y reconocible». De esta época recupera «un código esencial para todos los que nos hemos criado en los ochenta, que es el post-apocalipsis, que está en Juez Dredd, en pelis como ‘Mad Max’ y en comics como ‘Mundo Mutante’ de Richard Corben, que tiene esto que me fascina de gente intentando entender un mundo que ya no está».

Judge Dredd The Cursed Earth Saga Pat Mills Mike Mcmahon John Wagner Brian Bolland 8

Dredd arrasando la Tierra Maldita

Su otra gran influencia dentro de los comics los conoció más tarde: la ciencia-ficción de la Silver Age, de editoriales como DC: «tebeos que en la portada te servían una idea fantacientífica loquísima: ‘Nos hemos ido al espacio y cuando hemos vuelto había dos Tierras’, que luego nunca se resolvían bien. Pero esta idea de plantear una idea alocada e intentar resolverla es algo que me gusta mucho».

Todo esto ha influido en Monteys de formas inesperadas, a veces incluso inconscientes. Por ejemplo, recuerda un cómic de la loquísima adaptación de ‘2001: Una odisea en el espacio’ de Jack Kirby, que tenía en portada «a una mujer medio demonio que estaba partida por la mitad. Cuando lo tuve en las manos me provocó un mal rollo indescriptible, así que lo guardé y no lo recuperé hasta años después. Pero creo que esto te inocula un amor yo diría que por el misterio, que luego incluso recuperando a Kirby y sus superhéroes siendo adulto, aún permanece esa sensación de extrañeza y otredad».

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‘2001’ de Jack Kirby

De Kirby también se queda, cómo no, con sus míticos Cuatro Fantásticos. «A mí no me interesan los superhéroes del rollo vigilante, los que te cuentan que los criminales son basura», nos cuenta. «Pero es que los Cuatro Fantásticos son esencialmente una familia que corre aventuras de ciencia-ficción». De esta extraña variante de los superhéroes le interesa «que son un grupo muy endogámico, tienen un edificio gigante enmedio de Nueva York debido a un vacío legal raro, pero esencialmente no se dedican a arreglar los problemas de nadie, bastante tienen con arreglar los suyos». Lo que sí tienen los Cuatro Fantásticos, es que te plantean que hay un espacio sideral de colores, más pop, y otro oscuro y misterioso, propio de la ciencia-ficción hard. «Yo me quedo con el de colores», nos dice sin dudar.

«Yo siempre creo», continúa el autor, «que una de las cosas formativas de mi generación, pero no de los que ahora tienen veintipico años es que nosotros éramos consumidores parciales de las cosas. Las películas en la tele estaban empezadas, íbamos a una sesión continua y veíamos media película, los tebeos los comprábamos y a lo mejor eran el número 3 o 4. Era un espacio de misterio que debe gustarme mucho porque sin racionalizarlo lo he intentado replicar. El único cómic de Calavera Lunar que hice llevaba el número 237, por ejemplo, como si estuviera en una colección». Es decir, la idea de un tebeo como un tesoro único, «como un objeto encontrado».

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‘Calavera Lunar’

De la Calavera al Matadero

De hecho, es ‘Calavera Lunar’ el cómic brinda el puente entre la ciencia-ficción y el humor que Monteys hacía en el colectivo La Penya y en ‘Mondo Lirondo’. No es de extrañar que a la hora de hacer algo en solitario se decantara por este género, basándose «en un Airgamboy del espacio que tenía en la mesa; me dije ‘voy a hacer el tebeo del que este muñeco es el merchandising‘». Y desde ese punto de vista, Monteys nos enuncia una buena forma de entender el género desde el punto de vista estético: «la ciencia-ficción es infantil, pero no entendiendo esto desde un punto de vista peyorativo: se cogen cosas de la vida cotidiana, un coche, un edificio, una cafetera, y se intentan convertir en algo más chulo, más atractivo. Coches que vuelan, máquinas que hacen cosas imposibles… hay un punto lúdico en todo ello».

Dentro de su larga etapa dentro de ‘El Jueves’, es fácil establecer una conexión entre Calavera Lunar y el cómic que dibujó para ‘Mister K’, la versión juvenil de la conocida publicación satírica. Fue ‘Carlitos Fax’, una especie de ‘Futurama’ para los chavales («aunque intenté separarme lo más posible de la serie de Matt Groening no porque no me gustara, sino para que nadie pensara que me estaba arrimando en exceso a esa influencia») y que hizo después de unos años alejado del género debido a su trabajo como director de El Jueves. Fue en 2003 «aproveché para saltarme las reglas que os comentaba de El Jueves, de ‘No hagas surrealismo ni cosas raras’, y en ‘Mister K’ me la salté para experimentar».

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‘Carlitos Fax’

El siguiente paso, ya adentrándose del todo en el género, es ‘¡Universo!’, un cómic digital que surge cuando Marcos Martín​​ le ofrece publicar en la plataforma que había creado junto a Brian K. Vaughan, Panel Syndicate. «Un año después, tuvo que irse a la mierda mi colaboración con ‘El Jueves’ cuando nos fuimos de la revista y tuve que reiniciar mi carrera», nos cuenta. Ese verano, se puso con el primer número de ‘¡Universo!’ bajo el pitch «La Dimensión Desconocida mezclada con los tebeos de la Silver Age que tenían siempre portadas con ideas maravillosas, y que todo suceda en el mismo universo». Esta última idea le viene de la saga de la Cultura de Iain M. Banks.

«Mi idea con ‘¡Universo!'», nos dice, «es seguir con él hasta el número 10, -estoy ahora escribiendo el 7-, publicarlos en Panel Syndicate, sacar un segundo libro y dejarlo ahí. Me apetece probar otras cosas, lo que más agradezco ahora es la novedad». Cuando le preguntamos si le costó mucho trabajo, al afrontar la serie, desprenderse de los «vicios» del humor, los gags de una página y demás, nos cuenta que «me gusta mucho escribir, pero me cuesta horrores. Pero cuando encontré el tono con el primero, el resto fueron saliendo con más facilidad. A nivel de dibujo, hice la primera página dos veces, hasta que me di cuenta de que no sabía dibujar realista«.

Para cerrar este vertiginoso viaje le preguntamos por próximos proyectos vinculados a la ciencia-ficción, y nos cuenta que el próximo que tiene entre manos está vinculadísimo, porque es la continuación de ‘¡Universo!’. Y después tiene «propuestas vinculadas a los superhéroes, pero son cositas aisladas». Proyectos que desde luego, pueden hacernos ver cómo Monteys se adentra en una dimensión realmente desconocida. Incluso para él.


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Cuando el mejor cómic de ciencia-ficción se hace en España: hablamos con Albert Monteys, autor de ‘¡Universo!’ y ‘Matadero Cinco’

fue publicada originalmente en

Xataka

por
John Tones

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Author: John Tones

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